Los placeres de la comida y de la bebida, que se atiborran de alimentos, producen necesariamente en el cuerpo, por esta falta de mesura, unos males independientes de nuestra voluntad, pues la saciedad engendra la mayoría de las veces tales pasiones en el hombre. Por tanto, para que nuestro cuerpo se conserve soberanamente tranquilo y no se vea perturbado por ninguno de los movimientos apasionados que nacen del estar saciado, hay que estar atento a que lo que defina en cada caso la medida de la conducta moderada no sea el placer sino la utilidad
Traducido del griego