Teólogo y místico bizantino del siglo XIV, laico y defensor de los hesicastas y de san Gregorio Palamás, autor de La vida en Cristo y de la Explicación de la divina liturgia. Su síntesis de la vida sacramental como terapia y transformación del hombre en Cristo es una referencia constante en la espiritualidad ortodoxa; fue canonizado en 1983.
Su nacimiento se data entre 1319 y 1323 y su muerte después de 1391 (a veces 1395); pasó sus últimos años en Constantinopla, en el monasterio de Mangana, pero el lugar exacto de su muerte no está documentado con certeza.
Solo el Salvador es el primero que ha realizado el hombre auténtico y perfecto
La naturaleza humana ha sido creada desde el origen con vistas al Hombre Nuevo; la inteligencia y el deseo del hombre han sido creados para Cristo: hemos recibido la inteligencia para conocer a Cristo; el deseo, para ser atraídos hacia Él, y la memoria, para llevarlo en nosotros, tanto más cuanto que Él ha servido de modelo para nuestra creación. En efecto, no es el viejo Adán el que ha sido el modelo (jv ieáóec/ua) del nuevo, sino el nuevo del antiguo (cf. Rom 5,1,4). Para nosotros, que lo reconocíamos como nuestro antepasado, el primer Adán pasa por ser el arquetipo de la naturaleza humana; pero para Aquel que tiene ante los ojos todos los seres antes incluso de que existan, el antepasado no es sino la imitación del nuevo Adán. Aquel ha sido creado a imagen y semejanza de este último
El hombre tiende hacia Cristo no solo a causa de la divinidad de nuestro Señor, sino también a causa de esta otra naturaleza [la humana] que Él posee
Cristo es el único y el primero que ha realizado el hombre genuino y perfecto en cuanto al comportamiento, en cuanto a la vida y en todos los aspectos
El día en que Adán, encomendándose al espíritu maligno, se apartó de su buen Señor, su alma perdió la salud y el bienestar. Desde entonces el cuerpo fue también a la par que el alma y sufrió la misma suerte: degeneró con ella
El ojo ha sido creado para la luz; el oído, para los sonidos; todas las cosas, para su fin; y el deseo del alma, para elevarse hacia Cristo
Ni el amor ni la alegría pueden ser excitados por los bienes de este mundo, que no son sino falsas imitaciones; lo que parece bueno no es más que un simulacro de bien
Nuestra capacidad de desear ha sido adaptada y guarda proporción con la inmensidad de este objeto de nuestros deseos
[Dios] ha conjuntado con Él mismo nuestra alma, y también nuestra potencia de desear y todo nuestro ser
El corazón humano ha sido creado en función de Cristo, como un inmenso joyero, lo suficientemente amplio como para contener a Dios mismo
Constatamos que nuestra calidad de desear... no la colma nada de la naturaleza, sino que todo se muestra deficiente con relación a ella
Nada de aquí nos sacia, nada satisface nuestros deseos, estamos siempre alterados, como si nunca alcanzáramos el objeto de nuestras aspiraciones. Pues el alma humana tiene sed de infinito, y ¿cómo le satisfaría el mundo pasajero? Eso es lo que el Salvador enseñó a la Samaritana: ‘El que beba de esta agua volverá a tener sed’ (Jn 4, 13)
Sean cuales sean los bienes con los que somos favorecidos, incluso aunque poseyéramos la totalidad de los bienes, lanzamos nuestra mirada más lejos y, más allá de los bienes presentes, perseguimos los bienes ausentes; nada sacia nuestro deseo, nada aplaca nuestra sed de dicha, nada satisface plenamente nuestra capacidad de gozar
Hemos recibido la memoria para llevar a Cristo en nosotros
Todo lo que la ley podía hacer contra nuestros males era predisponernos a la salud y hacernos dignos de los cuidados del médico
Cristo es el Mediador por el que nos han llegado todos los bienes que se nos han dado o, más bien, que Dios nos da sin cesar. Pues Él no se ha contentado con cumplir una vez su papel de Mediador, entregándonos todos los bienes con vistas a los cuales cumplía ese papel, y luego retirarse; no, Él interviene sin cesar, y no solo con palabras y requerimientos, como hacen los embajadores, sino con su acción. ¿Cuál es esta acción? Unirnos a Él, y, a través de su persona, hacernos participar de las gracias qué le son propias, según el mérito de cada uno y según el grado de su purificación
Son muchos los que en todos los tiempos han buscado un remedio para el género humano, pero solo la muerte de Cristo nos ha devuelto la vida verdadera y la salud. Por eso, si queremos renacer con este nuevo nacimiento, vivir con esta vida bienaventurada y disponernos a recobrar la salud, no tenemos más que tomar este remedio que Cristo ofrece
Soy liberado de mis crímenes al momento y recupero instantáneamente la salud
[La vida nueva que el bautismo confiere es] una vida conforme a nuestra naturaleza
[Por el bautismo, la imagen de Dios es] impresa con más claridad que antaño
El bautismo nos devuelve a la luz y nos aleja de la maldad de las tinieblas
Él abre los ojos del alma ante la irradiación divina
[Por el bautismo, el hombre recupera] su verdadera vida
El día saludable del bautismo se convierte para los cristianos en un ‘día onomástico’, porque en él son creados y formados, y nuestra vida amorfa e indeterminada adquiere forma y consistencia
[Por el bautismo el hombre recibe] unos miembros y unos sentidos nuevos
Por el bautismo renunciamos a un estado para encontrar otro
La crismación es un principio de energía y de actividad
La crismación perfecciona al neófito, comunicándole las energías y una actividad relacionada con esta vida
[Con la eucaristía] no se puede ir más allá ni añadir nada
[En la eucaristía ya no se reciben] los dones del Espíritu, por abundantes que sean, sino al Benefactor mismo, el tesoro que encierra toda la plenitud de las gracias
Lo poseemos a Él mismo, y no algo de Él
[La eucaristía es perfecta] y no hay ninguna necesidad de los fieles a la que no responda plenamente