La templanza es la destrucción del pecado, la aniquilación de las pasiones, la mortificación del cuerpo hasta en sus apetitos y sus deseos, el principio de la vida espiritual..., pues rompe en ella el aguijón de la voluptuosidad. El placer es, en efecto, el gran cebo del mal que nos vuelve a nosotros los hombres tan inclinados al pecado y por el cual toda el alma es atraída hacia la muerte como por un anzuelo. Si no nos dejamos afeminar por él ni nos doblamos bajo su yugo, escapamos gracias a la templanza de todo pecado
Traducido del griego