Los monjes de los desiertos de Egipto, Palestina y Siria de los siglos IV y V, cuyos dichos y hechos se recogieron en los Apotegmas de los Padres. Bajo este nombre se agrupan aquí los dichos anónimos y los de abbas de los que apenas queda otra noticia.
Registro colectivo: reúne dichos de «un anciano», «los ancianos» y de abbas homónimos difíciles de identificar (Teodoro, Serapión, Elías, Santiago).
Los Ancianos decían: Las potencias de Satán, que preceden a todos los pecados, son triples: el olvido, la negligencia y el deseo. En efecto, cada vez que llega el olvido, engendra la negligencia; y de la negligencia procede el deseo; y el deseo hace caer al hombre
Le preguntaron a un Anciano: ‘¿Por qué tengo miedo cuando marcho por el desierto?’. Y él respondió: ‘¡Porque todavía estás vivo!’
Un hermano preguntó a un Anciano: ‘¿Por qué el miedo se apodera de mí cuando voy a salir solo por la noche?’. El Anciano dijo: ‘Porque la vida de este mundo tiene aún valor para ti’
Le preguntaron a un Anciano: ‘¿Por qué me da temor ir por el desierto?’ Él dijo: ‘Porque crees que estás solo, y no ves que Dios va contigo’
[Un monje,] hinchado por el orgullo, fue tomado por un espíritu de Pitón
Todas las cosas malas nos ocurren a causa del orgullo
El conocimiento de Dios otorga la salud al alma
[Un asceta,] viéndose vencido por la tristeza, como un médico experimentado, se dio esperanzas y dijo: 'Confío en las misericordias de Dios y sé que tendrá piedad de mí'
Por sus oraciones Dios me devolvió la salud
Yo tenía en el alma una pasión que me dominaba. Al oír que Abba Zenón había curado a muchos de ella, quise ir a verle y abrirme a él... A menudo... acudía al Anciano para decírselo todo, pero el enemigo no me dejaba hablar, introduciéndome la vergüenza en el corazón y diciendo: ‘Puesto que sabes cómo curarte, ¿para qué hablar de ello? En efecto, no te descuidas, sabes lo que los Padres han dicho’. Esto es lo que me sugería el adversario para que no manifestara mi enfermedad al médico y no me curara... Finalmente, afligido y llorando, dije a mi alma: ‘¿Hasta cuándo, alma desgraciada, vas a persistir en no querer curarte? Los que viven lejos acuden al Anciano y son curados y a ti, que vives tan cerca del médico, ¿no te da vergüenza no hacerte cuidar?’
Quien oculta sus pensamientos enferma de orgullo
Lo mismo que una serpiente que sale de su madriguera huye corriendo al momento, así el mal pensamiento, en cuanto se manifiesta, se disipa
Por las oraciones del Anciano, Dios me ha curado
Dos hermanos... se encontraron un día y uno le dijo al otro: ‘Me gustaría ir a ver a Abba Zenón y confiarle un pensamiento’. El otro dijo: ‘Yo también quiero decirle un pensamiento’. Se fueron, pues, juntos y cada uno le manifestó sus pensamientos. El primero se prosternó ante el anciano y le suplicó con muchas lágrimas. El anciano le dijo: ‘Ve, no te desanimes, no hables mal de nadie y no descuides tu oración’. El hermano se fue y se curó. El otro le descubrió su pensamiento y le dijo: ‘Reza por mí’, pero no se lo pidió con insistencia. Algún tiempo después, tuvieron ocasión de volver a encontrarse y uno le dijo al otro: ‘Cuando fuimos a ver al anciano, ¿le manifestaste el pensamiento que decías que querías contarle?’. El otro le contestó: ‘Sí’. Él le dijo: ‘¿Te sentó bien revelárselo?’. El otro respondió: ‘Sí. Por las oraciones del anciano, Dios me curó’. Y él dijo: ‘Yo, por más que confié, no experimenté ningún resultado de la cura’. El que había obtenido provecho le dijo: ‘¿Y cómo suplicaste al anciano?’. El otro dijo: ‘Reza por mí, pues tengo este pensamiento’. ‘Pues yo -dijo el otro-, mientras hacia mi confesión, bañaba sus pies con mis lágrimas, suplicándole que rezara por mí; y gracias a sus plegarias, Dios me devolvió la salud’
Os lo ruego, hermanos, reprimamos los pensamientos igual que reprimimos los actos
[El hombre debe] contar con la tentación hasta su último suspiro
El trabajo del monje es ver venir de lejos sus pensamientos
Los pensamientos tienen solo una cabeza... Si no reconoces desde el principio la cabeza misma para expulsarla de ti, serás apresado y engañado por los demás pensamientos subsiguientes... Por tanto, si quieres vencer las pasiones, observa siempre la cabeza de los pensamientos y, cuando hayas descubierto cuál es, lucha contra ella sola
Bienaventurado aquel que tiene siempre ante los ojos sus pecados, pues tal hombre siempre permanece vigilante
Los malos pensamientos, si tú les hablas y les das gusto, no dejarán de poner su raíz en tu corazón, crecerán y no se irán de él. Si, por el contrario, no hablas con ellos y, lejos de complacerlos, los odias, perecerán y saldrán de tu corazón
El camino que conduce a la humildad son los trabajos corporales
No se puede poseer la castidad si primero no se pone en el corazón, como sólido fundamento, la humildad
[Si uno de tus hermanos] te injuria o te aflige de algún modo, reza por él, como dicen los Padres, pensando que te procura grandes beneficios y que es un médico que te cura del amor al placer
Si un hombre recuerda que alguno le ha afligido, perjudicado o insultado, debe acordarse de él como de un médico enviado por Cristo y considerarlo un benefactor. Pues, si tú te afliges en estas circunstancias, es que tu alma está enferma. En efecto, si no estuvieras enfermo, no sufrirías. Por tanto, debes dar gracias a este hermano puesto que gracias a él conoces tu enfermedad, rezar por él y recibir lo que procede de él como remedios que el Señor te envía. Si, por el contrario, te enfadas con él, es como si le dijeras a Jesús: ‘No quiero recibir tus remedios’
Igual que llevamos por doquier con nosotros la sombra de nuestro cuerpo, así debemos tener con nosotros en todo lugar las lágrimas y la compunción
Persistamos en el recuerdo de nuestros pecados y tendremos un gran duelo en nuestro corazón
Del duelo proceden todos los bienes
Para salvarse hay que guardar el duelo con una compunción sin límites
[Si el hombre] se acuerda de sus pecados, Dios lo ayuda en todo y él no padece de acedia
Le preguntaron a un anciano ‘¿Por qué no te desanimas nunca?’. Y él contestó: ‘Porque cada día cuento con que voy a morir’
La humildad no se irrita contra nadie
Si un hermano tuyo te injuria o te aflige de algún modo, reza por él como enseñan los Padres, pensando que él te procura grandes beneficios y que es un médico que te cura del amor al placer. Así se apaciguará tu ira, siendo la caridad, para los santos Padres, un freno de la ira