Picado por el aguijón de la ira, el corazón palpita, el cuerpo tiembla, la lengua bosteza, el fuego sube al rostro, los ojos brillan: el hombre se vuelve irreconocible para quienes lo conocen. La boca profiere sonidos, pero la inteligencia ya no sabe lo que dice. ¿En qué se diferencia de un loco en trance un hombre que deja de ser consciente de lo que dice? A menudo sucede que la ira baja hasta los puños y surge con una violencia que se corresponde con su sinrazón. La mente ya no es capaz de ningún control, pues se ha vuelto el juguete de una potencia extraña a ella; y si su rabia actúa sobre sus miembros en el exterior haciendo que golpeen, es porque en el interior mantiene cautiva al alma, que debería dominarla
Traducido del latín