Debemos recordar sin cesar este principio: ‘Vigila cuidadosamente tu corazón’ y, según el mandamiento principal de Dios, observa con atención la cabeza de la serpiente, es decir, el comienzo de los malos pensamientos por los que el diablo intenta deslizarse en nuestra alma. No dejemos por nuestra negligencia que todo el cuerpo de esta serpiente invada nuestro corazón -lo cual es asentir a la tentación—, pues es muy evidente que, una vez introducido, hará perecer con su virulenta mordedura nuestro espíritu prisionero
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