Citas sobre pensamientos — 191 citas

Sobre pensamientos

No tenemos que luchar contra la carne y la sangre, sino contra los principados, contra las potestades, contra los príncipes de este mundo tenebroso, contra los espíritus malvados de los lugares celestiales

Pablo Apóstol Ef 6, 12

La fuerza y el principio de todo pecado son los malos pensamientos

Orígenes Orígenes, Comentario al salmo 20, 11, en PG 27, 129C

He conocido monjes que, después de muchos trabajos, han caído y llegado a la locura por haber contado con sus propias obras y por haber eludido mediante razonamientos falsos el mandamiento de quien dijo: ‘Pregunta a tu padre y él te informará’

Antonio el Grande Apotegmas, serie alfabética, Antonio 37

[Por no haber revelado su estado interior a un padre espiritual,] muchos han llegado al suicidio, uno arrojándose desde lo alto de una roca en un ataque de locura, otro abriéndose el vientre con un cuchillo, otros de distintas maneras. Pues es una gran falta no descubrir inmediatamente el propio mal a aquel que posee el conocimiento

Pacomio el Grande Primera vida de Pacomio, 96

Es preciso que toda la lucha del hombre se dirija contra sus pensamientos

Macario de Egipto Macario de Egipto, Homilías, colección II, VI, 3; LIII, 15. Cf. también Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, I, 91; IV, 50; Filoteo el Sinaíta, Cuarenta capítulos népticos, 1

No recibas el grano... Arranca el mal de raíz antes de que florezca, no vaya a ser que tu indolencia primera te procure más tarde tener que pensar mucho en hachas (Mt 3, 10) y fuego. Empieza por curar tus ojos enfermos en el tiempo oportuno, para no tener que buscar al médico cuando te hayas quedado ciego

Cirilo de Jerusalén Cirilo de Jerusalén, Catequesis bautismales, II, 3

El que no teme revelar sus pensamientos ante los Padres, los expulsa lejos de él

Ammonas

El que quiera realizar avances apreciables y vivir según los preceptos de nuestro Señor Jesucristo, no debe mantener oculto en su fuero interno ningún movimiento. Por el contrario, deberá descubrir los secretos de su corazón a aquellos que han recibido la misión de ocuparse de los enfermos con simpatía y comprensión

Basilio de Cesarea Basilio de Cesarea, Grandes reglas, 26; Apotegmas, en P. Evergetinos, Synagogé, Constantinopla 1861, 68, col. 1

Si quieres evitar una vida en común con el reptil, guárdate de la cabeza, es decir, del primer ataque del mal. A este se refiere el mandamiento figurado del Señor: ‘Él acechará tu talón y tú le acecharás la cabeza’ (Gn 3, 15)

Gregorio de Nisa Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Padrenuestro, IV, 6

Nada causa más alegría al enemigo que aquellos que no manifiestan sus pensamientos

Poemén Apotegmas, serie alfabética, Poemen, 103

¿Es la representación la que desencadena las pasiones, o son más bien las pasiones las que provocan la representación? Conviene reflexionar sobre esto. En efecto, unos opinan lo primero, otros lo segundo

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Tratado práctico, 37

Ninguna nación salvaje combate de modo tan encarnizado como los malos pensamientos que residen en el alma, como las pasiones alteradas... Es comprensible, pues esos primeros enemigos nos atacan desde fuera, y los segundos desde dentro. Pues bien, que los males interiores son más desastrosos y perniciosos que los que vienen de fuera es algo que observamos constantemente... Nada hay más fatal para la salud, para la fuerza del cuerpo, que las dolencias que se desarrollan en su interior; las ciudades sufren menos por la guerra extranjera que por sus disensiones internas; de igual modo, el alma no tiene que temer tanto las trampas que se le tienden en el mundo como las enfermedades cuyo germen ella misma ha proporcionado

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Comentario al salmo 4,12

Yo tenía en el alma una pasión que me dominaba. Al oír que Abba Zenón había curado a muchos de ella, quise ir a verle y abrirme a él... A menudo... acudía al Anciano para decírselo todo, pero el enemigo no me dejaba hablar, introduciéndome la vergüenza en el corazón y diciendo: ‘Puesto que sabes cómo curarte, ¿para qué hablar de ello? En efecto, no te descuidas, sabes lo que los Padres han dicho’. Esto es lo que me sugería el adversario para que no manifestara mi enfermedad al médico y no me curara... Finalmente, afligido y llorando, dije a mi alma: ‘¿Hasta cuándo, alma desgraciada, vas a persistir en no querer curarte? Los que viven lejos acuden al Anciano y son curados y a ti, que vives tan cerca del médico, ¿no te da vergüenza no hacerte cuidar?’

Padres del desierto Apotegmas, 509-510

[A los pensamientos,] déjalos entrar y lucha con ellos

José de Panefo Apotegmas, serie alfabética, José de Panefo, 3

Encomendemos sin escrúpulos a los Ancianos los pensamientos que nacen en nuestro corazón, a pesar del velo con el que desearía cubrirlos la falsa vergüenza

Juan Casiano Juan Casiano, Conferencias, II, 11; cf. Id., Instituciones cenobíticas, IV, 9

[La predisposición es] una reminiscencia involuntaria de malas acciones anteriores

Marcos el Monje Marcos el Monje, La ley espiritual, 140

[El que los demonios utilicen las facultades humanas para suscitar los pensamientos hace que] los sintamos todos como si provinieran del corazón

Diádoco de Fótice Diádoco de Fótice, Cien Capítulos gnósticos, 88

Si preguntas a un Anciano por un pensamiento, descúbrele el pensamiento con libertad

Isaías de Escete Abba Isaías, Asceticón, IV, 3

Si un pensamiento persiste y te declara la guerra, díselo a tu padre

Barsanufio de Gaza Barsanufio, Cartas, 215

No es necesario preguntar por todos los pensamientos que germinan en el corazón, pues los hay pasajeros. Se debe interrogar a propósito de los pensamientos que permanecen y luchan contra el hombre

Juan de Gaza Juan de Gaza, Cartas, 165

No hay que callar ciertas cosas y contar otras, sino revelarlo todo y pedir consejo en todo

Doroteo de Gaza Doroteo de Gaza, Instrucciones espirituales, V, 61

Aquel que oculta [sus malos pensamientos a su padre espiritual] se extravía al momento por desiertos sin camino

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, IV, 51

Los [demonios] que acosan sin cesar nuestra alma para hacerla caer en el pecado de pensamiento o de acción, se sirven de los pensamientos apasionados

Máximo el Confesor Cf. Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, II, 87

En todas las tentaciones, condénate a ti mismo como causante de que te sucedan

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 80

El que estos ocho pensamientos nos perturben o no nos perturben, forma parte de las cosas que no dependen de nosotros

Juan Damasceno Juan Damasceno, Discurso útil al alma

Igual que no es posible caminar por la tierra sin cortar el aire, así también es imposible que el corazón del hombre no sea continuamente atacado por los demonios o trabajado secretamente por ellos

Hesiquio de Batos Hesiquio de Batos, Capítulos sobre la vigilancia, 114

No existe otra vía segura de salvación, si no es que cada uno confiese sus propios pensamientos a aquellos Padres que están dotados de discernimiento

Teodoro Estudita Teodoro Estudita, Grandes Catequesis, ed. Papadopoulos-Kerameus, 176

Existe una guerra espiritual que llevan a cabo secretamente los espíritus del mal y que los enfrenta con el alma a través de los pensamientos. Como el alma misma es invisible, estas potencias malévolas, adaptándose a su naturaleza, lanzan contra ella esta guerra invisible. Y entre estas potencias y el alma podemos ver que hay armas, que se organiza una batalla, hay artimañas engañosas, una guerra terrible, combates arriesgados, y victorias y derrotas por las dos partes

Filoteo el Sinaíta Filoteo el Sinaíta, Cuarenta capítulos népticos, 7

¿Hay algo más luminoso que un alma entregada constantemente a este ejercicio? Quienes lo han experimentado saben qué esperanza, qué despreocupación y qué libertad adquieren. Y también qué ausencia de miedo..., qué alivio de las luchas, qué apaciguamiento de los pensamientos y, en fin, qué pureza de alma

Antonio Estudita Cit. por I. Hausherr, Direction spirituelle en Orient autrefois, 159

Como a Dios, dile [a tu padre espiritual] tus pensamientos... sin ocultar nada

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Himnos, IV, 27-28

La atención es el signo de la penitencia realizada..., es el desprendimiento de las pasiones..., es la certeza indudable del perdón de los propios pecados

Nicéforo el Solitario Nicéforo el Solitario, Tratado sobre la vigilancia y la custodia del corazón

Con el concurso de la oración, desprecia cualquier representación sensible o intelectual que surja de tu corazón

Gregorio el Sinaíta Gregorio el Sinaíta, Sobre la hesiquía y los dos modos de la oración, 9; 2. Cf. también Cómo debe comportarse el hesicasta en la oración

Apuesta, pues, esta guardia en tu alma y en tu cuerpo; ella te librará fácilmente de las malas pasiones del cuerpo y del alma

Gregorio Palamas Gregorio Palamas, Triadas, I, 2, 9

Si no es en el momento de la oración, sino en el transcurso de las indispensables ocupaciones de la vida cuando entran y permanecen en el alma [este tipo de] pensamientos, entonces semejante situación no tiene pecado; hasta los santos cumplieron dignamente y sin falta las obligaciones de la vida del cuerpo. Los Padres dicen que en todo pensamiento de este género nuestro espíritu, si se conserva en actitud piadosa, permanece unido a Dios

Nil Sorsky Nil Sorsky, Regla, 1

[Hay que aplicar la atención a la oración] permaneciendo sin imágenes ni figuras, sin imaginar ni pensar en nada, ni sensible ni intelectual, ni exterior ni interior, ni aun cuando se trate de algo bueno. Pues Dios está fuera de todo lo sensible y lo inteligible, por encima de todo ello; por lo tanto, el espíritu que quiere unirse a Dios por medio de la oración debe salir a la vez de lo sensible y de lo inteligible, superar todo esto para obtener la unión divina

Nicodemo el Hagiorita Nicodemo el Hagiorita, Enchiridion, 10

Trato con dureza mi cuerpo y lo tengo dominado

Pablo Apóstol 1 Cor 9, 27

Todos los pecados alcanzan primero al espíritu bajo la forma de los pensamientos

Orígenes Orígenes, Comentario al salmo 20, 11, en PG 27, 129C

Es una grave falta no declarar inmediatamente el mal a aquel que posee la ciencia sobre él, antes de que la enfermedad se vuelva crónica

Pacomio el Grande Primera vida de Pacomio, 96

Quien verdaderamente desea hacerse cristiano, debe entablar un combate no carnal, sino del espíritu, contra los pensamientos... Por medio de este combate podrá obtener la purificación

Macario de Egipto Macario de Egipto, Homilías, colección II, VI, 3; LIII, 15. Cf. también Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, I, 91; IV, 50; Filoteo el Sinaíta, Cuarenta capítulos népticos, 1

La fuerza del Espíritu, después de las tentaciones, añade a los santos más grandeza y una fuerza mayor

Ammonas Ammonas, Cartas, IX, 2; 3

[Hay que descubrir los secretos del corazón] a aquellos que han recibido la misión de curar a los enfermos

Basilio de Cesarea Basilio de Cesarea, Grandes reglas, 26

No confíes tu conciencia a aquel en quien tu corazón no tiene una confianza plena

Poemén Apotegmas, serie alfabética, Poemen, 80

Hace falta guerrear con método contra los adversarios

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Comentario a los Proverbios, XXIV, 6, en PG 17, 225

Quien oculta sus pensamientos enferma de orgullo

Padres del desierto Apotegmas, 592/50

Si [los pensamientos] entran, y tú luchas con ellos dando y recibiendo golpes, ellos te volverán más experimentado

José de Panefo Apotegmas, serie alfabética, José de Panefo, 3

Esta disciplina no solo enseñará... a marchar recto por el sendero del verdadero discernimiento...; se ganará también una verdadera inmunidad respecto a todas las artimañas y trampas del enemigo. Es imposible caer en la ilusión si uno no convierte en regla de su vida su propio juicio, sino los ejemplos de los Ancianos; y toda la destreza del demonio no prevalecerá contra la ignorancia de un hombre que es incapaz, por otra parte, de esconder por falsa vergüenza ninguno de los pensamientos que nacen en su corazón, sino que se encomienda a la madura apreciación de los Ancianos, para saber si debe admitirlos o rechazarlos

Juan Casiano Juan Casiano, Conferencias, II, 10

La pasión que ha conquistado un campo de operaciones con la complicidad de la voluntad, se despertará más tarde violentamente, incluso en aquel que ya no quiere tener nada que ver con ella

Marcos el Monje Marcos el Monje, De quienes piensan que están justificados por sus obras, 78; La ley espiritual, 139; 143; 180; De quienes piensan, 96; 111; 79; 78

Del mismo modo que los ojos de nuestro cuerpo, cuando están en buen estado, pueden verlo todo, hasta las moscas y los mosquitos que revolotean por el aire; pero, cuando se hallan velados y ven borroso..., si se presenta ante ellos objetos grandes, los ven confusamente, mientras que los pequeños ni siquiera los perciben; lo mismo ocurre con el alma: si disminuye mediante la atención la ceguera que le viene del amor al mundo, mira como muy grandes sus caídas más ligeras

Diádoco de Fótice Diádoco de Fótice, Cien Capítulos gnósticos, 27

El duelo es vigilancia perfecta; allí donde no hay duelo, no puede haber vigilancia

Isaías de Escete Abba Isaías, Asceticón, 30,4 B

El pensamiento que se demora en ti y te hace la guerra, cuéntaselo a tu padre y él te curará

Barsanufio de Gaza Barsanufio, Cartas, 215

La libertad, en lo referido a los pensamientos, es, para el que pregunta, descubrir completamente el pensamiento a aquel a quien se dirige, no ocultarle nada ni disfrazarlo de ningún modo por vergüenza, ni echar la culpa a otro, como suele ocurrir, sino hacerse cargo de él. En cambio, disimular el pensamiento perjudica

Juan de Gaza Juan de Gaza, Cartas, 375

Si un hombre no confiesa todo lo que hay en él..., el diablo descubrirá en él una voluntad propia que le permitirá derribarlo

Doroteo de Gaza Doroteo de Gaza, Instrucciones espirituales, V, 62-63

Al mostrar nuestras heridas..., [estas] no se agravan, sino que, por el contrario, se curan

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, IV, 2

De las pasiones ocultas en el alma reciben los demonios los medios para suscitar en nosotros los pensamientos apasionados. Luego, mediante estos pensamientos, asaltan el espíritu y lo empujan a la fuerza hacia una actitud de sumisión al pecado. Una vez dominado, lo conducen al pecado de pensamiento; después, realizado este pecado, lo precipitan... al pecado de acción

Máximo el Confesor Cf. Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, II, 87

El hombre, hasta su muerte, no puede no tener pensamientos

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 83

[El olvido, la negligencia y la ignorancia son] los tres gigantes extranjeros

Juan Damasceno Juan Damasceno, Discurso útil al alma

Cuando la mente... ha adquirido la costumbre incesante del combate que le permite reconocer verdaderamente los pensamientos..., entonces debe dejarlos entrar con conocimiento de causa y denunciarlos

Hesiquio de Batos Hesiquio de Batos, Capítulos sobre la vigilancia, 44

Sepan todos que, para alcanzar la salvación (comprendida la perfección), no existe un medio más eficaz y rápido que el de manifestar los pensamientos

Teodoro Estudita Teodoro Estudita, Grandes Catequesis, ed. Papadopoulos-Kerameus, 176

El que resiste desde el principio, es decir, desde la sugerencia... ha cortado por lo sano todas las infamias

Filoteo el Sinaíta Filoteo el Sinaíta, Cuarenta capítulos népticos, 36

Lo que podemos observar en las enfermedades del cuerpo sucede también en los males del alma: el médico proporciona sus cuidados y aplica su cura en el lugar que ha diagnosticado y visto bien con sus ojos. Pero el que se abandona a su propio capricho y actúa según sus propias ideas, sin dar a conocer a los padres la enfermedad de su alma mediante la manifestación de los pensamientos, atrae sobre él el lamentable veredicto: ‘¡Ay de los que son sabios a sus propios ojos y se tienen a sí mismos por inteligentes!’ (Is 5,21)

Antonio Estudita Cit. por I. Hausherr, Direction spirituelle en Orient autrefois, 159

El hombre ha recibido el poder de no realizar el mal, pero no el de que no se le ocurra

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Capítulos teológicos, gnósticos y prácticos, III, 131

La atención es despojarse de las pasiones para revestirse de las virtudes

Nicéforo el Solitario Nicéforo el Solitario, Tratado de la vigilancia y de la custodia del corazón

Aunque se presenten ante ti unos conceptos buenos de las cosas, no les prestes atención

Gregorio el Sinaíta Gregorio el Sinaíta, Sobre la hesiquía y los dos modos de la oración, 9; 2. Cf. también Cómo debe comportarse el hesicasta en la oración

La iluminación se presenta al espíritu puro en la medida en que se ha liberado de todas las representaciones y de toda forma

Gregorio Palamas Gregorio Palamas, Diálogo, 99, fol. 40v

Nos recomendamos a nosotros mismos en todos los aspectos como sirvientes de Dios, con mucha paciencia en tribulaciones, calamidades, angustias, bajo golpes, en prisiones, en sediciones, en trabajos, en vigilias, en ayunos

Pablo Apóstol 2 Cor 6,4-5

Toda la vida del hombre es una continua tentación

Orígenes Orígenes, Tratado de la oración, 29

Existe una malvada potencia adversa que extravía secretamente al género humano y lo conduce hacia el mal y le enseña invisiblemente, en el corazón, toda clase de impiedad. Como consecuencia, los hombres ya no tienen sino que realizar lo que se les ha sugerido en secreto, en función de la libre voluntad de cada uno; la mayoría no sabe de dónde vienen estas sugerencias, pero creen que se deben a una tendencia natural, a causa de la costumbre que tienen de ver brotar de su corazón los malos pensamientos antinaturales

Macario de Egipto Macario de Egipto, Homilías, colección III, XXV, 1,2

Si no os sobreviene ninguna tentación, visible u oculta, no podéis progresar más allá del grado en el que estáis

Ammonas Ammonas, Cartas, XIII, 6; IX, 1

El temor inhibe toda sugestión pasional... Allí donde se encuentra el temor de Dios, son expulsadas de nuestro pensamiento todas las manchas de la pasión

Basilio de Cesarea Basilio de Cesarea, Homilías sobre el origen del hombre, II, 11

Si estamos activos y muy vigilantes, no hallaremos mancha en nosotros

Poemén Apotegmas, serie alfabética, Poemen, 173

Si tenemos recuerdos apasionados de una cosa, es que antes acogimos con pasión sus objetos; y a la inversa, de todos los objetos que recibimos con pasión, tenemos también recuerdos apasionados

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Tratado práctico, 34

Lo mismo que una serpiente que sale de su madriguera huye corriendo al momento, así el mal pensamiento, en cuanto se manifiesta, se disipa

Padres del desierto Apotegmas, 592/50

[Cuando] reprimimos nuestros malos pensamientos y nos avergonzamos de darlos a conocer a los Ancianos... nos volvemos incapaces de obtener remedio para ellos

Juan Casiano Juan Casiano, Conferencias, II, 11

Cuando hayamos eliminado de nuestro espíritu toda malicia deliberada, tendremos que combatir las pasiones a las que estamos predispuestos

Marcos el Monje Marcos el Monje, De quienes piensan que están justificados por sus obras, 78; La ley espiritual, 139; 143; 180; De quienes piensan, 96; 111; 79; 78

[El alma,] cuando ha empezado a purificarse por la intensidad de su atención, siente entonces, como un verdadero remedio de vida, el temor divino que la quema, como por la acción de sus reproches, en un fuego de impasibilidad

Diádoco de Fótice Diádoco de Fótice, Cien Capítulos gnósticos, 17

Di tu pensamiento a tu Padre y él te curará gracias a Dios

Barsanufio de Gaza Barsanufio, Cartas, 215

Quien se abstiene de revelar sus pensamientos se queda sin cura para sus males

Juan de Gaza

[A aquel que se entrega totalmente a su propio pensamiento,] el enemigo lo abate como se le antoja

Doroteo de Gaza Doroteo de Gaza, Instrucciones espirituales, V, 62-63

Descubre, saca a la luz tu llaga ante el médico y dile sin avergonzarte: ‘He aquí mi herida, padre, he aquí mi herida’

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, IV, 68

Si no pecáramos primero con el pensamiento, no pecaríamos nunca con la acción

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, II, 20; 31; 78

La tentación es útil a todos los hombres

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 48, cit. por Calixto e Ignacio Xanthopouloi, Centuria, 16

[El olvido, la negligencia y la ignorancia son] los tres poderosos gigantes del diablo

Juan Damasceno Juan Damasceno, Discurso útil al alma

Nada más notar [las sugerencias demoníacas], hay que suprimirlas inmediatamente, desde el momento en que brotan y atacan

Hesiquio de Batos Hesiquio de Batos, Capítulos sobre la vigilancia, 44

Sabéis qué numerosas son las trampas y las artimañas del diablo. Nadie escapará de ellas si no es por la manifestación de los pensamientos

Teodoro Estudita Teodoro Estudita, Grandes Catequesis, ed. Papadopoulos-Kerameus, 533

Jesús, al que se ha invocado, [es quien] expulsa a los demonios y sus fantasías

Filoteo el Sinaíta Filoteo el Sinaíta, Cuarenta capítulos népticos, 25 (cf. 26)

La actividad (ένέργεια) de la mente se ordena y purifica fácilmente [cuando uno se abstiene de todo pensamiento]

Gregorio Palamas Gregorio Palamas, Tres capítulos sobre la oración y la pureza del corazón, 1; 3

He soportado trabajos y fatigas, muchas noches sin dormir, hambre y sed, ayunos múltiples, frío y desnudez

Pablo Apóstol 2 Cor 11, 27

[El hombre debe] rumiar las palabras de los mandamientos de Dios y ejercitar en ello su mente. Todo esto con el fin de que el pensamiento antagonista y piadoso que permanece en nosotros triunfe sobre el mal

Macario de Egipto Macario de Egipto, Homilías, colección II, LIII, 14

Soportad las tentaciones hasta que las superéis... Ahora bien, el remedio para soportar las tentaciones es que no os desaniméis y que recéis a Dios dándole gracias de corazón y afrontándolo todo con paciencia; así ellas terminarán alejándose de vosotros

Ammonas Ammonas, Cartas, IX, 2

En nuestra alma se ocultan numerosas pasiones que, cuando escapan a nuestro control, nos revelan unas vivas tentaciones

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Capítulos gnósticos, VI, 52; Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, IV, 52

Por las oraciones del Anciano, Dios me ha curado

Padres del desierto Apotegmas, N 509-510

Cuanto más a menudo se manifiestan estas turbaciones, más deprisa se consigue sanar de ellas

Juan Casiano Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, VI, 3

No digas: ‘Lo que yo no deseo, ocurre de todas maneras’. Aunque no aprecies las consecuencias, no por ello dejas de sentir complacencia por las causas

Marcos el Monje Marcos el Monje, De quienes piensan que están justificados por sus obras, 78; La ley espiritual, 139; 143; 180; De quienes piensan, 96; 111; 79; 78

Que la multitud de las pasiones y fantasías demoníacas no te desmoralice; piensa que no ganan nada con acosarnos y ponernos a prueba, y que, por el contrario, llevan a su culmen a la virtud si tenemos mucho cuidado de conservar un poco de resistencia... El trato frecuente con el fuego hace que el oro aparezca más resplandeciente, y lo mismo le ocurre al justo con la acumulación de las tentaciones

Barsanufio de Gaza Barsanufio, Cartas, 118. Cf. Macario de Egipto, Capítulos parafraseados, 130

Replicar no es cosa de todos los hombres, sino de los fuertes según Dios, a quienes les están sometidos los demonios. Pues si replica uno de aquellos que no poseen esta potencia, los demonios se burlan de él, por el hecho de que está en sus manos y les replica

Juan de Gaza Juan de Gaza, Cartas, 304

Que el alma se asegure revelando todo y oyendo decir a alguien competente: ‘Haz esto, no hagas aquello; esto es bueno, aquello es malo; esto es una pretensión justa, aquello es tu propia voluntad y también: ‘No es el momento de hacer esto’; y en otra ocasión: ‘Ahora es el momento’: entonces el diablo ya no encontrará ningún pretexto para perjudicarlo ni cómo hacerle caer, puesto que está constantemente guiada y protegida por todas partes

Doroteo de Gaza Doroteo de Gaza, Instrucciones espirituales, V, 64

[De la actitud de refutar los pensamientos] da testimonio... quien declara: ‘Opondré una palabra a los que me injurian’ (Sal 118, 42) para refutarlos; y también: ‘Nos has concedido refutar a nuestros vecinos’ (Sal 79,7)

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXVI, 62

Ninguna de las criaturas de Dios es mala

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 3; II, 17; 73 (cf. 83); II, 71; I, 91; II, 72

¡Gloria al Maestro que en los remedios más ásperos nos trae las delicias de la salud!

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 48, cit. por Calixto e Ignacio Xanthopouloi, Centuria, 16

[Gracias a los tres gigantes,] el resto de las pasiones crece y se fortifica

Juan Damasceno Juan Damasceno, Discurso útil al alma

Si nuestro espíritu ha sido probado, si ha sido enseñado, si está en condiciones de vigilarse a sí mismo y de ver con toda pureza, como en un cielo sereno, las imágenes seductoras y las ilusiones de los malos espíritus, apaga inmediata y fácilmente... las flechas inflamadas del diablo. Se niega a dejarse llevar por la imaginación apasionada. No acepta que nuestros pensamientos, entregándose a la pasión, se vuelvan conforme a la imagen que se les ha aparecido, o que conversen amigablemente con ella, o que se entretengan con ella, o que consientan en ella

Hesiquio de Batos Hesiquio de Batos, Capítulos sobre la vigilancia, 143

¿De dónde proceden en vosotros... las acciones irracionales? ¿No es acaso de que no descubrís vuestros malos pensamientos, sino que más bien los escondéis?

Teodoro Estudita Teodoro Estudita, Pequeñas catequesis, ed. Auvray, 464

El recuerdo... de Jesús... disipa de forma natural todos los sortilegios de los pensamientos, las reflexiones, los razonamientos, las imaginaciones, las formas tenebrosas, en una palabra, todo aquello mediante lo que el malhechor se prepara para luchar contra las almas y se enfrenta a ellas... Si lo invocamos, Jesús consume todo fácilmente

Filoteo el Sinaíta Filoteo el Sinaíta, Cuarenta capítulos népticos, 22

[El apóstol invita a rezar] en todo lugar con manos santas, sin ira ni malos pensamientos

Pablo Apóstol 1 Tim 2, 8

Cuanto más resistimos a sus ataques, tanto más se arma el Maligno contra nosotros

Macario de Egipto Macario de Egipto, Capítulos parafraseados, 132

Las pruebas de la impasibilidad las reconocemos de día en los pensamientos y de noche en los sueños

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Tratado práctico, 56

Dos hermanos... se encontraron un día y uno le dijo al otro: ‘Me gustaría ir a ver a Abba Zenón y confiarle un pensamiento’. El otro dijo: ‘Yo también quiero decirle un pensamiento’. Se fueron, pues, juntos y cada uno le manifestó sus pensamientos. El primero se prosternó ante el anciano y le suplicó con muchas lágrimas. El anciano le dijo: ‘Ve, no te desanimes, no hables mal de nadie y no descuides tu oración’. El hermano se fue y se curó. El otro le descubrió su pensamiento y le dijo: ‘Reza por mí’, pero no se lo pidió con insistencia. Algún tiempo después, tuvieron ocasión de volver a encontrarse y uno le dijo al otro: ‘Cuando fuimos a ver al anciano, ¿le manifestaste el pensamiento que decías que querías contarle?’. El otro le contestó: ‘Sí’. Él le dijo: ‘¿Te sentó bien revelárselo?’. El otro respondió: ‘Sí. Por las oraciones del anciano, Dios me curó’. Y él dijo: ‘Yo, por más que confié, no experimenté ningún resultado de la cura’. El que había obtenido provecho le dijo: ‘¿Y cómo suplicaste al anciano?’. El otro dijo: ‘Reza por mí, pues tengo este pensamiento’. ‘Pues yo -dijo el otro-, mientras hacia mi confesión, bañaba sus pies con mis lágrimas, suplicándole que rezara por mí; y gracias a sus plegarias, Dios me devolvió la salud’

Padres del desierto Apotegmas, N 509-510

Manifestemos a los ancianos todos los secretos de nuestra alma, y vayamos con toda confianza a buscar junto a ellos el remedio a nuestras heridas

Juan Casiano Juan Casiano, Conferencias, II, 13

Cuando constates que en el fondo de ti mismo actúan pulsiones ocultas e inclinan a la pasión al espíritu que gozaba de reposo, sábete que el espíritu mismo, en tiempos, las gobernó, las utilizó y las injertó en el corazón

Marcos el Monje Marcos el Monje, De quienes piensan que están justificados por sus obras, 78; La ley espiritual, 139; 143; 180; De quienes piensan, 96; 111; 79; 78

En cuanto a acoger el pensamiento que se presenta, les corresponde solo a los perfectos el dejarlo entrar y luego expulsarlo. Tú, por tanto, no metas el fuego en tu bosque, para que no sea consumido por entero... No te metas tú mismo en la discordia, pues no resistirás una tentación semejante

Barsanufio de Gaza Barsanufio, Cartas, 138

No les contradigas, pues eso es lo que desean y no cesarán

Juan de Gaza Juan de Gaza, Cartas, 166. Cf. Doroteo de Gaza, Cartas, VIII, 193

Yo no tenía ninguna tribulación, ninguna preocupación. Si tenía un pensamiento, cogía mi tableta y escribía al Anciano... y aún no había terminado de escribir, cuando sentía el alivio y el provecho que eso me proporcionaba. Eran mi despreocupación (άµεριµνία) y mi descanso (άνάπαυσις)

Doroteo de Gaza Doroteo de Gaza, Instrucciones espirituales, I, 25; V, 66 (cf. 68)

[La oración de Jesús permite] rechazar mediante una sola palabra los pensamientos en el mismo momento en que se presentan

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXVIII, 19. Cf. Filoteo el Sinaíta, Cuarenta capítulos népticos, 2

La malicia está en el juicio falso sobre las representaciones, al que sigue el mal uso de las cosas

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 3; II, 17; 73 (cf. 83); II, 71; I, 91; II, 72

No siempre tenemos el poder de oponernos a los pensamientos que nos combaten para detenerlos, sino que a menudo recibimos de ellos unas heridas que no se curan hasta mucho tiempo después... [Al disputar con los demonios] les permitirás que se armen contra ti; podrán herirte mucho más allá de lo que tu sabiduría y tu sentimiento les opongan. Pero, incluso si les vences, la mancha de los pensamientos contaminará tu reflexión y durante mucho tiempo seguirás sintiendo su mal olor

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 33

[Mediante los tres gigantes,] todo el ejército de los espíritus de malicia se insinúa, se afianza y puede realizar sus designios, pero sin [ellos] no podría mantenerse

Juan Damasceno Juan Damasceno, Discurso útil al alma

[En cuanto reconozcas los pensamientos que entran,] debes al momento, mediante la refutación, romper la cabeza de la serpiente

Hesiquio de Batos Hesiquio de Batos, Capítulos sobre la vigilancia, 22 (cf. 178)

El principio y la raíz de las faltas que cometemos es el mal pensamiento

Teodoro Estudita Teodoro Estudita, Pequeñas catequesis, ed. Auvray, 464

[La atención y la vigilancia son] los remedios que salvan al alma

Filoteo el Sinaíta Filoteo el Sinaíta, Cuarenta capítulos népticos, 14

Aquel a quien le ruegan que hable y le obligan a anunciar la palabra, debe entristecerse, huir de ello como del fuego y rechazar el pensamiento a fin de escapar de él y no caer en la cenodoxia a causa de su palabra

Macario de Egipto Macario de Egipto, Homilías, colección II, LV, 2

[Los logoi de los objetos,] aunque sean expresiones simples, sin embargo, en tanto que consideraciones de objetos, imprimen una forma al espíritu y lo alejan de Dios

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Tratado de la oración, 56

Os lo ruego, hermanos, reprimamos los pensamientos igual que reprimimos los actos

Padres del desierto Apotegmas, N 220

Aquí también ocurre como en el cuerpo humano. Cuando sobreviene una ocasión desafortunada..., las partes más débiles son las que se dejan menoscabar y sucumben primero; y solo cuando la enfermedad se ha instalado en ellas, contamina desde allí a las partes que habían permanecido sanas. Lo mismo ocurre con nuestra alma. Cuando pase cerca de ella cualquier soplo de pestilencia, quedará fatalmente afectada por el lado que, más delicado y más débil, ofrezca menos resistencia a los choques violentos del enemigo, y correrá el riesgo de ser capturada allí donde una custodia poco vigilante abra un acceso más fácil a la traición... Por medio de esto mismo se esfuerza en tentarnos la pérfida malignidad de las potencias espirituales. Estas tienden sus trampas insidiosas por los lados del alma donde sienten que está enferma

Juan Casiano Juan Casiano, Conferencias, XXIV, 17

Amamos las causas de los pensamientos que se forman a pesar nuestro, y por eso vienen a nosotros; pero, en el caso de pensamientos voluntarios, está claro que no amamos solo las causas, sino también su objeto

Marcos el Monje Marcos el Monje, De quienes piensan que están justificados por sus obras, 78; La ley espiritual, 139; 143; 180; De quienes piensan, 96; 111; 79; 78

El que es capaz de resistir y de luchar sin ser vencido, que los deje entrar; mientras que el débil, que no es capaz de ello y más bien daría su asentimiento no debe hacerlo

Barsanufio de Gaza Barsanufio, Cartas, 432

Le confiaba todo al Anciano, el Abba Juan, y nunca admitía hacer nada sin su opinión... Nunca me permitía seguir mi pensamiento sin pedir consejo. Y creedme, hermanos, sentía una gran tranquilidad, una gran despreocupación

Doroteo de Gaza Doroteo de Gaza, Instrucciones espirituales, I, 25; V, 66 (cf. 68)

El amigo de la hesijía es aquel cuyo pensamiento [está] siempre alerta

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXVII, 3; 39. Cf. Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 73

El mal uso de los objetos es consecuencia del mal uso de las representaciones

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 3; II, 17; 73 (cf. 83); II, 71; I, 91; II, 72

[Con la refutación rápida] se gana el camino más corto, y se evita uno errar por la vía larga

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 83

Tantas veces como se multipliquen en nosotros los malos pensamientos, arrojemos en medio de ellos la invocación de nuestro Señor Jesucristo. Veremos entonces cómo se esfuman inmediatamente como el humo en el aire, tal como nos lo ha enseñado la experiencia

Hesiquio de Batos Hesiquio de Batos, Capítulos sobre la vigilancia, 98; 20 (cf. 112; 174)

Si te ves asediado por pensamientos impuros, no los escondas, sino cuéntaselos enseguida a tu padre espiritual... Pues en la medida en que uno oculta sus pensamientos, se multiplican y toman fuerza... Y, como un gusano en la madera, así el mal pensamiento corrompe el corazón

Teodoro Estudita Teodoro Estudita, Grandes Catequesis, ed. Papadopoulos-Kerameus, 623

[El alma del hombre caído] se halla encadenada en la oscuridad y sus ojos espirituales están ciegos

Filoteo el Sinaíta Filoteo el Sinaíta, Cuarenta capítulos népticos, 19; 24

[El hombre impasible] concibe pensamientos puros sobre todas las cosas

Macario de Egipto Macario de Egipto, Homilías, colección II, LIII, 15

No por haber alcanzado la impasibilidad rezaremos verdaderamente, pues podemos quedarnos en los pensamientos simples y distraernos en meditarlos y, por lo tanto, estar lejos de Dios

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Tratado de la oración, 55. Sobre la distinción de pensamientos apasionados y pensamientos simples, cf. Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, II, 84; III, 43

[El hombre debe] contar con la tentación hasta su último suspiro

Padres del desierto Apotegmas, serie alfabética, Antonio, 4. Cf. también Apotegmas, serie alfabética, Agatón, 9; Teodoro de Fermé, 2

Debemos recordar sin cesar este principio: ‘Vigila cuidadosamente tu corazón’ y, según el mandamiento principal de Dios, observa con atención la cabeza de la serpiente, es decir, el comienzo de los malos pensamientos por los que el diablo intenta deslizarse en nuestra alma. No dejemos por nuestra negligencia que todo el cuerpo de esta serpiente invada nuestro corazón -lo cual es asentir a la tentación—, pues es muy evidente que, una vez introducido, hará perecer con su virulenta mordedura nuestro espíritu prisionero

Juan Casiano Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, VI, 13

Los pensamientos involuntarios nacen de un pecado anterior; los voluntarios, de la libre elección de la voluntad propia, por lo que está claro que los segundos son responsables de los primeros

Marcos el Monje Marcos el Monje, De quienes piensan que están justificados por sus obras, 78; La ley espiritual, 139; 143; 180; De quienes piensan, 96; 111; 79; 78

Recurre a Dios contra [tus enemigos], poniendo tu impotencia en su presencia, pues Él puede, no solo cerrarles la boca, sino también reducirlos a la impotencia

Barsanufio de Gaza Barsanufio, Cartas, 166

Primero nacen los pensamientos, luego se muestran las pasiones

Doroteo de Gaza Doroteo de Gaza, Instrucciones espirituales, XIII, 145. Cf. también Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 20

La caridad es ante todo el rechazo de todo pensamiento inicuo, porque la ‘caridad no piensa mal’ (1 Cor 13, 5)

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXX, 8-9

Por tanto, depende de la mente el uso bueno o malo de los objetos

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 3; II, 17; 73 (cf. 83); II, 71; I, 91; II, 72

La riqueza y la salud del alma están hechas de vigilancia y atención

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 38

[Hay que] gritar a Cristo... justo después de la refutación. Entonces aquel que combate verá al enemigo disiparse con su imagen, como polvo al viento o humo que se desvanece, expulsado por el Nombre adorable de Jesús

Hesiquio de Batos Hesiquio de Batos, Capítulos sobre la vigilancia, 98; 20 (cf. 112; 174)

Os exhorto a que, según la palabra de la Escritura (1 Cor 14, 26), deis a conocer los secretos del corazón. Pues es imposible que una planta que tiene un gusano no perezca, lentamente roída por él; ni que un alma que encierra una serpiente, quiero decir cualquier cosa no manifiesta, no se pudra ni se llene de gusanos, y no termine totalmente corrompida. Por tanto, os lo suplico, echad fuera al roedor escondido en vosotros

Teodoro Estudita Teodoro Estudita, Grandes Catequesis, ed. Papadopoulos-Kerameus, 623

Cuando [el alma] empiece a rezar a Dios y a velar gracias a la oración, entonces, gracias a la oración, se verá libre de las tinieblas. Es imposible liberarse de otro modo. Pues entonces el alma puede reconocer que dentro del corazón existe otra lucha, otra oposición escondida, otra guerra contra los pensamientos de los espíritus del mal

Filoteo el Sinaíta Filoteo el Sinaíta, Cuarenta capítulos népticos, 19; 24

Aun cuando la mente no se entretenga con los pensamientos simples, no por eso ha alcanzado ya el lugar de la oración; ya que puede estar en la contemplación de los objetos y ocuparse con sus razones, las cuales, aunque sean expresiones simples, sin embargo, como son consideraciones de objetos, imprimen una forma al espíritu y lo apartan de Dios

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Tratado de la oración, 56 (cf. 57); De los diversos malos pensamientos, recensión larga, 39

Los pensamientos tienen solo una cabeza... Si no reconoces desde el principio la cabeza misma para expulsarla de ti, serás apresado y engañado por los demás pensamientos subsiguientes... Por tanto, si quieres vencer las pasiones, observa siempre la cabeza de los pensamientos y, cuando hayas descubierto cuál es, lucha contra ella sola

Padres del desierto Apotegmas, PA 12, 3b

El centurión del Evangelio es para nosotros una feliz figura del alma elevada a esta perfección... Lejos de dejarse llevar por todos los pensamientos que se le ocurrían, acogía los buenos y expulsaba sin ninguna dificultad los malos, según juzgaba su prudencia... Yo, que estoy sometido a mis superiores, tengo soldados a mis órdenes; y le digo a uno: ‘Ve', y va; al otro: ‘Ven, y viene; y a mi siervo: ‘Haz esto', y lo hace (Mt 8, 9). Si nosotros, a nuestra vez, luchamos virilmente contra las mociones desordenadas de nuestra alma y contra los vicios, y logramos someterlos a nuestra autoridad y nuestro discernimiento; si, militando en nuestra carne, podemos extinguir las pasiones, reducir el ejército inconstante de nuestros pensamientos bajo el mando de la razón..., como pago de estos triunfos tan deslumbrantes seremos elevados al rango de este centurión espiritual... Encumbrados, como él, a esta alta dignidad, tendremos el poder y la fuerza de mandar, y los pensamientos que no queremos seguir dejarán de arrastrarnos; pero nos estará permitido apegamos a aquellos que nos hacen gustar las delicias del espíritu. A las sugerencias malas les ordenaremos: ‘Id’, y se irán; a las buenas les diremos: ‘Venid’, y vendrán

Juan Casiano Juan Casiano, Conferencias, VII, 5

Estate vigilante para exterminar con fuerza las ocho naciones extranjeras [las ocho pasiones principales]

Barsanufio de Gaza Barsanufio, Cartas, 44

[En lo que concierne al cuerpo,] si vivimos de forma desordenada, sin preocuparnos por nuestra salud, se produce o bien plétora o bien carencia (de humores) y de ahí se deriva un desequilibrio

Doroteo de Gaza Doroteo de Gaza, Instrucciones espirituales, X, 106

[Los demonios] nos hacen por medio de nuestros pensamientos una guerra mucho más dura que por medio de los objetos mismos

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 3; II, 17; 73 (cf. 83); II, 71; I, 91; II, 72

La ascesis de la inteligencia, [que] es la obra del corazón... nos protege de las pasiones ocultas, para que no nos encontremos con ninguna de ellas en el país oculto, en el país espiritual

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 17

Si nos fiamos solo de nuestra vigilancia o de nuestra atención, pronto seremos derribados y caeremos. Nos enredaremos cada vez más en sus redes: los malos pensamientos

Hesiquio de Batos Hesiquio de Batos, Capítulos sobre la vigilancia, 22; 26

La vigilancia ilumina y purifica primero la conciencia. Después, cuando la conciencia ha sido purificada, como una gran luz escondida que de pronto estalla, expulsa las grandes tinieblas. Y cuando las tinieblas han sido expulsadas por medio de una continua y verdadera vigilancia, la conciencia revela de nuevo lo que estaba oculto

Filoteo el Sinaíta Filoteo el Sinaíta, Cuarenta capítulos népticos, 19; 24

La oración es deposición de las representaciones (άπόθεσις νοηµάτων)

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Tratado de la oración, 70 (cf. 69); Cartas, 58; 61; Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, IV, 42. Cf. Máximo el Confesor, Discurso ascético, 19; Evagrio Póntico, Capítulos gnósticos. Pseudo suplemento, 29

Bienaventurado aquel que tiene siempre ante los ojos sus pecados, pues tal hombre siempre permanece vigilante

Padres del desierto Apotegmas, PE III, 35, 24-25

No basta con que suprimamos la ira de nuestros actos, sino que también tenemos que arrancarla por completo del fondo de nuestra alma... En efecto, la palabra evangélica nos manda arrancar las raíces de los vicios más que los frutos. Y el espíritu podrá permanecer sin cesar en una total paciencia y santidad cuando la ira haya sido expulsada no de la superficie de los comportamientos, sino del interior de los pensamientos

Juan Casiano Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, VIII, 20, 1-2

Permanezcamos en la oración para no volver a caer en las mismas pasiones ni en otras. Si uno se ha estropeado el estómago, el hígado o las entrañas al comer un alimento, una vez curado por el arte y los cuidados del médico, tiene cuidado por miedo a caer de nuevo en lo peor, acordándose del peligro pasado, conforme a lo que decía el Señor a quien había sido curado por él: ‘Estás curado; no peques más, no vaya a ser que te ocurra algo peor’ (Jn 5, 14)

Barsanufio de Gaza Barsanufio, Cartas, 347

Igual que el pecado de pensamiento es más fácil que el pecado de acción, así también el combate contra los pensamientos es más duro que la renuncia a los objetos

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 3; II, 17; 73 (cf. 83); II, 71; I, 91; II, 72

La pureza de los pensamientos tiene su fuente en los esfuerzos y la vigilancia

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 30

Es imposible expulsar la sugerencia malvada sin invocar a Jesucristo

Hesiquio de Batos Cf. Hesiquio de Batos, Capítulos sobre la vigilancia, 24; 26; 42; 181

Los malos pensamientos, si tú les hablas y les das gusto, no dejarán de poner su raíz en tu corazón, crecerán y no se irán de él. Si, por el contrario, no hablas con ellos y, lejos de complacerlos, los odias, perecerán y saldrán de tu corazón

Padres del desierto Apotegmas, Eth. Coll. Et., 14,47. Cf. Ibid., serie alfabética, Poemen, 15; 20

De las pasiones ocultas en el alma reciben los demonios los medios para suscitar en nosotros los pensamientos apasionados

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, II, 31

[Si el hombre] carece de vigilancia y no tiene cuidado, se aparta fácilmente del camino, bien a la derecha o bien a la izquierda... y provoca esta enfermedad que es el mal

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 38

Que no cese jamás... la oración a Cristo Jesús nuestro Dios. Pues, fuera de Jesús, no hallarás en toda tu vida un socorro más poderoso. Solo el mismo Señor, puesto que es Dios, conoce las artimañas, los fraudes y los ardides de los demonios

Hesiquio de Batos Hesiquio de Batos, Capítulos sobre la vigilancia, 152; 142; 39 (cf. 145; 169)

[Para todos los casos,] la misma regla: no dejar que duren los pensamientos

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 88

La riqueza y la salud del alma están hechas de sobriedad vigilante y de atención. Mientras un hombre vive, tiene necesidad de sobriedad vigilante, de atención y de vigilia para guardar su tesoro. Y si descuida estas condiciones, cae enfermo y le roban su tesoro

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 38

Lo que extingue y disuelve inmediatamente todos los pensamientos, todas las palabras, todas las fantasías, todas las imágenes, todos los males que los adversarios erigen en nosotros, es la invocación del Señor

Hesiquio de Batos Hesiquio de Batos, Capítulos sobre la vigilancia, 153

Toda la lucha que el monje lleva a cabo contra los demonios tiene por objetivo separar las pasiones de las representaciones; si no, sería imposible permanecer impasible a la vista de las cosas

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 41; 43; cf. I, 91

Los pensamientos no pueden divagar en el vacío cuando el cuerpo está afligido. Cuando soportamos con alegría las penas y los tormentos, podemos refrenar firmemente nuestros pensamientos

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 27. Cf. Gregorio Palamas. Triadas. II, 2. 6

[La oración es lo único que puede] destruir hasta la propia marca y el impulso de la pasión

Hesiquio de Batos Cf. Hesiquio de Batos, Capítulos sobre la vigilancia, 28; 122; 152; 175; Marcos el Monje, A Nicolás, 7 (cita); Filoteo el Sinaíta, Cuarenta capítulos népticos, 47

Una representación apasionada es un pensamiento compuesto por una representación y una pasión. Separemos pasión y representación, y no quedará más que el simple pensamiento

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 41; 43; cf. I, 91

¿Crees verdaderamente que quien tiene el conocimiento del mundo puede recibir tal conocimiento espiritual? No solo es imposible que reciba en tales condiciones el conocimiento espiritual, sino que ni siquiera puede percibirlo... No es posible que se le conceda a quienes se esfuerzan por adquirirlo únicamente por medio del estudio. Si algunos de ellos desean acercarse a este conocimiento del Espíritu, no pueden hacerlo en absoluto hasta que no han renunciado al estudio, a los sutiles recovecos de su investigación, a las complejidades de su método, y no mantienen un corazón de niño. La costumbre y los pensamientos que engendra el estudio son un gran impedimento que conviene retirar poco a poco. Pues el conocimiento espiritual es simple... Mientras la inteligencia no se libere de sus múltiples pensamientos, mientras no alcance la simplicidad de la pureza, no puede experimentar el conocimiento espiritual

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 19

[Mediante la oración de Jesús unida a la vigilancia,] curamos... la casa de nuestro corazón

Hesiquio de Batos Hesiquio de Batos, Capítulos sobre la vigilancia, 152

[La impasibilidad en su más alto nivel se caracteriza por] la completa purificación de la propia representación simple

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, 55, en PG 90, 544C

La oración es pura o no es pura. Veamos cómo podemos discernirlo. Si, en el momento en el que el espíritu [reza]... se mezcla en él un pensamiento extraño o una distracción, entonces decimos que la oración no es pura

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 32

La oración establece en el espíritu la vigilancia

Hesiquio de Batos Hesiquio de Batos, Capítulos sobre la vigilancia, 94; 182 (cf. 183)

[La impasibilidad en su más alto nivel se caracteriza por el] rechazo total de todas las representaciones sensibles que atraviesan la reflexión

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, 55, en PG 90, 544C

Si quieres... conocer fácilmente la vigilancia del corazón, que la oración de Jesús se pegue a tu aliento

Hesiquio de Batos Hesiquio de Batos, Capítulos sobre la vigilancia, 94; 182 (cf. 183)

[El impasible] conserva la paz frente a las representaciones impuras

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, II, 87

Igual que los alimentos nocivos trastornan el cuerpo nada más tomarlos, pero el que ha comido poco de ellos puede, gracias a algún remedio, vomitarlos en cuanto le sientan mal y que no le afecten, lo mismo el espíritu, cuando ha recibido y absorbido malos pensamientos y siente su amargura, los vomita fácilmente y los rechaza gracias a la oración de Jesús dicha desde el fondo del corazón. Esto es lo que, gracias a Dios..., la experiencia ha permitido comprender a quienes están vigilantes

Hesiquio de Batos Hesiquio de Batos, Capítulos sobre la vigilancia, 188

Lo mismo que el cuerpo, cuando muere, se separa totalmente de las cosas de este mundo, así también el alma que se aplica a permanecer en este estado muy elevado de la oración, y que muere, se separa de todos los pensamientos del mundo

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, I, 62. Cf. Evagrio Póntico, De los diversos malos pensamientos, recensión larga, 39

Si observamos como es debido la pureza del corazón, es decir, la vigilancia y el cuidado de la mente..., ella extirpa del corazón todas las pasiones y todo el mal hasta la raíz

Hesiquio de Batos Hesiquio de Batos, Capítulos sobre la vigilancia, 113 (cf. 137); 1

Indicios del primer estado son que el espíritu se recoge, se abstrae de todos los pensamientos del mundo y, en el pensamiento de que Dios está presente, como de hecho lo está, reza sin distracción ni trastorno

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, II, 6. Cf. Juan Clímaco, Escala, XXVIII, 19

[La vigilancia es] un método espiritual que, con la ayuda de Dios, libra por completo al hombre de los pensamientos y las palabras apasionados así como de las malas acciones, si se prosigue largo tiempo y ardientemente

Hesiquio de Batos Hesiquio de Batos, Capítulos sobre la vigilancia, 113 (cf. 137); 1

[La vigilancia] es propiamente la pureza del corazón

Hesiquio de Batos Hesiquio de Batos, Capítulos sobre la vigilancia, 113 (cf. 137); 1

La vigilancia es el camino de todas las virtudes y de todos los mandamientos de Dios

Hesiquio de Batos Hesiquio de Batos, Capítulos sobre la vigilancia, 3. Cf. Doroteo de Gaza, Instrucciones espirituales, X, 105

[La vigilancia] libera por entero al hombre de los pensamientos apasionados y de las malas acciones, si se persigue larga y ardientemente..., proporciona, en la medida de lo posible, un conocimiento seguro de lo Incomprensible, y... abre los misterios divinos y ocultos

Hesiquio de Batos Hesiquio de Batos, Capítulos sobre la vigilancia, 1 (cf. 104; 175)

Procura no tener en tu corazón ningún pensamiento, ni irracional ni racional

Hesiquio de Batos Hesiquio de Batos, Capítulos sobre la vigilancia, 49; 20

Preserva tu corazón de todo pensamiento, incluso aunque parezca bueno

Hesiquio de Batos Hesiquio de Batos, Capítulos sobre la vigilancia, 49; 20

Cuando el espíritu se ha despojado por completo de todos los pensamientos y de las formas que estos le imponen, entonces lo ilumina la bienaventurada luz de la Divinidad si es que, gracias al vacío de todos los pensamientos, este resplandor se revela de pronto a la inteligencia pura

Hesiquio de Batos Hesiquio de Batos, Capítulos sobre la vigilancia, 89; 117