Simeón el Nuevo Teólogo — 110 quotes

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Simeónel Nuevo Teólogo

Medievalc. 949 – 1022
Born Basileion, en Galacia/Paflagonia (actual región de Nallıhan, provincia de Ankara, Turquía)
Died Monasterio de Santa Marina, cerca de Crisópolis, en la orilla asiática del Bósforo (actual Üsküdar, Estambul, Turquía)
Tradition Monje bizantino
Map Monasterio de Santa Marina, where they died

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Monje bizantino de los siglos X-XI, higúmeno de San Mamas en Constantinopla y desterrado por su enseñanza. Autor de las 'Catequesis', los 'Discursos éticos' y los 'Himnos del amor divino', proclamó la experiencia consciente de la luz increada y la necesidad del padre espiritual, anticipando la síntesis hesicasta.

Algunas fuentes sitúan su nacimiento en Galatê de Paflagonia y su muerte el 12 de marzo de 1022.

All 110 quotes

[Quien avanza en la vía de la unión con Cristo] aumenta cada día su crecimiento espiritual, eliminando toda huella de infantilismo y progresando hacia la perfección acabada del hombre. Por eso, según la medida de su edad (espiritual), ve cambiar las facultades y operaciones de su alma, y gana en madurez y en vigor

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Catequesis, XIV, 111-116. Esta comparación la utiliza también san Barsanufio, Cartas, 457. Clemente de Alejandría escribe a propósito de los filósofos paganos: «Son también bebés, mientras Cristo no los hace mayores», Stromata, I, 53, 2

Cuando Él (el Espíritu Santo) viene, expulsa toda enfermedad y toda debilidad de nuestra alma. Por eso se le llama salud, ya que nos concede la salud del alma

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Tratados éticos, VII, 359-351

[El hombre] ha sido creado para contemplar la naturaleza visible y para ser iniciado en el mundo inteligible

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Capítulos teológicos, gnósticos y prácticos, II, 3

Cuando los muertos se ven unos a otros, no perciben su estado, ni lo lamentan. Son los vivos los que, al verlos, gimen, pues contemplan un extraño fenómeno: unos hombres golpeados por la muerte que viven y hasta andan, unos ciegos que creen ver y unos sordos que imaginan oír. Es que viven, ven y oyen al modo de los animales. Piensan como los locos en su conciencia inconsciente, en su vida de cadáveres, pues es posible vivir sin vivir, es posible ver sin ver y oír sin oír

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Himnos, 44, 214-231

En lugar del conocimiento divino y espiritual, (el hombre) recibió el conocimiento carnal. En efecto, cegados los ojos de su alma, caído de la vida imperecedera, se puso a mirar con los ojos del cuerpo

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo. Catequesis, XV, 14-15; Tratados éticos, XIII, 54-56

Si el hombre no hubiera caído del conocimiento y de la contemplación de Dios, no habría descendido hasta este otro conocimiento

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Catequesis, XV, 22-24

Al hacerse transgresor e ignorante de Dios, el hombre acopló toda su potencia intelectual a la sensación

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Catequesis, XV, 22-24. i

Dios mío, yo no puedo decir lo que son las cosas visibles... todos hemos caído en la vanidad y somos incapaces de hacer un juicio verdadero sobre los seres

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Himnos, IV, 68-70

Esta forma de conocer es en realidad ignorancia de todo lo bueno

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Catequesis, XV, 20-21

Cristo, nuestro Dios, es la meta de todo deseo

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Catequesis, XX, 24-26

El alma unida a Dios por el amor no puede ser arrastrada por los placeres y los apetitos del cuerpo, ni incluso hacia ningún otro deseo a nada visible ni incluso invisible, sea un objeto, sea una pasión, pues el dulce amor de Dios tiene atado el impulso de su corazón, o mejor dicho, toda la inclinación de su voluntad. Y ¿cómo podría ésta, una vez ligada a su propio Creador, arder de fiebre por causa del cuerpo, o realizar, aun en pequeña medida, sus propios deseos? De ningún modo

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Catequesis, XXV

Aquel que es iluminado por el Espíritu Santo... en realidad ve en espíritu, vele o duerma, esos bienes que el ojo no ha visto, que el oído no ha oído, que no han entrado en el corazón del hombre y que los mismos ángeles desean vislumbrar

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Capítulos teológicos, gnósticos y prácticos, III, 61; cf. 62

[A las visiones divinas] no hay que llamarlas ensueños, sino sencillamente visiones y contemplaciones

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Capítulos teológicos, gnósticos y prácticos, III, 64

Lo que ocupa el alma y entra en ella en el estado de vigilia cautiva también su imaginación y su pensamiento durante el sueño

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Capítulos teológicos, gnósticos y prácticos, III, 62

Cuando la parte concupiscible del alma (έπιθυµετικόν) es empujada hacia las pasiones, las asechanzas, las voluptuosidades y los disfrutes de la vida, el alma percibe las mismas cosas en sus sueños. Si la parte irascible (θυµικόν) la hace encolerizarse contra sus semejantes, no sueña sino con irrupciones de fieras, batallas y peleas de serpientes, y discute con sus adversarios como ante un tribunal. Si es la parte racional (λογιστικόν) la que es exaltada por la cenodoxia o por el orgullo, el alma se figura que tiene alas y vuela por los aires, que reina sobre un trono elevado o marcha a la cabeza del pueblo ante un cortejo de carruajes

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Capítulos teológicos, gnósticos y prácticos, III, 63

Lo que generalmente imaginamos que busca el cuerpo, no lo busca el cuerpo, sino el alma por medio de él

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Catequesis, XXV, 77-79

El monje no debe solamente conocer y comprender las modificaciones y transformaciones que se producen en su alma, sino también sus causas: cuál puede ser su naturaleza y de dónde proceden

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Catequesis, XXV, 5-8; cf. 205-208

[Las cosas son de todos en cuanto a su uso, pero] no son de nadie en cuanto a su propiedad

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Catequesis, XX, 95-97

El que ha preservado desde el principio la imagen y la semejanza [de Dios], o la ha recordado y recobrado, ha recibido también la facultad de ver según la naturaleza. Ve todas las cosas tal como son por naturaleza... Ve el oro y, lejos de apegarse a su brillo, piensa que esta materia viene de la tierra y que no es más que polvo o piedra que nunca podrá transformarse en otra cosa. Contempla el dinero, la perla y todas las piedras preciosas y, lejos de que su fulgor capte sus sentidos, no ve en todo aquello sino unas piedras como las demás y todo le parece igual de barro. Ve unos vestidos lujosos y, lejos de admirar sus bordados, considera que son excrementos de gusanos y siente lástima de aquellos que obtienen placer de ellos y los buscan como algo precioso

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Tratados éticos, VI, 217-233

El demonio de la acedia suele atacar especialmente a quienes ya están avanzados en la oración o la practican con asiduidad

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Capítulos teológicos, gnósticos y prácticos, I, 73. Cf. 66

[La acedia es] la muerte del alma y del espíritu

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Capítulos teológicos, gnósticos y prácticos, I, 74

Si Dios dejara [a este demonio] emplear toda su fuerza contra nosotros, sin duda no se salvaría ningún asceta

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Capítulos teológicos, gnósticos y prácticos, I, 74

[Cristo ha venido para] reformar al hombre dislocado... y recordar a su propia criatura el extravío en que se encuentra su mente

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Tratados éticos, I, 2

Cubiertos de heridas, afectados por diversas enfermedades..., llamamos a quien es el médico de las almas y de los cuerpos...; lo llamamos para que venga a curar nuestro corazón herido y a dar la salud a nuestra alma, que yace bajo el camastro del pecado y de la muerte

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Tratados éticos, VII, 263-276

Regenerados por el santo bautismo, hemos sido liberados y somos dueños de nosotros mismos. Y, a menos que obedezcamos voluntariamente al enemigo, él no puede tener en absoluto influencia sobre nosotros

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Catequesis, V, 442s

No basta por sí solo para nuestra salvación

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Tratados éticos, X, 448

El que, tras el bautismo, se ha manchado debido a acciones inconvenientes y a iniquidades..., necesita para arrepentirse penitencia para recuperar por sí mismo esa misma dignidad divina que ha perdido a causa de su vida de pecado

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Catequesis, XXX, 129s; Tratados éticos, II, 7, 305s; cf. XIII, 222s. Cf. también Marcos el Monje, El bautismo, 9

[Dios ha dado a los hombres el remedio del arrepentimiento] a fin de que aquellos que por pereza o negligencia han perdido la vida eterna vuelvan a ella de nuevo por medio de la penitencia con una gloria más resplandeciente y manifiesta

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Catequesis, XXX, 129s; Tratados éticos, II, 7, 305s; cf. XIII, 222s

[Dios ha dado a los hombres el] remedio (φάρµακον) saludable de la penitencia

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Tratados éticos, II, 7, 305s

¿Cómo iba a aceptar ser curado aquel que no se deja siquiera convencer de que yace enfermo y herido?

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Catequesis, VII, 89-90

Por el arrepentimiento el hombre adquiere de [nuevo] el esplendor que le corresponde. La penitencia es la puerta que hace salir de las tinieblas para entrar en la luz

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Catequesis, XXVIII, 127-128; Tratados teológicos, 104s. Cf. Catequesis, IV, 676s

El fruto y la tarea propia de la penitencia es precisamente lo que expulsa la ignorancia y procura a la vez el conocimiento. [Por] conocimiento entiendo yo primero el de nosotros mismos y de lo [que] nos concierne y, a continuación, el de lo que nos sobrepasa y el de [los] misterios divinos, que son invisibles e incognoscibles para aquellos [que] no hacen penitencia... Las verdades divinas... no se les revelan más [que] a aquellos que han hecho penitencia con ardor y a los que una penitencia sincera ha purificado convenientemente, y esto en proporción y medida de su penitencia y de su purificación. A ellos se les revelan las profundidades del Espíritu... Pero estas verdades permanecen incognoscibles y ocultas para todos los demás

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Catequesis, XXVIII, 127-128; Tratados teológicos, 104s. Cf. Catequesis, IV, 676s

Apoya tu barba en el pecho y dirige el ojo corporal con todo el espíritu hacia el medio del vientre, es decir, el ombligo

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Método de la santa oración y atención, 164

[Hay que contener un poco el aliento] para no respirar cómodamente

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Método de la santa oración y atención, 164; Gregorio el Sinaíta, Sobre la hesiquía y los dos modos de la oración

Que nadie vaya a fiarse exclusivamente de la fe en Cristo

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Tratados éticos, X, 197s; Himnos, L, 218

Los que se apoyan solo en la fe, no tienen fe (son άπιστοι)

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Tratados éticos, X, 197s; Himnos, L, 218

[Los que no experimentan los efectos del bautismo están] inválidos por no cumplir los mandamientos

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Himnos, L, 167. Cf. Nicolás Cabasilas, La vida en Cristo, III, 14

[Los bautizados] adquieren la santidad mediante la práctica de los mandamientos

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Tratados éticos, X, 435-436

[Dios se revela a quienes guardan sus mandamientos] según la capacidad de cada uno

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Tratados éticos, X, 408, 418

Hallamos diversas razones para la debilidad del cuerpo: o bien los remedios no actúan porque están demasiado viejos, o bien el médico es inexperto y da un remedio en lugar de otro, o el enfermo es desobediente y no observa sus prescripciones. Pero en el caso del alma no ocurre así. En efecto, no podemos decir que el médico no tenga experiencia y que no haya dado los remedios convenientes, puesto que el médico de nuestras almas es Cristo, que lo sabe todo y que da a cada pasión el remedio apropiado, quiero decir los mandamientos... Este médico no es, pues, inexperto. Por otra parte, tampoco podemos decir que los remedios sean ineficaces porque estén viejos. Los mandamientos de Cristo no envejecen nunca, sino que incluso se renuevan en la medida en que sirven. Por tanto, no hay más obstáculo para la salud del alma que su propio desorden

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Catequesis, XIV, 88; cf. Tratados éticos, IX, 462-463

De los mandamientos nacen las virtudes... Mediante el cumplimiento de los mandamientos se ponen en práctica las virtudes

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Catequesis, XXIV, 54-57

Por la práctica de las virtudes se efectúa la plenitud de los mandamientos

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Catequesis, XXIV, 58-59

El que carece de esperanza carece de fe

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Tratados éticos, V, 141-142

Si uno descuida los mandamientos, pierde la esperanza en Dios

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Capítulos teológicos, gnósticos y prácticos. III, 51

[Después de adquirir la esperanza se puede poseer] íntegramente en ella el amor a Dios. Pues es imposible que ningún hombre adquiera el amor perfecto para con Dios si no es por medio de una fe sincera y de una esperanza firme e inquebrantable

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Tratados éticos, I, 12, 16-18 (cf. V, 143-145)

A medida que el sol se levanta, la oscuridad retrocede y se desvanece; del mismo modo cuando brilla la virtud, la maldad es expulsada como una oscuridad

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Catequesis, XVII, 15s

Su crecimiento espiritual prosigue cada día, eliminando cualquier resto de infantilismo y progresando hacia la perfección cumplida del hombre. Por eso, las potencias y las energías de su alma van cambiando según su edad

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Catequesis, XIV, 111-115

No te entregues en manos de un maestro sin experiencia..., pues te iniciaría más a la vida diabólica que a la evangélica

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Capítulos teológicos, gnósticos y prácticos, I, 48

El pensamiento de los santos, aunque se incline sobre el cenagal de las pasiones y las vergüenzas humanas, no se mancha con ellas, pues su inteligencia está desnuda y es ajena a toda codicia de las pasiones. Si llega el caso que decide emprender el examen de tales estados, lo hace con el único objetivo de observar y comprender los movimientos desordenados de las pasiones y sus efectos; para saber de dónde proceden y cuáles son, a su vez, los remedios que los neutralizan, como oímos que hacen los médicos y como hemos oído decir a los ancianos: disecan los cadáveres para entender el funcionamiento del cuerpo, para darse cuenta así de la organización interior de los seres vivos e intentar en otros el tratamiento de las afecciones ocultas. Tal es, en suma, el método que practica igualmente el médico espiritual, que quiere curar con ayuda de la experiencia las pasiones del alma

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Tratados éticos, VI, 258s

[El padre espiritual que no ha recibido la luz del Espíritu es] un ciego guiando a otro ciego

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Capítulos teológicos, gnósticos y prácticos, 1, 50

[El que no tiene en él la luz del Espíritu Santo] no puede ver como es debido sus propias acciones, ni estar seguro de que se corresponden con lo que Dios quiere. En cuanto a guiar a los demás, o a enseñarles la voluntad de Dios, tampoco es capaz, ni tampoco es digno de recibir los pensamientos del prójimo... mientras no posea, brillando en él, la luz... ‘El que camina en la oscuridad no sabe adonde va’ (Jn 12, 35). Por tanto, si este hombre no sabe adónde va, cómo va a mostrar el camino a los demás?

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Catequesis, XXXIII, 31s

Quien ve de manera espiritual y oye así, cuando ve a alguien, se encuentra y habla con él frecuentemente, ve su alma, si no en cuanto a su esencia, por lo menos en cuanto a su estado, y cuáles son su cualidades y disposiciones. Por tanto, si ha sido considerado digno de participar en el Espíritu Santo, halla este conocimiento en la visión misma de éste

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Catequesis, XXVIII, 348s

Un enfermo va a ver al médico espiritual... El médico humano y compasivo examina a este enfermo; comprende la debilidad de su hermano, la inflamación del mal, la hinchazón; ve al enfermo en poder de la muerte... Cuando el médico espiritual ve a su hermano en el estado descrito, no empieza a gritarle, ni se desentiende de él diciéndole: ‘Lo que pides es malo y mortal, y me niego a darte ese auxilio’, no vaya a ser que, al oír eso, el enfermo salga corriendo y vaya a otro médico sin experiencia en esas afecciones, pues moriría al instante. Por el contrario, lo retiene, lo reconforta y se muestra a la vez lleno de caridad y sencillez

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Tratados éticos, VI, 279s

Un enfermo acude a ver al médico espiritual. Embotado por el sufrimiento, con la mente del todo confundida, va buscando, más que una medicina, aquello que lo perjudica, es decir, que va a agravar su mal y a abocarlo a la muerte en breve... Cuando el médico espiritual ve a su hermano en el estado descrito, no se pone a reprenderle con severidad, ni tampoco escurre el bulto y le dice: ‘Lo que me pides es malo y mortal, así que me niego a dártelo’... Por el contrario, lo retiene, lo reconforta, se muestra a la vez lleno de caridad y sencillez, le asegura que le va a aplicar los remedios que le solicita y que está dispuesto a cumplir su deseo. Hay enfermos que tienen el alma gravemente afectada y, aun así, buscan lo que empeora su enfermedad. Y su mal puede ser que, cuando serían necesarias la dieta y la abstinencia de lo que les apetece, desean más bien satisfacerse con alimentos nocivos y atiborrarse de ellos. Por eso, como acabo de decir, el médico experimentado no accede sin más a los requerimientos del paciente, pero le promete satisfacer sus exigencias. El enfermo persigue el objeto de sus deseos, convencido de que es bueno, mientras que el médico le va suministrando disimuladamente las medicinas; uno espera pacientemente tan contento, mientras el otro, hábil, le da lo que en apariencia es igual a lo que busca pero, en realidad, es totalmente diferente y de una eficacia insospechada. Desde el momento en que el enfermo toca los remedios, su mero contacto, en contra de lo que esperaba, le hace ya efecto; así, al mismo tiempo que baja de inmediato la hinchazón, desaparece por completo la herida, y ya ni siquiera soporta pensar en lo que antes inflamaba su codicia. Es preciso ver y admirar el milagro absolutamente inexplicable que se produce: sin más ayuda que el contacto y la vista de las preparaciones medicinales, el médico consigue que la salud vuelva a los enfermos, que las heridas y la hinchazón se reduzcan, y que se aplaque el ardor de la sed. Los pacientes, antes devorados por el deseo de los alimentos malsanos y nocivos, desean ahora, por el contrario, los provechosos, y cuentan por todas partes los milagros que ha operado el médico y los procedimientos maravillosos de su arte

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Tratados éticos, VI, 279s

Como a Dios, dile [a tu padre espiritual] tus pensamientos... sin ocultar nada

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Himnos, IV, 27-28

El hombre ha recibido el poder de no realizar el mal, pero no el de que no se le ocurra

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Capítulos teológicos, gnósticos y prácticos, III, 131

[Hay que reconocer] que todo es una sombra y que de las cosas visibles todo pasa

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Catequesis, XIX, 140-143

[Es ridículo] divertirse con una sombra y atesorar lo que huye

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Catequesis, XIX, 140-143

[Existen] unas riquezas verdaderas que procuran un gozo inmortal

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Tratados éticos, III, 662-668

Suprime las lágrimas, y habrás suprimido al mismo tiempo la purificación; y sin purificación nadie se salva

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Catequesis, XXIX, 251-252; Capítulos teológicos, gnósticos y prácticos, III, 23. Cf. Apotegmas, serie alfabética, Poemen, 121; también Apotegmas. III. 22

Antes del duelo y las lágrimas, no hay en nosotros arrepentimiento

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Catequesis, XXIX, 251-252; Capítulos teológicos, gnósticos y prácticos, III, 23. Cf. Apotegmas, serie alfabética, Poemen, 121; también Apotegmas. III. 22

Sin lágrimas nunca, nunca jamás se ha oído decir que un alma se haya purificado de la inmundicia del pecado cuando ha caído después del bautismo

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Catequesis, XXIX, 191-192

Por tanto, ¿quién, afligiéndose cada día, puede continuar viviendo con ira en lugar de volverse manso? Lo mismo que el agua se derrama sobre el fuego de un hogar, así la aflicción y las lágrimas apagan la furia del alma, hasta tal punto que el hombre que se ha entregado largo tiempo a ellas puede ver cómo su alma irascible se transforma hasta conseguir una calma inmutable

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Catequesis, XXXI, 57-66

El que teme a Dios no teme los ataques de los demonios, ni sus asaltos impotentes, ni aun las amenazas de los malvados

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Capítulos teológicos, gnósticos y prácticos, I, 68 (cf. 69)

[El temor de Dios, unido a la fe, proporciona al hombre] la fuerza para emprenderlo todo, incluso lo que parece difícil o imposible a la mayoría

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Capítulos teológicos, gnósticos y prácticos, I, 69

La humildad procura la celestial y angélica impasibilidad

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Catequesis, XX, 204-207

[La impasibilidad vuelve a quienes la poseen] inaccesibles para los enemigos

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Tratados éticos, IV, 787-788

El que ha muerto al mundo, pues esto es la cruz..., el que ha hecho morir sus miembros terrenos... hasta el punto de que ya no lo alcanza ninguna pasión ni ningún deseo malo, ¿cómo va a ser alcanzado por ninguna pasión ni ningún mal deseo, cómo va a recibir por nada del mundo una sensación apasionada, o a experimentar un impulso voluptuoso o, en fin, cómo se va a tambalear en su corazón?

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Tratados éticos, VI, 352-359

Quienes aún están retenidos por una apetencia, por pequeña que sea, del mundo y sus asuntos, se hallan todavía a gran distancia de su puerto

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Tratados éticos, IV, 21-24

Una cosa es la inercia de los miembros del cuerpo y de las pasiones del alma, y otra cosa es la adquisición de las virtudes

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Tratados éticos, IV, 67-69; cf. también Capítulos teológicos, gnósticos y prácticos, I, 87; 94. La extensa explicación en Tratados éticos, IV, 71-138

[El impasible es] aquel que ha recibido de Dios el disfrute de la libertad del Espíritu

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Tratados éticos, IV, 230-232 (cf. 200-203)

[El amor al prójimo] se extiende a todas las manifestaciones de la virtud

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Catequesis, I, 60-62. Cf. Gregorio Magno, Morales sobre Job, X, 6

Nosotros, fieles, debemos considerar a todos los fieles como un solo ser

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Capítulos teológicos, gnósticos y prácticos, III, 3

Debemos pensar que en ellos [los hombres] habita Cristo

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Capítulos teológicos, gnósticos y prácticos, III, 3 (cf., III, 96: «considerando cada uno a su hermano y su prójimo como su Dios»); Himnos, XV, 209

[San Simeón Estudita] miraba a todos los bautizados como si fueran Cristo

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Capítulos teológicos, gnósticos y prácticos, III, 3; Himnos, XV, 209

Si amas a Dios de manera auténtica y permaneces en su amor, ninguna pasión te dominará nunca, ni la prisión del cuerpo te someterá a su merced; pues, así como el cuerpo no puede ya moverse hacia nada sin el alma, el alma unida a Dios por el amor no podrá nunca ser arrastrada hacia los placeres y los apetitos de cuerpo, ni tampoco hacia nada visible ni aun invisible, sea objeto o pasión, porque el sublime amor de Dios tiene sujeto el ímpetu de su corazón o, mejor dicho, toda la fuerza de su voluntad

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Catequesis, XXV, 109-121 (cf. I, 80-82)

[Solo] por medio de la praxis y los santos combates [de la ascesis se puede] adquirir el conocimiento [espiritual]

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Capítulos teológicos, gnósticos y prácticos, II, 10

[Es necedad y ceguera suponer que el conocimiento espiritual] es idéntico a la elaboración de conceptos que realiza su pensamiento

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Tratados éticos, IX, 28s. Cf. Capítulos teológicos, gnósticos y prácticos, I, 100

[El techo del edificio espiritual es] el conocimiento divino de Dios

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Tratados éticos, IX, 459-460

El desarrollo del conocimiento de Dios se vuelve la causa de nuestra ignorancia de todos los demás seres

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Capítulos teológicos, gnósticos y prácticos, II, 2

Recibimos la inteligencia de Cristo y por ella vemos a Dios

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Catequesis, XXIV, 82s

Si comparamos los seres producidos con el productor, los que han comenzado a existir con el que existe por siempre, lo creado con lo increado, el ser sin comienzo con aquellos que han recibido la existencia en el tiempo, ¿podrán estos percibir de alguna manera la naturaleza, la grandeza y el modo de su nacimiento? Nunca, si no es en la exacta medida en que el Autor de los seres creados, igual que otorga a cada uno el aliento y la vida, el espíritu (νούς) y la razón, le concede también por amor a los hombres, tanto como conviene, el don de conocerlo a Él. De otro modo, ¿cómo podrías decir que el ser creado por Dios conoce a su propio creador? Fuera de esto no hay medio de conseguirlo, y nadie es en absoluto capaz de ello

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Tratados teológicos, I, 179-189

Dios es luz (1 Jn 1, 5) y su visión es una luz

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Tratados éticos, V, 276 (cf. Tratados teológicos, III, 137-144)

La luz es evidentemente la que introduce en nosotros el conocimiento; en efecto, no hay otro medio de conocer a Dios, sino mediante la contemplación de la luz que emana de Él

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Tratados éticos, V, 225-257

Nosotros damos testimonio de que Dios es luz; de que aquellos que han sido juzgados dignos de verlo lo han contemplado todos como luz; de que quienes lo han recibido lo han recibido como luz, porque delante de Él camina la luz de su gloria y es imposible que Él aparezca sin luz; de que aquellos que no han visto su luz tampoco lo han visto a Él, porque Él es la luz; de que quienes no han recibido la luz tampoco han recibido todavía la gracia, pues quienes han recibido la gracia han recibido la luz de Dios y a Dios mismo

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Catequesis, XXVIII, 109-116

[En Dios] no existe el menor rastro de noche, ningún velo de oscuridad, absolutamente ninguno

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Himnos, XII, 54-56

[Dios] es quien establece estas tinieblas que cubren no su ser, sino nuestra persona

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Tratados éticos, I, 12, 129-133

¿Quién, tras haberte visto, tras haber sido iluminado sensiblemente por tu Gloria, por tu divina luz, no se ha transformado en su inteligencia, su alma y su corazón, y no ha obtenido el favor extraordinario, oh Salvador, de ver y oír de una manera diferente? Pues la inteligencia, sumergida en tu luz, se vuelve luminosa, se transforma en luz; semejante a tu gloria, se llama tu inteligencia; aquel a quien se le ha concedido llegar a este estado sí merece poseer tu inteligencia y se vuelve inseparablemente uno contigo

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Himnos, XXXIX, 56-66

¡Oh maravilla! El hombre está unido a Dios a la vez espiritual y corporalmente, puesto que el alma no se separa del espíritu (νούς) ni el cuerpo del alma, sino que en la unidad de la esencia el hombre se convierte también en triple hipóstasis por gracia, y en un solo dios por posición (θέσις), con su alma, su cuerpo y el Espíritu divino del que participa. Entonces se realiza lo que dijo el profeta David: ‘Yo dije: todos vosotros sois dioses, e hijos del Altísimo’ (Sal 81,6)

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Catequesis, XV, 72-79

El Sin-forma y Sin-figura ya no viene como antes sin forma y sin figura, ni en el silencio que realiza en nosotros la presencia y el advenimiento de su luz. ¿Cómo, entonces? Bajo una cierta forma, una forma que sin embargo es de Dios, aunque no sea en un contorno o una huella; tomando forma en una luz incomprensible, inaccesible y sin forma, Dios, que es simple, se muestra, ya que nosotros no podemos decir ni expresar nada más; pero, en todo caso, Él se muestra al descubierto, se hace reconocer de manera totalmente consciente y se deja ver con toda claridad; Él, el invisible, habla de modo invisible y escucha cara a cara como un amigo a un amigo; Él, que es Dios por naturaleza, conversa con los dioses nacidos de Él por gracia

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Acción de gracias, 1, 197-208

Luz es el Padre, luz el Hijo, luz el Espíritu Santo... Los tres son una sola Luz, única, no separada sino unificada en tres Personas, sin confusión

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Himnos, XXXIII, 1-10

Aquel que tiene los ojos fijos en el Uno, lo percibe todo a través del Uno: a sí mismo, a los hombres y a las cosas, y escondido en Él ya no ve nada del universo

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Capítulos teológicos, gnósticos y prácticos, I, 51-52

El que ve al Uno está en la contemplación de todo; se abstiene de contemplar el todo, y a la vez entra en la contemplación de todo y se halla fuera de las cosas contempladas; estando en el Uno lo ve todo, y estando en medio de todo no ve nada

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Capítulos teológicos, gnósticos y prácticos, I, 51-52

[Dios hace participar a los fieles de su propio resplandor] según la medida de su purificación

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Catequesis, XV, 68-70 (cf. Tratados éticos, X, 32-33)

El conocimiento [de los] misterios pertenece a aquellos cuyo espíritu está iluminado en todo momento por el Espíritu Santo a causa de la pureza de su alma

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Tratados éticos, IX, 68-70 (cf. 59-68)

[El Señor bendice] a quienes, por la práctica anterior de los mandamientos, han merecido ver y han contemplado en ellos mismos la luz iluminadora y resplandeciente del Espíritu

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Capítulos teológicos, gnósticos y prácticos, I, 4; Catequesis, XXIV, 58-60; Capítulos teológicos, gnósticos y prácticos, II, 8; Tratados teológicos, II, 304s; Tratados éticos, V, 129s

Por los mandamientos se nos abre la puerta del conocimiento

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Capítulos teológicos, gnósticos y prácticos, I, 4; Catequesis, XXIV, 58-60; Capítulos teológicos, gnósticos y prácticos, II, 8; Tratados teológicos, II, 304s; Tratados éticos, V, 129s

[Quien] ha sido elevado a la cima de la contemplación por la práctica de los mandamientos, ese ve a Dios en persona

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Capítulos teológicos, gnósticos y prácticos, I, 4; Catequesis, XXIV, 58-60; Capítulos teológicos, gnósticos y prácticos, II, 8; Tratados teológicos, II, 304s; Tratados éticos, V, 129s

[A Dios] no podemos llegar a contemplarlo si no es por la observancia exacta de sus mandamientos, es decir, si su práctica no está mancillada con ninguna clase de alteración debida a la negligencia y el desprecio, sino que se observa y se pone en práctica con un cuidado ferviente. Por consiguiente, ‘todos aquellos que se atengan a esta regla no se hallarán nunca lejos del reino de los cielos’ (Mc 12, 34); en proporción a su fervor y a su práctica..., tarde o temprano, más o menos, recibirán el salario de la visión de Dios y se harán partícipes de la naturaleza divina; tendrán la categoría de dioses por adopción e hijos de Dios en Jesucristo

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Capítulos teológicos, gnósticos y prácticos, I, 4; Catequesis, XXIV, 58-60; Capítulos teológicos, gnósticos y prácticos, II, 8; Tratados teológicos, II, 304s; Tratados éticos, V, 129s

Allí donde se guardan con exactitud los mandamientos, allí también tendrá lugar la manifestación del Salvador

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Capítulos teológicos, gnósticos y prácticos, I, 4; Catequesis, XXIV, 58-60; Capítulos teológicos, gnósticos y prácticos, II, 8; Tratados teológicos, II, 304s; Tratados éticos, V, 129s

El fruto y la tarea propias de la penitencia son lo que expulsa la ignorancia y procura al mismo tiempo el conocimiento. Por conocimiento entiendo en primer lugar el de nosotros mismos y de lo que nos concierne, después el de lo que nos sobrepasa y de los misterios divinos, que son invisibles e incognoscibles para aquellos que no han hecho penitencia

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Tratados teológicos, I, 304-308. Cf. también: Himnos, XV, 257-261; Capítulos teológicos, gnósticos y prácticos, III, 22; Tratados teológicos, I, 250s; 271s; Tratados éticos, IX, 462

De los conocimientos nacen las virtudes, y de estas, la revelación de los misterios

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Tratados teológicos, I, 304-308. Cf. también: Himnos, XV, 257-261; Capítulos teológicos, gnósticos y prácticos, III, 22; Tratados teológicos, I, 250s; 271s; Tratados éticos, IX, 462

No le corresponde a ninguno de los no iniciados escrutar los misterios escondidos del Reino de los cielos sin la práctica previa de los mandamientos ni el progreso en la virtud hasta la perfección

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Tratados teológicos, I, 304-308. Cf. también: Himnos, XV, 257-261; Capítulos teológicos, gnósticos y prácticos. III, 22; Tratados teológicos, I, 250s; 27 ls; Tratados éticos, IX, 462

El que no tiene estas disposiciones no puede unirse al Espíritu Santo y, al no haberse unido a Él después de purificarse, no puede tampoco alcanzar el conocimiento y la contemplación de Dios

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Capítulos teológicos, gnósticos y prácticos, III, 23 (cf. Ibid., 22 y 84)

[El hombre,] cuando ha alcanzado la plenitud del conocimiento de Cristo y ha adquirido a Cristo mismo de una vez por todas y la inteligencia de Cristo..., entonces tiene la convicción de que no sabe y no posee absolutamente nada y se juzga un siervo vil e inútil

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Tratados éticos, IX, 462-497

[El hombre que ha alcanzado la plenitud del conocimiento considera] que no hay en el mundo entero un hombre más pecador que él

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Tratados éticos, IX, 462-497

A aquellos que dan prueba de amor hacia Él con la observancia de los mandamientos... [Cristo] se manifiesta, como él mismo dijo; por su manifestación les da el Espíritu Santo en persona y, a continuación, por el Espíritu Santo, Él mismo y el Padre moran inseparablemente con ellos

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Tratados éticos, V, 419s (cf. IV, 573-583)

No se puede adquirir y conservar el perfecto amor a Dios más que en la medida del conocimiento espiritual

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Capítulos teológicos, gnósticos y prácticos, I, 33; Id., Tratados éticos, V, 130-135

[Mientras el Señor no se ha manifestado,] nosotros no podemos amarlo como es debido

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Tratados éticos, V, 130-135

Entonces se realiza lo que dijo el profeta David: ‘Dije: Todos vosotros sois dioses, e hijos del Altísimo’ (Sal 81,6). Hijos del Altísimo, es decir, a imagen y semejanza del Altísimo

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Catequesis, XV, 78-80