Citas sobre mansedumbre — 30 citas

Sobre mansedumbre

La humildad es la madre de la mansedumbre del corazón. Si cierras la puerta al orgullo, la ira no encuentra entrada. La brutalidad y la ignominia provocan esta enfermedad en los violentos. Pero la ignominia no alcanza al que practica la humildad

Gregorio de Nisa Gregorio de Nisa, Homilías sobre las bienaventuranzas, II, 5

La mansedumbre disminuye [la irascibilidad]

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Tratado práctico, 19-20; Cartas, 56

¿Cómo combatir [la ira]?... Mediante la mansedumbre; combatir es estar del lado contrario

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Comentario a san Mateo, XVI, 10

Cuanto más se crece en mansedumbre y paciencia, más se aumenta en pureza del cuerpo

Juan Casiano Cf. Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, V, 10-11; VI, 1; 23. Cf. Juan Casiano, Conferencias, XII, 4

[Que deje de irritarse,] pero que adquiera además la mansedumbre

Doroteo de Gaza Doroteo de Gaza, Instrucciones espirituales, XII, 133

La mansedumbre es una roca que domina el mar de la irascibilidad y contra la que se parten todas las olas que rompen allí sin quebrantarla nunca

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXIV, 4

Ciertos remedios inmovilizan las pasiones, les impiden ponerse en marcha e intensificarse... A la ira, la paciencia y la mansedumbre la inmovilizan, le impiden desplegar su fuerza

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, II, 7

Por tanto, ¿quién, afligiéndose cada día, puede continuar viviendo con ira en lugar de volverse manso? Lo mismo que el agua se derrama sobre el fuego de un hogar, así la aflicción y las lágrimas apagan la furia del alma, hasta tal punto que el hombre que se ha entregado largo tiempo a ellas puede ver cómo su alma irascible se transforma hasta conseguir una calma inmutable

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Catequesis, XXXI, 57-66

La naturaleza humana, de todas formas, opta entre dos direcciones contrarias: la ira o la mansedumbre

Gregorio de Nisa

que [el alma] reprima su parte irascible mediante la mansedumbre

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Tratado práctico, 19-20; Cartas, 56

La mansedumbre quiebra la ira

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Comentario a san Mateo, XVI, 10

Para vencer en los combates que la pasión suscita en nuestra carne, hemos de pertrecharnos con las armas de la mansedumbre

Juan Casiano Cf. Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, VI, 18; VI, 23; Conferencias, XII, 6

[Cristo] nos muestra la causa que conduce al desprecio y a la transgresión de los preceptos de Dios; de este modo nos proporciona el remedio para que podamos obedecer y salvarnos. ¿Cuál es, pues, este remedio y cuál es la causa del desprecio? Escuchad lo que dice nuestro Señor mismo: ‘Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis reposo para vuestras almas’ (Mt 11,29). He aquí que brevemente, en pocas palabras, nos muestra la raíz y la causa de todos los males, así como su remedio, causa de todos los bienes; nos muestra que es el engreimiento lo que nos ha hecho caer, y que es imposible obtener misericordia si no es por medio de la disposición contraria, que es la humildad

Doroteo de Gaza Doroteo de Gaza, Instrucciones espirituales, I, 7

La mansedumbre es un estado inmóvil del alma, que permanece igual a sí misma tanto en las humillaciones como ante las alabanzas

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, VIII, 33; 4

(La mansedumbre es) la mensajera de toda humildad

Gregorio de Nisa Gregorio de Nisa, Homilías sobre las bienaventuranzas, II, 5

Enseña a tus hermanos esta mansedumbre para que difícilmente vuelvan a la ira

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Tratado práctico, 19-20; Cartas, 56

La ira es un fuego, es una llama que agarra, muerde y abrasa. Apaguémosla con la mansedumbre y la paciencia

Juan Crisóstomo

[La mansedumbre] no solo extirpa la ira, la tristeza, la acedia, la cenodoxia o el orgullo, sino también el placer y todos los vicios a la vez

Juan Casiano Juan Casiano, Conferencias, XII, 6. Aunque afirma esto de la paciencia, en este pasaje considera simultáneamente la mansedumbre y la paciencia, como si no diferenciara entre ellas. Cf. también, Conferencias, XXIV, 6

Cristo nos enseña la causa que lleva hasta el desprecio y la transgresión de los preceptos de Dios [a saber, el orgullo]; nos proporciona así el remedio para que podamos obedecer y salvarnos. ¿Cuál es este remedio y cuál es la causa del desprecio? Escuchad lo que dice nuestro Señor mismo: ‘Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas’ (Mt 11, 29). He aquí que, brevemente, en muy pocas palabras, nos muestra la raíz y la causa de todos los males, junto con su remedio, fuente de todos los bienes; nos muestra que lo que nos ha hecho caer es el habernos elevado, y que no se puede obtener misericordia sino mediante la disposición contraria, que es la humildad

Doroteo de Gaza Doroteo de Gaza, Instrucciones espirituales, I, 7

La mansedumbre consiste en que, cuando el prójimo nos atormenta, roguemos por él sin que nos afecte (su comportamiento) y sinceramente

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, VIII, 3 (encontramos una definición casi idéntica en XXIV, 2: «La mansedumbre es un estado inmutable del espíritu (νούς), que permanece siempre el mismo tanto en los honores como en las humillaciones»); XXIV, 3; VIII, 17

(El don de la mansedumbre es) la dicha y la herencia de los cielos en Cristo Jesús

Gregorio de Nisa Gregorio de Nisa, Homilías sobre las bienaventuranzas, II, 4 (cf. 1)

Estoy convencido de que tu mansedumbre ha sido para ti causa de un gran conocimiento. No hay, en efecto, ninguna virtud que engendre la sabiduría como esta mansedumbre por la que Moisés fue alabado como más manso de los hombres

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Cartas, 36 (cf. 41). Cf. Juan Clímaco, Escala, XXIV, 10

El que es siempre manso no se inflama de ira, ni se consume en las angustias de la acedia y de la tristeza, ni se disipa en las fútiles búsquedas de la cenodoxia, ni se eleva con la hinchazón del orgullo

Juan Casiano Juan Casiano, Conferencias, XII, 6. Aunque afirma esto de la paciencia, en este pasaje considera simultáneamente la mansedumbre y la paciencia, como si no diferenciara entre ellas. Cf. también, Conferencias, XXIV, 6

La señal de la suprema mansedumbre es conservar un corazón lleno de serenidad y de caridad respecto a quien nos ha ofendido, incluso en su presencia

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, VIII, 3 (encontramos una definición casi idéntica en XXIV, 2: «La mansedumbre es un estado inmutable del espíritu (νούς), que permanece siempre el mismo tanto en los honores como en las humillaciones»); XXIV, 3; VIII, 17

(La mansedumbre es) el sostén de la paciencia

Juan Casiano Juan Casiano, Conferencias, XII, 6

(La mansedumbre es) fundamento del discernimiento (espiritual)

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXIV, 5

Parece evidente que el remedio más eficaz para el corazón humano es la paciencia, tal como dice Salomón: ‘El hombre manso es el médico del corazón’ (Prov 14, 30)

Juan Casiano Juan Casiano, Conferencias, XII, 6

El Señor conducirá a los mansos por la vía del juicio (Sal 24, 9) o, más bien, del discernimiento

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXIV, 5

(La mansedumbre es) la madre de la caridad

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXIV, 1; 5; XXV, 12

Que el tirano de la ira sea atado con las cadenas de la mansedumbre y golpeado por la paciencia

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXIV, 1; 5; XXV, 12