Juan Clímaco — 254 citas

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JuanClímaco

Patrísticac. 579 – c. 649
Muerte Monte Sinaí, monasterio de Santa Catalina (actual gobernación del Sinaí del Sur, Egipto)
Tradición Monje del Sinaí
Mapa Monte Sinaí, donde murió

Monje y luego higúmeno del monasterio del Sinaí en los siglos VI-VII, autor de 'La escala del paraíso' (Klimax), tratado en treinta peldaños sobre las virtudes y los vicios. Es el manual clásico de la ascesis oriental, leído íntegramente en los monasterios durante la Cuaresma y fuente capital para la terapéutica de las pasiones.

Su origen se desconoce: la tradición lo hace sirio o palestino y la crítica moderna sugiere la región de Gaza; también se discuten sus fechas (c. 579-649 o c. 525-606).

Las 254 citas

La naturaleza ha impreso en nosotros los movimientos de la ira para que nos sirvamos de ella contra la serpiente infernal, nuestro enemigo, pero nosotros la usamos contra nuestros hermanos

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXVI, 141

Una imaginación es una alienación del espíritu

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, III, 37

Los vicios y las pasiones no se deben a la naturaleza misma [del hombre]; en efecto, Dios no es el creador de las pasiones

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXVI, 50; 141

Dios no es ni el autor ni el creador del mal; se equivocan aquellos que afirman que las pasiones son connaturales al alma

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXVI, 50; 141

Nosotros mismos somos quienes hemos transformado en pasiones las cualidades constitutivas de nuestra naturaleza

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXVI, 141

Yo he visto que mucha gente que vivía en el mundo escapaba de la tiranía de los deseos carnales debido sencillamente a los cuidados, preocupaciones, conversaciones y veladas que consagraban a los asuntos terrenales. Pero una vez que entraron en la vida monástica y quedaron libres de toda preocupación, se dejaron lamentablemente corromper por el ardor del cuerpo

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, II, 12

Sucede a veces que las pasiones se retiran de algunos fieles, e incluso de algunos infieles, salvo una sola [que es el orgullo]; y se les deja como el mayor de los males, que ocupa él solo el lugar de todos los demás

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXVI, 45. Cf. XXII, 5

Yo aconsejo a todos aquellos que están enfermos que busquen con el mayor cuidado el método que deben seguir para curarse. Ahora bien, el primer paso del tratamiento es conocer la causa de su enfermedad; cuando esta haya sido encontrada, los enfermos recibirán de la Providencia de Dios y de sus médicos espirituales el remedio eficaz

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, VIII, 35

Mi primogénito es el servidor de la lujuria; tras él viene el endurecimiento del corazón, y en tercer lugar el sueño. De mí proceden un mar de pensamientos, olas de suciedad, un abismo de impurezas insospechadas e innumerables. Mis hijas son la pereza, la charlatanería, el atrevimiento, la burla, la payasada, el espíritu de contradicción, la tirantez, la obstinación, la insensibilidad, la esclavitud, la suficiencia, la temeridad, la jactancia, que tienen como consecuencia la impureza de la oración, el torbellino de los pensamientos, y a menudo desgracias repentinas e inesperadas, a las que va estrechamente ligada la desesperación, que es el más nefasto de mis retoños

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XIV, 38; 22

El que está afectado por ella [...] parece haber perdido la razón y estar fuera de sí, perpetuamente ebrio de deseo por las criaturas

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XV, 25; 83

El demonio de la lujuria oscurece a menudo de tal manera nuestra razón -la cual debe reinar sobre nuestras acciones- que nos persuade para que hagamos en presencia de los hombres mismos aquello que solo los locos y los necios hacen

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XV, 25; 83

[La filargiria] produce odios, envidias, divorcios, enemistades, disturbios, resentimientos, injurias, acciones inhumanas y asesinatos

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XVI, 24

Lo mismo que no hay mar sin olas y mareas, no hay avaro sin tristeza

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XVI, 21

El hombre que ha llegado a detestar el mundo ha escapado de la tristeza. Pero el que está apegado a cualquier cosa sensible no se ha liberado aún de la tristeza. Pues ¿cómo no va uno a entristecerse si se ve privado de lo que ama?

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, II, 11; 17

No hay ilusión más perfecta ni más cierta que la de aquel que cree que no está apegado a una cosa y, sin embargo, se entristece en su corazón cuando se halla privado de ella

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, II, 11; 17

[La acedia es] una relajación del alma, una dejadez del espíritu, la negligencia en la ascesis

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XIII, 2

[La acedia es] una languidez en la salmodia, una debilidad en la oración

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XIII, 3

Cuando no es hora de la salmodia, la acedia no aparece; y cuando el oficio se ha acabado, nuestros ojos vuelven a abrirse

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XIII, 8; 12

Cuando llega el momento del oficio divino y de la oración, [este demonio] de nuevo comienza a volver pesado nuestro cuerpo. Y cuando rezamos nos sumerge en el sueño y, mediante los bostezos que nos provoca a destiempo, nos impide pronunciar hasta versículos completos

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XIII, 8; 12

Para el monje la acedia es una muerte que lo aprisiona por todos lados

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XIII, 9

[A propósito del rencor:] Se trata de un dolor sensible y punzante que no deja de gustar a causa de la dulzura que se encuentra en la amargura misma de la ira

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, IX, 2

La fiebre corporal es siempre del mismo tipo, pero su calor, lejos de tener siempre el mismo origen, puede proceder de múltiples causas. Del mismo modo, el ardor de la ira y sus movimientos, como también el de nuestras otras pasiones, puede tener causas y orígenes diversos. Por eso es imposible prescribir una regla única. Yo aconsejaría más bien a los que están enfermos de ella que cada uno busque con el mayor cuidado el método que tiene que seguir para curarse. El primer paso del tratamiento es conocer la causa de la enfermedad; en efecto, cuando la hayan encontrado, los enfermos recibirán de la previdencia de Dios y de sus médicos espirituales el remedio eficaz

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, VIII, 35

[La ira es un] gusano que roe la mente

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, IX, 2; Juan Crisóstomo, Homilías sobre las estatuas, XX, 6; Comentario a san Juan, XXVI, 3

El primero en recibir la impresión de este temor puede ser tanto el alma como el cuerpo

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XX, 9

Quien es siervo de Dios solamente lo teme a Él..., pero el que no lo teme aún, teme con frecuencia a su propia sombra

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XX, 11

El temor es una falsa previsión y una vana aprensión de peligros imaginarios

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XX, 3

El temor es una privación de toda seguridad hasta en las cosas más seguras

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XX, 3

El alma esclava del orgullo es esclava de la pusilanimidad; llena de vana confianza en sí misma, se asusta del menor ruido y hasta de la sombra de las criaturas

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XX, 4

El demonio de la vanagloria siente una particular alegría cuando ve que se multiplican las virtudes

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXI, 3

[Igual que] la hormiga espera que llegue la cosecha y que el trigo esté maduro, así la vanagloria espera que hayamos hecho acopio de todas nuestras riquezas espirituales

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXI, 3

El sol brilla para todos igual, y la vanagloria encuentra cómo gozar de todas nuestras actividades. Por ejemplo, yo me enorgullezco de ayunar y luego, cuando suspendo el ayuno para no hacerme notar, me vanaglorio de mi prudencia. Cuando me pongo hermosos vestidos, me vence la vanagloria, y cuando llevo trajes de pobre, sigo cayendo en la vanidad. Cuando hablo, ella me vence, y cuando guardo silencio, continúa dominándome. Se parece a una de esas trampas de tres puntas: la tires como la tires, se mantiene siempre en pie sobre una de sus puntas

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXI, 5

Nuestra alma por naturaleza ama la gloria, pero debe ser la gloria del cielo, no la de la tierra

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXVI, 141

Hay una gloria que viene de Dios, según la palabra de la Escritura: ‘Glorificar a los que me glorifican’, dice el Señor (1 Re 2, 30). Y hay una gloria que no procede sino de la maldad astuta del demonio

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXI, 36

La vanagloria es una pasión engañosa, que nos representa de forma totalmente distinta a como somos

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXI, 2; 10

[La cenodoxia] con frecuencia trae consigo la humillación en lugar del honor

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXI, 24

Entre estas dos pasiones no hay más diferencia que la que se da entre un niño y un hombre, entre el trigo y el pan. Pues la cenodoxia es el comienzo del orgullo y el orgullo es el fin y la consumación de la cenodoxia

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXI, 1. Cf. 35; 45

[El orgullo se manifiesta como] rechazo del auxilio divino y confianza presuntuosa en las propias fuerzas

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXII, 1; 2; 31

Sucede que todas las pasiones se retiran de algunos fieles, e incluso de algunos infieles, salvo una sola; y esta queda como el más grande de todos los males que llena por sí solo el lugar de todos los demás

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXVI, 45

El que uno crea que no es orgulloso es uno de los síntomas más claros de que lo es

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXII, 14

[Fuera de Dios el hombre] no es más que tierra

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXII, 18

El orgullo es una extrema pobreza del alma, que imagina ser rica y toma sus tinieblas por la luz

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXII, 23

Es vergonzoso que nos gloriemos de un adorno que no nos pertenece; pero la suprema locura es alardear de los dones de Dios

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXII, 16

Cuando el demonio establece su morada en el alma de aquellos que se han convertido en sus esclavos, se les aparece en sueños, o incluso cuando están despiertos, bajo la figura de un ángel de luz o de un mártir; y entonces les descubre algunos secretos y les da en apariencia algunas gracias extraordinarias para que esos pobres desgraciados, engañados de tal manera, pierdan completamente la razón

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXII, 19

Igual que las tinieblas son incompatibles con la luz, el orgullo es inconciliable con las virtudes

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXII, 26

[El orgullo es] el apoyo de los demonios

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXII, 1

[El orgulloso] no necesita al demonio, pues se ha convertido para sí mismo en un demonio y un enemigo

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXII, 25

A veces lo que para uno es remedio, para otro es veneno; y a veces lo que se administra a una misma persona le sirve de remedio si se le da en el momento oportuno, pero a destiempo se vuelve veneno

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXVI, 20-21; XV, 57

Vi a un médico torpe que, humillando a un enfermo profundamente abatido, no logró sino sumirle en la desesperación. Y vi cómo un hábil médico operaba un corazón orgulloso con el escalpelo de la humillación y lo vaciaba así de toda infección

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXVI, 20-21; XV, 57

[Es necesario tener en cuenta] las particularidades individuales, bien de la voluntad de quien comete el pecado, bien del lugar donde lo comete, o de los progresos espirituales de quien lo comete, y otras muchas circunstancias

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXVI, 20-21; XV, 57

La penitencia es una restauración del bautismo

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, V, 2

[La penitencia es] un segundo bautismo

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, VII, 8

[La penitencia es] la reconciliación con el Señor mediante la práctica de las buenas obras contrarias a los pecados en los que se ha caído

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, V, 2

La penitencia es un juicio perpetuo que uno pronuncia contra sí mismo; es el estado de un alma que se preocupa por cuidarse a sí misma y se despreocupa de todo lo demás

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, V, 2

[La penitencia es] una herida del alma sentida fuertemente

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, V, 2

[Dicen los demonios:] Sólo hay una cosa que vuelva impotente nuestra fuerza e inútiles todos nuestros esfuerzos...: si no dejas de censurarte a ti mismo ante el Señor, nos hallarás tan débiles como una telaraña

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXII, 31

Cuando nuestra alma salga de este mundo, no nos acusarán de que no hayamos hecho milagros, o de que no hayamos desentrañado las verdades sublimes de la teología, o de que no nos hayamos elevado hasta encumbradas contemplaciones, sino que ciertamente tendremos que dar cuenta a Dios de no haber librado sin cesar nuestros pecados

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, VII, 79

[El que reza debe tomar como modelo] el modo como los enfermos que van a ser amputados o cauterizados imploran al cirujano

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXVIII, 8

[Dice la oración:] Venid a mí... y hallaréis la curación de vuestras heridas

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXVIII, 2

[La oración es] un remedio soberano para los pecados más grandes

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXVIII, 2

La inestabilidad y la inconstancia son unas de las propiedades de la mente humana. Pero Dios puede fortalecer y hacer constantes las cosas más inconstantes. Si no dejas jamás de luchar para detener la movilidad de tu espíritu, Aquel que pone límites a las olas del mar, vendrá a ponérselos a [las] agitaciones de tu alma, y les dirá durante la oración: 'Os permito que llegarais hasta aquí, pero no más lejos' (Job 38, 11). Al hombre le es imposible encadenar la mente, pero, allí donde está el Creador de la mente, todas las cosas le están sometidas a Él

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXVIII, 17

Flagela a tus enemigos con el nombre de Jesús, pues no hay arma más poderosa en el cielo y en la tierra. Cuando te hayas curado de esta enfermedad, glorifica a Aquel que te ha librado

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XX, 7

La fuerza del hesicasta se da en la abundancia de su oración

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXVII, 105

Quien reza de corazón se mantendrá inmóvil como una columna, y ningún demonio se burlará de él

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XVIII, 3

[La oración es] la unión del alma con Dios

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXVIII, 1

[La oración es] reina de todas las virtudes

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXVIII, 7

La oración te hará conocer el don de tu alma. Los teólogos, en efecto, llaman a la oración el espe[jo del] monje

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXVIII, 1; 37

Flagela a tus enemigos con el Nombre de Jesús, pues no hay arma más poderosa en el cielo ni en la tierra

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XX, 7. Cf. Hesiquio de Batos, Capítulos sobre la vigilancia, 152; 174

Haz que entren en ti, junto con el aire que respiras, las palabras del que dijo: ‘El que persevere hasta el final se salvará’ (Mt 10, 22)

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, IV, 122; XXVII, 62

que el recuerdo de Dios sea lo mismo que tu aliento

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, IV, 122; XXVII, 62

Cuando reces, procura no hablar mucho, no sea que tu mente se distraiga buscando las palabras. Una sola palabra del publicano apaciguó a Dios y un solo grito de fe salvó al ladrón. La locuacidad en la oración suele dispersar el espíritu y llenarlo de imágenes, mientras que la monología normalmente lo lleva al recogimiento

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXVIII, 10; XXVIII, 22

Un gran artífice de la oración sublime y perfecta dijo: 'Prefiero decir cinco palabras con mi mente' (1 Cor 14, 19)

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXVIII, 10; XXVIII, 22

[El método psico-físico permite] circunscribir lo incorpóreo en [la] morada corporal

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXVII, 7

[La esperanza es] el antídoto de la desesperación

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXX, 32; XXVI, 72. Cf. Gregorio Magno, El pastor, XXIX

Es una desesperación que se deriva de una multitud de pecados, de una conciencia sobrecargada y de una pena insoportable, cuando el alma está cubierta por multitud de heridas, y se hunde bajo este peso en el abismo de la desesperación... [Esta desesperación] podrá curarse por medio de... una esperanza fiel

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXX, 32; XXVI, 72. Cf. Gregorio Magno, El pastor, XXIX

Un monje lleno de esperanza da muerte a la acedia, a la que rechaza armado con esta espada

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXX, 34 (cf. Evagrio Póntico, Tratado práctico, 27; Apotegmas, N 196)

El debilitamiento de la esperanza es la desaparición del amor

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXX, 29; 33

Lo que da fuerza al amor, es la esperanza

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXX, 29; 33

La esperanza es un tesoro hecho de tesoros que todavía no aparecen

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXX, 30. Cf. Gregorio Magno, Morales sobre Job, XX, 3

La esperanza es un tesoro que ya poseemos, antes que el otro tesoro

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXX, 30. Cf. Gregorio Magno, Morales sobre Job, XX, 3

El amor a las delicias y los placeres se transforma en amor a Dios

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, I, 20; XV, 2; V, 28
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