Cualquiera que sea la diversidad que presenten los vicios en su origen y su modo de consumarse, los seis primeros, o sea, gastrimargía, lujuria, filargiria, ira, tristeza y acedia, están ligados unos a otros por una suerte de parentesco y, por así decir, de encadenamiento mutuo, de modo que la abundancia de uno se convierte en el principio del siguiente; el desbordamiento de la gastrimargía produce necesariamente la lujuria; la lujuria, la filargiria; la filargiria, la ira; la ira, la tristeza; la tristeza, la pereza. Por eso se ha de emplear contra ellos una sola y misma táctica, que consiste en comenzar por el precedente la lucha contra el siguiente... Así, para vencer la acedia es preciso superar primero la tristeza; para superar la tristeza, expulsar la ira; para expulsar la ira, pisotear la filargiria; para pisotear la filargiria, extirpar la lujuria; para extirpar la lujuria, reprimir la gastrimargía. Los dos últimos vicios, la cenodoxia y el orgullo, están también unidos entre sí del modo que acabamos de explicar: el incremento del primero da origen al segundo, la exuberancia de la cenodoxia enciende la hoguera del orgullo
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