Padres del desierto — 50 citas

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Padres del desierto

Patrísticas. IV–V
Tradición Apotegmas
Mapa Escete y los desiertos de Egipto

Los monjes de los desiertos de Egipto, Palestina y Siria de los siglos IV y V, cuyos dichos y hechos se recogieron en los Apotegmas de los Padres. Bajo este nombre se agrupan aquí los dichos anónimos y los de abbas de los que apenas queda otra noticia.

Registro colectivo: reúne dichos de «un anciano», «los ancianos» y de abbas homónimos difíciles de identificar (Teodoro, Serapión, Elías, Santiago).

Las 50 citas

Los Ancianos decían: Las potencias de Satán, que preceden a todos los pecados, son triples: el olvido, la negligencia y el deseo. En efecto, cada vez que llega el olvido, engendra la negligencia; y de la negligencia procede el deseo; y el deseo hace caer al hombre

Padres del desierto Apotegmas, N 273

Le preguntaron a un Anciano: ‘¿Por qué tengo miedo cuando marcho por el desierto?’. Y él respondió: ‘¡Porque todavía estás vivo!’

Padres del desierto Apotegmas, N 90; Bu II, 190

Un hermano preguntó a un Anciano: ‘¿Por qué el miedo se apodera de mí cuando voy a salir solo por la noche?’. El Anciano dijo: ‘Porque la vida de este mundo tiene aún valor para ti’

Padres del desierto Apotegmas, N 90; Bu II, 190

Le preguntaron a un Anciano: ‘¿Por qué me da temor ir por el desierto?’ Él dijo: ‘Porque crees que estás solo, y no ves que Dios va contigo’

Padres del desierto Apotegmas, Arm II, 17

[Un monje,] hinchado por el orgullo, fue tomado por un espíritu de Pitón

Padres del desierto Apotegmas, serie alfabética, Antonio, 37; Apotegmas, K 300

Todas las cosas malas nos ocurren a causa del orgullo

Padres del desierto Un anciano — Apotegmas, XV, 115

El conocimiento de Dios otorga la salud al alma

Padres del desierto Apotegmas, X, 141

[Un asceta,] viéndose vencido por la tristeza, como un médico experimentado, se dio esperanzas y dijo: 'Confío en las misericordias de Dios y sé que tendrá piedad de mí'

Padres del desierto Apotegmas, N 585

Por sus oraciones Dios me devolvió la salud

Padres del desierto Apotegmas, N 509-510

Yo tenía en el alma una pasión que me dominaba. Al oír que Abba Zenón había curado a muchos de ella, quise ir a verle y abrirme a él... A menudo... acudía al Anciano para decírselo todo, pero el enemigo no me dejaba hablar, introduciéndome la vergüenza en el corazón y diciendo: ‘Puesto que sabes cómo curarte, ¿para qué hablar de ello? En efecto, no te descuidas, sabes lo que los Padres han dicho’. Esto es lo que me sugería el adversario para que no manifestara mi enfermedad al médico y no me curara... Finalmente, afligido y llorando, dije a mi alma: ‘¿Hasta cuándo, alma desgraciada, vas a persistir en no querer curarte? Los que viven lejos acuden al Anciano y son curados y a ti, que vives tan cerca del médico, ¿no te da vergüenza no hacerte cuidar?’

Padres del desierto Apotegmas, 509-510

Quien oculta sus pensamientos enferma de orgullo

Padres del desierto Apotegmas, 592/50

Lo mismo que una serpiente que sale de su madriguera huye corriendo al momento, así el mal pensamiento, en cuanto se manifiesta, se disipa

Padres del desierto Apotegmas, 592/50

Por las oraciones del Anciano, Dios me ha curado

Padres del desierto Apotegmas, N 509-510

Dos hermanos... se encontraron un día y uno le dijo al otro: ‘Me gustaría ir a ver a Abba Zenón y confiarle un pensamiento’. El otro dijo: ‘Yo también quiero decirle un pensamiento’. Se fueron, pues, juntos y cada uno le manifestó sus pensamientos. El primero se prosternó ante el anciano y le suplicó con muchas lágrimas. El anciano le dijo: ‘Ve, no te desanimes, no hables mal de nadie y no descuides tu oración’. El hermano se fue y se curó. El otro le descubrió su pensamiento y le dijo: ‘Reza por mí’, pero no se lo pidió con insistencia. Algún tiempo después, tuvieron ocasión de volver a encontrarse y uno le dijo al otro: ‘Cuando fuimos a ver al anciano, ¿le manifestaste el pensamiento que decías que querías contarle?’. El otro le contestó: ‘Sí’. Él le dijo: ‘¿Te sentó bien revelárselo?’. El otro respondió: ‘Sí. Por las oraciones del anciano, Dios me curó’. Y él dijo: ‘Yo, por más que confié, no experimenté ningún resultado de la cura’. El que había obtenido provecho le dijo: ‘¿Y cómo suplicaste al anciano?’. El otro dijo: ‘Reza por mí, pues tengo este pensamiento’. ‘Pues yo -dijo el otro-, mientras hacia mi confesión, bañaba sus pies con mis lágrimas, suplicándole que rezara por mí; y gracias a sus plegarias, Dios me devolvió la salud’

Padres del desierto Apotegmas, N 509-510

Os lo ruego, hermanos, reprimamos los pensamientos igual que reprimimos los actos

Padres del desierto Apotegmas, N 220

[El hombre debe] contar con la tentación hasta su último suspiro

Padres del desierto Apotegmas, serie alfabética, Antonio, 4. Cf. también Apotegmas, serie alfabética, Agatón, 9; Teodoro de Fermé, 2

El trabajo del monje es ver venir de lejos sus pensamientos

Padres del desierto Apotegmas, M 64

Los pensamientos tienen solo una cabeza... Si no reconoces desde el principio la cabeza misma para expulsarla de ti, serás apresado y engañado por los demás pensamientos subsiguientes... Por tanto, si quieres vencer las pasiones, observa siempre la cabeza de los pensamientos y, cuando hayas descubierto cuál es, lucha contra ella sola

Padres del desierto Apotegmas, PA 12, 3b

Bienaventurado aquel que tiene siempre ante los ojos sus pecados, pues tal hombre siempre permanece vigilante

Padres del desierto Apotegmas, PE III, 35, 24-25

Los malos pensamientos, si tú les hablas y les das gusto, no dejarán de poner su raíz en tu corazón, crecerán y no se irán de él. Si, por el contrario, no hablas con ellos y, lejos de complacerlos, los odias, perecerán y saldrán de tu corazón

Padres del desierto Apotegmas, Eth. Coll. Et., 14,47. Cf. Ibid., serie alfabética, Poemen, 15; 20

El camino que conduce a la humildad son los trabajos corporales

Padres del desierto Un anciano — Apotegmas, N 323

No se puede poseer la castidad si primero no se pone en el corazón, como sólido fundamento, la humildad

Padres del desierto Los ancianos, Apotegmas de los Padres del desierto

[Si uno de tus hermanos] te injuria o te aflige de algún modo, reza por él, como dicen los Padres, pensando que te procura grandes beneficios y que es un médico que te cura del amor al placer

Padres del desierto Apotegmas, XV, 136

Si un hombre recuerda que alguno le ha afligido, perjudicado o insultado, debe acordarse de él como de un médico enviado por Cristo y considerarlo un benefactor. Pues, si tú te afliges en estas circunstancias, es que tu alma está enferma. En efecto, si no estuvieras enfermo, no sufrirías. Por tanto, debes dar gracias a este hermano puesto que gracias a él conoces tu enfermedad, rezar por él y recibir lo que procede de él como remedios que el Señor te envía. Si, por el contrario, te enfadas con él, es como si le dijeras a Jesús: ‘No quiero recibir tus remedios’

Padres del desierto Apotegmas, XVI, 17

Igual que llevamos por doquier con nosotros la sombra de nuestro cuerpo, así debemos tener con nosotros en todo lugar las lágrimas y la compunción

Padres del desierto Apotegmas, N 140

Persistamos en el recuerdo de nuestros pecados y tendremos un gran duelo en nuestro corazón

Padres del desierto Apotegmas, Bu II, 175

Del duelo proceden todos los bienes

Padres del desierto Apotegmas, QRT, 33

Para salvarse hay que guardar el duelo con una compunción sin límites

Padres del desierto Apotegmas, N 460

[Si el hombre] se acuerda de sus pecados, Dios lo ayuda en todo y él no padece de acedia

Padres del desierto Apotegmas, PA 32, 7c

Le preguntaron a un anciano ‘¿Por qué no te desanimas nunca?’. Y él contestó: ‘Porque cada día cuento con que voy a morir’

Padres del desierto Apotegmas, XXI, 7

La humildad no se irrita contra nadie

Padres del desierto Apotegmas, PE, I, 45

Si un hermano tuyo te injuria o te aflige de algún modo, reza por él como enseñan los Padres, pensando que él te procura grandes beneficios y que es un médico que te cura del amor al placer. Así se apaciguará tu ira, siendo la caridad, para los santos Padres, un freno de la ira

Padres del desierto Apotegmas, XV, 136
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