La humildad es la madre de la mansedumbre del corazón. Si cierras la puerta al orgullo, la ira no encuentra entrada. La brutalidad y la ignominia provocan esta enfermedad en los violentos. Pero la ignominia no alcanza al que practica la humildad
La mansedumbre disminuye [la irascibilidad]
¿Cómo combatir [la ira]?... Mediante la mansedumbre; combatir es estar del lado contrario
Cuanto más se crece en mansedumbre y paciencia, más se aumenta en pureza del cuerpo
[Que deje de irritarse,] pero que adquiera además la mansedumbre
La mansedumbre es una roca que domina el mar de la irascibilidad y contra la que se parten todas las olas que rompen allí sin quebrantarla nunca
Ciertos remedios inmovilizan las pasiones, les impiden ponerse en marcha e intensificarse... A la ira, la paciencia y la mansedumbre la inmovilizan, le impiden desplegar su fuerza
Por tanto, ¿quién, afligiéndose cada día, puede continuar viviendo con ira en lugar de volverse manso? Lo mismo que el agua se derrama sobre el fuego de un hogar, así la aflicción y las lágrimas apagan la furia del alma, hasta tal punto que el hombre que se ha entregado largo tiempo a ellas puede ver cómo su alma irascible se transforma hasta conseguir una calma inmutable
La naturaleza humana, de todas formas, opta entre dos direcciones contrarias: la ira o la mansedumbre
que [el alma] reprima su parte irascible mediante la mansedumbre
La mansedumbre quiebra la ira
Para vencer en los combates que la pasión suscita en nuestra carne, hemos de pertrecharnos con las armas de la mansedumbre
[Cristo] nos muestra la causa que conduce al desprecio y a la transgresión de los preceptos de Dios; de este modo nos proporciona el remedio para que podamos obedecer y salvarnos. ¿Cuál es, pues, este remedio y cuál es la causa del desprecio? Escuchad lo que dice nuestro Señor mismo: ‘Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis reposo para vuestras almas’ (Mt 11,29). He aquí que brevemente, en pocas palabras, nos muestra la raíz y la causa de todos los males, así como su remedio, causa de todos los bienes; nos muestra que es el engreimiento lo que nos ha hecho caer, y que es imposible obtener misericordia si no es por medio de la disposición contraria, que es la humildad
La mansedumbre es un estado inmóvil del alma, que permanece igual a sí misma tanto en las humillaciones como ante las alabanzas
(La mansedumbre es) la mensajera de toda humildad
Enseña a tus hermanos esta mansedumbre para que difícilmente vuelvan a la ira
La ira es un fuego, es una llama que agarra, muerde y abrasa. Apaguémosla con la mansedumbre y la paciencia
[La mansedumbre] no solo extirpa la ira, la tristeza, la acedia, la cenodoxia o el orgullo, sino también el placer y todos los vicios a la vez
Cristo nos enseña la causa que lleva hasta el desprecio y la transgresión de los preceptos de Dios [a saber, el orgullo]; nos proporciona así el remedio para que podamos obedecer y salvarnos. ¿Cuál es este remedio y cuál es la causa del desprecio? Escuchad lo que dice nuestro Señor mismo: ‘Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas’ (Mt 11, 29). He aquí que, brevemente, en muy pocas palabras, nos muestra la raíz y la causa de todos los males, junto con su remedio, fuente de todos los bienes; nos muestra que lo que nos ha hecho caer es el habernos elevado, y que no se puede obtener misericordia sino mediante la disposición contraria, que es la humildad
La mansedumbre consiste en que, cuando el prójimo nos atormenta, roguemos por él sin que nos afecte (su comportamiento) y sinceramente
(El don de la mansedumbre es) la dicha y la herencia de los cielos en Cristo Jesús
Estoy convencido de que tu mansedumbre ha sido para ti causa de un gran conocimiento. No hay, en efecto, ninguna virtud que engendre la sabiduría como esta mansedumbre por la que Moisés fue alabado como más manso de los hombres
El que es siempre manso no se inflama de ira, ni se consume en las angustias de la acedia y de la tristeza, ni se disipa en las fútiles búsquedas de la cenodoxia, ni se eleva con la hinchazón del orgullo
La señal de la suprema mansedumbre es conservar un corazón lleno de serenidad y de caridad respecto a quien nos ha ofendido, incluso en su presencia
(La mansedumbre es) el sostén de la paciencia
(La mansedumbre es) fundamento del discernimiento (espiritual)
Parece evidente que el remedio más eficaz para el corazón humano es la paciencia, tal como dice Salomón: ‘El hombre manso es el médico del corazón’ (Prov 14, 30)
El Señor conducirá a los mansos por la vía del juicio (Sal 24, 9) o, más bien, del discernimiento
(La mansedumbre es) la madre de la caridad
Que el tirano de la ira sea atado con las cadenas de la mansedumbre y golpeado por la paciencia