Citas sobre caridad — 227 citas

Sobre caridad

La multitud de los que habían creído tenían un solo corazón y una sola alma. Nadie decía que sus bienes le pertenecieran en propiedad, sino que tenían todo en común

Pablo Apóstol Hch 4, 32

En el amor no hay temor, sino que el amor perfecto destierra el temor, pues el temor supone un castigo, y el que teme no es perfecto en el amor

Juan el Evangelista 1 Jn 4, 18

[Nadie puede] ser hallado capaz de alcanzarlo [el amor] sino aquel a quien Dios le otorga su gracia

Clemente de Roma Clemente de Roma, Carta a los corintios, 50, 2

[La caridad es uno de los] lazos indisolubles de la salud y de la salvación

Clemente de Alejandría Clemente de Alejandría, Qué rico puede salvarse, 29

Ordenad en mí la caridad

Orígenes Cant 2, 4

El que ama a Dios, se ama a sí mismo

Antonio el Grande Antonio el Grande, Cartas, IV, 9

Que el hombre busque ante todo el santo amor [de Dios], que es el primero y el más grande de los mandamientos... Por él es fácil cumplir el segundo mandamiento, quiero decir el amor al prójimo. En efecto, lo que es primero debe preferirse al resto y suscitar un mayor esfuerzo; de este modo, lo que es segundo seguirá a lo que es primero

Macario de Egipto Macario de Egipto, Capítulos parafraseados, 11

Si nos preguntaran: ‘¿Cuál es el objeto de vuestro culto y de vuestra adoración?’, diríamos sin vacilar: ‘la caridad’, pues ‘nuestro Dios es la caridad’

Gregorio Nacianceno

La caridad torna al alma sana

Ammonas Ammonas, Instrucciones espirituales, IV, 60

[El Señor] considera toda buena acción con el prójimo como hecha a Él mismo

Basilio de Cesarea Basilio de Cesarea, Grandes reglas, 3

[Amando a Dios] nos convertimos de alguna manera en aquello que él es

Gregorio de Nisa Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Eclesiastés, VIII

Debemos inclinarnos ante los hermanos que llegan, pues no nos prosternamos ante ellos, sino ante Dios. Cuando ves a tu hermano, ves al Señor tu Dios

Apolo Apotegmas, serie alfabética, Apolo, 3

La parte irascible necesita más remedios que la parte concupiscible: por eso la caridad es llamada ‘grande’ (1 Cor 13, 13): es el freno de la parte irascible

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Tratado práctico, 20

[La alegría de dar es] la alegría de la caridad que se derrama

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre la limosna, IV; Homilías sobre la Epístola a los filipenses, I, 4; Homilías sobre el Génesis, LV, 4

Si un hermano tuyo te injuria o te aflige de algún modo, reza por él como enseñan los Padres, pensando que él te procura grandes beneficios y que es un médico que te cura del amor al placer. Así se apaciguará tu ira, siendo la caridad, para los santos Padres, un freno de la ira

Padres del desierto Apotegmas, XV, 136

La justicia será completa cuando sea completa la salud: la salud será completa cuando sea completa la caridad

Agustín de Hipona Agustín de Hipona, Sobre la perfección de la justicia del hombre, III, 8

Por tanto, si alguno quiere tender a la perfección, tras partir del primer grado, que es el del miedo, y propiamente es servil..., se elevará por un progreso continuo hasta las vías superiores de la esperanza y luego al tercer grado, que es el del amor... Esforcémonos, pues, con todo ardor, para progresar del miedo a la esperanza, y de la esperanza a la caridad de Dios y al amor de las virtudes

Juan Casiano Juan Casiano, Conferencias, XI, 6-7. Cf. Basilio de Cesarea, Grandes reglas, prólogo

El temor es cosa de aquellos que todavía se purifican y va acompañado de una caridad mediocre; el amor perfecto pertenece a aquellos que ya se han purificado, en los que ya no hay temor. Pues ‘la caridad perfecta destierra el amor’ (1 Jn 4, 18). La Escritura dice tanto: ‘Temed al Señor, todos vosotros que estáis consagrados a Él’ (Sal 33, 10), como: ‘Amad al Señor, todos vosotros que sois santos’ (Sal 30, 24), para que aprendamos que a los justos que aún se purifican les corresponde el temor, como se ha dicho, junto con un amor mediocre; mientras que a los que están purificados, les corresponde el amor perfecto; en ellos ya no se da el pensamiento de ningún temor, sino un ardor incesante y un apego continuo del alma a Dios por la acción del Espíritu Santo

Diádoco de Fótice Diádoco de Fótice, Cien Capítulos gnósticos, 16

Amemos la caridad para con los pobres, a fin de que ella nos salve de la filargiria

Isaías de Escete Abba Isaías, Asceticón, 16. Cf. Juan Clímaco, Escala, XVI, 3

[Cristo] nos ha dado la gran cataplasma que aprieta todos los miembros, que cura toda enfermedad y toda dolencia (cf. Mt 4, 23), a saber, la caridad

Barsanufio de Gaza Barsanufio, Cartas, 61

Del amor Él es la causa y, en cierto sentido, el productor y engendrador

Dionisio Areopagita Dionisio el Areopagita, Sobre los Nombres divinos, IV, 14, en PG 3, 712C

Todos han sido proclamados prójimos nuestros

Juan de Gaza Juan de Gaza, Cartas, 339

Allí donde hay compasión y caridad, la ira y el rencor no pueden prevalecer

Doroteo de Gaza Doroteo de Gaza, Instrucciones espirituales, VIII, 94

Un banquete en donde la caridad convida a sus amigos disipa la ira

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, VIII, 36; IX, 5-6

¿Sientes tristeza contra alguien? Reza por él y quebrarás el impulso de la pasión, pues la oración purifica de toda amargura el recuerdo del mal que este hombre te ha causado. Luego, cuando consigas tener caridad y benevolencia para con el prójimo, eliminarás de tu alma todo resto de pasión

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 89; 90. Cf. Nil Sorsky, Regla, V

La caridad une a aquellos que aman con Dios y a los unos con los otros

Talasio el Libio Talasio, Centurias, I, 1

El amor libera al alma de las enfermedades

Filemón Abba Filemón, Discurso muy útil sobre el Abba Filemón

Igual que no es posible cruzar el gran mar sin un barco, así tampoco puede nadie llegar al amor sin el temor. El mar nauseabundo que nos separa del paraíso espiritual no podemos atravesarlo más que en la nave del arrepentimiento, dirigido por los remeros del temor. Pero si estos remeros del temor no gobiernan la nave del arrepentimiento, con la que cruzamos el mar de este mundo para ir a Dios, somos engullidos en las aguas nauseabundas. El arrepentimiento es la nave. El temor es su piloto. Y el amor es el puerto divino

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 72

[El amor al prójimo] se extiende a todas las manifestaciones de la virtud

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Catequesis, I, 60-62. Cf. Gregorio Magno, Morales sobre Job, X, 6

El que ama a Dios, el que considera que no hay nada preferible a su amor y al amor al prójimo, ese conoce también las profundidades de Dios y los misterios de su Reino, como debe conocer aquel que es conducido por el Espíritu divino

Nicetas Stéthatos Nicetas Stéthatos, Centurias, III, 80

Aléjate de [tu enfermedad] usando medicinas eficaces -las medicinas del amor y de la compasión- si te preocupas de cuidar de la salud de tu alma

Elías el Écdico Elías el Écdico, Antología, 32

La impasibilidad no consiste en hacer morir la parte apasionada, sino en traerla del mal al bien, en dirigirla en su misma constitución hacia las cosas divinas tras apartarla completamente del mal y volverla hacia el bien. Para nosotros, el hombre impasible es aquel que ya no posee ningún mal hábito y es rico en buenos hábitos; el que está calificado por sus virtudes, como la gente apasionada lo está por sus malos placeres; el que ha sometido sus apetitos irascible y concupiscible, que constituyen juntos la parte apasionada del alma, a las facultades de conocimiento, de juicio y de raciocinio de esta misma alma, igual que la gente apasionada somete su razón a las pasiones. Pues lo que engendra las pasiones abominables es el mal uso de las potencias del alma... Pero si nos servimos convenientemente de ellas..., practicaremos las virtudes correspondientes con ayuda de la parte apasionada del alma, que actuará en conformidad con la meta que Dios le propuso al crearla; con el elemento concupiscible abrazaremos la caridad; con el elemento irascible asumiremos la paciencia. El hombre impasible, por tanto, no será el que haya hecho morir la parte apasionada de su alma (pues entonces no habría en él impulso ni acción para adquirir un estado divino, ni relaciones con Dios, ni disposiciones divinas del espíritu), sino aquel que la haya sometido, a fin de que, por obediencia al espíritu, que por naturaleza posee la preeminencia, se dirija, como conviene, a Dios y tienda hacia Dios

Gregorio Palamas Gregorio Palamas, Triadas, II, 2, 19; 22; 24

¿Qué es lo que hace a los hombres verdaderamente vivientes, si no es la caridad?

Nicolás Cabasilas Nicolás Cabasilas, La vida en Cristo, VII, 108

Soportaos unos a otros en el amor, haciendo lo posible para conservar el vínculo de la paz

Pablo Apóstol Ef 4, 2

Como Él es, así también somos nosotros en este mundo: en esto el amor es perfecto en nosotros

Juan el Evangelista 1 Jn 4, 17

Está escrito: a quien tiene, se le añadirá más...; al conocimiento, la caridad

Clemente de Alejandría Clemente de Alejandría, Stromata, VII, 10, en PG 9, 480A; 481A

La caridad de muchas personas es con frecuencia desordenada; lo que se debe amar en primer lugar, lo aman en segundo lugar; y lo que se debe amar en segundo lugar, lo aman primero

Orígenes Orígenes, Homilías sobre el Cantar de los Cantares, II, 8

Quien se conoce a sí mismo, conoce a las otras criaturas... Quien sabe amarse a sí mismo, ama también a los demás

Antonio el Grande Antonio el Grande, Cartas, IV, 7

[Los santos] están absoluta y totalmente orientados [hacia Cristo]

Macario de Egipto Macario de Egipto, Homilías, colección II, V, 6; 9; 12; IX, 10

[Hemos de servir a nuestros hermanos] considerando que prestamos este servicio al Señor mismo

Basilio de Cesarea Basilio de Cesarea, Pequeñas reglas, 160

[La caridad es] el término de la praxis

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Tratado práctico, 84; Talasio, Centurias, IV, 57

Mirad qué útil es la limosna... enseguida las almas se unen

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre la Epístola a Tito, VI, 3

Basados en la perfección de esta caridad, nos elevaremos necesariamente a un grado todavía más excelente y más sublime, que es el temor de amor. Este no nace del miedo al castigo y del deseo de la recompensa, sino de la grandeza misma del amor. Es esta mezcla de respeto y de cariño atento que un hijo tiene por un padre lleno de indulgencia, el hermano por su hermano, el amigo por su amigo, la esposa por su esposo. No teme los golpes ni los reproches; lo que teme es herir al amor, ni aun con la herida más ligera. En todos los actos, hasta en todas las palabras, la vemos constantemente tenida a raya por la ternura, por miedo a que el fervor del amor se entibie respecto a él por poco que sea

Juan Casiano Juan Casiano, Conferencias, XI, 13

Tengamos, pues, por suprema y perpetua alegría primero el temor de Dios; y luego la caridad, que cumple la ley de la perfección en Cristo

Diádoco de Fótice Diádoco de Fótice, Cien Capítulos gnósticos, 16 (cf. 17)

La caridad es asiduidad junto a Dios en una acción de gracias perpetua

Isaías de Escete Apotegmas, Arm II, 365 (33)

A quien posee el amor verdadero, ‘el amor perfecto’, como dice san Juan, este amor le conduce al temor perfecto. Pues teme y guarda la voluntad de Dios... porque, habiendo gozado de la dulzura de estar con Dios, como hemos dicho, teme perderla, teme verse privado de ella

Doroteo de Gaza Doroteo de Gaza, Instrucciones espirituales, IV, 47

La señal de la suprema mansedumbre es conservar un corazón lleno de serenidad y de caridad respecto a quien nos ha ofendido, incluso en su presencia

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, VIII, 3 (encontramos una definición casi idéntica en XXIV, 2: «La mansedumbre es un estado inmutable del espíritu (νούς), que permanece siempre el mismo tanto en los honores como en las humillaciones»); XXIV, 3; VIII, 17

Si la potencia irascible está constantemente perturbada..., el remedio es la bondad, beneficencia, la caridad y la misericordia

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, I, 66; II, 70

La caridad... engendra la iluminación del conocimiento

Talasio el Libio Talasio, Centurias, IV, 60

Es compasivo quien en su espíritu no hace distinción entre unos y otros, sino que tiene piedad de todos

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 56; 43

Nosotros, fieles, debemos considerar a todos los fieles como un solo ser

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Capítulos teológicos, gnósticos y prácticos, III, 3

La caridad es paciente

Pablo Apóstol 1 Cor 13, 4

Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único

Juan el Evangelista Jn 3, 16

El conocimiento termina en la caridad

Clemente de Alejandría Clemente de Alejandría, Stromata, VII, 10, en PG 9, 480A; 481A

Somos todos de una única y misma esencia, miembros los unos de los otros, de modo que amémonos profundamente unos a otros

Antonio el Grande Antonio el Grande, Cartas, IV, 9

[Los santos] no tienen ansiosamente ante los ojos otra cosa que no sea el propio Cristo

Macario de Egipto Macario de Egipto, Homilías, colección II, V, 6; 9; 12; IX, 10

El amor de Dios no se enseña

Basilio de Cesarea Basilio de Cesarea, Grandes reglas, 2

[Es caritativo] el que se considera uno con todos por su costumbre de verse a sí mismo en todos

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Tratado de la oración, 125

Ella es quien reúne en un solo cuerpo a los miembros de Jesucristo

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre la Epístola a Tito, VI, 3

Los oráculos proféticos invitan a este temor no a los pecadores, sino a los santos: ‘Temed al Señor, todos vosotros, sus santos, pues nada les falta a aquellos que lo temen’ (Sal 33, 10). Tan cierto es que nada le falta a la perfección de quien teme al Señor con este temor... También habla el profeta del temor de amor cuando describe al Espíritu septiforme que sin duda descendió sobre el hombre-Dios, según la economía de la Encarnación: ‘Sobre él descansará el Espíritu del Señor: Espíritu de sabiduría y de inteligencia, Espíritu de consejo y de fuerza, Espíritu de ciencia y de piedad’ (Is 11,2), y luego al final, como la coronación de todos estos dones: ‘Y el Espíritu de temor del Señor lo llenará’ (Is 11, 3). Sobre esto hay que considerar ante todo que no dice: ‘El Espíritu de temor del Señor descansará sobre él’, como había hecho acerca de los otros dones, sino: ‘El Espíritu de temor del Señor lo llenará’. En efecto, este Espíritu se derrama con tal abundancia que, cuando se apodera de un alma, no la posee solo en parte, sino entera. Es lógico. Al ser uno con la caridad que no pasará jamás, no solo llena, sino que posee inseparablemente y para siempre a aquel de quien se ha apoderado... Así es el temor de los perfectos, del que se ha dicho que se llenó el hombre-Dios, que no había venido solo para rescatarnos, sino que debía también darnos en su persona el prototipo de la perfección y el ejemplar de las virtudes

Juan Casiano Juan Casiano, Conferencias, XI, 13

El amor perfecto pertenece a aquellos que han sido ya purificados

Diádoco de Fótice Diádoco de Fótice, Cien Capítulos gnósticos, 16

Imaginad un círculo... Imaginad que ese círculo es el mundo; el centro del círculo es Dios, y los radios son los diferentes caminos o maneras de vivir los hombres. Cuando los santos, deseando aproximarse a Dios, van hacia el centro del círculo, a medida que penetran en su interior van aproximándose a la vez unos a otros cuanto más se van acercando a Dios. Y entendéis perfectamente que lo mismo pasa a la inversa, cuando se aleja de Dios retirándose hacia el exterior: es, pues, evidente, cuanto más se aleja de Dios más se alejan los unos de los otros, y cuanto más se alejan los unos de los otros más se alejan también y a la vez de Dios. Tal es la naturaleza de la caridad. En la medida en que estamos en el exterior y no amamos a Dios, en esa misma medida nos alejamos del prójimo. Pero si amamos a Dios, tanto nos aproximamos a él por la caridad para con él cuanto estamos unidos a la caridad del prójimo, y tanto estamos unidos al prójimo cuanto lo estamos a Dios

Doroteo de Gaza Doroteo de Gaza, Instrucciones espirituales, VI, 78

(La mansedumbre es) la madre de la caridad

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXIV, 1; 5; XXV, 12

Cuando logres la caridad y la benevolencia hacia el prójimo, eliminarás de tu alma todo rastro de pasión

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 90; IV, 12

El que ama a todos los seres de la misma manera... ha llegado a la perfección

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 56; 43

Debemos pensar que en ellos [los hombres] habita Cristo

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Capítulos teológicos, gnósticos y prácticos, III, 3 (cf., III, 96: «considerando cada uno a su hermano y su prójimo como su Dios»); Himnos, XV, 209

[La caridad] está llena de bondad

Pablo Apóstol 1 Cor 13, 4

Sabemos que amamos a los hijos de Dios cuando amamos a Dios y practicamos sus mandamientos

Juan el Evangelista 1 Jn 5, 2

[Todos los hombres tienen la misma esencia espiritual:] quien peca contra el prójimo, peca contra sí mismo; quien lo perjudica se perjudica a sí mismo; quien hace bien a su prójimo, se lo hace a sí mismo

Antonio el Grande Antonio el Grande, Cartas, IV, 7

[Los santos] se liberan de todo amor del mundo y rompen todo lazo terrestre para ser capaces de no poseer constantemente más que ese solo deseo en su corazón y no mezclar con él cualquier otra cosa

Macario de Egipto Macario de Egipto, Homilías, colección II, V, 6; 9; 12; IX, 10

[Podemos] permanecer adheridos al recuerdo [de Dios] como los niños al de sus madres

Basilio de Cesarea Basilio de Cesarea, Grandes reglas, 2. La misma imagen es usada también por Juan Clímaco, Escala, XXX, 12

Es monje el que se considera uno con todos, por la costumbre de verse a sí mismo en cada uno

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Tratado de la oración, 125

No os extrañéis de que lo propio del hombre sea ser caritativo, pues es lo propio de Dios

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre 2 Timoteo, VI, 3; Homilías sobre 2 Corintios, XVI, 4; Comentario a san Mateo, LIII, 5

Quien se ama a sí mismo no puede amar a Dios, y quien no se ama a sí mismo... ese ama a Dios

Diádoco de Fótice Diádoco de Fótice, Cien Capítulos gnósticos, 12

En la medida en que desaparece la caridad, aparece el miedo

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXX, 10

Vence al odio con la caridad

Máximo el Confesor Doroteo de Gaza, Sentencias, III, 202

[Dios] se regocija al ver que alguien da reposo a su imagen y la venera a causa de Él

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 5

[San Simeón Estudita] miraba a todos los bautizados como si fueran Cristo

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Capítulos teológicos, gnósticos y prácticos, III, 3; Himnos, XV, 209

Soportaos unos a otros en la caridad

Pablo Apóstol Ef 4, 2

El amor de Dios llega verdaderamente a su plenitud en aquel que guarda Su palabra. Esta es la prueba de que estamos en Él

Juan el Evangelista 1 Jn 2, 5

Quien sabe amarse a sí mismo, ama también a los otros

Antonio el Grande Antonio el Grande, Cartas, IV, 7

[Si alguno queda lejos del reino] se debe a que no quiere arriesgarse a negarse a sí mismo, que ama algo a la par y al nivel de Dios, conserva cierto aprecio por algunos placeres y concupiscencias de este mundo, y no dirige todo su amor hacia el Señor siempre que se halle al alcance de sus capacidades, de su libre elección y su voluntad

Macario de Egipto Macario de Egipto, Homilías, colección II, V, 6; 9; 12; IX, 10

Por su misma naturaleza un alma sana experimenta tal sentimiento [el amor a Dios]

Basilio de Cesarea Basilio de Cesarea, Pequeñas reglas, 212

El papel de la caridad es comportarse respecto a cualquier imagen de Dios más o menos de la misma manera que respecto al Arquetipo

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Tratado práctico, 89

[La paciencia sin caridad podría] llevar al rencor

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre 1 Corintios, XXXIII, 1

[La caridad, en su plenitud,] revela que la imagen ha alcanzado plenamente la belleza de aquel a quien se asemeja

Diádoco de Fótice Diádoco de Fótice, Cien Capítulos gnósticos, 89

[Quien está] lleno de caridad... no siente temor

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXX, 10

¿Cómo domeña la caridad a la ira?

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Discurso ascético, 20; Cipriano de Cartago, Del beneficio de la paciencia, 15

Es hermoso y digno de alabanza el amor al prójimo, si la preocupación que ponemos en él no nos distrae del amor a Dios

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 73

Si amas a Dios de manera auténtica y permaneces en su amor, ninguna pasión te dominará nunca, ni la prisión del cuerpo te someterá a su merced; pues, así como el cuerpo no puede ya moverse hacia nada sin el alma, el alma unida a Dios por el amor no podrá nunca ser arrastrada hacia los placeres y los apetitos de cuerpo, ni tampoco hacia nada visible ni aun invisible, sea objeto o pasión, porque el sublime amor de Dios tiene sujeto el ímpetu de su corazón o, mejor dicho, toda la fuerza de su voluntad

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Catequesis, XXV, 109-121 (cf. I, 80-82)

La caridad es paciente, está llena de bondad; la caridad no es envidiosa; la caridad no se jacta, no se hincha de orgullo, no hace nada deshonesto, no busca su interés, no se irrita, no lleva cuentas del mal, no se alegra de la injusticia, se alegra de la verdad; disculpa todo, cree todo, soporta todo

Pablo Apóstol 1 Cor 13,4-6

Porque el amor consiste en guardar sus mandamientos

Juan el Evangelista 1 Jn 5, 3

Somos todos de una misma esencia

Antonio el Grande Antonio el Grande, Cartas, IV, 9

Cuando un alma se eleva hacia el Señor, dirige a él todo su amor, se adhiere con todas sus fuerzas solo a él... se niega a sí misma, no sigue más las apetencias de su espíritu...; al contrario, se entrega totalmente a la palabra del Señor, se aparta, en cuanto es posible, de su propia voluntad, de todo lazo visible y se abandona sin reservas al Señor

Macario de Egipto Macario de Egipto, Homilías, colección II, V, 6; 9; 12; IX, 10

Lo que nos enseña a amar a Dios no es una enseñanza exterior. En la naturaleza misma del ser vivo -estoy hablando del hombre- encuentro inserido como un germen que contiene en sí el principio de esta aptitud para amar. A la escuela de los mandamientos de Dios le pertenece recoger este germen y desarrollarlo con la gracia divina

Basilio de Cesarea Basilio de Cesarea, Grandes reglas, 2. La misma imagen es usada también por Juan Clímaco, Escala, XXX, 12

Dichoso el monje que tiene a todos los hombres por Dios junto a Dios

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Tratado de la oración, 123

La caridad es lo que hace que descienda entre nosotros el Hijo amado de Dios

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilía sobre la perfecta caridad, 1

La caridad une el alma a las virtudes mismas de Dios

Diádoco de Fótice Diádoco de Fótice, Cien Capítulos gnósticos, 1. Cf. Clemente de Alejandría, Qué rico puede salvarse. 27

[El humilde verdadero es] aquel que, cuando otro le ofende, no deja que su caridad para con él se reduzca

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXV, 3. Cf. Apotegmas, serie alfabética, Matoes, 2

Porque le corresponde ser misericordiosa y hacer el bien al prójimo, ser paciente con él y soportar todo lo que nos hace sufrir... Con estos medios la caridad domeña a la ira en quien la ha adquirido

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Discurso ascético, 20; Cipriano de Cartago, Del beneficio de la paciencia, 15

Es dulce la relación que tenemos con nuestros hermanos espirituales, si al mismo tiempo podemos conservar la relación que nos une a Dios

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 73

La caridad no hace ningún mal al prójimo; la caridad es, por tanto, el cumplimiento de la Ley

Pablo Apóstol Rom 13, 10

Si alguno dice ‘yo amo a Dios’ y odia a su hermano, es un mentiroso; pues quien no ama a su hermano a quien ve no puede amar a Dios a quien no ve. Y nosotros hemos recibido de él este mandamiento: que el que ama a Dios ame también a su hermano

Juan el Evangelista 1 Jn 4, 20-21

Así que amémonos profundamente unos a otros; en efecto, el que ama a su prójimo, ama a Dios; y el que ama a Dios, se ama a sí mismo

Antonio el Grande Antonio el Grande, Cartas, IV, 9

Solo obtendrá y poseerá su alma y la caridad del Espíritu celestial aquel que se vuelve extranjero a todas las cosas de este siglo para entregarse a la búsqueda del amor de Cristo

Macario de Egipto Macario de Egipto, Homilías, colección II, V, 6; 9; 12; IX, 10

[La caridad constituye para el hombre] una regla de salud

Basilio de Cesarea Basilio de Cesarea, Pequeñas reglas, 172

La caridad es hija de la impasibilidad

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Tratado práctico, 81 (cf. prólogo, 8)

[Los santos actúan] como si el género humano no fuera más que una sola persona

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Comentario al salmo 9, 8

[En el amor] no dejaremos nunca de progresar, en el siglo presente o en el siglo futuro

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXVI, 38. Cf. Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 100

Tu hermano ha sido para ti una ocasión de dificultad y la tristeza te ha conducido al odio. No te dejes vencer por el odio, sino vence al odio por medio de la caridad. Y he aquí cómo: rogando a Dios sinceramente por él

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, IV, 12; III, 90; III, 13. Cf. Evagrio Póntico, A los monjes, 14

Nadie puede mantener juntos el amor de Dios y el deseo del mundo

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 4

Llevad las cargas unos de otros, y así cumpliréis la ley de Cristo

Pablo Apóstol Gal 6, 2

[El amor] es de Dios

Juan el Evangelista 1 Jn 4, 7

[El hombre lleva] la ley del amor depositada en [su] naturaleza

Antonio el Grande Antonio el Grande, Cartas, I, 1

[El hombre no es capaz de amar de verdad a Dios y al prójimo espontáneamente, sino] gracias a un largo combate

Macario de Egipto Macario de Egipto, Capítulos parafraseados, 13

Por la impasibilidad habéis adquirido todos la caridad

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Cartas, 61 (cf. Tratado para el monje Eulogio, 23)

[El amor de Dios y el amor del prójimo están] unidos y juntos como los eslabones de una cadena

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Comentario sobre san Juan, LXXVII, 1

La caridad es ante todo el rechazo de todo pensamiento inicuo, porque la ‘caridad no piensa mal’ (1 Cor 13, 5)

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXX, 8-9

El primer tipo de temor lo expulsa del alma la caridad perfecta que, si se posee, ya no teme el castigo

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, I, 82

No hay otro camino para el amor espiritual

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 1

Dios prueba su amor por nosotros en que, cuando éramos todavía pecadores, Cristo murió por nosotros

Pablo Apóstol Rom 5, 8

Nosotros sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida porque amamos a nuestros hermanos

Juan el Evangelista 1 Jn 3, 14

[La naturaleza del hombre conserva] la bondad original que forma parte de ella en su primera creación

Antonio el Grande Antonio el Grande, Cartas, I, 1

Por el esfuerzo y la tensión, la vigilancia y el combate, llegamos a ser capaces de adquirir el amor de Dios, ese amor que la gracia y el don de Cristo forman en nosotros

Macario de Egipto Macario de Egipto, Capítulos parafraseados, 11 (cf. 13); Homilías, colección II, V, 12

El amor de este mundo es enemigo de Dios (cf. Sant 4,4). Si nuestro Dios es amor (1 Jn 4, 8)... se sigue que el amor de este mundo malvado es enemigo de la caridad. Por tanto, no es posible adquirir la caridad si no odiamos el mundo

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Cartas, 60

Es ella [la caridad] la que hace que el hombre sea hombre. Y no os sorprendáis que sea propio del hombre el ser caritativo, puesto que es lo propio del mismo Dios

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Comentario sobre san Mateo, LII, 5

La caridad y la impasibilidad... no se distinguen más que en el nombre

Juan Clímaco

Este temor (de Dios) engendra... la impasibilidad, madre de la caridad

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, I, 81

Rezamos para adquirir el amor de Dios. Porque en la oración hallamos los motivos para amar a Dios

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 35

Seguid el camino del amor a ejemplo de Cristo, que os amó

Pablo Apóstol Ef 5, 2

Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros

Juan el Evangelista 1 Jn 4, 12

El monje adquirirá esta caridad gracias a esa oración

Macario de Egipto Macario de Egipto, Homilías, colección II, LVI, 6; XL, 2

La caridad cura el elemento irascible

Evagrio Póntico Cf. Evagrio Póntico, Cartas, 19; Tratado práctico, 38

[El amor] es el remedio de nuestras faltas

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre la Epístola a Tito, VI, 3. Cf. Homilías sobre la segunda Carta a Timoteo, II, 1

El tiempo y la práctica de la oración revelan el amor del monje a Dios

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXVIII, 36; XVIII, 8

La caridad suprime el orgullo

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, IV, 61

De la oración pura nace el amor a Dios

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 35

Cristo es todo en todos

Pablo Apóstol Gal 3, 28

El que permanece en el amor permanece en Dios y Dios permanece en él

Juan el Evangelista 1 Jn 4, 16

De ella [la oración] procede, en quienes son considerados dignos... la unión de sus disposiciones interiores con el Señor en una caridad inefable

Macario de Egipto Macario de Egipto, Homilías, colección II, LVI, 6; XL, 2

Las pasiones del alma son suprimidas por el amor espiritual

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Tratado práctico, 35

[La caridad] reúne a todos los hombres en un solo cuerpo

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilía sobre la perfecta caridad. Cf. Máximo el Confesor, Cartas, 2

A la manera como el crisol prueba el oro así la práctica de la oración es la prueba del celo del amor de los monjes a Dios

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXVIII, 36; XVIII, 8

La impasibilidad produce el amor perfecto

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, IV, 91 (cf. 1, 2); II, 30 (cf. IV, 42; 92)

[Si el hombre] no persevera en la oración, conversando con Dios y pasando por todas las formas sucesivas de oración... no sentirá el amor

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 35

[Dios quiere] que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad

Pablo Apóstol 1 Tim 2, 4

Dios es amor

Juan el Evangelista 1 Jn 4, 16

[Que] el hombre pida constantemente al Señor engendrarlo [el amor] en su corazón, haciéndole crecer y progresar cada día por la gracia en el continuo e incesante recuerdo de Dios

Macario de Egipto Cf. Macario de Egipto, Homilías, colección II, LVI, 3

La acción de los mandamientos no basta para curar por completo las potencias del alma si no se suceden en el espíritu las contemplaciones que se corresponden con ellas

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Capítulos gnósticos, I, 50; 87

Quien ha llegado a la cima de la impasibilidad posee la caridad perfecta

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, IV, 91 (cf. 1, 2); II, 30 (cf. IV, 42; 92)

El amor de Dios procede por tanto de la relación que se mantiene con él [en la oración]

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 35

La caridad no muere jamás

Pablo Apóstol 1 Cor 13, 8

Es conforme a la naturaleza del alma creada por Dios el que le ame

Macario de Egipto Macario de Egipto, Homilías, colección II, LVI, 3

La praxis es el método espiritual que purifica la parte apasionada del alma

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Capítulos gnósticos, I, 50; 87

Muchos han hablado de la caridad, y abundantemente. Pero, si tú la buscas, no la encontrarás más que en los discípulos de Cristo, los únicos que tienen por maestro de caridad a la Caridad verdadera, de la que se ha dicho: ‘Aunque tuviera el don de profecía, y contemplara todos los misterios y poseyera todo conocimiento, si no tengo caridad, no soy nada’ (1 Cor 13, 2)

Máximo el Confesor

La compasión, cuando se encuentra en tu corazón, es en ti el icono de la santa beldad a cuya semejanza has sido creado

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, I («compasión» es el nombre que san Isaac da con frecuencia a la caridad)

Aunque tenga... el conocimiento de todos los misterios y todo el conocimiento..., si no tengo caridad, no soy nada

Pablo Apóstol 1 Cor 13, 2

Todo el esfuerzo y el trabajo de los Padres, y el del mismo Señor, tienden a esto: que todos los hombres conozcan a Dios

Macario de Egipto

La praxis y la contemplación no existen la una sin la otra

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Tratado práctico, 78-79. Cf. Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, II, 5. Orígenes, Fragmentos sobre Cucas, 72

[La caridad] resume en un principio universal lo que tienen de parcial los mandamientos que Dios se complace en reunir en ella según un tipo único, y que su Providencia distribuye a partir de ella de múltiples maneras

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cartas, 2. Cf. Máximo el Confesor, Discurso ascético, 6

El hombre compasivo es el médico de su alma. Como bajo un viento violento expulsa de su interior las tinieblas de las pasiones

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 34

La caridad es la puerta del conocimiento natural

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Tratado práctico, prólogo, 8

[Se trata de] adorar sin cesar a Dios por esta hermosa filautía (la filautía espiritual)

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, prólogo

Cuando llegamos al amor hemos llegado a Dios

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 72

La caridad [cura] la parte irascible del alma, y la castidad la parte desiderativa

Evagrio Póntico

[En la filautía-pasión, el hombre es] amante de sí mismo contra sí mismo

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, prólogo

En lugar de la filautía perversa, tendremos la filautía espiritual...; entonces no dejaremos de adorar a Dios con esta hermosa filautía, buscando siempre en Dios la verdadera sustancia del alma. Aquí radica la adoración auténtica, verdaderamente agradable a Dios: el cuidado atento que ponemos en la práctica de las virtudes

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, prólogo

Los amigos de Cristo aman sinceramente a todos los hombres

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, IV, 98

Haz lo posible por amar a todos los hombres

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, IV, 82; Cartas, 2; Centurias sobre la caridad, I, 17; 61; 71

Una solicitud total por la totalidad del género humano

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, IV, 82; Cartas, 2; Centurias sobre la caridad, I, 17; 61; 71

Bienaventurado el hombre capaz de amar a todos los hombres por igual

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, IV, 82; Cartas, 2; Centurias sobre la caridad, I, 17; 61; 71

La caridad perfecta no admite entre todos los hombres... ninguna distinción basada en la diferencia de características... Ama igual a todos los hombres, los buenos a título de amigos, los malos a título de enemigos, para hacerles bien, soportarlos, aguantar con paciencia lo que recibe de ellos, negándose obstinadamente a ver en ello maldad, y llegando incluso a sufrir por ellos si se presenta la ocasión

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, IV, 82; Cartas, 2; Centurias sobre la caridad, I, 17; 61; 71

No tiene aún caridad perfecta aquel cuyas disposiciones cambian en función de las del prójimo; que, por ejemplo, ama a este y detesta a aquel por cualquier nadería, o bien hoy ama y mañana detesta a la misma persona por los mismos motivos

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, I, 70; II, 10; IV, 95; 98

Detestas a uno; a otro ni lo amas ni lo odias; a este lo amas, pero moderadamente; a aquel lo amas intensamente... En estas diferencias reconoces que te hallas lejos de la caridad perfecta, que se propone amar a todos los hombres por igual

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, I, 70; II, 10; IV, 95; 98

Debemos amar a todos los hombres con toda nuestra alma

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, I, 70; II, 10; IV, 95; 98

Los amigos de Cristo perseveran hasta el final en su amor

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, I, 70; II, 10; IV, 95; 98

[Por caridad] el propio autor de nuestra naturaleza... revistió nuestra naturaleza

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cartas, 2

‘Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian, rezad por los que os calumnian’ (Mt 5, 44). ¿Por qué da el Señor estos preceptos? Para arrancarte del odio, de la amargura, de la ira, del rencor; para hacerte digno de este bien supremo que es el amor perfecto, un bien que no podemos poseer mientras no amemos por igual a todos los hombres, a ejemplo de Dios, que ama por igual a todos los hombres y ‘quiere que todos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad’ (1 Tim 2, 4)

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cartas, 2

Nuestro Señor Jesucristo, mostrando el amor que nos tiene, sufrió por toda la humanidad y dio la esperanza de la resurrección a todos por igual, aunque cada uno, por sus obras, atraiga sobre él la gloria o el castigo

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, I, 61; 71

La caridad perfecta no admite ninguna distinción basada en la diferencia de características entre todos los hombres, que tienen la misma naturaleza. No ve jamás sino esta única naturaleza y ama igualmente a todos los hombres

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, I, 71; II, 30; Cartas, 2

[La caridad consiste en honrar a todos los hombres] como lo exige la idea de la naturaleza, que prescribe un honor igual y excluye de la naturaleza cualquier desigualdad que estableciera el espíritu para con uno u otro, pues los incluye a todos como idénticos

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, I, 71; II, 30; Cartas, 2

Aquel que... posee la caridad perfecta ya no hace diferencias entre él mismo y el otro, esclavo y hombre libre, hombre y mujer... En los hombres ya no ve más que su única naturaleza: los ve a todos en un plano de igualdad, experimenta los mismos sentimientos hacia todos

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, I, 71; II, 30; Cartas, 2

[Abrahán, por la caridad, fue elevado hasta Dios] abandonando la particularización de lo que está dividido y puede ser dividido, dejando de tener a ningún hombre como distinto de él mismo, sino considerando a uno como todos y a todos como uno

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, I, 71; II, 30; Cartas, 2

Quien posee la caridad perfecta, ya no hace diferencia entre él y el otro, esclavo y hombre libre, hombre y mujer

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, II, 9

[La caridad no es,] distinta y separadamente, esta para con Dios y aquella para con el prójimo, sino única e idéntica a sí misma en su totalidad, debida a Dios

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cartas, 2

Quien ama a Dios, inevitablemente ama a cada hombre como a sí mismo

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, I, 13; 23

Quien ama a Dios ama también a su prójimo sin reserva

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, I, 13; 23

‘Aquel que me ama guardará mis mandamientos’, dice el Señor (Jn 14, 15). Pues bien, ‘mi mandamiento es éste: que os améis los unos a los otros’ (Jn 15, 12). Por tanto, quien no ama a su prójimo no guarda el mandamiento, y el que no guarda el mandamiento no podrá amar al Maestro

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Discurso ascético, 7

Quien alberga en su corazón una brizna de enemistad hacia alguien por cualquier ofensa, es completamente ajeno al amor de Dios

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, I, 15-16

La caridad nace de la impasibilidad

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, I, 2 (cf II, 30; IV, 91). Cf. asimismo Nicetas Stéthatos, Centurias, II, 1

No te ames a ti mismo y amarás a Dios

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, II, 37

Llegar a la posesión habitual de [la] caridad es imposible mientras se mantenga una relación pasional con alguna de las cosas terrenas

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, I, 1 (cf. 72; 75); II, 1; Discurso ascético, 6

Nadie puede amar en verdad a Dios y al prójimo si no renuncia a toda adhesión a las cosas del mundo. En verdad, es absolutamente imposible entregarse absolutamente a las cosas materiales y a la vez amar a Dios. Es lo que ha dicho el Señor: ‘Nadie puede servir a dos señores’ (Mt 6, 24)

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, I, 1 (cf. 72; 75); II, 1; Discurso ascético, 6

No ama a Dios aquel que guarda su espíritu apegado a cualquier objeto terreno

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, I, 1 (cf. 72; 75); II, 1; Discurso ascético, 6

[La mayoría de los motivos del amor está] viciada por la pasión y lejos, por tanto, de la verdadera caridad

Máximo el Confesor Cf. Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, II, 9

Las pasiones grabadas en su alma [la del que no es impasible] oscurecen su juicio

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, IV, 92

Todas las virtudes ayudan al espíritu al amor por Dios, pero más que las demás, la oración pura

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, I, 11

El que ama sinceramente a Dios ora también absolutamente sin distracción, y el que ora sin ninguna distracción ama también sinceramente a Dios

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, II, 1 (cf. 7)

Ella sola [la caridad] hace ver que el hombre es a imagen del Creador

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cartas, 2

[Hay que] tener plenamente orientados hacia lo divino [las pasiones y los pensamientos]

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, I, 8; Cuestiones a Talasio, prólogo

Pasión de amor censurable es aquella que ocupa el espíritu en las realidades materiales; pasión de amor loable, la que lo entrega a las realidades divinas. Pues, de ordinario, cuando se detiene en un objeto el espíritu está cómodo y allí donde él está cómodo convergen su deseo y su amor; ya sea sobre las realidades divinas y espirituales que le son propias, ya sea sobre las realidades y las pasiones carnales

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, 55; Centurias sobre la caridad, III, 67-72

[Si el espíritu se ejercita largamente en abstenerse de los placeres y ocuparse de lo divino,] al final todo su deseo se tornará hacia lo divino

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, 55; Centurias sobre la caridad, III, 67-72

[El alma se sirve también] de su potencia irascible para defender amorosamente el objeto de sus búsquedas

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, 55

[La] caridad es el fruto de la reunión y unión de las potencias del alma -es decir, racional, irascible y concupiscible- juntas alrededor de las cosas de Dios

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, 49

[Las pasiones] se fortalecen por el uso desordenado de nuestras propias potencias: racional, irascible y concupiscible

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cartas, 2

Era necesario que la razón, en lugar de ignorarla, se orientase hacia Dios por la búsqueda exclusiva del conocimiento; que la concupiscible, por la de la filautía, dirigiera su deseo solo hacia Dios, que la irascible, vacía de tiranía, emprenda el combatir por Dios solo y que fuera creada la divina y bienaventurada caridad que se forma de ellos y por el que ellos son

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cartas, 2

El precepto de la caridad [es] el remedio que el Señor ha dado para la parte irascible del alma

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, I, 66. Cf. II, 47; 70 (en estos dos últimos capítulos la caridad también se define como «remedio»; IV, 22; 75; 80); Discurso ascético, 20

Si amamos sinceramente a Dios nuestra caridad misma supera nuestras pasiones

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 50. Cf. Discurso muy útil sobre Abba Filemón

Llegado a la caridad y a la benevolencia para con el prójimo eliminarás de tu alma toda traza de pasión

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 90. Cf. Talasio, Centurias, II, 39 (cf. I, 14)

Al eliminar la filautía por medio de la caridad, aquel que se muestra digno de Dios elimina al mismo tiempo la multitud de vicios que no tiene detrás de sí otro fundamento ni otra causa que los sustente

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cartas, 2. Cf. Centurias sobre la caridad, II, 8; 59; III, 57

Las pasiones que subyugan el espíritu y lo atan a los objetos materiales lo separan de Dios ocupándolo por completo con esos objetos. Pero si el amor de Dios toma la delantera rompe todos esos lazos

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, II, 3 (cf. 58)

[La caridad] reúne lo que está dividido, crea de nuevo al hombre en la unidad de pensamiento y de acción

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cartas, 2

Unificar por la verdadera fe y el amor espiritual a aquellos que el vicio ha arrojado en múltiples divisiones, ese es el designio de la providencia divina

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, IV, 17; Cartas, 2

[Por la caridad,] así como todos nosotros tenemos una misma naturaleza, así también podemos tener un mismo sentimiento y una misma voluntad en relación con Dios y de los unos con los otros, sin que nada ni nadie pueda apartarnos de Dios o a unos de los otros

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, IV, 17; Cartas, 2

Por ella [la caridad], cada uno se deshace deliberadamente de sí mismo apartándose de las nociones y de las peculiaridades que cada uno concibe aparte sobre sí mismo, y va a reunirse en una sola y única simplicidad e identidad por la que cada uno no posee ya nada que lo distinga de aquello que es común, sino en donde cada uno es para cada uno, todos para todos y para Dios más que los unos para los otros

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, IV, 17; Cartas, 2

[La caridad] iguala y nivela toda desigualdad y diferencia de sentimiento

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, IV, 17; Cartas, 2

[La caridad] conduce a esa laudable desigualdad por la que cada uno atrae hacia sí deliberadamente al prójimo y lo prefiere más que a sí mismo al nivel al que antes se sentía presionado a alejarse de él y a colocarse delante de él

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, IV, 17; Cartas, 2

Teniendo [en la caridad] una misma alma, los hombres conocen los corazones unos de los otros

Máximo el Confesor Ibid., 25

Quien posee la caridad posee a Dios

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cartas, 2

La caridad, es, pues, un gran bien, el primero de los bienes, el bien supremo; ella, que tiende a hacer aparecer a un hombre como el creador de los hombres por la exacta semejanza en el bien con Dios, en la medida en que esto es posible para un ser humano

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cartas, 2 (cf. Centurias sobre la caridad, III, 25). Cf. Juan Climaco, Escala, XXX, 7

Nada hay en realidad más deiforme que la caridad..., nada que eleve más a los hombres a la deificación

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cartas, 2 (cf. Centurias sobre la caridad, III, 25). Cf. Juan Climaco, Escala, XXX, 7

Ella [la caridad] une a Dios y hace que el que ama se asemeje a Dios

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cartas, 2; Ambigua, 41

[La caridad perfecciona la naturaleza humana hasta hacerla] aparecer en unidad e identidad con la naturaleza divina en la gracia

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cartas, 2; Ambigua, 41

De ellas y por ellas [las virtudes] se forma la gracia de la caridad que conduce, deificada, hacia Dios al hombre que él ha creado

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cartas, 2; Ambigua, 41

Me parece ser una sola y misma cosa alabaros, a Vos y a la virtud, y alabar a Dios que os concede el esplendor de la virtud que, por gracia, os deifica en Dios, haciendo desaparecer las marcas propias del hombre, a la vez que ella en vosotros hace a Dios hombre por condescendencia, dándoos asumir, en cuanto le es posible al hombre, las propiedades divinas

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cartas, 2; Ambigua, 41

[La caridad] es la puerta, y quien entra por ella penetra en el santo de los santos y se vuelve de tal modo que puede contemplar la inaccesible belleza de la santa y real Trinidad

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cartas, 2

La luz del sol atrae al ojo sano. Así también el conocimiento de Dios atrae de modo natural hacia él, por la caridad, al espíritu purificado

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, I, 32