Esta ignorancia... alejó al hombre del conocimiento divino, para no llenar su existencia más que con el conocimiento apasionado de las cosas sensibles. Entregado así libremente solo a las emociones de los sentidos, a semejanza de los animales faltos de inteligencia, el hombre, alejado de la belleza espiritual y divina, encuentra, por medio de las experiencias de la parte exterior y corporal de su naturaleza, una creación que él eleva al lugar de Dios, porque responde mejor a las necesidades de su cuerpo. Como el cuerpo es de la misma naturaleza que la creación elevada al lugar del Creador, el hombre cubre su cuerpo de amor y de múltiples cuidados. En efecto, no se puede adorar la creación sino atendiendo al propio cuerpo... Consagrado a la servidumbre corruptora de su propio cuerpo y cautivado por la filautía, el hombre deja que se desarrollen en él sin cesar las pasiones del gozo y del sufrimiento
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