Eremita egipcio de los siglos III-IV, llamado 'padre de los monjes', cuya Vida escrita por san Atanasio difundió el ideal monástico en todo el Imperio. Sus Cartas y sus dichos en los Apotegmas de los Padres inauguran el discernimiento de los pensamientos y el combate contra los demonios y las pasiones que estructura toda la terapéutica ascética posterior.
Quien permanece en la soledad y el silencio ha escapado de tres guerras: la del oír, la del hablar y la del ver. Pero contra una sola cosa tendrá que luchar sin descanso: contra su propio corazón.
Llegará un tiempo en que los hombres enloquecerán, y cuando vean a alguien que no está loco lo atacarán diciendo: «Estás loco, no eres como nosotros».
Buscar a Dios y servirlo sigue siendo para el hombre una búsqueda natural
El amor que os tengo me hace suplicar a Dios que os lleve a considerar lo invisible como vuestra herencia. Ciertamente eso no sobrepasa nuestra naturaleza, sino que la corona normalmente
La responsabilidad de los males recae sobre nuestra imprudencia, que escogió lo peor en lugar de lo mejor
Todo lo que estaba fuera de nuestra naturaleza provenía, pues, de nuestro libre albedrío
En su amor incansable el Creador deseaba visitarnos en nuestras enfermedades y nuestro extravío y suscitó a Moisés el legislador
Este Moisés, que puso los fundamentos de la Casa de la verdad, quiso curar esta llaga profunda de los miembros de la familia humana; ellos reconocieron su impotencia
Al ver esta herida incurable y extremadamente grave, Dios, en su clemencia, visitó a sus criaturas
Cada uno de ellos [los profetas], revestido del Espíritu, constató que la llaga era incurable y que ninguna criatura podía sanarla
La asamblea de los santos se reunió a su vez y su plegaria se elevó hacia el Creador: ‘¿No hay bálsamo en Galaad? ¿No hay médicos? ¿Por qué no alcanzan a curar a la hija de mi pueblo?’ (Jr 8, 22). ‘En cuanto a nosotros, hemos intentado curar a Babilonia, pero ella no ha sanado. Dejémosla y vayámonos de aquí’ (Jr 51, 9)
La llaga era incurable y ninguna criatura podía sanarla sino el Hijo único, impronta fiel del Padre; Él, el Salvador, es un médico sagaz y ellos [Los profetas] lo sabían. Por eso se reunieron y presentaron a Dios, por los miembros de esta familia de la que nosotros formamos parte, una plegaria unánime... Entonces Dios, desbordante de amor, vino a nosotros
Al Padre le conmovió esta súplica que los santos dirigían a la bondad del Padre y con respecto a su Hijo único, pues ninguna criatura es capaz de curar la profunda herida del hombre y solo El podía hacerlo viniendo a nosotros, y dijo: ‘Hijo del hombre..., ten a bien tomar sobre ti esta misión
Toda la asamblea de los santos se ha reunido y reclama de la bondad del Padre un Salvador que venga a salvamos, pues Él es ‘el único médico que puede curar nuestra herida profunda’. Por la voluntad del Padre, se privó de su gloria: Dios tomó el aspecto de un siervo y se entregó por nuestros pecados
Al ver que los santos o, más bien, que ninguna de sus criaturas conseguían curar la profunda herida de sus propios miembros y conociendo la debilidad de su espíritu, Él, el Padre de todas las criaturas, les manifestó su misericordia y, con su gran amor, no perdonó a su Hijo único, al que entregó a causa de nuestros pecados para la salvación de todos
Las entrañas [de nuestro Creador] se conmovieron por nosotros. En su bondad, quiso devolvemos a nuestro estado original, que’ nunca hubiera debido desaparecer. No ahorró ningún esfuerzo, sino que visitó a sus criaturas para salvarlas a todas
Quienes estaban revestidos del Espíritu comprendieron que ninguna criatura podía curar esta profunda herida, a no ser la bondad del Padre que es el Hijo único, enviado para salvar al mundo. El es el gran médico que puede salvamos de esta profunda herida. Por eso suplicaron a Dios y a su bondad
El Creador constató que la llaga se infectaba y que era necesario un médico: Jesús, que era ya el creador de los hombres, vino además a curarlos
A causa de nuestra locura, tomó el aspecto de un loco; a causa de nuestra debilidad, tomó el aspecto de la debilidad; a causa de nuestra indigencia, tomó el aspecto de un indigente; a causa de la muerte que ya era nuestra, tomó el aspecto de un mortal
Sus llagas nos curaron
La virtud no está lejos de nosotros, no se forma fuera de nosotros, se realiza en nosotros... La virtud no necesita más que nuestra buena voluntad, ya que está en nosotros y se forma en nosotros
Si el alma conserva su parte inteligente conforme a la naturaleza, se forma la virtud. Es conforme a la naturaleza cuando permanece tal como ha sido hecha, pues ha sido hecha hermosa y recta... Para el alma, ser recta es tener la inteligencia conforme a la naturaleza, tal como fue creada; pero cuando se desvía y se distorsiona respecto a la naturaleza, entonces hablamos de vicio del alma. La cosa, pues, no es difícil: si permanecemos tal como hemos sido hechos, estamos en la virtud
[El] Espíritu de conversión acude en ayuda [de aquellos que emprenden el camino de la conversión]
[El Espíritu de conversión] se pone en la delantera para hacer más leve el combate y suave la obra de su conversión
[El Espíritu de conversión] les muestra las vías de la ascesis, corporal e interior, cómo convertirse y permanecer en Dios, su Creador, que vuelve perfectas sus obras
Los antiguos padres partieron al desierto y fueron curados; se hicieron médicos e, inclinándose sobre otros, los curaron
Los antiguos Padres se hicieron médicos e, inclinándose sobre los demás, los curaron
En la medida de lo posible el monje debe confesar a los ancianos el número de pasos y el número de gotas de agua que bebe en su celda, para saber si no se equivoca en esto
He conocido monjes que, después de muchos trabajos, han caído y llegado a la locura por haber contado con sus propias obras y por haber eludido mediante razonamientos falsos el mandamiento de quien dijo: ‘Pregunta a tu padre y él te informará’
Quien no ha sido tentado no podrá entrar en el reino de los cielos. En efecto, se ha dicho: ‘Suprime las tentaciones, y nadie se salvará’
El que quiera progresar en la edificación de las virtudes, progresará por medio del llanto y las lágrimas
Para no ser negligentes, nos conviene meditar estas palabras del apóstol: ‘Muero cada día’ (1 Cor 15, 31). En efecto, si vivimos como si tuviéramos que morir cada día, no pecaríamos. Lo que hay que entender por esto es que cada día, al despertarnos, pensemos que no subsistiremos hasta la tarde y, asimismo, cuando estemos a punto de acostarnos, pensemos que no nos despertaremos