Para obtener el placer y evitar el sufrimiento, el hombre inventa múltiples e innumerables formas de pasiones corruptoras. Por ejemplo, si el amor a uno mismo (φιλαυτία) se cultiva por el placer, se suscita entonces la gula, el orgullo, la vanidad, la presunción, la avaricia, la avidez, la tiranía, la arrogancia, la ostentación, la crueldad, la ira, el sentimiento de superioridad, el empecinamiento, el desprecio de los demás, la injuria, la impiedad, la licencia en las costumbres, la prodigalidad, el desenfreno, la frivolidad, la jactancia, la indolencia, el insulto, el ultraje, la impertinencia, la charlatanería, la obscenidad y cualquier otro vicio de este género. Pero si el amor a uno mismo (φιλαυτία) se ve herido por el sufrimiento, esto hace que nazca la ira, la envidia, el odio, la hostilidad, el rencor, el ultraje, la maledicencia, la calumnia, la tristeza, la desesperación, la tristeza, la falsa acusación a la Providencia divina, la despreocupación, la negligencia, el desaliento, el abatimiento, la pusilanimidad, la lamentación, la melancolía, la amargura, los celos, y todos los otros vicios debidos a la privación del placer. La mezcla de sufrimiento y placer, que engendra la hostilidad y la maldad, hace nacer en nosotros la hipocresía, la ironía, la astucia, el disimulo, el halago, la complacencia y todos los demás vicios que nacen de esta mezcla
Translated from Greek
Not yet translated; shown in Spanish.