El objetivo de un médico no es vengarse, sino atraernos hacia él. Un médico no se ofende ni se altera por las injurias de los enfermos que deliran, y no descuida nada para impedir que se envilezcan, considerando, no su ventaja personal, sino la de ellos; cuando recuperan un poco de su sensatez y de su tranquilidad, su corazón se llena de satisfacción y de alegría y redobla sus cuidados y remedios; lejos de querer vengarse de sus injurias, añade un favor tras otro, hasta que termina por devolverles la salud. Lo mismo Dios, cuando caemos en la última locura, sin pensar en vengarse del pasado, no dice nada ni hace nada que no se dirija a curarnos de nuestra enfermedad
Traducido del griego