Conserva ante tus ojos los favores recibidos desde tu nacimiento hasta ahora, sean corporales o espirituales, medita sobre ellos y repásalos, como está escrito: ‘No olvides ninguno de sus beneficios’ (Sal 102, 2), para que ellos te lleven a amar a Dios pronta y fácilmente... a fin de que, de manera espontánea, al recordar estos beneficios y aún más bajo un impulso venido de arriba, tu corazón quede herido de amor y de deseo
Traducido del griego