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Monje bizantino de los siglos X-XI, higúmeno de San Mamas en Constantinopla y desterrado por su enseñanza. Autor de las 'Catequesis', los 'Discursos éticos' y los 'Himnos del amor divino', proclamó la experiencia consciente de la luz increada y la necesidad del padre espiritual, anticipando la síntesis hesicasta.
Algunas fuentes sitúan su nacimiento en Galatê de Paflagonia y su muerte el 12 de marzo de 1022.
[Quien avanza en la vía de la unión con Cristo] aumenta cada día su crecimiento espiritual, eliminando toda huella de infantilismo y progresando hacia la perfección acabada del hombre. Por eso, según la medida de su edad (espiritual), ve cambiar las facultades y operaciones de su alma, y gana en madurez y en vigor
Cuando Él (el Espíritu Santo) viene, expulsa toda enfermedad y toda debilidad de nuestra alma. Por eso se le llama salud, ya que nos concede la salud del alma
[El hombre] ha sido creado para contemplar la naturaleza visible y para ser iniciado en el mundo inteligible
Cuando los muertos se ven unos a otros, no perciben su estado, ni lo lamentan. Son los vivos los que, al verlos, gimen, pues contemplan un extraño fenómeno: unos hombres golpeados por la muerte que viven y hasta andan, unos ciegos que creen ver y unos sordos que imaginan oír. Es que viven, ven y oyen al modo de los animales. Piensan como los locos en su conciencia inconsciente, en su vida de cadáveres, pues es posible vivir sin vivir, es posible ver sin ver y oír sin oír
En lugar del conocimiento divino y espiritual, (el hombre) recibió el conocimiento carnal. En efecto, cegados los ojos de su alma, caído de la vida imperecedera, se puso a mirar con los ojos del cuerpo
Si el hombre no hubiera caído del conocimiento y de la contemplación de Dios, no habría descendido hasta este otro conocimiento
Al hacerse transgresor e ignorante de Dios, el hombre acopló toda su potencia intelectual a la sensación
Dios mío, yo no puedo decir lo que son las cosas visibles... todos hemos caído en la vanidad y somos incapaces de hacer un juicio verdadero sobre los seres
Esta forma de conocer es en realidad ignorancia de todo lo bueno
Cristo, nuestro Dios, es la meta de todo deseo
El alma unida a Dios por el amor no puede ser arrastrada por los placeres y los apetitos del cuerpo, ni incluso hacia ningún otro deseo a nada visible ni incluso invisible, sea un objeto, sea una pasión, pues el dulce amor de Dios tiene atado el impulso de su corazón, o mejor dicho, toda la inclinación de su voluntad. Y ¿cómo podría ésta, una vez ligada a su propio Creador, arder de fiebre por causa del cuerpo, o realizar, aun en pequeña medida, sus propios deseos? De ningún modo
Aquel que es iluminado por el Espíritu Santo... en realidad ve en espíritu, vele o duerma, esos bienes que el ojo no ha visto, que el oído no ha oído, que no han entrado en el corazón del hombre y que los mismos ángeles desean vislumbrar
[A las visiones divinas] no hay que llamarlas ensueños, sino sencillamente visiones y contemplaciones
Lo que ocupa el alma y entra en ella en el estado de vigilia cautiva también su imaginación y su pensamiento durante el sueño
Cuando la parte concupiscible del alma (έπιθυµετικόν) es empujada hacia las pasiones, las asechanzas, las voluptuosidades y los disfrutes de la vida, el alma percibe las mismas cosas en sus sueños. Si la parte irascible (θυµικόν) la hace encolerizarse contra sus semejantes, no sueña sino con irrupciones de fieras, batallas y peleas de serpientes, y discute con sus adversarios como ante un tribunal. Si es la parte racional (λογιστικόν) la que es exaltada por la cenodoxia o por el orgullo, el alma se figura que tiene alas y vuela por los aires, que reina sobre un trono elevado o marcha a la cabeza del pueblo ante un cortejo de carruajes
Lo que generalmente imaginamos que busca el cuerpo, no lo busca el cuerpo, sino el alma por medio de él
El monje no debe solamente conocer y comprender las modificaciones y transformaciones que se producen en su alma, sino también sus causas: cuál puede ser su naturaleza y de dónde proceden
[Las cosas son de todos en cuanto a su uso, pero] no son de nadie en cuanto a su propiedad
El que ha preservado desde el principio la imagen y la semejanza [de Dios], o la ha recordado y recobrado, ha recibido también la facultad de ver según la naturaleza. Ve todas las cosas tal como son por naturaleza... Ve el oro y, lejos de apegarse a su brillo, piensa que esta materia viene de la tierra y que no es más que polvo o piedra que nunca podrá transformarse en otra cosa. Contempla el dinero, la perla y todas las piedras preciosas y, lejos de que su fulgor capte sus sentidos, no ve en todo aquello sino unas piedras como las demás y todo le parece igual de barro. Ve unos vestidos lujosos y, lejos de admirar sus bordados, considera que son excrementos de gusanos y siente lástima de aquellos que obtienen placer de ellos y los buscan como algo precioso
El demonio de la acedia suele atacar especialmente a quienes ya están avanzados en la oración o la practican con asiduidad
[La acedia es] la muerte del alma y del espíritu
Si Dios dejara [a este demonio] emplear toda su fuerza contra nosotros, sin duda no se salvaría ningún asceta
[Cristo ha venido para] reformar al hombre dislocado... y recordar a su propia criatura el extravío en que se encuentra su mente
Cubiertos de heridas, afectados por diversas enfermedades..., llamamos a quien es el médico de las almas y de los cuerpos...; lo llamamos para que venga a curar nuestro corazón herido y a dar la salud a nuestra alma, que yace bajo el camastro del pecado y de la muerte
Regenerados por el santo bautismo, hemos sido liberados y somos dueños de nosotros mismos. Y, a menos que obedezcamos voluntariamente al enemigo, él no puede tener en absoluto influencia sobre nosotros
No basta por sí solo para nuestra salvación
El que, tras el bautismo, se ha manchado debido a acciones inconvenientes y a iniquidades..., necesita para arrepentirse penitencia para recuperar por sí mismo esa misma dignidad divina que ha perdido a causa de su vida de pecado
[Dios ha dado a los hombres el remedio del arrepentimiento] a fin de que aquellos que por pereza o negligencia han perdido la vida eterna vuelvan a ella de nuevo por medio de la penitencia con una gloria más resplandeciente y manifiesta
[Dios ha dado a los hombres el] remedio (φάρµακον) saludable de la penitencia
¿Cómo iba a aceptar ser curado aquel que no se deja siquiera convencer de que yace enfermo y herido?
Por el arrepentimiento el hombre adquiere de [nuevo] el esplendor que le corresponde. La penitencia es la puerta que hace salir de las tinieblas para entrar en la luz
El fruto y la tarea propia de la penitencia es precisamente lo que expulsa la ignorancia y procura a la vez el conocimiento. [Por] conocimiento entiendo yo primero el de nosotros mismos y de lo [que] nos concierne y, a continuación, el de lo que nos sobrepasa y el de [los] misterios divinos, que son invisibles e incognoscibles para aquellos [que] no hacen penitencia... Las verdades divinas... no se les revelan más [que] a aquellos que han hecho penitencia con ardor y a los que una penitencia sincera ha purificado convenientemente, y esto en proporción y medida de su penitencia y de su purificación. A ellos se les revelan las profundidades del Espíritu... Pero estas verdades permanecen incognoscibles y ocultas para todos los demás
Apoya tu barba en el pecho y dirige el ojo corporal con todo el espíritu hacia el medio del vientre, es decir, el ombligo
[Hay que contener un poco el aliento] para no respirar cómodamente
Que nadie vaya a fiarse exclusivamente de la fe en Cristo
Los que se apoyan solo en la fe, no tienen fe (son άπιστοι)
[Los que no experimentan los efectos del bautismo están] inválidos por no cumplir los mandamientos
[Los bautizados] adquieren la santidad mediante la práctica de los mandamientos
[Dios se revela a quienes guardan sus mandamientos] según la capacidad de cada uno
Hallamos diversas razones para la debilidad del cuerpo: o bien los remedios no actúan porque están demasiado viejos, o bien el médico es inexperto y da un remedio en lugar de otro, o el enfermo es desobediente y no observa sus prescripciones. Pero en el caso del alma no ocurre así. En efecto, no podemos decir que el médico no tenga experiencia y que no haya dado los remedios convenientes, puesto que el médico de nuestras almas es Cristo, que lo sabe todo y que da a cada pasión el remedio apropiado, quiero decir los mandamientos... Este médico no es, pues, inexperto. Por otra parte, tampoco podemos decir que los remedios sean ineficaces porque estén viejos. Los mandamientos de Cristo no envejecen nunca, sino que incluso se renuevan en la medida en que sirven. Por tanto, no hay más obstáculo para la salud del alma que su propio desorden
De los mandamientos nacen las virtudes... Mediante el cumplimiento de los mandamientos se ponen en práctica las virtudes
Por la práctica de las virtudes se efectúa la plenitud de los mandamientos
El que carece de esperanza carece de fe
Si uno descuida los mandamientos, pierde la esperanza en Dios
[Después de adquirir la esperanza se puede poseer] íntegramente en ella el amor a Dios. Pues es imposible que ningún hombre adquiera el amor perfecto para con Dios si no es por medio de una fe sincera y de una esperanza firme e inquebrantable
A medida que el sol se levanta, la oscuridad retrocede y se desvanece; del mismo modo cuando brilla la virtud, la maldad es expulsada como una oscuridad
Su crecimiento espiritual prosigue cada día, eliminando cualquier resto de infantilismo y progresando hacia la perfección cumplida del hombre. Por eso, las potencias y las energías de su alma van cambiando según su edad
No te entregues en manos de un maestro sin experiencia..., pues te iniciaría más a la vida diabólica que a la evangélica
El pensamiento de los santos, aunque se incline sobre el cenagal de las pasiones y las vergüenzas humanas, no se mancha con ellas, pues su inteligencia está desnuda y es ajena a toda codicia de las pasiones. Si llega el caso que decide emprender el examen de tales estados, lo hace con el único objetivo de observar y comprender los movimientos desordenados de las pasiones y sus efectos; para saber de dónde proceden y cuáles son, a su vez, los remedios que los neutralizan, como oímos que hacen los médicos y como hemos oído decir a los ancianos: disecan los cadáveres para entender el funcionamiento del cuerpo, para darse cuenta así de la organización interior de los seres vivos e intentar en otros el tratamiento de las afecciones ocultas. Tal es, en suma, el método que practica igualmente el médico espiritual, que quiere curar con ayuda de la experiencia las pasiones del alma
[El padre espiritual que no ha recibido la luz del Espíritu es] un ciego guiando a otro ciego
[El que no tiene en él la luz del Espíritu Santo] no puede ver como es debido sus propias acciones, ni estar seguro de que se corresponden con lo que Dios quiere. En cuanto a guiar a los demás, o a enseñarles la voluntad de Dios, tampoco es capaz, ni tampoco es digno de recibir los pensamientos del prójimo... mientras no posea, brillando en él, la luz... ‘El que camina en la oscuridad no sabe adonde va’ (Jn 12, 35). Por tanto, si este hombre no sabe adónde va, cómo va a mostrar el camino a los demás?
Quien ve de manera espiritual y oye así, cuando ve a alguien, se encuentra y habla con él frecuentemente, ve su alma, si no en cuanto a su esencia, por lo menos en cuanto a su estado, y cuáles son su cualidades y disposiciones. Por tanto, si ha sido considerado digno de participar en el Espíritu Santo, halla este conocimiento en la visión misma de éste
Un enfermo va a ver al médico espiritual... El médico humano y compasivo examina a este enfermo; comprende la debilidad de su hermano, la inflamación del mal, la hinchazón; ve al enfermo en poder de la muerte... Cuando el médico espiritual ve a su hermano en el estado descrito, no empieza a gritarle, ni se desentiende de él diciéndole: ‘Lo que pides es malo y mortal, y me niego a darte ese auxilio’, no vaya a ser que, al oír eso, el enfermo salga corriendo y vaya a otro médico sin experiencia en esas afecciones, pues moriría al instante. Por el contrario, lo retiene, lo reconforta y se muestra a la vez lleno de caridad y sencillez
Un enfermo acude a ver al médico espiritual. Embotado por el sufrimiento, con la mente del todo confundida, va buscando, más que una medicina, aquello que lo perjudica, es decir, que va a agravar su mal y a abocarlo a la muerte en breve... Cuando el médico espiritual ve a su hermano en el estado descrito, no se pone a reprenderle con severidad, ni tampoco escurre el bulto y le dice: ‘Lo que me pides es malo y mortal, así que me niego a dártelo’... Por el contrario, lo retiene, lo reconforta, se muestra a la vez lleno de caridad y sencillez, le asegura que le va a aplicar los remedios que le solicita y que está dispuesto a cumplir su deseo. Hay enfermos que tienen el alma gravemente afectada y, aun así, buscan lo que empeora su enfermedad. Y su mal puede ser que, cuando serían necesarias la dieta y la abstinencia de lo que les apetece, desean más bien satisfacerse con alimentos nocivos y atiborrarse de ellos. Por eso, como acabo de decir, el médico experimentado no accede sin más a los requerimientos del paciente, pero le promete satisfacer sus exigencias. El enfermo persigue el objeto de sus deseos, convencido de que es bueno, mientras que el médico le va suministrando disimuladamente las medicinas; uno espera pacientemente tan contento, mientras el otro, hábil, le da lo que en apariencia es igual a lo que busca pero, en realidad, es totalmente diferente y de una eficacia insospechada. Desde el momento en que el enfermo toca los remedios, su mero contacto, en contra de lo que esperaba, le hace ya efecto; así, al mismo tiempo que baja de inmediato la hinchazón, desaparece por completo la herida, y ya ni siquiera soporta pensar en lo que antes inflamaba su codicia. Es preciso ver y admirar el milagro absolutamente inexplicable que se produce: sin más ayuda que el contacto y la vista de las preparaciones medicinales, el médico consigue que la salud vuelva a los enfermos, que las heridas y la hinchazón se reduzcan, y que se aplaque el ardor de la sed. Los pacientes, antes devorados por el deseo de los alimentos malsanos y nocivos, desean ahora, por el contrario, los provechosos, y cuentan por todas partes los milagros que ha operado el médico y los procedimientos maravillosos de su arte
Como a Dios, dile [a tu padre espiritual] tus pensamientos... sin ocultar nada
El hombre ha recibido el poder de no realizar el mal, pero no el de que no se le ocurra
[Hay que reconocer] que todo es una sombra y que de las cosas visibles todo pasa
[Es ridículo] divertirse con una sombra y atesorar lo que huye
[Existen] unas riquezas verdaderas que procuran un gozo inmortal
Suprime las lágrimas, y habrás suprimido al mismo tiempo la purificación; y sin purificación nadie se salva
Antes del duelo y las lágrimas, no hay en nosotros arrepentimiento
Sin lágrimas nunca, nunca jamás se ha oído decir que un alma se haya purificado de la inmundicia del pecado cuando ha caído después del bautismo
Por tanto, ¿quién, afligiéndose cada día, puede continuar viviendo con ira en lugar de volverse manso? Lo mismo que el agua se derrama sobre el fuego de un hogar, así la aflicción y las lágrimas apagan la furia del alma, hasta tal punto que el hombre que se ha entregado largo tiempo a ellas puede ver cómo su alma irascible se transforma hasta conseguir una calma inmutable
El que teme a Dios no teme los ataques de los demonios, ni sus asaltos impotentes, ni aun las amenazas de los malvados
[El temor de Dios, unido a la fe, proporciona al hombre] la fuerza para emprenderlo todo, incluso lo que parece difícil o imposible a la mayoría
La humildad procura la celestial y angélica impasibilidad
[La impasibilidad vuelve a quienes la poseen] inaccesibles para los enemigos
El que ha muerto al mundo, pues esto es la cruz..., el que ha hecho morir sus miembros terrenos... hasta el punto de que ya no lo alcanza ninguna pasión ni ningún deseo malo, ¿cómo va a ser alcanzado por ninguna pasión ni ningún mal deseo, cómo va a recibir por nada del mundo una sensación apasionada, o a experimentar un impulso voluptuoso o, en fin, cómo se va a tambalear en su corazón?
Quienes aún están retenidos por una apetencia, por pequeña que sea, del mundo y sus asuntos, se hallan todavía a gran distancia de su puerto
Una cosa es la inercia de los miembros del cuerpo y de las pasiones del alma, y otra cosa es la adquisición de las virtudes
[El impasible es] aquel que ha recibido de Dios el disfrute de la libertad del Espíritu
[El amor al prójimo] se extiende a todas las manifestaciones de la virtud
Nosotros, fieles, debemos considerar a todos los fieles como un solo ser
Debemos pensar que en ellos [los hombres] habita Cristo
[San Simeón Estudita] miraba a todos los bautizados como si fueran Cristo
Si amas a Dios de manera auténtica y permaneces en su amor, ninguna pasión te dominará nunca, ni la prisión del cuerpo te someterá a su merced; pues, así como el cuerpo no puede ya moverse hacia nada sin el alma, el alma unida a Dios por el amor no podrá nunca ser arrastrada hacia los placeres y los apetitos de cuerpo, ni tampoco hacia nada visible ni aun invisible, sea objeto o pasión, porque el sublime amor de Dios tiene sujeto el ímpetu de su corazón o, mejor dicho, toda la fuerza de su voluntad
[Solo] por medio de la praxis y los santos combates [de la ascesis se puede] adquirir el conocimiento [espiritual]
[Es necedad y ceguera suponer que el conocimiento espiritual] es idéntico a la elaboración de conceptos que realiza su pensamiento
[El techo del edificio espiritual es] el conocimiento divino de Dios
El desarrollo del conocimiento de Dios se vuelve la causa de nuestra ignorancia de todos los demás seres