Lo mismo que el agua encerrada en un conducto hermético es empujada a menudo hacia arriba, verticalmente, bajo una presión ascendente, a falta de un lugar en que expandirse, y eso a pesar de su movimiento natural que la lleva hacia abajo, así también la inteligencia humana, estrechamente canalizada por todos lados por la templanza, estará como elevada hacia el deseo de los bienes superiores por su disposición natural a moverse, a falta de salidas donde extraviarse, pues al haber recibido de su Creador un movimiento perpetuo, tal naturaleza no puede nunca estabilizarse y, si se le impide utilizar su movimiento en la dirección de las vanidades, no tiene otro remedio que dirigirse en línea recta a la realidad
Traducido del griego