Not yet translated; shown in Spanish.
Monje de los siglos IV-V, formado en Belén y en el desierto egipcio, fundador de monasterios en Marsella. Sus 'Instituciones cenobíticas' y sus 'Colaciones' transmiten a Occidente la doctrina de los Padres del desierto, en particular el análisis de los ocho pensamientos o vicios capitales heredado de Evagrio.
Su origen escita (Dobrudja) es el más aceptado, pero algunos investigadores defienden un nacimiento en la Galia.
[En el recuerdo de Dios el hombre] fija su atención en un único objetivo hacia el que hace converger activamente todos los pensamientos que surgen... en su espíritu
[Con los sueños malsanos ocurre lo mismo] que con las enfermedades del cuerpo, que no se contraen en el momento en que parecen nacer, sino mucho antes
[Los sueños malsanos son] el síntoma de un mal que se incubaba interiormente..., que el reposo del sueño hace salir a la superficie, revelando la fiebre oculta de las pasiones que hemos contraído alimentando a lo largo de la jornada pensamientos malsanos
Todos los vicios tienen una misma fuente y un idéntico origen. Pero, según la parte y -por decirlo de alguna manera- según el miembro que se halla pervertido en el alma, esta recibe los distintos nombres de las pasiones y las enfermedades espirituales. La analogía de las afecciones corporales sirve a veces como prueba. Pues, aunque la causa sea una, no deja de diversificarse en muchos tipos de enfermedades, según el miembro que se ve afectado. Si el humor insano asedia la cabeza, que es como la ciudadela del cuerpo, da lugar a la cefalea; si invade los oídos o los ojos, tenemos la otalgia o la oftalmia; si afecta a las articulaciones o a las extremidades de las manos, se trata de la enfermedad articular, o la gota de las manos; si desciende hasta la extremidad de los pies, la afección cambia de nombre para llamarse podagra o gota de los pies. Para una misma fuente de humor maligno, hay tantos vocablos distintos como partes o miembros afectados. Del mismo modo, si pasamos de las cosas visibles a las invisibles, podemos creer con razón que la energía de los vicios se encuentra localizada de forma similar en las diferentes partes y, si puede decirse así, miembros del alma. Pues bien, los sabios distinguen tres facultades: la racional, la irascible y la desiderativa. Siempre que el mal nos ataque se alterará necesariamente una u otra. Por tanto, cuando la pasión mala afecta a cualquiera de estas potencias, el vicio particular recibe su denominación de la alteración que provoca
Cuando la peste viciosa infecta la parte racional, engendra la cenodoxia (vanagloria o vanidad), la rebeldía, el orgullo, la presunción, la rigidez y la herejía. Cuando hiere la parte irascible, engendra la ira, la impaciencia, la tristeza, la acedia, la pusilanimidad y la crueldad. Cuando corrompe la parte desiderativa, produce la gastrimargía (gula), la impureza, el amor al dinero, la avaricia, los deseos perniciosos y terrenales
Las ocho pasiones principales hacen la guerra conjuntamente al género humano, pero sus ataques no se presentan de la misma manera en todos los individuos indistintamente
En uno ocupa el primer lugar el espíritu de lujuria; en otro, la ira; en este la cenodoxia reivindica el cetro, en aquel detenta la soberanía el orgullo. Y aunque cada uno de nosotros tiene que sufrir los asaltos de todos, no somos atacados de la misma manera ni en idéntico orden
Si antes de nada no hemos descrito las variadas formas de una enfermedad, si no hemos determinado su origen y sus causas, no podremos aplicar a los enfermos el tratamiento adecuado ni permitir a los sanos conservar la buena salud
No podrán curarse jamás las enfermedades, ni encontrarse los remedios para los problemas de salud, si primero no se buscan sus orígenes y sus causas con una investigación minuciosa
Los ancianos tienen por costumbre exponer esto en sus conferencias, y especialmente cuando se trata de la instrucción de los jóvenes. Nosotros reconocíamos muchos de esos elementos en nosotros mientras los ancianos hacían una exposición completa de ellos... y nos curábamos aprendiendo sin decir nada los remedios y, al mismo tiempo, las causas de los vicios que nos minaban
Igual que los médicos más experimentados no suelen contentarse con curar las enfermedades presentes, sino que, con su sabia experiencia, se adelantan a las enfermedades futuras y las previenen mediante prescripciones y remedios saludables, así también estos auténticos médicos de las almas destruyen de antemano en la instrucción espiritual, por medio de una suerte de antídoto celestial, las enfermedades del corazón antes de que aparezcan, y al no permitir que se desarrollen en el espíritu de los jóvenes, les desvelan la causa de las pasiones que los amenazan y los remedios que les traen la salud
Hay aquí tres focos de enfermedades del alma tanto más temibles cuanto que son numerosos
[El espíritu del glotón] está como borracho, vacilante, inestable
Está enfermo y dañado por la saeta del placer sexual el corazón que mira con concupiscencia, falseando el don de la mirada otorgado por su Creador al servirse de él para sus malas acciones
Está enfermo (aegrum) y herido (saucium) por la pasión el corazón que mira con concupiscencia (concupiscentia)
[El avaro descuida] la figura y la imagen de Dios, que debería conservar inmaculada en él dando culto a Dios
Si por descuido le hemos dado entrada una vez [a esta pasión] en el corazón, se vuelve más peligrosa que las otras enfermedades y más difícil de combatir
[La tristeza] proviene a veces de que nos vemos defraudados en una esperanza que teníamos
[Una de las principales especies de la tristeza] es consecuencia de un deseo contrariado
La tristeza proviene a veces de que nos hemos encolerizado
[Hay un tipo de tristeza que] sigue a la ira que se extingue
Ocurre que nos llenamos de una angustia súbita y sin causa; nos sentimos abrumados por una tristeza para la que no hallamos ningún motivo
[El otro tipo de tristeza] proviene de una ansiedad o una desesperación sin motivo
A veces, sin ninguna causa aparente que nos provoque esta caída, la maldad del enemigo nos abruma de pronto
Si [a la tristeza] le permitimos que se vaya apoderando poco a poco de nuestra alma, a merced de las distintas circunstancias, entonces sacude y deprime (labefactat et deprimit) nuestro espíritu
[La tristeza,] una vez que [aquel que está afectado por ella] se ha vuelto incapaz de tomar una decisión saludable y se ve privado de la paz del corazón, lo convierte en un loco... al que ella abate y sumerge bajo una penosa desesperación
[La acedia vuelve al hombre espiritual] blando y sin valor para las tareas que tiene que realizar allí donde vive, le impide permanecer en su morada y esforzarse en ella
[Bajo la influencia de esta pasión, la mente] se vuelve ociosa e incapaz de cualquier actividad espiritual
Sobre todo alrededor de la hora sexta es cuando [este adversario] perturba [a los solitarios], excitando su alma enferma a horas fijas mediante los ardores que enciende en ella, como una fiebre que retorna periódicamente. Algunos ancianos declaran que ahí está el ‘demonio de mediodía’ del que habla el salmo 90
[En la acedia] el espíritu se turba sin razón
El alma que ha sido herida por este trastorno está realmente adormecida respecto a toda contemplación de las virtudes y a toda visión de los sentidos espirituales
Mientras la ira ocupa nuestro corazón y oscurece nuestro ojo interior, no podemos juzgar con discernimiento... Tampoco somos capaces de adquirir la verdadera luz espiritual, ya que, como dice la Escritura, ‘La ira turbó mis ojos’ (Sal 30, 10); ni siquiera seremos capaces de adquirir la madurez del juicio..., porque ‘el hombre airado obra sin reflexión’ (Prov 14, 17)
Sea cual sea su causa, el movimiento de la ira, en su efervescencia, ciega los ojos del corazón e introduce en ellos la ‘viga’ mortal de una enfermedad más grave, impidiéndole contemplar el sol de justicia
[El segundo tipo de cenodoxia] se infla con el deseo de un vano renombre por bienes espirituales y ocultos
Los ancianos han descrito muy bien la naturaleza de esta enfermedad [la cenodoxia] comparándola con una cebolla: cuando le quitamos una capa, encontramos al momento otra, y cuantas más capas retiramos, más encontramos
La desgraciada alma, presa de un profundo letargo, está hasta tal punto en manos de la cenodoxia que, seducida por la suavidad de estos pensamientos y acaparada por estas imágenes, no puede por lo general ni siquiera atender a lo que se hace en su presencia ni a sus hermanos, mientras que halla placer en apegarse, como si fueran verdaderas, a cosas que ha soñado despierta en sus divagaciones
La cenodoxia es un alimento que hincha al alma por un tiempo, pero luego la vuelve vacía, sin virtud y desnuda, dejándola estéril y privada de todos los frutos espirituales, de modo que, no solo destruye el mérito de esfuerzos considerables, sino que incluso le acarrea mayores suplicios
El crecimiento de la primera [la cenodoxia] se convierte en el origen del segundo [el orgullo]
Él creyó que el esplendor de la sabiduría y la belleza de las virtudes con las que le había adornado la gracia del Creador las había obtenido por el poder de su propia naturaleza y no por la magnificencia divina. Infatuado por esta razón, como si no tuviera necesidad del auxilio divino para perseverar en esta pureza, se juzgó semejante a Dios y pretendió que, como Dios, no necesitaba a nadie; puso su confianza en su libre albedrío y creyó que de este modo podría procurarse en abundancia todo lo que la perfección en la virtud y la beatitud eterna exigen. Este único pensamiento fue su primera caída
[Esta segunda forma de orgullo] afecta especialmente a quienes sobresalían en alguna virtud
El orgullo es la causa de las enfermedades más graves
Es una enfermedad infecciosa y generalizada, que no se limita a contaminar un solo miembro, sino que los destruye todos
Destruye no solo -como hacen los otros vicios- la virtud que le es contraria, la humildad, sino todas a la vez
Aunque esta enfermedad sea la última y venga al final de la lista de los vicios, por su origen en el tiempo ocupa el primer puesto
¿Acaso no vemos los primeros movimientos de la carne, no solo en los niños que todavía se hallan en la edad de la inocencia y no tienen discernimiento del bien y el mal, sino incluso en los más pequeños y en los que todavía son niños de pecho? Sin que haya en ellos el menor comienzo de concupiscencia, testimonian sin embargo que estos movimientos están impresos por naturaleza en su carne. Asimismo, ¿no constatamos violentos accesos de ira incluso en los más pequeños, los cuales, antes de conocer la virtud de la paciencia, se perturban por las injurias que reciben y se resienten por las palabras burlonas que les dicen aunque sea de broma? Y en ocasiones, aunque les falta la fuerza para llevarla a cabo, no les falta el deseo de venganza que la ira les inspira
A aquellos que buscan sinceramente el remedio, no puede dejar de llegarles la curación por medio del verdadero médico de las almas
A quienes buscan sinceramente el remedio no puede dejar de llegarles la curación de parte del verdadero médico de las almas, sobre todo a aquellos que no cierran los ojos a sus enfermedades por desánimo o por negligencia, sino que, lejos de esconder sus heridas o de rechazar insolentemente el tratamiento..., recurren con alma humilde pero vigilante al médico celestial para que cure las enfermedades que la ignorancia, el error y una desdichada necesidad les ha hecho contraer
[La penitencia] consiste en no cometer de ahora en adelante los pecados de los que nos hemos arrepentido o por los que nos remuerde la conciencia
A aquellos que buscan sinceramente el remedio, no puede dejar de llegarles la curación por medio del verdadero médico de las almas, sobre todo a aquellos que no cierran los ojos a sus enfermedades, por desánimo o negligencia, sino que, lejos de esconder sus heridas o de rechazar con insolencia el tratamiento de la penitencia, recurren con alma humilde pero vigilante al médico celestial
[La oración es] el grito del pecador compungido
[La esperanza] cierra la entrada del corazón a todos los vicios
Una es la naturaleza de todas las virtudes, aunque parezcan divididas en numerosas especies de distintos nombres
El que ha vencido en un punto mostrará así que no posee perfectamente ninguna virtud... Por altas que sean las murallas y más sólidamente cerradas estén las puertas que protegen una ciudad, la traición de una sola poterna, aun muy pequeña, la entregará al pillaje
Cualquiera que sea la diversidad que presenten los vicios en su origen y su modo de consumarse, los seis primeros, o sea, gastrimargía, lujuria, filargiria, ira, tristeza y acedia, están ligados unos a otros por una suerte de parentesco y, por así decir, de encadenamiento mutuo, de modo que la abundancia de uno se convierte en el principio del siguiente; el desbordamiento de la gastrimargía produce necesariamente la lujuria; la lujuria, la filargiria; la filargiria, la ira; la ira, la tristeza; la tristeza, la pereza. Por eso se ha de emplear contra ellos una sola y misma táctica, que consiste en comenzar por el precedente la lucha contra el siguiente... Así, para vencer la acedia es preciso superar primero la tristeza; para superar la tristeza, expulsar la ira; para expulsar la ira, pisotear la filargiria; para pisotear la filargiria, extirpar la lujuria; para extirpar la lujuria, reprimir la gastrimargía. Los dos últimos vicios, la cenodoxia y el orgullo, están también unidos entre sí del modo que acabamos de explicar: el incremento del primero da origen al segundo, la exuberancia de la cenodoxia enciende la hoguera del orgullo
El incremento de uno produce el siguiente, y si disminuye su fuerza, nos libra de él. De acuerdo con este principio, para desterrar el orgullo debemos antes ahogar la cenodoxia
El orden que hay que seguir en la lucha no es idéntico para todos
El ataque no se realiza de la misma manera, así que cada uno tendrá que ordenar el combate según qué enemigo le presione más. Uno deberá luchar primero contra el vicio listado en tercer lugar; otro, contra el cuarto o el quinto. Así pues, debemos establecer nuestra táctica según el vicio que ocupa en nosotros el primer lugar y según exige el modo de atacarlo
¿Acaso no dice con evidencia: irritaos contra vuestros vicios y vuestra ira?
Comprendemos que hasta la excitación de la ira puede sernos muy saludable para que, enfadándonos con nuestros vicios y nuestros extravíos, nos apliquemos más a las virtudes y a los ejercicios espirituales
Se nos ha ordenado para nuestra salvación ‘enfurecernos’ contra nosotros mismos y contra las malas sugerencias que surgen en nosotros, y ‘no pecar’, es decir, impedirles hacer daño
La ira tiene en nosotros un servicio que prestar, y solo en función de este nos resulta útil y saludable acogerla: se trata de cuando nos sublevamos contra los movimientos lascivos de nuestro corazón
[Cristo llama a la virtud del discernimiento] el ojo y la lámpara del cuerpo
[La virtud del discernimiento] discierne cada pensamiento y acto del hombre, examina y ve a la luz lo que debemos hacer
De ella [la prudencia] está escrito que es el timón de nuestra vida
[La prudencia-discreción es] la madre y guardiana... de todas las virtudes
[La prudencia-discreción es], de algún modo, la fuente y la raíz de todas las virtudes
Si queremos alcanzar una auténtica perfección en la virtud, tenemos que obedecer a estos maestros y guías que, lejos de soñarla en discusiones huecas, la han experimentado realmente y pueden enseñárnosla a su vez, dirigidos a ella y mostrarnos el camino más seguro para lograrla
El Señor no muestra a nadie el camino de la perfección si, teniendo junto a él de quién aprender, desprecia la doctrina de los Ancianos y su regla de vida, sin hacer caso de estas palabras, que sin embargo deberían observarse celosamente: ‘Pregunta a tu padre y él te lo enseñará; a tus Ancianos, y ellos te lo dirán’ (Dt 32, 7)
Si queremos alcanzar una auténtica perfección en la virtud, tenemos que obedecer a esos maestros y guías que, lejos de soñarla en discusiones vacías, han hecho realmente experiencia de ella
Igual que los médicos más experimentados no se contentan generalmente con curar las enfermedades presentes, sino que, con su sabia experiencia, toman la delantera a las posibles enfermedades futuras y las previenen mediante prescripciones y remedios saludables, así también estos auténticos médicos de las almas, al destruir de antemano en el diálogo espiritual, como por un celeste antídoto, las enfermedades del corazón antes de que aparezcan, y al no permitir que se desarrollen en el espíritu de los jóvenes, les revelan la causa de las pasiones que los amenazan y los remedios que les procuran la salud
Encomendemos sin escrúpulos a los Ancianos los pensamientos que nacen en nuestro corazón, a pesar del velo con el que desearía cubrirlos la falsa vergüenza
Esta disciplina no solo enseñará... a marchar recto por el sendero del verdadero discernimiento...; se ganará también una verdadera inmunidad respecto a todas las artimañas y trampas del enemigo. Es imposible caer en la ilusión si uno no convierte en regla de su vida su propio juicio, sino los ejemplos de los Ancianos; y toda la destreza del demonio no prevalecerá contra la ignorancia de un hombre que es incapaz, por otra parte, de esconder por falsa vergüenza ninguno de los pensamientos que nacen en su corazón, sino que se encomienda a la madura apreciación de los Ancianos, para saber si debe admitirlos o rechazarlos
[Cuando] reprimimos nuestros malos pensamientos y nos avergonzamos de darlos a conocer a los Ancianos... nos volvemos incapaces de obtener remedio para ellos
Cuanto más a menudo se manifiestan estas turbaciones, más deprisa se consigue sanar de ellas
Manifestemos a los ancianos todos los secretos de nuestra alma, y vayamos con toda confianza a buscar junto a ellos el remedio a nuestras heridas
Aquí también ocurre como en el cuerpo humano. Cuando sobreviene una ocasión desafortunada..., las partes más débiles son las que se dejan menoscabar y sucumben primero; y solo cuando la enfermedad se ha instalado en ellas, contamina desde allí a las partes que habían permanecido sanas. Lo mismo ocurre con nuestra alma. Cuando pase cerca de ella cualquier soplo de pestilencia, quedará fatalmente afectada por el lado que, más delicado y más débil, ofrezca menos resistencia a los choques violentos del enemigo, y correrá el riesgo de ser capturada allí donde una custodia poco vigilante abra un acceso más fácil a la traición... Por medio de esto mismo se esfuerza en tentarnos la pérfida malignidad de las potencias espirituales. Estas tienden sus trampas insidiosas por los lados del alma donde sienten que está enferma
Debemos recordar sin cesar este principio: ‘Vigila cuidadosamente tu corazón’ y, según el mandamiento principal de Dios, observa con atención la cabeza de la serpiente, es decir, el comienzo de los malos pensamientos por los que el diablo intenta deslizarse en nuestra alma. No dejemos por nuestra negligencia que todo el cuerpo de esta serpiente invada nuestro corazón -lo cual es asentir a la tentación—, pues es muy evidente que, una vez introducido, hará perecer con su virulenta mordedura nuestro espíritu prisionero
El centurión del Evangelio es para nosotros una feliz figura del alma elevada a esta perfección... Lejos de dejarse llevar por todos los pensamientos que se le ocurrían, acogía los buenos y expulsaba sin ninguna dificultad los malos, según juzgaba su prudencia... Yo, que estoy sometido a mis superiores, tengo soldados a mis órdenes; y le digo a uno: ‘Ve', y va; al otro: ‘Ven, y viene; y a mi siervo: ‘Haz esto', y lo hace (Mt 8, 9). Si nosotros, a nuestra vez, luchamos virilmente contra las mociones desordenadas de nuestra alma y contra los vicios, y logramos someterlos a nuestra autoridad y nuestro discernimiento; si, militando en nuestra carne, podemos extinguir las pasiones, reducir el ejército inconstante de nuestros pensamientos bajo el mando de la razón..., como pago de estos triunfos tan deslumbrantes seremos elevados al rango de este centurión espiritual... Encumbrados, como él, a esta alta dignidad, tendremos el poder y la fuerza de mandar, y los pensamientos que no queremos seguir dejarán de arrastrarnos; pero nos estará permitido apegamos a aquellos que nos hacen gustar las delicias del espíritu. A las sugerencias malas les ordenaremos: ‘Id’, y se irán; a las buenas les diremos: ‘Venid’, y vendrán
Nos costará dos veces más trabajo y esfuerzo expulsar los vicios que adquirir las virtudes
La gastrimargía y la lujuria... necesitan para consumarse un objeto externo, y no se llevan a efecto sino mediante un acto del cuerpo