El fruto y la tarea propia de la penitencia es precisamente lo que expulsa la ignorancia y procura a la vez el conocimiento. [Por] conocimiento entiendo yo primero el de nosotros mismos y de lo [que] nos concierne y, a continuación, el de lo que nos sobrepasa y el de [los] misterios divinos, que son invisibles e incognoscibles para aquellos [que] no hacen penitencia... Las verdades divinas... no se les revelan más [que] a aquellos que han hecho penitencia con ardor y a los que una penitencia sincera ha purificado convenientemente, y esto en proporción y medida de su penitencia y de su purificación. A ellos se les revelan las profundidades del Espíritu... Pero estas verdades permanecen incognoscibles y ocultas para todos los demás
Traducido del griego