Nosotros nos gloriamos en Jesucristo y no ponemos nuestra confianza en la carne
Donde hay división y cólera, Dios no habita.
Despreciad toda gloria procedente de los hombres, para no buscar más que aquella que merece verdaderamente ese nombre, gloria que solo Dios dispensa a quienes son dignos de ella
Quien permanece en la soledad y el silencio ha escapado de tres guerras: la del oír, la del hablar y la del ver. Pero contra una sola cosa tendrá que luchar sin descanso: contra su propio corazón.
Aquel a quien le ruegan que hable y le obligan a anunciar la palabra, debe entristecerse, huir de ello como del fuego y rechazar el pensamiento a fin de escapar de él y no caer en la cenodoxia a causa de su palabra
Se cura por la fe en Aquel que ha dicho: ‘El Señor se opone a los orgullosos y da su gracia a los humildes’ (Sant 4, 6), es decir, por el temor de la sentencia a la que se exponen por el orgullo
La humildad es la madre de la mansedumbre del corazón. Si cierras la puerta al orgullo, la ira no encuentra entrada. La brutalidad y la ignominia provocan esta enfermedad en los violentos. Pero la ignominia no alcanza al que practica la humildad
[El hombre consigue la humildad] mediante el temor de Dios
Eres una criatura de Dios; no repudies a tu Creador
Tras censurar la vanidad..., proporciona el remedio para un alma afectada de este mal [ordenando]...: ‘Que tu mano izquierda no sepa lo que hace tu mano derecha’ (Mt 6, 3)
El camino que conduce a la humildad son los trabajos corporales
Si estamos decididos... a luchar con las reglas del combate espiritual, concentremos todos nuestros esfuerzos en dominar este espíritu impuro poniendo nuestra confianza, no en nuestras fuerzas, pues la actividad humana no sería nunca capaz de ello, sino en la ayuda del Señor. Pues el alma será atacada necesariamente por este vicio mientras no reconozca que lleva a cabo una guerra por encima de sus fuerzas, y que el esfuerzo y la aplicación que pone en ella no pueden obtener la victoria si el Señor no acude en su ayuda y lo protege
Cuanto más se acerca un hombre a Dios, más pecador se ve
Sin contrición del corazón es imposible librarse del mal, es absolutamente imposible adquirir ninguna virtud
La humildad... es pacífica con todos los hombres
En todo momento, si el hombre puede suprimir en todo su voluntad y conservar un corazón humilde..., la gracia de Dios puede salvarlo. Y dondequiera que esté, la inquietud no se apodera de él
[La humildad se caracteriza por un] desapego de uno mismo en todo
¿Por qué se dice que los trabajos corporales conducen el alma a la humildad?
El fundamento esencial de una virtud es la humildad
Reunamos los remedios del alma, es decir..., la humildad... Pues el médico más grande de nuestras almas, Cristo nuestro Dios, está cerca y quiere curarnos. No lo desdeñemos
Que ninguno de los que se han ejercitado con éxito en la castidad piense haberla adquirido por sus propias fuerzas. Pues es imposible vencer a la propia naturaleza. Cuando se vence a la naturaleza, se debe reconocer allí la presencia de Aquel que está por encima de la naturaleza
La cenodoxia se suprime mediante la acción oculta
Deja que te persigan, pero no persigas. Deja que te crucifiquen, pero no crucifiques.
La humildad procura la celestial y angélica impasibilidad
El conocimiento de Dios significa que Dios conoce a quien se edifica en él por la humildad
La humildad es la virtud por la que el hombre, conociéndose de veras a sí mismo, se abaja ante sus propios ojos.
Considera, oh hombre, en cuán grande excelencia te ha puesto el Señor Dios, porque te creó y formó a imagen de su amado Hijo según el cuerpo, y a su semejanza según el espíritu.
La pureza de corazón es querer una sola cosa.
¿Qué te distingue? ¿Qué tienes tú que no hayas recibido? Y si lo has recibido, ¿por qué te glorías como si no lo hubieras recibido?
Yo vi todas las redes del enemigo desplegadas en la tierra, y dije gimiendo: ‘¿Quién podrá atravesar indemne estas trampas?’. Y oí una voz que me contestaba: ‘La humildad’
Aunque practique todas las virtudes, el alma que ama a Dios tiene por costumbre no imputarse nada a sí misma, sino atribuirlo todo a Dios... Pues todo lo que el hombre tiene, todos los bienes aparentes por medio de los cuales puede cada uno hacer el bien, la tierra y todo lo que hay en ella, el cuerpo y el alma mismos, todo es de Dios. Su mismo ser no lo tiene el hombre más que por gracia. ¿Qué le queda, por tanto, de lo que pueda razonablemente jactarse o justificarse? Sin embargo, Dios recibe de los hombres esta gracia inmensa, lo que más le complace de todo lo que nosotros le ofrecemos: que el alma refiera únicamente a Dios todo lo bueno que ella puede hacer, todo el trabajo que se toma por Él, todo lo que comprende, todo lo que conoce, y que se lo atribuya todo a Él
No podemos liberarnos de esta pasión más que absteniéndonos de cualquier ejercicio de superioridad, igual que no se olvida una lengua o un arte más que cesando por completo, no solo de practicarlo o de hablar uno mismo, sino también de oír hablarlo y de ver practicarlo a otros
[Hay que] vivir profundamente la humildad del corazón. Los que están enraizados en esta experiencia no dejan en su alma ningún resquicio a la ira
No tienes nada que no hayas recibido de Dios... Reconoce a quien te ha dado y deja de ensalzarte... Dios te ha ayudado; no reniegues de tu bienhechor
Si no perdemos de vista nuestros pecados, los bienes externos no podrán nunca hinchar nuestras almas. Las riquezas, el poder, el rango supremo, las dignidades y los honores no tendrán ninguna influencia sobre nosotros
No se puede poseer la castidad si primero no se pone en el corazón, como sólido fundamento, la humildad
[La paciencia] no viene de ninguna otra fuente [que la humildad]
[La humildad es] considerarse el más pecador de todos los hombres
Nuestro gran y celestial médico nos ha dado remedios y cataplasmas... Ante todo, nos ha dado la humildad, que destierra todo orgullo
La labor verdadera no existe sin humildad
La desgraciada alma sufre con el cuerpo, y se ve afectada por todo lo que él hace... El trabajo humilla al cuerpo y, cuando el cuerpo es humillado, el alma también lo es junto con él, de manera que el anciano tenía razón al decir que el trabajo corporal también lleva a la humildad
La no posesión fortalece la humildad
Es un duro combate el de la cenodoxia. Se libra uno de ella mediante la práctica oculta de las virtudes...
Esta vida te ha sido dada para el arrepentimiento. No la malgastes en afanes vanos.
[El hombre,] cuando ha alcanzado la plenitud del conocimiento de Cristo y ha adquirido a Cristo mismo de una vez por todas y la inteligencia de Cristo..., entonces tiene la convicción de que no sabe y no posee absolutamente nada y se juzga un siervo vil e inútil
Bienaventurado el siervo que, cuando habla, no manifiesta todas sus cosas con miras a la recompensa, y no es precipitado en hablar.
Dios es quien produce en vosotros el querer y el hacer, según su benevolencia
Allí donde no hay humildad, tampoco está Dios
La humildad consiste en considerar a los otros por encima de uno mismo, siguiendo el mandato del apóstol
(La mansedumbre es) la mensajera de toda humildad
[La impasibilidad es] la flor de la praxis
[El hombre, sin Dios, no es sino] polvo y ceniza, sombra y humo
La humildad no se irrita contra nadie
Mientras ellos exponen las ilusiones de todas las pasiones, las propias de los principiantes y las de los fervorosos, los jóvenes aprenden los secretos de sus combates, que ven como en un espejo, enterándose de las causas y los remedios de los vicios que los sacuden, y saben también, antes de que se produzcan, cómo tienen que precaverse contra los combates por venir y cómo hacerles frente luchando contra ellos
Ante todo tenemos necesidad de humildad
Humíllate no solo ante Dios, sino también ante los hombres
Si buscamos cuidadosamente la causa de la inquietud [que sentimos como consecuencia de una ofensa], siempre es el hecho de no acusarnos a nosotros mismos. De ahí viene que sintamos ese abatimiento y que no hallemos nunca reposo. No hay que extrañarse de que todos los santos digan que no existe más camino que éste. Si no vamos por esta vía, no dejaremos nunca de hacer sufrir y de sufrir nosotros mismos, haciendo inútiles todos nuestros esfuerzos. En cambio, qué alegría, qué descanso disfruta, por doquiera que va, el que se acusa a sí mismo, como dice Abba Poemen. Si le sobreviene un daño, un ultraje o una pena cualquiera, se juzga a priori digno de ella y no se perturba. ¿Acaso hay un estado más exento de preocupaciones?
La conversión exige mucha humildad
El amor al prójimo... vuelve indiferente la gloria
Cuanto más aumentan los padecimientos, más disminuye la suficiencia
[El hombre que ha alcanzado la plenitud del conocimiento considera] que no hay en el mundo entero un hombre más pecador que él
Eso no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios
Aunque practique todas las virtudes, el alma que ama a Dios tiene por costumbre no imputarse nada a ella misma, sino atribuírselo todo a Dios. Entonces Dios, a su vez, atento a la salud y a la rectitud de la inteligencia y del conocimiento de un alma semejante, se lo atribuye todo a ella
La humildad arruinará la soberbia, la modestia curará el orgullo malsano
[La humildad] consiste en considerarse una nulidad a pesar de la grandeza y la cantidad de los méritos que se poseen
[Si el diablo] viene a extraviarte en la cenodoxia, realiza una acción o toma ante los hombres una actitud tal que ellos te desprecien. Pues, sábelo bien, Satán nada siente tanto como que el hombre desee la humillación y el desprecio
Aplicad al miembro o a la parte del alma que... está especialmente herida el remedio de la verdadera humildad
Si te ocurre algo bueno, debes reconocer que es un don gratuito de Dios, que te llega de su bondad
El médico de nuestras almas es Cristo, que lo sabe todo y da a cada pasión el remedio apropiado, quiero decir, sus mandamientos: contra la cenodoxia, la humildad
[La humildad conduce] a desterrar de nuestra alma todos los movimientos y todos los arrebatos de la ira
La humildad libera al espíritu... de la cenodoxia
Incluso la perfección de los perfectos es imperfecta
Que la humildad os haga considerar a los demás por encima de vosotros mismos
La verdadera humildad consiste en ceder ante quienes están por debajo de nosotros, y en preferir a quienes nos parecen inferiores a nosotros. Si reflexionamos, pensaremos que nadie es inferior a nosotros, y creeremos que todo el mundo nos sobrepasa
Si alguno conserva el recuerdo del hermano que lo ha afligido, herido o insultado, debe acordarse de él como de un bienhechor. Pues si en estas circunstancias te entristeces, es que tu alma está enferma. En efecto, si no estuvieras enfermo, no sufrirías. Debes, pues, dar gracias a este hermano, puesto que gracias a él conoces tu enfermedad, rezar por él y recibir lo que procede de él como remedios que el Señor te envía. Si, por el contrario, te enfadas con él, es como si dijeras a Jesús: ‘No quiero recibir tus remedios; prefiero que la gangrena se introduzca en mis heridas’
Aprenderemos cómo evitar el veneno tan peligroso de esta enfermedad buscando su causa y su origen. En efecto, las enfermedades no podrán curarse nunca, ni se podrán encontrar los remedios para los problemas de salud, si antes no se buscan mediante una investigación minuciosa sus orígenes y sus causas
[La humildad es] la hoguera de los demonios
Mantenerse por debajo de todos [se opone] a la primera forma de orgullo. En efecto, el que se pone por debajo de todos, ¿cómo podría creerse más grande que su hermano, elevarse en algo, censurar o despreciar a alguien?
Igual que las tinieblas se disipan en cuanto aparece la luz, así también el perfume de la humildad hace que se desvanezca cualquier rastro de amargura y de irascibilidad
La caridad suprime el orgullo
Cuanto más reza, más humilde se vuelve su corazón... Cuando el hombre se ha hecho humilde, al momento la compasión lo rodea, y entonces el corazón siente la ayuda divina. Descubre que crece en él una fuerza, la fuerza de la confianza
¿Quiénes son esos a los que Jesús llama pobres de espíritu? Son los humildes...
Si quieres curarte de estas terribles heridas del alma, debes soportar lo que el médico te impone. En efecto, el que tiene el cuerpo enfermo no sufre una amputación o toma una purga por gusto, e incluso conserva un mal recuerdo de ello; y, sin embargo, convencido de que sin estos tratamientos no podría verse libre de su enfermedad, soporta lo que le impone el médico. Sabe que con una pequeña molestia se librará de una larga enfermedad. El cauterio de Jesús es aquel que, insultándote o perjudicándote, te libera de la vanagloria
Podremos salir totalmente indemnes de esta enfermedad mortal si no esperamos para mantenernos en guardia que sus peligrosos asaltos le hayan dado ya poder sobre nosotros; pero necesitamos que un sabio y prudente discernimiento prevenga lo que podríamos llamar sus avanzadillas
Cree que desprecio y ultrajes son remedios contra el orgullo de tu alma, y ruega por aquellos que te maltratan, como si se tratara de verdaderos médicos
La ausencia de ira es un deseo insaciable de humillaciones... La ausencia de ira es una derrota de la naturaleza, que se ha vuelto insensible a las injurias
La humildad es una oración continua, con lágrimas y esfuerzo. Es una llamada de socorro lanzada sin cesar hacia Dios; no permite que os apoyéis imprudentemente en vuestro propio poder o vuestra propia sabiduría
Un hombre que ha llegado a conocer la medida de su debilidad ha alcanzado la perfección de la humildad
[Los pobres de espíritu] son los humildes y quienes tienen el corazón contrito. Pues por la palabra espíritu entiende el corazón y la voluntad
Yo no acuso a los que me hacen reproches, sino que los nombro mis bienhechores, y no rechazo al médico de las almas, que proporciona un remedio humillante a mi alma impura y orgullosa
Podremos escapar de la red que este espíritu nos tiende con su maldad si, a propósito de cada una de las virtudes en las que tenemos la impresión de haber progresado, decimos con el apóstol: ‘No soy yo, sino la gracia de Dios conmigo’, y: ‘Por la gracia de Dios soy lo que soy’ (1 Cor 15, 10)
La oración continua... se opone a la segunda clase de orgullo... El que ruega a Dios sin cesar conoce la fuente de cualquier buena obra que le sea dado realizar, y no puede concebir orgullo por ella ni atribuirla a sus propias fuerzas. Atribuye a Dios toda obra buena, y no deja de darle gracias y de invocarlo, temiendo que la pérdida de semejante auxilio deje aparecer su propia debilidad y su impotencia
La primera y más eminente propiedad de esta eminente y excelente trinidad es la aceptación llena de alegría de la humillación, que el alma recibe y acoge con las manos extendidas como un remedio que alivia y cauteriza sus enfermedades y sus faltas graves. La segunda propiedad es la pérdida de toda irritabilidad, y la modestia que acompaña este sosiego
Por la práctica de los mandamientos, el espíritu se despoja de las pasiones
La verdadera humildad consiste en rebajarse... cuando se tienen ocasiones de elevarse
La humildad tiene varios grados... David alaba esta humildad perfecta que no consiste solo en un abajamiento, sino en un quebrantamiento completo del corazón, cuando dice: ‘El sacrificio agradable a Dios es un espíritu abatido por la aflicción y el arrepentimiento; un corazón contrito y humillado, oh Dios, no lo desprecias’ (Sal 50, 19)
Si quieres que Dios te conozca, permanece ignorado por los hombres
En cada una de nuestras acciones tenemos, no solo que sentir, sino también que reconocer: ‘Yo no puedo hacer nada por mí mismo. El Padre que está en mí es quien actúa’ (Jn 5, 30; 10, 14)
[Cristo] nos muestra la causa que conduce al desprecio y a la transgresión de los preceptos de Dios; de este modo nos proporciona el remedio para que podamos obedecer y salvarnos. ¿Cuál es, pues, este remedio y cuál es la causa del desprecio? Escuchad lo que dice nuestro Señor mismo: ‘Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis reposo para vuestras almas’ (Mt 11,29). He aquí que brevemente, en pocas palabras, nos muestra la raíz y la causa de todos los males, así como su remedio, causa de todos los bienes; nos muestra que es el engreimiento lo que nos ha hecho caer, y que es imposible obtener misericordia si no es por medio de la disposición contraria, que es la humildad
Afánate en tu alma sin manifestarlo para nada en tu cuerpo, ni por tu apariencia externa, ni por una palabra, ni por un sobreentendido
En ausencia de los objetos, podemos no ser importunados por las pasiones y no tener más que una impasibilidad parcial. En cuanto los objetos aparecen, el espíritu se ve solicitado por las pasiones
El verdaderamente humilde es aquel que tiene en secreto de qué enorgullecerse y no se enorgullece, sino que no ve en él mismo más que un poco de tierra
El fundamento de nuestra filosofía es la humildad
[La humildad] es hacer el bien a los que te hacen el mal
Aprendamos, sintiendo en cada acción nuestra debilidad y su ayuda, a proclamar cotidianamente: ‘Me empujaron para hacerme caer, pero el Señor me sostuvo; mi fuerza y mi alabanza es el Señor: Él fue mi salvación’ (Sal 117, 13-14)
La primera [clase de humildad] consiste en tener al hermano por más inteligente que uno mismo y superior en todo
Doquiera que vayas, esconde tu manera de vivir
No imagines que posees la impasibilidad perfecta mientras el objeto no está aquí. Si, cuando aparece, permaneces sin conmoverte, primero por él y luego por su recuerdo, entonces sí que has alcanzado sus fronteras
El humilde se ve a sí mismo como un hombre despreciable
A esta humildad le otorga Cristo el primer puesto en sus bienaventuranzas, porque el diluvio de males que inunda la tierra no tiene otra fuente que el orgullo... Como el orgullo era, por así decir, el mal culminante del hombre y la raíz y fuente de todos los pecados del mundo, Jesucristo, para curarlo mediante un remedio contrario, estableció primero esta ley de la humildad como fundamento inamovible del edificio que quería construir. Cuando se ponga este fundamento, el que construya podrá elevar sin temor el resto del edificio; pero si falta, cuando el edificio se eleve hasta el cielo, necesariamente se tambaleará y se irá cayendo a pedazos
[El humilde llega a] despreciarse por no hacer nada bueno delante de Dios
El creador del universo y su médico, Dios, sabiendo que el orgullo es la causa de las enfermedades más graves, se preocupa de curar los contrarios mediante los contrarios, de modo que lo que había caído por el orgullo vuelva a levantarse por la humildad
[Atribuir a Dios todo lo bueno que se tiene y todo el bien que se ha hecho:] así es la perfecta humildad de los santos
El comienzo de la victoria contra la cenodoxia es la vigilancia de los labios
[El verdadero humilde llega incluso a querer] estar en la creación como si no estuviera, como lo que aún no ha llegado a ser, totalmente desconocido, hasta por su propia alma
Edificar sobre otro fundamento es condenarse a no hacer nada duradero y a trabajar en vano
Quien no posee humildad no ha cumplido ningún mandamiento. Pues sin humildad ninguna de las virtudes es agradable ante Aquel que las recibe: Cristo
Si la peste infecciosa infecta la parte racional, engendra en ella la cenodoxia, el encumbramiento, el orgullo, la presunción... Aplicad, pues, al miembro o a la parte de vuestra alma que hemos dicho que está especialmente herida, el remedio de la verdadera humildad
Está claro que el hombre humilde y piadoso, sabiendo que nada bueno puede hacerse en su alma sin el auxilio y la protección de Dios, jamás deja de invocarlo para que tenga misericordia de él; y quien ruega a Dios sin cesar conoce la fuente de cualquier obra buena que le sea dado realizar... Atribuye a Dios toda buena obra, y no deja de darle gracias y de invocarlo, temiendo que la pérdida de tal auxilio deje aparecer su debilidad e impotencia. De este modo, la humildad le hace orar y la oración le vuelve humilde
No escondas una falta humillante con el pretexto de evitar el escándalo; pero quizá no es apropiado usar este remedio en todos los casos; depende de la naturaleza de la falta
Mira lo que ha hecho por adquirirla Aquel que ha ordenado la humildad y concedido esta gracia. Sé como él y la encontrarás
Gracias a la humildad [el alma] se mantiene sana
[Un demonio dijo a san Macario:] Todo lo que vosotros tenéis, nosotros también lo tenemos; solo os distinguís por la humildad
Nadie puede alcanzar la perfección de la pureza sino por la humildad que manifiesta a sus hermanos y a Dios
Cristo nos enseña la causa que lleva hasta el desprecio y la transgresión de los preceptos de Dios [a saber, el orgullo]; nos proporciona así el remedio para que podamos obedecer y salvarnos. ¿Cuál es este remedio y cuál es la causa del desprecio? Escuchad lo que dice nuestro Señor mismo: ‘Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas’ (Mt 11, 29). He aquí que, brevemente, en muy pocas palabras, nos muestra la raíz y la causa de todos los males, junto con su remedio, fuente de todos los bienes; nos muestra que lo que nos ha hecho caer es el habernos elevado, y que no se puede obtener misericordia sino mediante la disposición contraria, que es la humildad
El comienzo de la victoria sobre la cenodoxia es... el amor a las humillaciones
Mientras el hombre no se ha vuelto humilde, no recibe el salario de su propio trabajo. La recompensa no se le da a la obra, sino a la humildad. Quien descuida la segunda, pierde la primera... Por la humildad se da la gracia. Por tanto, la recompensa no viene de la virtud, ni del esfuerzo que se pone en ella, sino de la humildad. Si no se tiene humildad, la obra de la virtud es vana
[La humildad es] la madre, la raíz, el alimento, el vínculo y la base de todos los bienes
Si somos humildes, el Señor alejará de nosotros al enemigo y nos ayudará a guardar nuestra alma en todo momento
Considerándonos inferiores a todos, soportaremos con paciencia cualquier trato de los hombres, por injustos, torturantes y penosos que sean, estimando que nos llegan de hombres que son superiores a nosotros
[Sin la humildad] es imposible liberarse del mal
Dios se regocija cuando nos ve correr al encuentro de las humillaciones, para reprimir, golpear y aniquilar nuestra vana autoestima
Las obras sin [humildad] no sirven para nada... Fuera de ella, todas nuestras obras son vanas, son vanas todas las virtudes y son vanos todos los esfuerzos
El cumplimiento de los mandamientos es la humildad, en quien Dios descansa (cf. Is 66, 2); quien cumple la humildad cumple todos los mandamientos
[Una de las señales de la humildad es que] uno no se aflige por las injurias que recibe
[La humildad] protege al alma de todas las pasiones y de todas las tentaciones... Verdaderamente, nada es más poderoso que la humildad
Habiendo observado que a algunos les gustaba exhibirse cuando los seglares acudían al monasterio, el médico les infligía ante los visitantes las más graves injurias y les encargaba las tareas más humillantes
En el humilde no hay nunca precipitación, ni apresuramiento, ni confusión, ni ningún pensamiento ardiente y vano; por el contrario, él permanece en todo momento en calma. Si el fuego del cielo cae a la tierra, el humilde no teme. No todos los hombres tranquilos son humildes, pero todos los hombres humildes están tranquilos... El humilde siempre está en calma, pues no hay nada que agite o perturbe su reflexión
[La humildad perfecta es una virtud que solo] los santos perfectos reciben cuando han completado toda la ascesis de su vida
[La humildad propicia que el hombre] se recupere y regrese a su estado natural
El Señor conduce a menudo a los vanidosos a la ausencia de vanagloria por medio de alguna humillación que les ocurre
[Quien posee la perfecta humildad] ha penetrado en el misterio de todas las naturalezas espirituales, lleva en él la sabiduría de la creación con toda exactitud y, sin embargo, considera que no sabe nada... Pues bien, eso es lo que había dicho la Escritura Santa: los misterios se les revelan a los humildes. A los humildes se les concede recibir en ellos este Espíritu de las revelaciones, que descubre los misterios. Por eso los santos han dicho que la humildad plenifica el alma en las contemplaciones divinas
[La humildad perfecta] no se le concede más que a aquellos que logran la perfección de la virtud por la fuerza de la gracia
Cuando nuestros aduladores... comienzan a alabarnos, traigamos brevemente a nuestra memoria la multitud de nuestros pecados, y nos reconoceremos indignos de lo que se dice o se hace en nuestro honor
Desciende más debajo que tú mismo, y verás la gloria de Dios. Pues allí donde germina la humildad, se extiende la gloria de Dios
Como el fuego no engendra la nieve, así los que buscan la gloria aquí abajo no gozarán de ella allá arriba
Por la humildad se concede la gracia
Esforcémonos por no gozar sino de la gloria de arriba. En efecto, quien ha gustado de ella despreciará cualquier gloria terrena
La humildad toma la delantera a la gracia
Desde el momento en que... la santa humildad empieza a florecer en nosotros, nos ponemos de inmediato... a odiar toda gloria y toda alabanza humana
La verdadera humildad engendra el conocimiento
Habrá poca esperanza de salvación para estos enfermos
El orgullo visible se cura mediante una situación oscura
Todo lo que te ha sucedido desde que naciste, igual que el mismo nacimiento, te lo ha dado Dios
Cuando nuestro pensamiento deja de elevarse a propósito de los bienes naturales, es señal de que comienza a recobrar la salud
¿Qué tienes tú que no hayas recibido como un don gratuito, ya sea de Dios mismo, ya por la ayuda y las oraciones de los otros?
De todas las virtudes que has adquirido, solo las que has adquirido sin ayuda de tu inteligencia te pertenecen, pues tu inteligencia te la ha dado Dios. De todas las victorias que has logrado, solo las que has logrado sin la cooperación de tu cuerpo son resultado de tu esfuerzo, pues tu cuerpo es obra de Dios, no tuya
El orgullo invisible solo puede curarlo Aquel que es eternamente invisible
Los hombres pueden curar a los voluptuosos; los ángeles, a los malvados; pero a los orgullosos, únicamente Dios
La humildad es un abismo de desvalorización de uno mismo
Si, con un sentimiento profundo del corazón, estimamos que nuestro prójimo es mejor que nosotros en todos los sentidos, es que la misericordia está cercana a nosotros
La humillación es lo que pone a prueba el corazón
Si el carácter propio del orgullo extremo es fingir virtudes que no se poseen para obtener gloria de ellas, de ahí se deduce que el signo de la humildad más profunda será simular a veces, para desvalorizarnos a nosotros mismos, defectos de los que carecemos
[Una de las propiedades de la humildad es] la pérdida de toda irritabilidad
[El humilde verdadero es] aquel que, cuando otro le ofende, no deja que su caridad para con él se reduzca
[La humildad] es estimarse el mayor de los pecadores
A medida que esta reina de las virtudes [la humildad] progresa en nuestra alma y crece espiritualmente, somos llevados a considerar una nulidad... todo el bien que nosotros hemos realizado
[La humildad es] un reconocimiento de la gracia y la misericordia divina
[La humildad es] el sentimiento de un alma contrita
[La penitencia, la compunción y la humildad,] esta santa cuerda de tres hebras... se reduce a una sola entidad que tiene un mismo poder y una misma actuación, adquiere caracteres y cualidades propios, y en la que lo que designamos como señal de uno de sus elementos resulta ser también la marca de los otros
Si esta pasión [del orgullo] por sí sola, sin el concurso de ninguna otra, ha podido hacernos caer del cielo, podemos preguntarnos si no sería posible subir al cielo solo por medio de la humildad, sin ayuda de ninguna otra virtud
Sin ella [la humildad] nadie entrará jamás en la cámara nupcial
[La humildad es] la puerta del Reino
Manasés pecó como ningún otro hombre... Aunque el mundo entero hubiera ayunado por él, no hubiera podido compensar dignamente su crimen. Pero la humildad tuvo el poder de curar en él lo que era incurable
El remedio contra todas las pasiones de las que hemos hablado es la humildad. Quienes han obtenido esta virtud las han vencido todas
La humildad es ‘una torre fortificada frente al enemigo’ (Sal 60, 4). El enemigo no prevalecerá contra el humilde, y el hijo -o, más bien, el pensamiento- de la iniquidad no lo dañará; él apartará a sus enemigos de delante él, y pondrá en fuga a los que le odian’ (Sal 88, 23-24)
La madre de la perfecta impasibilidad es la humildad