Con ocasión de la transgresión de Adán, el enemigo se había dedicado a herir y entenebrecer al hombre interior... A partir de entonces, sus ojos estaban fijos en el mal y en las pasiones, y permanecían cerrados a los bienes celestiales. Estaba tan malherido que nadie era capaz de curarlo... Ninguno de los justos, ni de los padres, ni de los profetas, ni de los patriarcas pudo curar al alma que había recibido en el origen la herida incurable de las malas pasiones. Vino Moisés, mas no logró otorgar la sanación completa. Sacerdotes, ofrendas, diezmos, sábados, neomenias, purificaciones, sacrificios, holocaustos y todos los demás medios de justificación existían en tiempos de la Ley; sin embargo... ni toda la justicia [del alma] podía curarla
Traducido del griego