[El Espíritu Santo,] para empezar les enseña a desear la mortificación de su inclinación al pecado, lo mismo que la mortificación del pecado deliberado; luego les enseña a desear que se restaure en ellos la disposición de la virtud, así como la virtud deliberada. A continuación les enseña los medios para conseguirlo
Traducido del griego