Monje y teólogo bizantino del siglo VII, antiguo secretario imperial de Heraclio, fue el gran adversario del monotelismo, por lo que sufrió mutilación y destierro. Autor de las 'Centurias sobre la caridad', las 'Ambigua', las 'Cuestiones a Talasio' y la 'Mistagogia', es una de las cumbres de la síntesis entre dogma y ascesis, y una de las fuentes principales de Larchet.
Las fuentes griegas lo hacen nacer en Constantinopla; una Vida maronita siríaca lo sitúa en Hesfin (Hisfiyya), en Palestina/Golán, hipótesis discutida por la crítica.
El uso racional o irracional que hacemos de las cosas es lo que nos hace virtuosos o perversos
Ninguna criatura de Dios es mala
Las pasiones se instalan en las potencias de nuestra alma: concupiscible, irascible y racional, en la medida en que hacemos mal uso de ellas... Su buen uso, por el contrario, produce [las virtudes]
El hombre depravado sigue las codicias y los impulsos de la carne, mientras que el virtuoso... se esfuerza por dirigir hacia el bien los movimientos de este género que experimenta
Los hombres fervorosos se sirven de estas pasiones, ciertamente no de estas pasiones en cuanto tales, sino de la energía, de la potencia que les sirve de base, por una parte, para hacer desaparecer el mal presente o futuro; por otra parte, para adquirir y conservar la virtud y el conocimiento, a ejemplo de los sabios médicos, que transforman en medicamento el veneno mismo de la víbora. Para concluir, las pasiones se vuelven buenas en razón de su uso para quien es capaz de someter a la obediencia de Cristo todo su pensamiento y toda su voluntad
Por la razón, en lugar de la ignorancia, debemos ponernos a la búsqueda de Dios solo en la vía del conocimiento
Es posible ‘volver lógicas’ las facultades irracionales del alma, me refiero a la irascibilidad y el deseo, y armonizarlas con el espíritu mediante la razón
Pasión de amor censurable [es] la que ocupa el espíritu con las realidades materiales
Pasión de amor elogiable [es] la que lo une [al espíritu] con lo divino
En el hombre cuyo espíritu está vuelto por entero hacia Dios, hasta la codicia da fuerzas al amor ardiente por Dios
El alma se sirve de su concupiscencia... para mantener su deseo [de Dios]
Que la potencia de la concupiscencia luche para desear a Dios
Es preciso que la potencia de desear, purificada de la pasión de la filautía, dirija todo su deseo únicamente a Dios
Que el espíritu se disponga por completo con vistas a Dios..., ardiendo de afecto sensible por el deseo extremo de la concupiscencia
El hombre cuyo espíritu está por completo vuelto hacia Dios..., concentrando en él toda la fuerza de sus potencias inferiores, la ha dirigido hacia un amor ardiente, insaciable, una caridad sin límites hacia Dios, convirtiéndola totalmente de lo terreno a lo divino
En los hombres fervorosos, incluso las pasiones se vuelven buenas cuando, apartándolas sabiamente de los objetos corporales, les llevan a la adquisición de los bienes celestiales. Por ejemplo, transforman la pasión del deseo en un movimiento espiritual que los eleva y les hace aspirar a las cosas divinas
[Los hombres virtuosos] transforman el placer en el sano gozo de la energía volitiva del espíritu frente a los divinos carismas
Es preciso que la potencia irascible, liberada de la tiranía, se proponga combatir solo por Dios
En el hombre cuyo espíritu está por completo vuelto hacia Dios..., incluso la potencia irascible se dirige por entero hacia la caridad divina
Que la potencia de la agresividad luche para desear a Dios, o más bien, para hablar con propiedad, que el espíritu entero apunte a Dios tensado como una cuerda por medio de la agresividad
Hay que considerar y estudiar de modo vigilante cómo va a realizar el alma convenientemente el giro oportuno si, para llegar a la génesis y a la realidad de las virtudes, se sirve de las cosas por las cuales estaba antes en el error
Dicho de otra manera, combate a tus enemigos, las pasiones
[Haz el bien, es decir,] lucha por adquirir las virtudes
Haber suprimido las pasiones no es, por ello, haberlas vuelto por entero hacia lo divino
Si el amor de Dios toma la delantera en el hombre, lo libera de todos los lazos de las pasiones que subyugaban su espíritu y le hace despreciar todos los objetos sensibles
[El Espíritu Santo,] para empezar les enseña a desear la mortificación de su inclinación al pecado, lo mismo que la mortificación del pecado deliberado; luego les enseña a desear que se restaure en ellos la disposición de la virtud, así como la virtud deliberada. A continuación les enseña los medios para conseguirlo
[Se trata de que el hombre, con ayuda del Espíritu,] se asemeje a la perfección a la muerte de Cristo en lo que concierne a la mortificación del pecado, y se asemeje a la perfección a su resurrección en lo que concierne al cumplimiento de la virtud