Isaac de Nínive — 189 citas

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Isaacde Nínive

Patrísticac. 613 – c. 700
Nacimiento Bet Qatraie, región costera de la Arabia oriental (actual Qatar) (aproximado)
Muerte Monasterio de Rabban Shabur, en la región de Shushtar, Juzestán (actual Irán)
Tradición Padre siríaco

Monje sirio oriental del siglo VII, obispo de Nínive durante pocos meses antes de retirarse a la vida eremítica. Sus 'Discursos ascéticos', traducidos muy pronto al griego, difundieron por todo el Oriente cristiano una doctrina de la misericordia divina, la compunción y la oración del corazón que impregna la espiritualidad hesicasta.

Sus fechas son inseguras: la crítica solo sitúa con certeza su actividad en la segunda mitad del siglo VII (episcopado hacia 676/680).

Las 189 citas

Deja que te persigan, pero no persigas. Deja que te crucifiquen, pero no crucifiques.

Isaac de Nínive Homilías ascéticas

Esta vida te ha sido dada para el arrepentimiento. No la malgastes en afanes vanos.

Isaac de Nínive Homilías ascéticas

La virtud está por naturaleza en el alma

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 83

Nuestros Padres... para llegar a la perfección y a la semejanza [con Dios], no dejaban de acoger en ellos la vida entera del Señor Jesucristo

Isaac de Nínive Ireneo de Lyon, Contra las herejías, VII Isaac de Nínive. Discursos ascéticos, 81

La virtud es el estado natural del alma

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 83

La virtud es por naturaleza la salud del alma

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 83

Igual que el sentido corporal, cuando está dañado por una u otra razón, está privado de la visión, así también, si la inteligencia que hay en la naturaleza no está sana, el co- Marcos el Monje, A Nicolás, 3, 10; 13. Cf. Juan Damasceno, Discurso útil al illuni. Cf. Atanasio de Alejandría, Contra los paganos, 8; Juan Damasceno, Exposición exacta de la fe ortodoxa, II, 10; Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, prólogo. Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 85. Cf. Marcos el Monje, A Nicolás, 3; 10; cf. Hesiquio de Batos, Capítulos sobre la vigilancia, 57. Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 85. Cf. Antonio, Cartas, V, 1; Juan Crisóstomo, Homilías sobre la Epístola a los efesios, XIII, 1; Marcos el Monje, A Nicolás, 10; 12. La afirmación de que, por el pecado, el hombre ha entrado en las tinieblas es constante en las Sagradas Escrituras: Is 9, l; Mt 4, 16; Le 1, 79; 1 1, 34-36; tu 1,5; 3, 19; 8, 12; 12, 35; Hch 26,18; Rom 1,21; 2, 19; 13, 12; Ef4, 18; 5, 8; 5, 11; Col 1, 13; 1 Tes 5,4; 1 Pe 2, 9. Cf. Gregorio de Nisa, Tratado de la virginidad, IV, 5; XI, 2, 2; Discurso catequético, 8; Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 26; Evagrio Póntico, Tratado de la oración, 50; Orígenes, Comentario a san Juan, II, VII, 57; Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 56; Juan Casiano, Conferencias, IX, 5; 6. Cf. Juan Crisóstomo, Comentario a san Juan, V, 4; Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 26; Calisto e Ignacio Xanthopouloi, Centuria, 41. Cf. Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 20; IV, 65; Juan Ginnico, Escala, XV, 83; Doroteo de Gaza, Cartas, 2; Juan Crisóstomo, Homilías sobre los Calendas, 3; Comentario al salmo 142, 3; Homilías sobre I Corintios, XI, 4; Homilías sobra la Epístola a los efesios, XIII, 1; Comentario a san Juan, V, 4; Nicolás Cabasilas, La vida en Cristo, VII, 46. nocimiento no actúa en ella

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 26;

(Por haberse) dejado atar al conocimiento mundano, (el hombre no puede) escapar de las trampas del error, (y produce) pensamientos enfermos

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 69

Cuando el conocimiento secunda al deseo de la carne, carga con la riqueza, la vanagloria, el adorno, el bienestar del cuerpo; se ata a la sabiduría racional que se adapta al gobierno del mundo y no cesa de inventar, de renovar las técnicas y las ciencias; produce todo lo que corona el cuerpo en este mundo visible

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 63

[El conocimiento carnal] se denomina ‘conocimiento desnudo’, pues está despojado de toda preocupación por Dios y agota la inteligencia, privándola de la razón, ya que está dominada por el cuerpo. No se ocupa sino de este mundo

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 63

Nadie puede poseer a la vez el amor de Dios y el deseo del mundo

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 4; cf. 44

El fin de esta libertad aparente es una dura esclavitud

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 42

Quien no somete a Dios su propia voluntad, se somete a su adversario

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 42

La unión espiritual es la memoria en estado puro

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 33; cf. 1

[La oración] halla en él [el recuerdo de Dios] la materia sobre la que se le ha concedido basarse

Isaac de Nínive Marcos el Monje, A Nicolás, 6

[En su memoria el hombre] es arrebatado por encima de la naturaleza

Isaac de Nínive Cf. Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 33; 65

[El hombre espiritual] se olvida de sí mismo. Olvida su naturaleza. Ya no se acuerda en absoluto de este siglo. Y no deja de meditar y de concebir todo lo que revela la grandeza de Dios

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 85; 73

[El hombre espiritual tiene una] memoria ligada al género de vida que lleva...; no piensa en las cosas de este mundo, no se acuerda de ellas

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 85; 73

Desde el momento en que la memoria de Dios se aposenta en el alma, borra cualquier otro recuerdo

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 85; 73

Lo que le pasa al pez cuando sale del agua, le pasa al espíritu cuando sale del recuerdo de Dios y se dispersa en el recuerdo del mundo

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 43

Las pasiones son un añadido... pues el alma por naturaleza es impasible... Creemos que Dios ha hecho al hombre a su imagen: impasible... Por consiguiente, cuando [el alma] se deja llevar a movimientos apasionados, se sale de su naturaleza, según la opinión de todos. Así lo afirman aquellos que dan alimento a la Iglesia. Las pasiones entraron en el alma después, de modo que no es justo decir que son propias del alma, ni aun cuando la muevan. Está claro, pues, que al alma la mueve algo exterior a ella, y no propio de ella

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 82-83

El estado antinatural [del alma] es el movimiento apasionado... Cuando el alma se halla en su estado natural conduce su vida hacia lo alto. Cuando está fuera de su naturaleza, se encuentra abajo, en el suelo. Cuando está arriba, se descubre impasible. Pero cuando la naturaleza está fuera de su orden propio, entonces reinan en ella las pasiones

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 82-83

Está claro que la salud existe en la naturaleza antes de la irrupción de la enfermedad. Si esto es así -y es la verdad misma-, la virtud está por naturaleza en el alma. Y lo que viene después está fuera de su naturaleza... Puesto que todos reconocen que la pureza es lo que existe por naturaleza en el alma, hay que afirmar que [las pasiones] no existen por naturaleza. Pues la enfermedad llega en segundo lugar, después de la salud

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 82-83

Las pasiones son, pues, un añadido, y la causa de este añadido está en el alma misma

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 82

Ocurre con las cosas del alma como con las cosas del cuerpo. Por tanto, si la virtud es por naturaleza la salud del alma, las pasiones son su enfermedad

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 83; 86

La maldad es una enfermedad del alma

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Cartas, 4

Mientras el alma padece la enfermedad de las pasiones, no percibe lo espiritual

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Cartas, 4

Si no se purifica de las pasiones, el alma no se cura de las enfermedades del pecado

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 83; 86

‘Mundo’ es el nombre que designa todas las pasiones singulares; cuando queremos nombrar globalmente las pasiones, las llamamos así. Pero cuando queremos designarlas una a una con sus nombres propios las llamamos ‘pasiones’

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 30

[Entonces el hombre] ha perdido la mitad de su fuerza, de modo que podemos decir... que antes de ir al combate se encuentra vencido sin haber luchado. Ha sido derrotado por la voluntad relajada de la carne, sin que sus enemigos hayan tenido que hacer el menor esfuerzo

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 69

[El abuso de comida y bebida causa] la turbiedad de los pensamientos

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 26 y 56; cf. también 43 y 69

[El abuso de alimentos provoca] una inteligencia desordenada que divaga por toda la tierra..., imaginaciones impuras... manchadas con fantasías e imágenes extravagantes llenas de la codicia que atraviesa el alma y hace que viva en la impureza

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 26; 69; 34

[El] vientre lleno hace del corazón una cuádruple puerta de fantasías delirantes

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 26; 69; 34

No sobrecargues tu vientre para no sumir tu inteligencia en la confusión, para no ser atormentado por la distracción, para no entenebrecer tu alma ni turbar tus pensamientos

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 26; 69; 34

Cuando un hombre es movido por la codicia..., lo que le fuerza a salir de los límites de la naturaleza y a alejarse de su deber no es la potencia natural; lo que le hace salir es lo que nosotros añadimos a la naturaleza para satisfacer nuestra propia voluntad. Pues todo lo que Dios ha hecho, lo ha hecho con belleza y medida. Si guardamos correctamente la medida que se nos ha impartido en las cosas que llevamos por naturaleza, los movimientos naturales no pueden obligarnos a salir del camino. El cuerpo no actúa verdaderamente más que en el orden bueno

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 26

A quienes conducen su vida a base de las obras del cuerpo... les llega otra acedia, que todos pueden ver

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 57

La acedia proviene de la distracción de la inteligencia

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 33

[De la acedia] provienen el espíritu de extravío, que es la fuente de mil tentaciones

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 46. Cf. 55

[La acedia hace al alma] saborear el infierno

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 46

Si nos atamos a las cosas sensibles (esas cosas que suscitan la agresividad antinatural)... transformaremos la ternura natural en salvajismo

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 27

Cuando [el hombre] permanece en el conocimiento y la vida del cuerpo, teme a la muerte

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 38. Cf. 63

Quien carece de humildad está desprovisto de perfección. Y quien está desprovisto de perfección siempre tiene miedo

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 21

[La cenodoxia] mantiene los pensamientos agitados y en una continua confusión

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 23

Los vanidosos... pierden la razón

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 5; 8

La cenodoxia se inventa e imagina unos personajes, y lleva a desear y a proyectarse

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 5; 8

Él acude en nuestro auxilio como un médico que actúa ante una grave enfermedad y restablece la salud

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 25

Gloria a este Maestro que mediante acres remedios nos ha dado las delicias de la salud

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 48

La penitencia ha sido dada a los hombres después del bautismo. La penitencia, en efecto, es un segundo nacimiento, que viene de Dios. Lo que hemos recibido en prenda por el bautismo, lo recibimos como un don por la penitencia

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 72

[La penitencia es] una súplica continua, una súplica incesante... que pide [a Dios] la absolución del pasado

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 50

[La penitencia es] la aflicción con la que preservamos las cosas del futuro

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 50

Es importante que sepamos que tenemos necesidad de penitencia durante las veinticuatro horas del día y de la noche

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 50

Aquel que conoce sus pecados es más grande que aquel que resucita a los muertos con su oración. El que gime una hora por su alma es más grande que el que sirve al mundo entero con su contemplación. Aquel a quien se le ha concedido verse a sí mismo es más grande que aquel a quien se le ha concedido ver a los ángeles

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 34

La oración es la ayuda adecuada contra la enfermedad

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 21

La oración es la muerte de los pensamientos que proceden de la voluntad de la carne. El que reza es como un muerto que está fuera del mundo. Perseverar en la oración es renunciar a uno mismo

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 69. Cf. Simeón el Nuevo Teólogo, Capítulos teológicos, gnósticos y prácticos, I, 18

Rezamos para adquirir el amor de Dios; [en efecto], hallamos en la oración las causas que nos hacen amar a Dios

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 35; 69

El amor es el fruto de la oración

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 35; 69

A quien se conoce a sí mismo se le concede el conocimiento de todo

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 16

Todas las formas que puede tomar la oración tienen su efecto y su fin en la oración pura

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 32. Cf. Evagrio Póntico, Tratado práctico, 69; Tratado de la oración, 34A

La fe tiene también necesidad de las obras

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 22

El que no ha guardado los mandamientos y no ha seguido la huella de los bienaventurados apóstoles, no es digno de ser llamado santo

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Cartas, 4

Sabes que el mal ha entrado en nosotros por la transgresión de los mandamientos. Está claro, pues, que la salud vuelve por la observación de esos mismos mandamientos. Si no ponemos manos a la obra, si no marchamos desde el principio por este camino que conduce a la pureza, no podemos desear ni esperar la purificación del alma. Y no me digas que Dios puede, incluso sin que practiquemos los mandamientos, darnos por gracia la purificación del alma

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Cartas, 4

[El advenimiento de Cristo] no tenía más que un objetivo: purificar el alma, sacar de ella el mal de la primera transgresión, devolverla a su estado original. Él nos ha dado los mandamientos... para curarnos de nuestras pasiones. Es evidente que los mandamientos están aquí para combatir las pasiones y curar el alma que ha transgredido

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Cartas, 4

El alma recibe la salud por la observancia de la ley. Aquel que mediante el cumplimiento de los mandamientos y por las obras más duras de la verdadera vida ha vencido a las pasiones, que sepa que recibe la salud del alma por la observancia de la ley

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Cartas, 4

El Señor nos ha dado los mandamientos como remedios para purificarnos de las pasiones y las faltas

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Cartas, 4

Lo que los remedios son al cuerpo enfermo, los mandamientos lo son al alma apasionada

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Cartas, 4

La obra escondida de los mandamientos cura la potencia del alma

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Cartas, 4

Los mandamientos espirituales, los mandamientos, que el alma guarda por la consideración del temor de Dios, la renuevan, la santifican y la curan secretamente todos sus miembros. Está claro que cada uno de los mandamientos cura suavemente en el alma toda pasión. El que es curado y el que cura sienten esta energía como la sintió la mujer que perdía su sangre

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Cartas, 4

Para enderezar el alma ha dado Cristo la ley de los mandamientos

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 37

Cristo exige menos la realización de los mandamientos que el enderezamiento del alma

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 37

Cualesquiera que sean los caminos por los que marchan los hombres en el mundo, no encuentran la paz hasta que no se acercan a la esperanza de Dios. El corazón no está en paz, lejos de las penas y de los obstáculos, hasta que no alcanza la esperanza. Pero, cuando la encuentra, esta lo apacigua y le colma de alegría

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 58

La virtud es de modo natural la salud del alma y las pasiones son su enfermedad... Está claro que la salud existe en la naturaleza antes de la irrupción de la enfermedad. Si esto es así, y es la verdad misma, la virtud está de modo natural en el alma. Y lo que viene a continuación está fuera de su naturaleza

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 83

Nos volvemos peores mediante la inteligencia

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 49

Mediante la inteligencia nos volvemos mejores

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 49

Lo que Dios quiere es el cambio de la inteligencia

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 49

Solo tal cambio [de la inteligencia] puede... llegar ante Dios

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 49

Si no se purifica de toda pasión, el alma no se cura de las enfermedades del pecado

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 68; 86

Las pasiones son un muro delante de las virtudes escondidas del alma. Si no comienzan por caer..., las virtudes ocultas en el interior no se dejan ver... Nadie ve el sol en las tinieblas, ni la virtud del alma mientras permanece en él la turbación de las pasiones

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 68; 86

Al rico que le preguntaba para saber cómo heredar la vida eterna, el Señor dijo claramente: ‘Guarda los mandamientos’ (Lc 10, 25). Y cuando él le preguntó cuáles eran los mandamientos, le respondió que primero se alejara de las malas obras

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Cartas, 4

Las virtudes se suceden una a la otra, para que seguir su camino no nos resulte una carga demasiado pesada, y para que podamos alcanzarlas en su orden

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 46

Toda virtud es la madre de la que la sigue

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 68
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