Estos males se sostienen, por decir así, unos a otros, de modo que si uno de ellos le sobreviene a alguien, el resto, arrastrado por cierta necesidad natural, entra inevitablemente con él, como ocurre cuando se tira del extremo de una cadena: no es posible que los demás eslabones permanezcan inmóviles, sino que el que se halla al final de la cadena se mueve con el primero, ya que el movimiento se va propagando de uno a otro de los eslabones intermedios, a partir del principio, hasta llegar al último. De igual modo, las pasiones humanas se mantienen enlazadas y unidas las unas a las otras y, cuando una toma la delantera, el reguero de los otros males entra tras ella en el alma
Traducido del griego