[La fe es] una firme seguridad de lo que se espera, una demostración de lo que no se ve
Soy trigo de Dios, y he de ser molido por los dientes de las fieras para llegar a ser pan puro de Cristo.
Así como el bien del cuerpo es la salud, el bien del alma es el conocimiento de Dios
Son perfectos quienes poseen el Espíritu de Dios que permanece siempre con ellos y, al mismo tiempo, se mantienen irreprochables en lo referente a sus almas y a sus cuerpos, es decir, conservan la fe en Dios y observan la justicia para con el prójimo
[La fe es uno de los] lazos de la salud y la salvación
[Los profetas] estaban cerca del Verbo por la fe, de modo que les llegaba una emanación de Él para curarlos
[Si el hombre,] guiado por la fe en el Señor, ve la manera de reconocer al único Dios verdadero, ¿no es esto una curación y una salvación?
Quien no se acerca al Señor y no le suplica con la plena certeza de la fe, no obtiene la curación. En efecto, ¿por qué, cuando [el ciego y la hemorroísa] fueron curados de inmediato gracias a su fe, nosotros no hemos llegado todavía a ver realmente y no nos hemos curado de nuestras pasiones secretas?... A causa de nuestra falta de fe, a causa de nuestra vacilación, y porque no amamos [al Señor] con todo nuestro corazón y no creemos verdaderamente en Él, es por lo que aún no hemos obtenido la curación espiritual y la salvación. Creamos, pues, en Él, acerquémonos verdaderamente a Él, para que Él obre rápidamente en nosotros la verdadera curación
Tus heridas no superan la habilidad del médico. Limítate a darte a ti mismo con fe, cuéntale tu mal al médico
Se cura por la fe en Aquel que ha dicho: ‘El Señor se opone a los orgullosos y da su gracia a los humildes’ (Sant 4, 6), es decir, por el temor de la sentencia a la que se exponen por el orgullo
Abandona los vaivenes de una vida inestable y cambiante para entrar en la vida inmutable
[La] fe inflexible no admite ningún arrebato de temor
Cuando se trata de curar el cuerpo distinguimos estas tres cosas, o más bien distinguimos cuatro o cinco: el médico, su arte, el enfermo, la enfermedad y la virtud de los remedios. De la oposición de estas cosas resulta una especie de combate; si el médico, la medicina y los remedios tienen como auxiliar la voluntad del enfermo, triunfan sobre la enfermedad. Si, por el contrario, el enfermo se niega a ayudarlos, se entrega él mismo a la enfermedad; a veces, incluso toma partido por ella en contra del médico, de los remedios y de la medicina, y entonces se mata. Sucede lo mismo en el caso presente; mejor dicho, algo mucho más extraordinario... Cuando el médico es Dios, a poco que estéis con Él, vuestra herida se cura infaliblemente
El conocimiento de Dios otorga la salud al alma
Mi alma enferma, que no podía hallar la curación más que en la fe, se negaba a sanar; se resistía a tus manos, oh Dios mío
[La fe es un] asentimiento voluntario del alma
Si nuestro gran médico celestial nos ha dado los remedios..., ¿dónde encontraremos la causa de nuestra perdición, sino en la debilidad de nuestra voluntad?
[Gracias a la] enérgica tensión de su querer hacia el Uno, todo lo que en el hombre era desorden se ordena
Una fe inquebrantable corta de raíz cualquier preocupación
Cada uno de nosotros posee la fuerza manifiesta del Espíritu en proporción con la fe que hay en él. De este modo, cada uno es el intendente de su propia gracia
Si crees que Dios te guarda en su providencia, ¿por qué te inquietas y te preocupas de las cosas que pasan y de las necesidades de la carne?... Pon en el Señor tu cuidado, y Él te alimentará. Ya no te asustará ninguna amenaza
[La fe cura] la enfermedad de la incredulidad
[El temor de Dios, unido a la fe, proporciona al hombre] la fuerza para emprenderlo todo, incluso lo que parece difícil o imposible a la mayoría
No busco entender para creer, sino que creo para entender.
Tengamos fe en Aquel que ha comulgado con nuestra naturaleza y la ha gratificado con la gloria de su naturaleza, y busquemos cómo adquirirla y cómo verla. ¿Cómo? Por la observancia de los divinos mandamientos
No dijo: «no serás atribulada, no serás fatigada, no serás afligida», sino que dijo: «no serás vencida».
La angustia es el vértigo de la libertad.
Los que temen a Dios, los que creen en el advenimiento de su Hijo y, por la fe, permiten que more en su corazón el Espíritu de Dios, ésos serán llamados con justicia hombres ‘puros’, ‘espirituales’ y ‘que viven para Dios’, porque poseen el Espíritu del Padre, que purifica al hombre y lo eleva a la vida de Dios
Verdaderamente bienaventurados y adeptos fervientes a la vida y al gozo sobrenatural los que, consagrándose al ardor de la fe y a la conducta virtuosa, han recibido por la experiencia y la percepción el conocimiento celestial de los misterios del Espíritu
[La fe] no deja que nuestra alma se agobie por ninguno de los males presentes y alivia sus miserias con la esperanza del porvenir
Yo podía ser curado si creía
[El Señor, mediante su enseñanza,] llena de sabiduría a personas que antes tenían aspecto de chalados y de locos
La enfermedad triunfa sobre quien vacila en su fe
Unificar por la verdadera fe y el amor espiritual a aquellos que el vicio ha arrojado en múltiples divisiones, ese es el designio de la providencia divina
[El temor de Dios] procede de la fe
Esforzaos, entonces, por dar a conocer mediante las obras la fe y el conocimiento. Pues aquel que se ha quedado ciego por haberse entregado solo al conocimiento, se oirá decir: ‘Confiesan que conocen a Dios, pero lo niegan con sus obras’ (Tit 1, 16)
Con ella [la fe], ni la desgracia más grande podría precipitarnos en la desesperación
[Dios] ha preparado el remedio de la fe y lo ha prodigado a los enfermos de la tierra, confiriéndole una potente eficacia
Si tenemos fe en el que ha venido a curar todas las enfermedades y debilidades de la multitud, Él es capaz de curar, no solo las enfermedades corporales, sino también las del hombre interior
De la fe nace el temor de Dios. Pues bien, cuando este acompaña a las obras y se eleva por poco que sea hacia el cumplimiento, engendra el conocimiento espiritual... La fe suscita en nosotros el temor, y el temor nos fuerza a arrepentirnos y a poner manos a la obra. Así se le da al hombre el conocimiento espiritual, que es la sensación de los misterios, la cual engendra la fe de la verdadera contemplación. Sin embargo, el conocimiento espiritual no nace sencillamente de la fe pura, sino que la fe engendra el temor de Dios; y en el temor de Dios, cuando empezamos a actuar por él, de la energía de este temor nace el conocimiento espiritual, como dijo san Juan Crisóstomo: ‘Cuando alguien adquiere la voluntad de seguir el temor de Dios y la recta sabiduría, recibe rápidamente la revelación de los misterios’
Dios viene en ayuda de los que desean ser curados dándoles la fe
Nuestra fe perfecta se refleja en la curación