Simeón el Nuevo Teólogo — 110 citas

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Simeónel Nuevo Teólogo

Medievalc. 949 – 1022
Nacimiento Basileion, en Galacia/Paflagonia (actual región de Nallıhan, provincia de Ankara, Turquía)
Muerte Monasterio de Santa Marina, cerca de Crisópolis, en la orilla asiática del Bósforo (actual Üsküdar, Estambul, Turquía)
Tradición Monje bizantino
Mapa Monasterio de Santa Marina, donde murió

Monje bizantino de los siglos X-XI, higúmeno de San Mamas en Constantinopla y desterrado por su enseñanza. Autor de las 'Catequesis', los 'Discursos éticos' y los 'Himnos del amor divino', proclamó la experiencia consciente de la luz increada y la necesidad del padre espiritual, anticipando la síntesis hesicasta.

Algunas fuentes sitúan su nacimiento en Galatê de Paflagonia y su muerte el 12 de marzo de 1022.

Las 110 citas

[Quien avanza en la vía de la unión con Cristo] aumenta cada día su crecimiento espiritual, eliminando toda huella de infantilismo y progresando hacia la perfección acabada del hombre. Por eso, según la medida de su edad (espiritual), ve cambiar las facultades y operaciones de su alma, y gana en madurez y en vigor

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Catequesis, XIV, 111-116. Esta comparación la utiliza también san Barsanufio, Cartas, 457. Clemente de Alejandría escribe a propósito de los filósofos paganos: «Son también bebés, mientras Cristo no los hace mayores», Stromata, I, 53, 2

Cuando Él (el Espíritu Santo) viene, expulsa toda enfermedad y toda debilidad de nuestra alma. Por eso se le llama salud, ya que nos concede la salud del alma

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Tratados éticos, VII, 359-351

[El hombre] ha sido creado para contemplar la naturaleza visible y para ser iniciado en el mundo inteligible

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Capítulos teológicos, gnósticos y prácticos, II, 3

Cuando los muertos se ven unos a otros, no perciben su estado, ni lo lamentan. Son los vivos los que, al verlos, gimen, pues contemplan un extraño fenómeno: unos hombres golpeados por la muerte que viven y hasta andan, unos ciegos que creen ver y unos sordos que imaginan oír. Es que viven, ven y oyen al modo de los animales. Piensan como los locos en su conciencia inconsciente, en su vida de cadáveres, pues es posible vivir sin vivir, es posible ver sin ver y oír sin oír

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Himnos, 44, 214-231

En lugar del conocimiento divino y espiritual, (el hombre) recibió el conocimiento carnal. En efecto, cegados los ojos de su alma, caído de la vida imperecedera, se puso a mirar con los ojos del cuerpo

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo. Catequesis, XV, 14-15; Tratados éticos, XIII, 54-56

Si el hombre no hubiera caído del conocimiento y de la contemplación de Dios, no habría descendido hasta este otro conocimiento

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Catequesis, XV, 22-24

Al hacerse transgresor e ignorante de Dios, el hombre acopló toda su potencia intelectual a la sensación

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Catequesis, XV, 22-24. i

Dios mío, yo no puedo decir lo que son las cosas visibles... todos hemos caído en la vanidad y somos incapaces de hacer un juicio verdadero sobre los seres

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Himnos, IV, 68-70

Esta forma de conocer es en realidad ignorancia de todo lo bueno

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Catequesis, XV, 20-21

Cristo, nuestro Dios, es la meta de todo deseo

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Catequesis, XX, 24-26

El alma unida a Dios por el amor no puede ser arrastrada por los placeres y los apetitos del cuerpo, ni incluso hacia ningún otro deseo a nada visible ni incluso invisible, sea un objeto, sea una pasión, pues el dulce amor de Dios tiene atado el impulso de su corazón, o mejor dicho, toda la inclinación de su voluntad. Y ¿cómo podría ésta, una vez ligada a su propio Creador, arder de fiebre por causa del cuerpo, o realizar, aun en pequeña medida, sus propios deseos? De ningún modo

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Catequesis, XXV

Aquel que es iluminado por el Espíritu Santo... en realidad ve en espíritu, vele o duerma, esos bienes que el ojo no ha visto, que el oído no ha oído, que no han entrado en el corazón del hombre y que los mismos ángeles desean vislumbrar

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Capítulos teológicos, gnósticos y prácticos, III, 61; cf. 62

[A las visiones divinas] no hay que llamarlas ensueños, sino sencillamente visiones y contemplaciones

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Capítulos teológicos, gnósticos y prácticos, III, 64

Lo que ocupa el alma y entra en ella en el estado de vigilia cautiva también su imaginación y su pensamiento durante el sueño

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Capítulos teológicos, gnósticos y prácticos, III, 62

Cuando la parte concupiscible del alma (έπιθυµετικόν) es empujada hacia las pasiones, las asechanzas, las voluptuosidades y los disfrutes de la vida, el alma percibe las mismas cosas en sus sueños. Si la parte irascible (θυµικόν) la hace encolerizarse contra sus semejantes, no sueña sino con irrupciones de fieras, batallas y peleas de serpientes, y discute con sus adversarios como ante un tribunal. Si es la parte racional (λογιστικόν) la que es exaltada por la cenodoxia o por el orgullo, el alma se figura que tiene alas y vuela por los aires, que reina sobre un trono elevado o marcha a la cabeza del pueblo ante un cortejo de carruajes

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Capítulos teológicos, gnósticos y prácticos, III, 63

Lo que generalmente imaginamos que busca el cuerpo, no lo busca el cuerpo, sino el alma por medio de él

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Catequesis, XXV, 77-79

El monje no debe solamente conocer y comprender las modificaciones y transformaciones que se producen en su alma, sino también sus causas: cuál puede ser su naturaleza y de dónde proceden

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Catequesis, XXV, 5-8; cf. 205-208

[Las cosas son de todos en cuanto a su uso, pero] no son de nadie en cuanto a su propiedad

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Catequesis, XX, 95-97

El que ha preservado desde el principio la imagen y la semejanza [de Dios], o la ha recordado y recobrado, ha recibido también la facultad de ver según la naturaleza. Ve todas las cosas tal como son por naturaleza... Ve el oro y, lejos de apegarse a su brillo, piensa que esta materia viene de la tierra y que no es más que polvo o piedra que nunca podrá transformarse en otra cosa. Contempla el dinero, la perla y todas las piedras preciosas y, lejos de que su fulgor capte sus sentidos, no ve en todo aquello sino unas piedras como las demás y todo le parece igual de barro. Ve unos vestidos lujosos y, lejos de admirar sus bordados, considera que son excrementos de gusanos y siente lástima de aquellos que obtienen placer de ellos y los buscan como algo precioso

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Tratados éticos, VI, 217-233

El demonio de la acedia suele atacar especialmente a quienes ya están avanzados en la oración o la practican con asiduidad

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Capítulos teológicos, gnósticos y prácticos, I, 73. Cf. 66

[La acedia es] la muerte del alma y del espíritu

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Capítulos teológicos, gnósticos y prácticos, I, 74

Si Dios dejara [a este demonio] emplear toda su fuerza contra nosotros, sin duda no se salvaría ningún asceta

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Capítulos teológicos, gnósticos y prácticos, I, 74

[Cristo ha venido para] reformar al hombre dislocado... y recordar a su propia criatura el extravío en que se encuentra su mente

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Tratados éticos, I, 2

Cubiertos de heridas, afectados por diversas enfermedades..., llamamos a quien es el médico de las almas y de los cuerpos...; lo llamamos para que venga a curar nuestro corazón herido y a dar la salud a nuestra alma, que yace bajo el camastro del pecado y de la muerte

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Tratados éticos, VII, 263-276

Regenerados por el santo bautismo, hemos sido liberados y somos dueños de nosotros mismos. Y, a menos que obedezcamos voluntariamente al enemigo, él no puede tener en absoluto influencia sobre nosotros

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Catequesis, V, 442s

No basta por sí solo para nuestra salvación

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Tratados éticos, X, 448

El que, tras el bautismo, se ha manchado debido a acciones inconvenientes y a iniquidades..., necesita para arrepentirse penitencia para recuperar por sí mismo esa misma dignidad divina que ha perdido a causa de su vida de pecado

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Catequesis, XXX, 129s; Tratados éticos, II, 7, 305s; cf. XIII, 222s. Cf. también Marcos el Monje, El bautismo, 9

[Dios ha dado a los hombres el remedio del arrepentimiento] a fin de que aquellos que por pereza o negligencia han perdido la vida eterna vuelvan a ella de nuevo por medio de la penitencia con una gloria más resplandeciente y manifiesta

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Catequesis, XXX, 129s; Tratados éticos, II, 7, 305s; cf. XIII, 222s

[Dios ha dado a los hombres el] remedio (φάρµακον) saludable de la penitencia

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Tratados éticos, II, 7, 305s

¿Cómo iba a aceptar ser curado aquel que no se deja siquiera convencer de que yace enfermo y herido?

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Catequesis, VII, 89-90

Por el arrepentimiento el hombre adquiere de [nuevo] el esplendor que le corresponde. La penitencia es la puerta que hace salir de las tinieblas para entrar en la luz

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Catequesis, XXVIII, 127-128; Tratados teológicos, 104s. Cf. Catequesis, IV, 676s

El fruto y la tarea propia de la penitencia es precisamente lo que expulsa la ignorancia y procura a la vez el conocimiento. [Por] conocimiento entiendo yo primero el de nosotros mismos y de lo [que] nos concierne y, a continuación, el de lo que nos sobrepasa y el de [los] misterios divinos, que son invisibles e incognoscibles para aquellos [que] no hacen penitencia... Las verdades divinas... no se les revelan más [que] a aquellos que han hecho penitencia con ardor y a los que una penitencia sincera ha purificado convenientemente, y esto en proporción y medida de su penitencia y de su purificación. A ellos se les revelan las profundidades del Espíritu... Pero estas verdades permanecen incognoscibles y ocultas para todos los demás

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Catequesis, XXVIII, 127-128; Tratados teológicos, 104s. Cf. Catequesis, IV, 676s
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