Como un soldado dócil a las órdenes de su capitán está siempre dispuesto a ir a socorrer a quienes lo necesitan, así también la ira puede ayudar a la razón a combatir el pecado. La indignación sirve al alma de resorte; le inspira fuerza, valor y constancia para conducir la empresa hasta el final; da vigor y firmeza a un espíritu que se deja ablandar por el placer. Nunca sentiremos el horror que debemos tener al pecado si no somos animados por la indignación y la ira, de modo que, cuando está sometida a la razón, debemos amarla tanto como hemos de odiarla cuando es irracional
Traducido del griego