Tres cosas constituyen al hombre perfecto: la carne, el alma y el Espíritu. Una de ellas salva y forma, a saber, el Espíritu... Quienes carecen del elemento que salva y forma para la vida, son llamados con razón ‘carne y sangre’, pues no tienen en ellos el Espíritu de Dios. Por eso el Señor los llama ‘muertos’: ‘Dejad que los muertos entierren a sus muertos’ (Lc 9, 60), pues les falta el Espíritu que vivifica
Traducido del griego