Citas sobre ira — 194 citas

Sobre ira

Soportaos unos a otros en el amor, haciendo lo posible para conservar el vínculo de la paz

Pablo Apóstol Ef 4, 2

Aunque el temor es también una pasión, no todo temor es una pasión

Clemente de Alejandría Clemente de Alejandría, Stromata, II, 8, 40

[La paciencia] no solo conserva lo que es bueno para nosotros; nos defiende de lo que nos es contrario

Cipriano de Cartago Cipriano de Cartago, Del beneficio de la paciencia, 14 (cf. 20)

Cuando las pasiones se levantan, las gentes sensatas no las escuchan, sino que se irritan contra los malos deseos y les declaran la guerra

Macario de Egipto Macario de Egipto, Homilías, (colección II), XV, 51

Lo que nos hiere no son las palabras; lo que nos subleva es nuestro orgullo y la buena opinión que tenemos de nosotros mismos

Basilio de Cesarea Basilio de Cesarea, Homilías, 10, Sobre la ira

En cuanto a la agresividad (θυµός), a la ira (όργή) y al odio (µίσος), es necesario que estas potencias vigilen a la puerta como perros guardianes con el único objetivo de resistir al pecado, que utilicen su fuerza natural contra el ladrón, contra el enemigo que se desliza dentro para procurar la pérdida del tesoro divino y viene a robar, matar y destruir

Gregorio de Nisa Gregorio de Nisa, Tratado de la virginidad, XVIII, 3

La naturaleza de la potencia irascible del alma (θυµός) es combatir a los demonios

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Tratado práctico, 24; Tratado para el monje Eulogio, 10; Capítulos gnósticos. Pseudo-suplemento, 9 (ed. Frankenberg, 431)

Poco le importa el daño que el alma se hace a sí misma, se conforma, y lo convierte en una especie de placer que tiene que satisfacer a cualquier precio. Sí, esta agitación del corazón no carece de placer, y llega a ejercer sobre el alma una tiranía más imperiosa que cualquier otro placer

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Tratado del sacerdocio, III, 14

La humildad no se irrita contra nadie

Padres del desierto Apotegmas, PE, I, 45

Mientras la ira ocupa nuestro corazón y oscurece nuestro ojo interior, no podemos juzgar con discernimiento... Tampoco somos capaces de adquirir la verdadera luz espiritual, ya que, como dice la Escritura, ‘La ira turbó mis ojos’ (Sal 30, 10); ni siquiera seremos capaces de adquirir la madurez del juicio..., porque ‘el hombre airado obra sin reflexión’ (Prov 14, 17)

Juan Casiano Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, VIII, 1

La oración es el germen de la ausencia de ira

Nilo de Ancira Apotegmas, serie alfabética, Nilo, 2

Esta enfermedad [el odio] afecta a quienes persiguen la preeminencia en los honores

Marcos el Monje Marcos el Monje, De la penitencia, III; A Nicolás, 8

La ira moderada es como un arma que nuestro Creador ha dado a nuestra naturaleza

Diádoco de Fótice Diádoco de Fótice, Cien Capítulos gnósticos, 62

En el espíritu hay una ira conforme a la naturaleza y sin ira no habría ninguna pureza en el hombre, si no se enfadara contra todo lo que el enemigo siembra en él

Isaías de Escete Isaías de Escete, Asceticón, II, 7

En lugar del odio según Dios, que odia el mal, ¿acaso [el diablo] no sembró en nosotros el odio perverso, que odia el bien y a Dios mismo?

Barsanufio de Gaza Barsanufio, Cartas, 97

[La ira tiene por causa] especialmente el amor al placer (φιληδονία)

Doroteo de Gaza Doroteo de Gaza, Instrucciones espirituales, XII, 131

Picado por el aguijón de la ira, el corazón palpita, el cuerpo tiembla, la lengua bosteza, el fuego sube al rostro, los ojos brillan: el hombre se vuelve irreconocible para quienes lo conocen. La boca profiere sonidos, pero la inteligencia ya no sabe lo que dice. ¿En qué se diferencia de un loco en trance un hombre que deja de ser consciente de lo que dice? A menudo sucede que la ira baja hasta los puños y surge con una violencia que se corresponde con su sinrazón. La mente ya no es capaz de ningún control, pues se ha vuelto el juguete de una potencia extraña a ella; y si su rabia actúa sobre sus miembros en el exterior haciendo que golpeen, es porque en el interior mantiene cautiva al alma, que debería dominarla

Gregorio Magno Gregorio Magno, Morales sobre Job, V, 45

La naturaleza ha impreso en nosotros los movimientos de la ira para que nos sirvamos de ella contra la serpiente infernal, nuestro enemigo, pero nosotros la usamos contra nuestros hermanos

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXVI, 141

[El alma] se sirve de su potencia irascible para defender amorosamente el objeto de sus búsquedas

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, 55; Comentario al Padrenuestro, en PG 90, 896C

Si nos atamos a las cosas sensibles (esas cosas que suscitan la agresividad antinatural)... transformaremos la ternura natural en salvajismo

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 27

[En la ira] el θυµός estalla y se despliega

Juan Damasceno Juan Damasceno, Exposición exacta de la fe ortodoxa, II, 16

Dios nos ha otorgado esta facultad [la potencia irascible] como una armadura y un arco

Hesiquio de Batos Hesiquio de Batos, Capítulos sobre la vigilancia, 31 y 126

Por tanto, ¿quién, afligiéndose cada día, puede continuar viviendo con ira en lugar de volverse manso? Lo mismo que el agua se derrama sobre el fuego de un hogar, así la aflicción y las lágrimas apagan la furia del alma, hasta tal punto que el hombre que se ha entregado largo tiempo a ellas puede ver cómo su alma irascible se transforma hasta conseguir una calma inmutable

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Catequesis, XXXI, 57-66

Si el deseo y la razón tienden por naturaleza hacia lo divino, la ira es para ellos un arma de justicia contra la serpiente, que solo murmura en la conciencia y le sugiere tomar parte en los placeres de la carne

Nicetas Stéthatos Nicetas Stéthatos, Del alma, 57. Cf. 33

El freno de la parte irascible es el silencio oportuno

Calixto e Ignacio Xanthopoulos Calixto e Ignacio Xanthopouloi, Centuria, 78

La caridad es paciente

Pablo Apóstol 1 Cor 13, 4

La ira es una locura momentánea

Basilio de Cesarea Basilio de Cesarea, Homilías, 10, Sobre la ira

La naturaleza humana, en cualquier caso, opta entre dos direcciones opuestas

Gregorio de Nisa Gregorio de Nisa, Homilías sobre las bienaventuranzas, II, 3

Ese es el uso que debemos hacer de la parte irascible: combatir a la Serpiente con odio

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Tratado práctico, 24; Tratado para el monje Eulogio, 10; Capítulos gnósticos. Pseudo-suplemento, 9 (ed. Frankenberg, 431)

[La ira] es una enfermedad que repugna tanto a nuestra naturaleza como una enfermedad del cuerpo

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre los Hechos de los apóstoles, XXXI, 4

Si un hermano tuyo te injuria o te aflige de algún modo, reza por él como enseñan los Padres, pensando que él te procura grandes beneficios y que es un médico que te cura del amor al placer. Así se apaciguará tu ira, siendo la caridad, para los santos Padres, un freno de la ira

Padres del desierto Apotegmas, XV, 136

Sea cual sea su causa, el movimiento de la ira, en su efervescencia, ciega los ojos del corazón e introduce en ellos la ‘viga’ mortal de una enfermedad más grave, impidiéndole contemplar el sol de justicia

Juan Casiano Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, VIII, 6

[A la ira] la consolida y fortifica sobre todo el orgullo

Marcos el Monje Marcos el Monje, De la penitencia, III; A Nicolás, 8

La ira, más que las otras pasiones, tiene por costumbre perturbar y trastornar el alma

Diádoco de Fótice Diádoco de Fótice, Cien Capítulos gnósticos, 62; Juan Clímaco, Escala, Recapitulación, 32. Cf. VIII, 18

En el espíritu hay un odio que es conforme a la naturaleza, y sin odio hacia la enemistad el alma no pone de manifiesto su honradez

Isaías de Escete Isaías de Escete, Asceticón, II, 8

Allí donde hay compasión y caridad, la ira y el rencor no pueden prevalecer

Doroteo de Gaza Doroteo de Gaza, Instrucciones espirituales, VIII, 94

[La ira] perturba el alma y, por decirlo así, la desgarra y la corta

Gregorio Magno Gregorio Magno, Morales sobre Job, V, 45

[A propósito del rencor:] Se trata de un dolor sensible y punzante que no deja de gustar a causa de la dulzura que se encuentra en la amargura misma de la ira

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, IX, 2

(Conviene) que nuestra razón se ponga en movimiento para buscar a Dios y que... la potencia de la agresividad luche para conservarlo

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, 55; Comentario al Padrenuestro, en PG 90, 896C

Cuando la paciencia crece en nuestras almas, es signo de que hemos recibido secretamente la gracia del consuelo. El poder de la paciencia es más fuerte que las formas de alegría que afectan al corazón

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 73

Si el hombre dirige su ira solo contra la antigua serpiente, entonces se mueve según la naturaleza

Nicetas Stéthatos Nicetas Stéthatos, Del alma, 33-34

[La caridad] está llena de bondad

Pablo Apóstol 1 Cor 13, 4

Esta pasión destierra la razón e impide al hombre el uso del razonamiento

Basilio de Cesarea Basilio de Cesarea, Homilías, 10, Sobre la ira

La humildad es la madre de la mansedumbre del corazón. Si cierras la puerta al orgullo, la ira no encuentra entrada. La brutalidad y la ignominia provocan esta enfermedad en los violentos. Pero la ignominia no alcanza al que practica la humildad

Gregorio de Nisa Gregorio de Nisa, Homilías sobre las bienaventuranzas, II, 5

La agresividad (θυµός) buena es una facultad del alma destinada a destruir los malos pensamientos

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Tratado práctico, 24; Tratado para el monje Eulogio, 10; Capítulos gnósticos. Pseudo-suplemento, 9 (ed. Frankenberg, 431)

Entre la ira y la locura no hay ninguna diferencia

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Comentario a san Juan, XLVIII, 3; IV, 5

¿Acaso no vemos los primeros movimientos de la carne, no solo en los niños que todavía se hallan en la edad de la inocencia y no tienen discernimiento del bien y el mal, sino incluso en los más pequeños y en los que todavía son niños de pecho? Sin que haya en ellos el menor comienzo de concupiscencia, testimonian sin embargo que estos movimientos están impresos por naturaleza en su carne. Asimismo, ¿no constatamos violentos accesos de ira incluso en los más pequeños, los cuales, antes de conocer la virtud de la paciencia, se perturban por las injurias que reciben y se resienten por las palabras burlonas que les dicen aunque sea de broma? Y en ocasiones, aunque les falta la fuerza para llevarla a cabo, no les falta el deseo de venganza que la ira les inspira

Juan Casiano Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, VII, 3

[La ira] devasta toda el alma y la introduce en la confusión

Marcos el Monje Marcos el Monje, A Nicolás, 8

La ira que para nosotros era conforme a la naturaleza... se ha transformado para todos los sujetos irracionales y vanos en ira contra el prójimo

Isaías de Escete Isaías de Escete, Asceticón, II, 7-8

¿Alguno está airado? Que deje de irritarse

Doroteo de Gaza Doroteo de Gaza, Instrucciones espirituales, XII, 133

[La ira] arroja en [el alma] la confusión

Gregorio Magno Gregorio Magno, Morales sobre Job, V, 45

La fiebre corporal es siempre del mismo tipo, pero su calor, lejos de tener siempre el mismo origen, puede proceder de múltiples causas. Del mismo modo, el ardor de la ira y sus movimientos, como también el de nuestras otras pasiones, puede tener causas y orígenes diversos. Por eso es imposible prescribir una regla única. Yo aconsejaría más bien a los que están enfermos de ella que cada uno busque con el mayor cuidado el método que tiene que seguir para curarse. El primer paso del tratamiento es conocer la causa de la enfermedad; en efecto, cuando la hayan encontrado, los enfermos recibirán de la previdencia de Dios y de sus médicos espirituales el remedio eficaz

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, VIII, 35

Que el espíritu (νούς) se ordene por entero a Dios, tensado por medio de la agresividad como por una cuerda

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Comentario al Padrenuestro, en PG 90,896C; Cuestiones a Talasio, 49, escolio 6

Si [el hombre] dirige su ira contra sus semejantes..., entonces se mueve de modo no racional (ού λογικώς) y vive de forma contraria a la razón (άλόγως)

Nicetas Stéthatos Nicetas Stéthatos, Del alma, 33-34

Soportaos unos a otros en la caridad

Pablo Apóstol Ef 4, 2

Los que se dejan sorprender por la ira son capaces de toda suerte de desórdenes y arrebatos

Basilio de Cesarea Basilio de Cesarea, Homilías, 10, Sobre la ira

[Hay que] vivir profundamente la humildad del corazón. Los que están enraizados en esta experiencia no dejan en su alma ningún resquicio a la ira

Gregorio de Nisa Gregorio de Nisa, Homilías sobre las bienaventuranzas, II, 5

Cuando seas tentado, no reces sin antes haber dirigido con ira algunas palabras a aquel que te atenaza. Pues si dices algo con ira a los pensamientos, confundes y haces que desaparezcan las representaciones sugeridas por los adversarios

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Tratado práctico, 42

El hombre airado se parece absolutamente a un loco

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Comentario a san Juan, XLVIII, 3; IV, 5

[La compunción aparta] cualquier agitación y cualquier perturbación de la ira

Juan Casiano Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, VIII, 9

El odio natural... se ha vuelto antinatural, y nos hace odiar y despreciar al prójimo

Isaías de Escete Isaías de Escete, Asceticón, II, 7-8

[Que deje de irritarse,] pero que adquiera además la mansedumbre

Doroteo de Gaza Doroteo de Gaza, Instrucciones espirituales, XII, 133

El pecado de la ira, al aniquilar la ternura de nuestra alma, corrompe nuestra semejanza con la imagen divina

Gregorio Magno Gregorio Magno, Morales sobre Job, V, 45

[La ira es un] gusano que roe la mente

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, IX, 2; Juan Crisóstomo, Homilías sobre las estatuas, XX, 6; Comentario a san Juan, XXVI, 3

[La potencia irascible permite] concentrar el movimiento del deseo en el amor divino

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Comentario al Padrenuestro, en PG 90, 896C; Cuestiones a Talasio, 49, escolio 6

La potencia agresiva ocupa un lugar intermedio entre el deseo y la razón del alma. Es como un arma que posee cada uno de ellos en su movimiento antinatural o conforme a la naturaleza. Cuando el deseo y la razón se mueven, según la naturaleza, hacia lo divino, la potencia agresiva es en cada uno de ellos un arma justa que actúa solo contra la Serpiente que les tienta y les propone deleitarse con los placeres de la carne y gozar de la gloria de los hombres. Pero cuando se apartan de su movimiento natural, cuando desnaturalizan su potencia, cuando se vuelven de la consideración de las cosas divinas hacia las cosas humanas, la potencia agresiva es un arma de la injusticia que sirve al pecado. Entonces, mediante ella, el deseo y la razón combaten y atacan a aquellos que intentan contrariar sus impulsos y sus codicias

Nicetas Stéthatos Nicetas Stéthatos, Centurias, I, 16

[El apóstol invita a rezar] en todo lugar con manos santas, sin ira ni malos pensamientos

Pablo Apóstol 1 Tim 2, 8

Es imposible contar todas las extravagancias que hace un hombre en este estado [de ira]; corre sin orden ni concierto

Basilio de Cesarea Basilio de Cesarea, Homilías, 10, Sobre la ira

La naturaleza humana, de todas formas, opta entre dos direcciones contrarias: la ira o la mansedumbre

Gregorio de Nisa

El alma racional actúa según la naturaleza cuando su parte irascible lucha por la virtud

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Tratado práctico, 86

La ira corrompe el cuerpo

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Comentario a san Juan, XXVI, 3; Homilías sobre los Hechos de los apóstoles, VI, 4

[La ira, como todas las demás pasiones,] se cura con la meditación del corazón

Juan Casiano Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, VI, 3

En cuanto el Espíritu Santo la abandona, vemos al alma arrastrada a una evidente locura y dispersa tanto en sus pensamientos más profundos como en sus expresiones más superficiales

Gregorio Magno Gregorio Magno, Morales sobre Job, V, 45

El que ama verdaderamente a su prójimo, ha desterrado la ira de su alma

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, VIII, 36; IX, 5-6

Hemos preferido las cosas materiales y profanas al mandamiento del amor y, debido a que estamos ligados a ellas, luchamos contra los hombres, cuando más bien deberíamos preferir el amor a todos los hombres sobre todas las cosas visibles

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Discurso ascético, 7; Cartas, 28, en PG 91, 620C

[El hombre airado] se precipita y corre impetuosamente

Basilio de Cesarea Basilio de Cesarea, Homilías, 10, Sobre la ira

(La mansedumbre es) la mensajera de toda humildad

Gregorio de Nisa Gregorio de Nisa, Homilías sobre las bienaventuranzas, II, 5

La naturaleza de la potencia irascible es luchar por el placer

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Tratado práctico, 24

He conocido a muchos a quienes la ira ha hecho enfermar

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Comentario a san Juan, XXVI, 3; Homilías sobre los Hechos de los apóstoles, VI, 4

El remedio perfecto contra esta enfermedad es en primer lugar creer que no nos está permitido encolerizarnos jamás, ya sea por una causa justa o injusta

Juan Casiano Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, VIII, 22

Cuando la ira golpea la ternura del alma, la perturba y, por decir así, la desgarra y corta, de forma que la divide y enfrenta con ella misma

Gregorio Magno Gregorio Magno, Morales sobre Job, V, 45

Un banquete en donde la caridad convida a sus amigos disipa la ira

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, VIII, 36; IX, 5-6

[La filautía] para obtener un poco de placer nos excita a unos contra otros como fieras

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Discurso ascético, 7; Cartas, 28, en PG 91, 620C

[El hombre airado] ataca a todos los que se encuentra

Basilio de Cesarea Basilio de Cesarea, Homilías, 10, Sobre la ira

(El don de la mansedumbre es) la dicha y la herencia de los cielos en Cristo Jesús

Gregorio de Nisa Gregorio de Nisa, Homilías sobre las bienaventuranzas, II, 4 (cf. 1)

Los ángeles nos sugieren el placer espiritual y la beatitud que le sigue, para exhortarnos a dirigir nuestra irascibilidad contra los demonios

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Tratado práctico, 24

[La ira] arruina el alma

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Tratado del sacerdocio, III, 13; Comentario a san Juan, XLVIII, 3; Comentario a san Mateo, IV, 9

No hagamos depender nuestro progreso en la paz interior de la voluntad de los otros, que no está en nuestras manos. Más bien tiene que depender de nosotros mismos. De modo que el no enfadarnos no tiene que venir de la perfección del prójimo, sino de nuestra propia virtud, y esta virtud no se adquiere mediante la paciencia de los demás sino mediante nuestra propia longanimidad

Juan Casiano Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, VIII, 17

Dios priva de la irradiación de su conocimiento a la mente a la que la ira entenebrece con su confusión

Gregorio Magno Gregorio Magno, Morales sobre Job, V, 45

(La ira es) síntoma de un gran orgullo

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, VIII, 16; XXV, 4; VIII, 9

[La ira nace], por tanto, cuando el amor a sí mismo (φιλαυτία) está herido por el sufrimiento

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, prólogo

La salmodia serena las almas, procura la paz, calma el tumulto y el oleaje de los pensamientos; suaviza lo que está irritado en el alma y apacigua lo que está desordenado

Basilio de Cesarea Basilio de Cesarea, Homilía sobre el Salmo I, 2, en PG 29, 212C. Cf. Evagrio Póntico, Tratado práctico, 15

La facultad agresiva (θυµός) impura es una potencia del alma enferma

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Capítulos gnósticos. Pseudo-suplemento, 9 (ed. Frankenberg, III)

[La ira] trastoca de pies a cabeza el estado normal [del alma]

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Tratado del sacerdocio, III, 13; Comentario a san Juan, XLVIII, 3; Comentario a san Mateo, IV, 9

No basta con que no haya nadie que nos irrite, ya que... podemos encolerizarnos incluso contra unos objetos insensibles

Juan Casiano Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, VIII, 19, 3

La conversión exige mucha humildad

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, VIII, 16; XXV, 4; VIII, 9

Hemos preferido las cosas materiales y profanas al mandamiento del amor y, porque nos hemos apegado a ellas, luchamos contra los hombres, cuando deberíamos preferir el amor hacia todos los hombres antes que todas las cosas visibles e incluso a nuestro cuerpo

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Libro ascético, 7; 8

Lo que nos hiere no son las palabras; es nuestro orgullo lo que nos subleva, y la buena opinión que tenemos sobre nosotros mismos

Basilio de Cesarea Basilio de Cesarea, Homilías, X, Sobre la ira

[La naturaleza de la potencia agresiva] es luchar con vistas al placer, cualquiera que sea este

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Tratado práctico, 24

[La ira vuelve al alma deforme] al atacar lo que tiene de más sano y corromper lo que tiene de más puro

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Tratado del sacerdocio, III, 13; Comentario a san Juan, XLVIII, 3; Comentario a san Mateo, IV, 9

[La ira no puede] curarse más que mediante una vigilancia prolongada

Juan Casiano Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, VI, 3

[La humildad conduce] a desterrar de nuestra alma todos los movimientos y todos los arrebatos de la ira

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, VIII, 16; XXV, 4; VIII, 9

Porque estamos embargados por el amor a las cosas materiales y por la atracción del placer, y preferimos todo esto al mandamiento, no somos capaces de amar a aquellos que nos odian; antes bien, nos ocurre que nos enfrentamos a quienes nos aman a causa de esas mismas cosas

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Libro ascético, 7; 8

En cuanto sintáis sus primeras acometidas [las de la ira], contenedla, sometedla a la razón como se sujeta a un caballo con el bocado

Basilio de Cesarea Basilio de Cesarea, Homilías, X, Sobre la ira

[Los demonios] nos arrastran hacia los deseos del mundo y constriñen a la parte irascible a combatir a los hombres en contra de su naturaleza

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Capítulos gnósticos. Pseudo-suplemento, 9 (ed. Frankenberg, 431)

[La] razón [del hombre airado] está entonces sepultada en la embriaguez y las tinieblas

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Comentario a san Juan, IV, 5; Marcos el Monje, A Nicolás, 8

No basta con que suprimamos la ira de nuestros actos, sino que también tenemos que arrancarla por completo del fondo de nuestra alma... En efecto, la palabra evangélica nos manda arrancar las raíces de los vicios más que los frutos. Y el espíritu podrá permanecer sin cesar en una total paciencia y santidad cuando la ira haya sido expulsada no de la superficie de los comportamientos, sino del interior de los pensamientos

Juan Casiano Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, VIII, 20, 1-2

Igual que las tinieblas se disipan en cuanto aparece la luz, así también el perfume de la humildad hace que se desvanezca cualquier rastro de amargura y de irascibilidad

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, VIII, 16; XXV, 4; VIII, 9

La agresividad destruye tiránicamente el ejercicio de la razón y hace que el pensamiento se salga de la ley de la naturaleza

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Comentario al Padrenuestro, en PG 90, 888C

Hay que sofocar la ira desde que nace

Basilio de Cesarea Basilio de Cesarea, Homilías, X, Sobre la ira

No vayas a desviar el uso que haces de la potencia irascible hasta usarla de modo antinatural enfadándote contra tu hermano

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Tratado para el monje Eulogio, 10

Nada turba la claridad de la inteligencia, nada ofusca la penetración de la mente como la ira

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Tratado del sacerdocio, III, 14

El médico de las almas, que conoce los secretos de los corazones, queriendo arrancar incluso las ocasiones de la ira, no nos obliga solo, cuando hemos sido ofendidos, a perdonar a nuestros hermanos, a reconciliarnos con ellos y a no conservar ningún recuerdo de la injuria recibida; sino que del mismo modo nos manda que, si sabemos que ellos tienen una queja, justificada o no, contra nosotros, abandonemos nuestra ofrenda, es decir, nuestras oraciones, y les demos primero satisfacción; y, una vez aplacado así nuestro hermano, ofrezcamos a Dios el sacrificio sin tacha de nuestras oraciones

Juan Casiano Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, VIII, 14. Cf. Doroteo de Gaza, Instrucciones espirituales, VIII, 90-94

La ausencia de ira es un deseo insaciable de humillaciones... La ausencia de ira es una derrota de la naturaleza, que se ha vuelto insensible a las injurias

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, VIII, 2

[La ira] destruye de la misma manera los buenos pensamientos que hay en nosotros

Máximo el Confesor Cf. Job 5, 2; Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, IV, 75; Gregorio Magno, Morales sobre Job, V, 45; Isaías de Escete, Asceticón, II, 8; Juan Crisóstomo, Comentario a san Mateo, XVI, 8; Hesiquio de Batos, Capítulos sobre la vigilancia, 31; cf. 136

La naturaleza del elemento irascible... es luchar por el placer, sea cual sea

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Tratado práctico, 24

En verdad, la ira no es menos loca que el delirio: ved como este demonio arroja a sus víctimas en el delirio, las priva absolutamente de la razón y las persuade de todo lo contrario de lo que les aconsejan sus ojos. Ellos no ven nada, no hacen nada de forma razonable, se diría que ya no tienen sentido ni juicio...; la ira los subyuga

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Tratado del sacerdocio, III, 14

[La mansedumbre] no solo extirpa la ira, la tristeza, la acedia, la cenodoxia o el orgullo, sino también el placer y todos los vicios a la vez

Juan Casiano Juan Casiano, Conferencias, XII, 6. Aunque afirma esto de la paciencia, en este pasaje considera simultáneamente la mansedumbre y la paciencia, como si no diferenciara entre ellas. Cf. también, Conferencias, XXIV, 6

La primera y más eminente propiedad de esta eminente y excelente trinidad es la aceptación llena de alegría de la humillación, que el alma recibe y acoge con las manos extendidas como un remedio que alivia y cauteriza sus enfermedades y sus faltas graves. La segunda propiedad es la pérdida de toda irritabilidad, y la modestia que acompaña este sosiego

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXV, 7

[El temor es] la capacidad de apegarse al ser y no al no-ser y... es una propiedad que corresponde a esta capacidad la tendencia hacia lo que es apto para conservar el ser y la repulsión hacia lo que es apto para destruirlo

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Disputa con Pirro, en PG 91, 297CD

La tristeza sobreviene a veces por la frustración de los deseos; otras veces es consecuencia de la ira

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Tratado práctico, 10

[La embriaguez no es sino] el extravío de la mente fuera de sus caminos naturales, la desviación del razonamiento, la pérdida de la conciencia

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, LIII, 5; Catequesis bautismales, V, 4-5

El que es siempre manso no se inflama de ira, ni se consume en las angustias de la acedia y de la tristeza, ni se disipa en las fútiles búsquedas de la cenodoxia, ni se eleva con la hinchazón del orgullo

Juan Casiano Juan Casiano, Conferencias, XII, 6. Aunque afirma esto de la paciencia, en este pasaje considera simultáneamente la mansedumbre y la paciencia, como si no diferenciara entre ellas. Cf. también, Conferencias, XXIV, 6

Como el agua que se derrama poco a poco en un fuego acaba por apagar toda su llama, así las lágrimas que proceden de un verdadero dolor por nuestros pecados apagan todas las llamas de la ira y el furor

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, VIII, 1; 33

El temor conforme a la naturaleza es la potencia de apegarse al ser según la repulsión [de lo que tiende a destruirlo]

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Disputa con Pirro, en PG 91, 297CD

Yo sé que ella [la ira] forcejea siempre a propósito de los placeres

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Tratado de la oración, 99

Quienes montan en ira y están ebrios de ira ¿no se hallan en una situación tan grave como la de quienes están ebrios de vino? Dan muestras, en efecto, de tal desmesura que se abalanzan igualmente contra todos, sin controlar sus palabras ni saber distinguir a las personas. Lo mismo que los locos (µαινόµενοι) y los frenéticos se arrojan a los precipicios sin darse cuenta, así ocurre con los que se encolerizan o son presa de la ira

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, LIII, 5; Catequesis bautismales, V, 4-5

(La mansedumbre es) el sostén de la paciencia

Juan Casiano Juan Casiano, Conferencias, XII, 6

Las lágrimas contienen la ira como un freno

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXV, 7; VIII, 1; 33

[La limosna es] el tratamiento de la ira

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, I, 29. Cf. Juan Clímaco, Escala, XVI, 22

[La ira es] un movimiento contra aquel que ha hecho un daño o parece haberlo hecho

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Tratado práctico, 11

Creéis que os vengáis de vuestro enemigo, pero más bien os atormentáis a vosotros mismos

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre las estatuas, XX, 2

Parece evidente que el remedio más eficaz para el corazón humano es la paciencia, tal como dice Salomón: ‘El hombre manso es el médico del corazón’ (Prov 14, 30)

Juan Casiano Juan Casiano, Conferencias, XII, 6

El comienzo de la victoria sobre la ira es el silencio de los labios cuando el corazón está agitado

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, VIII, 4; XXVII, 6. Cf. Basilio de Cesarea, Homilías, X, Sobre la ira

Tristeza y rencor van a la par; por consiguiente, si el espíritu experimenta tristeza al representarse el rostro de un hermano, es la prueba de que le guarda rencor

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 89; 90. Cf. Nil Sorsky, Regla, V

Si suprimo los deseos, es para excluir los pretextos de la ira

Evagrio Póntico Evagrio Póntico

Vuestro resentimiento es un verdugo que lleváis dentro de vosotros a todas partes, es un buitre que desgarra vuestras entrañas

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre las estatuas, XX, 2

El que siempre está manso y tranquilo no se inflama de ira... Verdaderamente el sabio tiene razón cuando dice: ‘El hombre paciente vale más que el soldado valeroso; el que domina su ira, más que quien conquista una ciudad’ (Prov 16, 32)

Juan Casiano Juan Casiano, Conferencias, XII, 6

El que difícilmente se entrega a hablar, difícilmente se da a la ira

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, VIII, 4; XXVII, 6. Cf. Basilio de Cesarea, Homilías, X, Sobre la ira

Si la potencia irascible está constantemente perturbada..., el remedio es la bondad, beneficencia, la caridad y la misericordia

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, I, 66; II, 70

No admitas nunca la codicia, pues ella es la que proporciona materia a la ira

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Tratado práctico, 99; Tratado de la oración, 27

El que está furioso no puede disfrutar de la paz; quien tiene un enemigo y conserva odio contra él, tampoco gozará de ella

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre las estatuas, XX, 2; Comentario a san Juan, XLVIII, 3

Que los vicios cedan la victoria al pueblo de Israel, es decir, a las virtudes que les son contrarias..., la paciencia reivindica el lugar de la ira

Juan Casiano Juan Casiano, Conferencias, XII, 6; Instituciones cenobíticas, XII, 3, 2; Conferencias, V, 23

La mansedumbre es una roca que domina el mar de la irascibilidad y contra la que se parten todas las olas que rompen allí sin quebrantarla nunca

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXIV, 4

Cuando logres la caridad y la benevolencia hacia el prójimo, eliminarás de tu alma todo rastro de pasión

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 90; IV, 12

Igual que aquellos que tienen la vista enferma y miran al sol son estorbados por sus lágrimas y ven en el aire alucinaciones, así también la inteligencia (νούς), cuando está trastornada por la ira, es incapaz de escrutar mediante la contemplación espiritual y ve una especie de una nube posada sobre los objetos que quiere mirar

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Capítulos gnósticos, IV, 63

El hombre agitado se hace digno de mil suplicios: perpetuamente agitado por pensamientos tumultuosos, con el alma trastornada y angustiada noche y día, llega a sufrir aquí abajo unos tormentos precursores del infierno

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre las estatuas, XX, 2; Comentario a san Juan, XLVIII, 3

Nadie ignora que ‘paciencia’ viene de ‘padecer’ y ‘soportar’. Pero está claro que solo merece ser llamado paciente aquel que soporta sin protestar los malos tratos que se le infligen

Juan Casiano Juan Casiano, Conferencias, XVIII, 13

La mansedumbre es un estado inmóvil del alma, que permanece igual a sí misma tanto en las humillaciones como ante las alabanzas

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, VIII, 33; 4

Vence al odio con la caridad

Máximo el Confesor Doroteo de Gaza, Sentencias, III, 202

La parte irascible necesita más remedios que la parte concupiscible: por eso la caridad es llamada ‘grande’ (1 Cor 13, 13): es el freno de la parte irascible

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Tratado práctico, 20

Para las enfermedades del alma, nuestros discursos tienen que cumplir dos acciones: primero curar la enfermedad; luego, tras la curación, impedir las recaídas. Actualmente buscamos un método para una terapéutica difícil; no se trata aún de alcanzar la plena salud. ¿Cómo cortar por lo sano este defecto deplorable? ¿Cómo calmar esta fiebre cruel de la ira? Veamos de dónde procede y destruyamos la causa. ¿De dónde suele proceder? De un exceso de arrogancia y de orgullo. Suprimamos esta causa, y la enfermedad desaparecerá

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre los Hechos de los apóstoles, XXXII, 3

[La paciencia] no viene de ninguna otra fuente [que la humildad]

Juan Casiano Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, VII, 31 (cf. IV, 32, 9)

La mansedumbre consiste en que, cuando el prójimo nos atormenta, roguemos por él sin que nos afecte (su comportamiento) y sinceramente

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, VIII, 3 (encontramos una definición casi idéntica en XXIV, 2: «La mansedumbre es un estado inmutable del espíritu (νούς), que permanece siempre el mismo tanto en los honores como en las humillaciones»); XXIV, 3; VIII, 17

[Sin despreciar la gloria] es imposible cortar de raíz los pretextos de la ira

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 20 (cf. III, 13; IV, 41); I, 75

Cuando la parte irascible está agitada, la misericordia la calma

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Tratado práctico, 20

[Cristo] sabía que esta pasión necesitaba un remedio rápido. E igual que un médico hábil no proporciona solo profilaxis contra las enfermedades, sino que también las cura cuando ya se han formado, Jesucristo hace lo mismo

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Comentario a san Mateo, XVI, 10

Parece evidente que el remedio más eficaz para el corazón humano es la paciencia

Juan Casiano Juan Casiano, Conferencias, XII, 6

La señal de la suprema mansedumbre es conservar un corazón lleno de serenidad y de caridad respecto a quien nos ha ofendido, incluso en su presencia

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, VIII, 3 (encontramos una definición casi idéntica en XXIV, 2: «La mansedumbre es un estado inmutable del espíritu (νούς), que permanece siempre el mismo tanto en los honores como en las humillaciones»); XXIV, 3; VIII, 17

Ciertos remedios inmovilizan las pasiones, les impiden ponerse en marcha e intensificarse... A la ira, la paciencia y la mansedumbre la inmovilizan, le impiden desplegar su fuerza

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, II, 7

La mansedumbre disminuye [la irascibilidad]

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Tratado práctico, 19-20; Cartas, 56

¿Cómo combatir [la ira]?... Mediante la mansedumbre; combatir es estar del lado contrario

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Comentario a san Mateo, XVI, 10

(La mansedumbre es) fundamento del discernimiento (espiritual)

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXIV, 5

Consiste en permanecer constante en la adversidad, en soportar los males, en resistir la tentación hasta el final, en no ceder por sorpresa a la ira, en no dejar escapar una palabra bajo el impulso de la emoción, en no sospechar ni pensar nada que sea indigno de un hombre temeroso de Dios

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, II, 47

que [el alma] reprima su parte irascible mediante la mansedumbre

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Tratado práctico, 19-20; Cartas, 56

La mansedumbre quiebra la ira

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Comentario a san Mateo, XVI, 10

El Señor conducirá a los mansos por la vía del juicio (Sal 24, 9) o, más bien, del discernimiento

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXIV, 5

[Cristo,] ante la ingratitud y la blasfemia, conservó la paciencia; ultrajado y condenado a muerte, se mantuvo paciente y no achacó el mal a nadie

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Discurso ascético, 21

Enseña a tus hermanos esta mansedumbre para que difícilmente vuelvan a la ira

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Tratado práctico, 19-20; Cartas, 56

La ira es un fuego, es una llama que agarra, muerde y abrasa. Apaguémosla con la mansedumbre y la paciencia

Juan Crisóstomo

(La mansedumbre es) la madre de la caridad

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXIV, 1; 5; XXV, 12

A quien posee el amor a Dios no le cuesta trabajo seguir al Señor su Dios, como dice el divino Jeremías, sino que soporta con generosidad críticas y agresiones sin desearle mal a nadie

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Discurso ascético, 21

Estoy convencido de que tu mansedumbre ha sido para ti causa de un gran conocimiento. No hay, en efecto, ninguna virtud que engendre la sabiduría como esta mansedumbre por la que Moisés fue alabado como más manso de los hombres

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Cartas, 36 (cf. 41). Cf. Juan Clímaco, Escala, XXIV, 10

La ira destruye la paciencia

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre la Epístola a los hebreos, XXII, 3; Juan Clí- maco, Escala, VIII, 36; Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, II, 47; Juan Casiano, Conferencias, XII, 6; Instituciones cenobíticas, XII, 3, 2; Conferencias, V, 23

Que el tirano de la ira sea atado con las cadenas de la mansedumbre y golpeado por la paciencia

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXIV, 1; 5; XXV, 12

¿Cómo domeña la caridad a la ira?

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Discurso ascético, 20; Cipriano de Cartago, Del beneficio de la paciencia, 15

La caridad cura el elemento irascible

Evagrio Póntico Cf. Evagrio Póntico, Cartas, 19; Tratado práctico, 38

El hombre verdaderamente paciente soporta sin flaquear el peso de la adversidad

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre los Hechos de los apóstoles, VI, 4; Homilías sobre 1 Corintios, XXXIII, 1

[Una de las propiedades de la humildad es] la pérdida de toda irritabilidad

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXV, 3. Cf. Apotegmas, serie alfabética, Matoes, 2

Porque le corresponde ser misericordiosa y hacer el bien al prójimo, ser paciente con él y soportar todo lo que nos hace sufrir... Con estos medios la caridad domeña a la ira en quien la ha adquirido

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Discurso ascético, 20; Cipriano de Cartago, Del beneficio de la paciencia, 15

La caridad [cura] la parte irascible del alma, y la castidad la parte desiderativa

Evagrio Póntico

El hombre paciente es como un puerto en el que se disfruta de una calma profunda: el daño que le causéis no podrá conmover esta roca; vuestros ultrajes no podrán quebrantar esta torre

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre los Hechos de los apóstoles, VI, 4; Homilías sobre 1 Corintios, XXXIII, 1

Tu hermano ha sido para ti una ocasión de dificultad y la tristeza te ha conducido al odio. No te dejes vencer por el odio, sino vence al odio por medio de la caridad. Y he aquí cómo: rogando a Dios sinceramente por él

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, IV, 12; III, 90; III, 13. Cf. Evagrio Póntico, A los monjes, 14

[La paciencia] libra al alma de los espíritus malignos

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Comentario a san Juan, LXXXIV, 1; cf. Homilías sobre 1 Corintios, XXXIII, 1

¿Sientes rencor contra alguien? Reza por él y quebrarás el impulso de la pasión

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, IV, 12; III, 90; III, 13. Cf. Evagrio Póntico, A los monjes, 14

(La paciencia es para el hombre) la fuente de todo bien

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Comentario a san Juan, LXXXIV, 1; cf. Homilías sobre 1 Corintios, XXXIII, 1

Contra el resentimiento, reza por aquel que te ha ofendido y serás liberado

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, IV, 12; III, 90; III, 13. Cf. Evagrio Póntico, A los monjes, 14

[La paciencia] proporciona una fuerza invencible

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Cartas a Olimpiada, VII, 4. Cf. Id., Homilías sobre los Hechos de los apóstoles, VI, 3; Cipriano de Cartago, Del beneficio de la paciencia, 17 (cf. 14)

[El alma se sirve también] de su potencia irascible para defender amorosamente el objeto de sus búsquedas

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, 55

La paciencia podría ser un camino hacia la venganza

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre 1 Corintios, XXXIII, 1

El precepto de la caridad [es] el remedio que el Señor ha dado para la parte irascible del alma

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, I, 66. Cf. II, 47; 70 (en estos dos últimos capítulos la caridad también se define como «remedio»; IV, 22; 75; 80); Discurso ascético, 20

[La paciencia podría] atizar la llama de la ira en las almas irritadas

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre 1 Corintios, XXXIII, 1

[La paciencia sin caridad podría] llevar al rencor

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre 1 Corintios, XXXIII, 1

La paciencia sin la generosidad es un defecto

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre 1 Corintios, XXXIII, 1