Si comparamos los seres producidos con el productor, los que han comenzado a existir con el que existe por siempre, lo creado con lo increado, el ser sin comienzo con aquellos que han recibido la existencia en el tiempo, ¿podrán estos percibir de alguna manera la naturaleza, la grandeza y el modo de su nacimiento? Nunca, si no es en la exacta medida en que el Autor de los seres creados, igual que otorga a cada uno el aliento y la vida, el espíritu (νούς) y la razón, le concede también por amor a los hombres, tanto como conviene, el don de conocerlo a Él. De otro modo, ¿cómo podrías decir que el ser creado por Dios conoce a su propio creador? Fuera de esto no hay medio de conseguirlo, y nadie es en absoluto capaz de ello
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