Juan Crisóstomo — 295 citas

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JuanCrisóstomo

Patrísticac. 347 – 407
Nacimiento Antioquía de Siria (actual Antakya, provincia de Hatay, Turquía)
Muerte Comana del Ponto (actual Gümenek, provincia de Tokat, Turquía), camino del destierro
Tradición Padre griego

Predicador de Antioquía y arzobispo de Constantinopla entre los siglos IV y V, apodado 'Boca de Oro' por su elocuencia; murió desterrado. Sus centenares de homilías, el tratado 'Sobre el sacerdocio' y su enseñanza sobre las pasiones, la limosna y la penitencia hacen de él una de las autoridades más citadas de la tradición ascética oriental.

Algunas fuentes antiguas adelantan su nacimiento a c. 344-349.

Las 295 citas

Que nadie tema a la muerte, porque la muerte del Salvador nos ha hecho libres.

Juan Crisóstomo Homilía pascual

No compartir con los pobres los propios bienes es robarles y quitarles la vida. Los bienes que retenemos no son nuestros, sino suyos.

Juan Crisóstomo Homilías sobre Lázaro, 2

Cuando Dios se retira, todo se pone patas arriba

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre la carta a los Romanos, IV, 1

Igual que aquellos que están en las tinieblas ignoran la naturaleza de las cosas, del mismo modo aquellos que viven en el pecado no distinguen las cosas y corren hacia las sombras como si fueran la realidad

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre los

(La acción del diablo) perturba de un modo tan desgraciado nuestro Espíritu y hace que nuestro juicio yerre sobre la acertada apreciación de las cosas

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Consolación a Eslagiro, II, 2

(Los hombres pecadores) Son realmente insensatos..., pues no han aprendido nunca a conocer la verdadera naturaleza de las cosas

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Consolación a Eslagiro, II, 2

Un mismo corazón no puede albergar varias pasiones. Una pasión expulsa a la otra, y si es compartido, se debilita: la pasión dominante lo atrae todo hacia ella

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Comentario a san Juan, II, 5

¿De dónde se deriva que nuestro amor a Jesucristo sea tan débil, sino de que agotamos las fuerzas de nuestra alma en las vanas pasiones?

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Comentario a san Mateo, IV, 9

El placer no es más que un gozo efímero. Sí, el placer se esfuma rápidamente, y no podríamos retenerlo ni siquiera unos instantes. Pues tal es el destino de las cosas humanas y sensibles. Apenas las poseemos, se nos escapan... No nos ofrecen nada sólido ni seguro, nada fijo ni permanente. Corren más deprisa que el agua de los ríos y dejan vacíos e indigentes a cuantos las buscan con vivo empeño. Por el contrario, los bienes espirituales presentan un carácter absolutamente distinto. Son firmes, seguros, constantes y eternos. Así pues, ¿no es una extraña locura el cambiar unos bienes inmutables por un disfrute pasajero, una dicha inmortal por unos placeres momentáneos, y una felicidad verdadera y eterna por unas voluptuosidades frívolas y fugaces?

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, I, 4

Nuestros juicios no se forman según la naturaleza de las cosas que nos impresionan, sino según el sentimiento del alma que las ve con los ojos

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Catequesis, II, 4

Se os han dado los ojos para que, a la vista de la creación, deis gloria al Señor

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre los demonios, II, 3; Homilías sobre el Génesis, XXII, 3

El ojo está hecho para celebrar al Creador al ver las criaturas de Dios

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre los demonios, II, 3; Homilías sobre el Génesis, XXII, 3

Contemplemos nuestros miembros: encontraremos que ellos también son causa de nuestra ruina si no tenemos cuidado; no lo serán por su naturaleza, sino debido a nuestra negligencia

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, XXII, 3

Los vicios no son más que locura

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre la Epístola a los colosenses, IX, 1; Catequesis “Bautismales, V, 4. Cf. 5, 6; Homilías sobre los demonios, I, 7; Comentario a san Mateo, IX, 1; Homilías sobre 1 Corintios, IX, 1; 4

Cada una de las funestas pasiones engendradas en nuestra alma produce en nosotros una especie de borrachera... y oscurece nuestra razón. Puesto que la borrachera no es otra cosa que el extravío del espíritu fuera de sus vías naturales, la desviación de los razonamientos y la pérdida de la consciencia

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre la Epístola a los colosenses, IX, 1; Catequesis bautismales, V, 4. Cf. 5, 6; Homilías sobre los demonios, I, 7; Comentario a san Mateo, IX, 1; Homilías sobre 1 Corintios, IX, 1; 4

Sufre más el alma por los pecados que el cuerpo por las enfermedades

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre la Epístola a los romanos, IV, 1

Es costumbre de la Escritura el no limitarse a hacernos conocer la falta [de alguien], sino instruirnos al mismo tiempo acerca del motivo que le condujo a pecar: se comporta así para garantizar la salud a aquellos que están sanos contra el riesgo de caídas semejantes. Así hacen los médicos que visitan a los enfermos: antes incluso de examinar el mal, buscan su fuente para reprimir el mal en su origen

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre Ozías, III, 4

El que desgarra sus propios miembros es un enemigo y un loco

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Comentario a san Juan, XLVIII, 3. Cf. Rom 12, 5; 1 Cor 12, 20

Solo tras su desobediencia y su exilio empezaron Adán y Eva a tener comercio juntos. Antes vivían como ángeles... Así pues, en el orden de los tiempos, la virginidad posee la palma de la prioridad

Juan Crisóstomo

La lujuria es una oftalmía muy grave; una afección no de los ojos del cuerpo, sino del alma

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre 2 Corintios, VIII, 6; Homilías sobre la penitencia, VI, 2

Igual que las nubes y la niebla envuelven los ojos del cuerpo, así también, cuando la pasión impura se apodera del alma, le quita la facultad de prever, no le permite ver nada más allá del objeto presente...; pero el alma, tiranizada por estas tentaciones, es subyugada fácilmente por el pecado;...ya no tiene más que un objeto ante los ojos, en la mente, en el pensamiento... E igual que los ciegos, aunque se hallen de pie, al aire libre y a mediodía, no reciben en absoluto la luz del sol, puesto que sus ojos están cerrados, así también los desgraciados que son presa de esta enfermedad cierran sus oídos a las numerosas y saludables enseñanzas que resuenan a su alrededor

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre 1 Corintios, XI, 4; cf. 3; Tratado de la compunción, I, 7

[La voluptuosidad es la] madre de la lujuria

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre 1 Corintios, XI, 4; cf. 3; Tratado de la compunción, I, 7

Este amor [al dinero], que vence a cualquier otro amor, expulsa del alma cualquier otro deseo

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Discurso: A quien no se daña a sí mismo

En efecto, no se puede amar al mismo tiempo a la propia alma y al dinero

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre 1 Corintios, XXIII, 6

[Por la avaricia y la codicia, el hombre se vuelve] enemigo de sí mismo

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Comentario a san Mateo, LXXX, 4

Los ricos y los avaros son ladrones de un cierto tipo

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre Lázaro, I. Cf. Homilías sobre 1 Corintios, X, 4; Basilio de Cesarea, Homilías contra los ricos, VII, 5; Homilías contra las riquezas, VI, 5

La filargiria nos atrae el odio universal

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Comentario al salmo 4, 2

[La filargiria] hace que nos detesten todos, los que han sido víctimas de la injusticia e incluso aquellos a los que no han pisoteado nuestras injusticias

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre la Epístola a los filipenses, XIV, 2. Cf. Homilías sobre la Epístola a los hebreos, I, 4

En las riquezas no hay más que motivos de aflicción, de divisiones, de querellas, de trampas, de odios y de temores

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Comentario a san Mateo, LXXXIII, 3

Si no cortamos la pasión desde el principio, una vez que entre en nosotros nos traerá una enfermedad de la que ya no podremos curarnos

Juan Crisóstomo Cf. Juan Crisóstomo, Comentario a san Mateo, IX, 6; LII, 6; Homilía sobre la traición de Judas', Homilías sobre 1 Corintios, IX, 4; Discurso: A quien no se daña («esta grave enfermedad..., esta enfermedad que desafia a todo remedio y se apodera de todas las almas»); Comentario a san Juan, LXV, 3; Homilías sobre I Corintios, XXIII, 5; 6

No hay enfermedad más cruel que esa hambre incesante que los médicos llaman bulimia; por más que se come, nada puede calmarla. Transportad semejante enfermedad del cuerpo al alma, ¿hay algo más espantoso? Pues bien, la bulimia del alma es la avaricia; cuanto más se atiborra de alimentos, más desea. No deja de extender siempre sus deseos más allá de lo que posee

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre 2 Timoteo, VII, 2

Los avaros no son más que los esclavos de sus bienes

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Comentario a san Mateo, LXXXIII, 3
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