Citas sobre Cristo médico — 162 citas

Sobre Cristo médico

[Cristo se hace] pecado por nosotros

Pablo Apóstol 2 Cor 5, 21

No hay más que un médico (ίατρός), carnal y espiritual, engendrado y no engendrado, venido en la carne, Dios, vida verdadera en la muerte, nacido de María y nacido de Dios, nuestro Señor

Ignacio de Antioquía Ignacio de Antioquía, Carta a los efesios, VII, 2

Él se hizo hombre por nosotros, para curarnos de nuestros males tomando parte en ellos

Justino Mártir Justino, Segunda apología, 13

Si quieres, puedes curarte; ponte en manos del médico y él abrirá los ojos de tu alma y de tu corazón. ¿Quién es el médico? Es Dios, que cura y vivifica por medio del Verbo y de la Sabiduría

Teófilo de Antioquía Teófilo de Antioquía, A Autólico, I, 7

El mismo Señor dio testimonio de que había venido como médico de los enfermos

Ireneo de Lyon Ireneo de Lyon, Contra las herejías, III, 5, 2

Jesús fue el único médico de nuestras heridas

Clemente de Alejandría Clemente de Alejandría, ¿Qué rico puede salvarse?, 29; Protréptico, X, 91,3

[Dios,] en el transcurso del tiempo pasado, convenció a nuestra naturaleza de su impotencia para obtener la vida; ahora nos ha mostrado al Salvador, que tiene el poder de salvar incluso lo que no podía ser salvado; por este doble medio, ha querido que tuviéramos fe en su bondad y que viéramos en Él... a un médico

Anónimo de la Carta a Diogneto Carta a Diogneto, IX, 6

[Los ángeles] querían ofrecer su auxilio a los hombres y darles la salud curándolos de sus enfermedades... Por eso ayudaban a los hombres en la medida de sus fuerzas

Orígenes Orígenes, Homilías sobre san Lucas, XIII, 2-3. Sobre los ángeles sanadores, cf. Jn 5, 4

En su amor incansable el Creador deseaba visitarnos en nuestras enfermedades y nuestro extravío y suscitó a Moisés el legislador

Antonio el Grande Antonio el Grande, Cartas, II, 2; III, 2. Cf. IV, 2

[La Cruz de Cristo] fue la curación para la naturaleza

Atanasio de Alejandría Atanasio de Alejandría, Discurso contra los paganos, 1

Con ocasión de la transgresión de Adán, el enemigo se había dedicado a herir y entenebrecer al hombre interior... A partir de entonces, sus ojos estaban fijos en el mal y en las pasiones, y permanecían cerrados a los bienes celestiales. Estaba tan malherido que nadie era capaz de curarlo... Ninguno de los justos, ni de los padres, ni de los profetas, ni de los patriarcas pudo curar al alma que había recibido en el origen la herida incurable de las malas pasiones. Vino Moisés, mas no logró otorgar la sanación completa. Sacerdotes, ofrendas, diezmos, sábados, neomenias, purificaciones, sacrificios, holocaustos y todos los demás medios de justificación existían en tiempos de la Ley; sin embargo... ni toda la justicia [del alma] podía curarla

Macario de Egipto Macario de Egipto, Homilías (colección li), XX, 4-6

Después de eso los profetas, agotados por el llanto, decían: ‘¿Quién dará a Sion el remedio salvador?’ (Sal 13, 7)... Y otro profeta suplica en estos términos: ‘Señor, inclina los cielos y baja’ (Sal 143, 5). Las heridas de la humanidad superan nuestros tratamientos... Nosotros no somos capaces de remediar nuestra miseria; te necesitamos a ti para enderezarnos

Cirilo de Jerusalén Cirilo de Jerusalén, Catequesis bautismales, XII, 1; 7-8; X, 5

Reprendido primero de muchas maneras por sus numerosos pecados, que crecieron como retoños de una mala raíz, corregido por diversos motivos y en distintas circunstancias por medio de la palabra, la ley, los profetas, los beneficios, las amenazas, los castigos, los signos..., el hombre tuvo... necesidad de un remedio más eficaz para curarse de unos males que no hacían más que empeorar

Gregorio Nacianceno Gregorio Nacianceno, Discursos, XLV, 9; XXXVIII, 13

El Padre ha enviado del cielo a su hijo verdadero para que cure todas las dolencias y enfermedades de los hombres

Ammonas Ammonas, Carta, 12, 3

El gran médico de las almas está dispuesto a curar todo mal

Basilio de Cesarea Basilio de Cesarea, Cartas, XLVI, 6

El verdadero médico de las enfermedades del alma, que, a causa de los que estaban enfermos, ha tomado parte en la vida de los hombres, suprime la causa del mal para devolvernos la salud

Gregorio de Nisa Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Padrenuestro, IV, 2

Con frecuencia, en las enfermedades que tratan los médicos, el enfermo se sitúa del lado de la medicina y de sus remedios sin ganar nada con ello, porque su constitución está debilitada, porque el arte se ha vuelto impotente, porque los remedios han perdido su virtud bajo la influencia de alguna funesta coyuntura. No ocurre así cuando el médico es Dios; por poco que estéis con Él, vuestra llaga se cura infaliblemente

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Comentario al salmo 6

Si alguno conserva el recuerdo del hermano que lo ha afligido, herido o insultado, debe acordarse de él como de un bienhechor. Pues si en estas circunstancias te entristeces, es que tu alma está enferma. En efecto, si no estuvieras enfermo, no sufrirías. Debes, pues, dar gracias a este hermano, puesto que gracias a él conoces tu enfermedad, rezar por él y recibir lo que procede de él como remedios que el Señor te envía. Si, por el contrario, te enfadas con él, es como si dijeras a Jesús: ‘No quiero recibir tus remedios; prefiero que la gangrena se introduzca en mis heridas’

Padres del desierto Apotegmas, XVI, 17-19

A aquellos que buscan sinceramente el remedio, no puede dejar de llegarles la curación por medio del verdadero médico de las almas

Juan Casiano Juan Casiano, Conferencias, XIX, 12

El alma que se ha convertido en la del Verbo, que ignora toda falta, se halla firmemente establecida para siempre en toda clase de bien; el incomparable más fuerte que el pecado, que hasta entonces nos tiranizaba

Cirilo de Alejandría Cirilo de Alejandría, Diálogo sobre la encarnación del Unigénito. SC 97, 230

El médico de las almas no presiona a aquellos que no quieren aprovechar sus cuidados

Teodoreto de Ciro Teodoreto de Ciro, Terapèutica de las enfermedades helénicas, V, 4

El Verbo hecho carne, es decir, perfecto hombre, se vuelve semejante a nosotros menos en el pecado, para volver a llevar a lo que era antinatural a la conformidad con la naturaleza por su santo cuerpo y, por piedad del hombre, lo hace volver al paraíso

Isaías de Escete Abba Isaías, Discursos, II, 2

Aquellos que se acercan a nuestro gran médico son iluminados por Él y Él los cura de todas sus enfermedades espirituales

Barsanufio de Gaza Barsanufio, Cartas, 59

El maestro y médico de nuestras almas, Jesús, el Señor

Juan de Gaza Juan de Gaza, Cartas, 617

En su bondad y Su amor a los hombres, Dios envía a su Hijo único, pues solo Dios podía curar y vencer tan grave mal. Los profetas no lo ignoraban. David lo decía claramente: ‘Revela tu fuerza y ven a salvarnos’ (Sal 79, 3); ‘Señor, inclina los cielos y baja’ (Sal 143, 5), y de tantas otras formas similares... Nuestro Señor vino, pues, haciéndose hombre por nuestra causa, ‘para curar, dice san Gregorio, lo semejante por lo semejante, el alma por el alma, la carne por la carne’

Doroteo de Gaza Doroteo de Gaza, Instrucciones espirituales, I, 4. Cf. Gregorio Nacianceno, Discursos, XXVIII, 13; XLV, 9

El gran médico de las almas, Cristo nuestro Dios, está cerca y quiere curarnos

Juan Mosco Juan Mosco, El prado espiritual, 144

Dado que la debilidad de nuestra naturaleza... no podía ser mayor, necesitaba el mayor remedio. Pues bien, este remedio consistía en que el Creador se hiciera igual a nosotros, las criaturas, en que Dios se hiciera hombre como nosotros

Sofronio de Jerusalén Sofronio de Jerusalén, Homilía sobre san Juan Bautista, en PG 84, 3822B

Era necesario, realmente necesario, que el Señor, que es sabio, justo y poderoso por naturaleza, no ignorara en su sabiduría el modo de la curación

Máximo el Confesor Máximo el Confesor. Cuestiones a Talasio, 61, en PG 90, 629C

Él acude en nuestro auxilio como un médico que actúa ante una grave enfermedad y restablece la salud

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 25

El gran médico de los que sufren está próximo. Ha tomado sobre sí nuestras enfermedades. Nos ha curado y nos cura con sus heridas. Está ahí y aplica ahora los remedios saludables

Juan de Cárpatos Juan de Cárpatos, Discurso ascético

Cristo se hizo obediente al Padre, curando nuestra propia desobediencia

Juan Damasceno Juan Damasceno, Exposición exacta de la fe ortodoxa, III, 1

[Cristo ha venido para] reformar al hombre dislocado... y recordar a su propia criatura el extravío en que se encuentra su mente

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Tratados éticos, I, 2

Que crean en Cristo... como único médico de los espíritus

Gregorio Palamas Gregorio Palamas, Triadas, II, 1, 40, 42

Todo lo que la ley podía hacer contra nuestros males era predisponernos a la salud y hacernos dignos de los cuidados del médico

Nicolás Cabasilas Nicolás Cabasilas, La vida en Cristo, I, 14

Solo Él [Dios] posee la inmortalidad

Pablo Apóstol 1 Tim 6, 16

Dios busca paternalmente a su criatura y la cura de su caída

Clemente de Alejandría Clemente de Alejandría, ¿Qué rico puede salvarse?, 29; Protréptico, X, 91,3

[Los ángeles] hicieron lo que estaba en su mano para curar a los hombres, pero los hombres no quisieron recibir la salud

Orígenes Orígenes, Homilías sobre san Lucas, XIII, 2-3. Sobre los ángeles sanadores, cf. Jn 5, 4

Este Moisés, que puso los fundamentos de la Casa de la verdad, quiso curar esta llaga profunda de los miembros de la familia humana; ellos reconocieron su impotencia

Antonio el Grande Antonio el Grande, Cartas, II, 2; III, 2. Cf. IV, 2

Se dan dos prodigios en el mismo ser: la muerte de todos se realizaba en el cuerpo del Señor y, por otro lado, la muerte y la corrupción eran destruidas por el Verbo que habitaba en ese cuerpo

Atanasio de Alejandría Atanasio de Alejandría, Sobre la encarnación del Verbo, 20

Lo mismo que la sombra no cura el sufrimiento ni cumple esa misión, lo mismo la Ley antigua era incapaz de curar las heridas y las enfermedades del alma, porque ella no tenía la vida

Macario de Egipto Macario de Egipto, Homilías, colección II, XXXII, 5

El Señor escuchó la oración de los profetas. El Padre no despreció a nuestra raza herida y nos envió a su Hijo como médico

Cirilo de Jerusalén Cirilo de Jerusalén, Catequesis bautismales, XII, 1; 7-8; X, 5

Festejamos nuestra curación de la enfermedad

Gregorio Nacianceno Gregorio Nacianceno, Discursos, XXXVIII, 4

El gran médico de las almas quiere volver al hombre perfecto

Basilio de Cesarea Basilio de Cesarea, Homilías contra los ricos, VII, 1

Como estábamos enfermos por haber abandonado la vida sana que llevábamos en el Paraíso..., vino el verdadero médico y expulsó el mal por medio de sus contrarios, conforme a lo prescrito en el arte de la medicina

Gregorio de Nisa Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Padrenuestro, IV, 2

El objetivo de un médico no es vengarse, sino atraernos hacia él. Un médico no se ofende ni se altera por las injurias de los enfermos que deliran, y no descuida nada para impedir que se envilezcan, considerando, no su ventaja personal, sino la de ellos; cuando recuperan un poco de su sensatez y de su tranquilidad, su corazón se llena de satisfacción y de alegría y redobla sus cuidados y remedios; lejos de querer vengarse de sus injurias, añade un favor tras otro, hasta que termina por devolverles la salud. Lo mismo Dios, cuando caemos en la última locura, sin pensar en vengarse del pasado, no dice nada ni hace nada que no se dirija a curarnos de nuestra enfermedad

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Exhortaciones a Teodoro, 1, 4

Si quieres curarte de estas terribles heridas del alma, debes soportar lo que el médico te impone. En efecto, el que tiene el cuerpo enfermo no sufre una amputación o toma una purga por gusto, e incluso conserva un mal recuerdo de ello; y, sin embargo, convencido de que sin estos tratamientos no podría verse libre de su enfermedad, soporta lo que le impone el médico. Sabe que con una pequeña molestia se librará de una larga enfermedad. El cauterio de Jesús es aquel que, insultándote o perjudicándote, te libera de la vanagloria

Padres del desierto Apotegmas, XVI, 17-19

A quienes buscan sinceramente el remedio no puede dejar de llegarles la curación de parte del verdadero médico de las almas, sobre todo a aquellos que no cierran los ojos a sus enfermedades por desánimo o por negligencia, sino que, lejos de esconder sus heridas o de rechazar insolentemente el tratamiento..., recurren con alma humilde pero vigilante al médico celestial para que cure las enfermedades que la ignorancia, el error y una desdichada necesidad les ha hecho contraer

Juan Casiano Juan Casiano, Conferencias, XIX, 12

Al apropiarse del alma humana, Él ha hecho triunfar sobre el pecado, impregnándola como con un tinte de la estabilidad y de la inmutabilidad de su naturaleza

Cirilo de Alejandría Cirilo de Alejandría, Diálogo sobre la encarnación del Unigénito. SC 97, 230

Jesús es médico de las almas y de los cuerpos

Barsanufio de Gaza Barsanufio, Cartas, 199

Cristo tomó nuestro mismo ser, las primicias de nuestra naturaleza y se convirtió en un nuevo Adán ‘a imagen de quien lo había creado’ (Col 3, 10), restaurando el estado natural y devolviendo a las facultades su integridad primera

Doroteo de Gaza Doroteo de Gaza, Instrucciones espirituales, I, 4

Reunamos los remedios del alma, es decir..., la humildad... Pues el médico más grande de nuestras almas, Cristo nuestro Dios, está cerca y quiere curarnos. No lo desdeñemos

Juan Mosco Juan Mosco, El prado espiritual, 144

El Señor volvió manifiesta la razón de la sabiduría en el modo de la curación, al hacerse hombre sin cambio y sin transformación de ninguna clase

Máximo el Confesor Máximo el Confesor. Cuestiones a Talasio, 61, en PG 90, 629C

Gloria a este Maestro que mediante acres remedios nos ha dado las delicias de la salud

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 48

Lo asumió todo para que todo fuera curado

Juan Damasceno Juan Damasceno, Exposición exacta de la fe ortodoxa, III, 18; 20

Cubiertos de heridas, afectados por diversas enfermedades..., llamamos a quien es el médico de las almas y de los cuerpos...; lo llamamos para que venga a curar nuestro corazón herido y a dar la salud a nuestra alma, que yace bajo el camastro del pecado y de la muerte

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Tratados éticos, VII, 263-276

Cristo es el Mediador por el que nos han llegado todos los bienes que se nos han dado o, más bien, que Dios nos da sin cesar. Pues Él no se ha contentado con cumplir una vez su papel de Mediador, entregándonos todos los bienes con vistas a los cuales cumplía ese papel, y luego retirarse; no, Él interviene sin cesar, y no solo con palabras y requerimientos, como hacen los embajadores, sino con su acción. ¿Cuál es esta acción? Unirnos a Él, y, a través de su persona, hacernos participar de las gracias qué le son propias, según el mérito de cada uno y según el grado de su purificación

Nicolás Cabasilas Nicolás Cabasilas, Explicación de la divina liturgia, XLIV, 1

Nuestro viejo hombre ha sido crucificado con Él a fin de que se destruyera el cuerpo del pecado, para que no seamos ya esclavos del pecado

Pablo Apóstol Rom 6, 6

El Verbo cura nuestras pasiones

Clemente de Alejandría Clemente de Alejandría, El Pedagogo, I, 1, 2

[Los ángeles] veían que sus remedios eran muy inferiores a lo que la curación de los hombres exigía

Orígenes Orígenes, Homilías sobre san Lucas, XIII, 2-3

Al ver esta herida incurable y extremadamente grave, Dios, en su clemencia, visitó a sus criaturas

Antonio el Grande Antonio el Grande, Cartas, IV, 2

El Hijo de Dios, que vive y actúa, está todos los días en acción y opera la salvación de todos

Atanasio de Alejandría Atanasio de Alejandría, Sobre la encarnación del Verbo, 31

La herida incurable que padecíamos... solo podía curarla el Señor. Por eso vino en persona, pues ninguno de los ancianos, ni la Ley, ni los profetas, eran capaces de ponerle remedio. Solo Él, viniendo, curó esta herida incurable del alma

Macario de Egipto Macario de Egipto, Homilías, colección II, XXX, 8; XX, 5-6; colección III, XXIV, 3-4

Reconozcamos la presencia del rey y médico

Cirilo de Jerusalén Cirilo de Jerusalén, Catequesis bautismales, XII, 1; 7-8; X, 5

Vemos [en esta fiesta] las obras de la curación

Gregorio Nacianceno Gregorio Nacianceno, Discursos, XXXVIII, 4

El gran médico de las almas está dispuesto a curar tu mal... Si te das a ti mismo, no vacilará

Basilio de Cesarea Basilio de Cesarea, Cartas, XLVI, 6

La salud del alma es que la voluntad divina encuentre un camino fácil en nosotros; mientras que caer fuera de esta voluntad buena es la enfermedad que aboca al alma a la muerte. Por tanto, dado que estábamos muertos por haber abandonado la vida sana que llevábamos en el paraíso, dado que estábamos llenos a rebosar del veneno de la desobediencia, el cual hacía que nuestra naturaleza padeciera esta enfermedad perniciosa y mortal, vino el verdadero médico y expulsó el mal por medio de sus contrarios, según la ley de la medicina; y he aquí que los hombres, agobiados por la enfermedad al haberse apartado de la voluntad divina, se vieron de nuevo liberados de todo mal gracias a su adhesión a los deseos de Dios

Gregorio de Nisa Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Padre nuestro

[La Iglesia es] un laboratorio espiritual, donde se preparan los medicamentos a fin de que encontremos con qué curarnos de las heridas que el mundo nos inflige

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Comentario a san Juan, II, 5

Yo no acuso a los que me hacen reproches, sino que los nombro mis bienhechores, y no rechazo al médico de las almas, que proporciona un remedio humillante a mi alma impura y orgullosa

Padres del desierto Apotegmas, XVI, 17-19

El médico de las almas, que conoce los secretos de los corazones, queriendo arrancar incluso las ocasiones de la ira, no nos obliga solo, cuando hemos sido ofendidos, a perdonar a nuestros hermanos, a reconciliarnos con ellos y a no conservar ningún recuerdo de la injuria recibida; sino que del mismo modo nos manda que, si sabemos que ellos tienen una queja, justificada o no, contra nosotros, abandonemos nuestra ofrenda, es decir, nuestras oraciones, y les demos primero satisfacción; y, una vez aplacado así nuestro hermano, ofrezcamos a Dios el sacrificio sin tacha de nuestras oraciones

Juan Casiano Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, VIII, 14. Cf. Doroteo de Gaza, Instrucciones espirituales, VIII, 90-94

Como en Adán la naturaleza humana cayó enferma de corrupción por la desobediencia..., así en Cristo recobró la salud; en efecto, se volvió obediencia a Dios y al Padre y no conoció pecado

Cirilo de Alejandría Cirilo de Alejandría, Comentario de la epístola a los Romanos, en PG 74, 789

El gran médico que soporta nuestras enfermedades

Barsanufio de Gaza Barsanufio, Cartas, 532

El médico de nuestras almas es Cristo, que lo sabe todo y da a cada pasión el remedio adecuado...: la limosna contra la filargiria

Doroteo de Gaza Doroteo de Gaza, Instrucciones espirituales, XI, 113

Él mismo dio unos remedios que curan y sanó a quienes estaban heridos, como si fuera uno de ellos

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Homilías, colección II, XXVI, 25

[Las pruebas son] la multitud de los remedios [que] el Médico verdadero envía para la salud del hombre interior

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 8

[Cristo curó] lo semejante por medio de lo semejante

Juan Damasceno Juan Damasceno, Exposición exacta de la fe ortodoxa, III, 18; 20

Por su muerte aniquiló al que tiene el poder de la muerte, es decir, al diablo

Pablo Apóstol Heb 2, 14-15

[El Verbo,] como sanador... nos promete la curación de las pasiones que hay en nosotros

Clemente de Alejandría Clemente de Alejandría, El Pedagogo, I, 1, 4

El género humano, afectado de locura, debía ser curado por los medios que el Logos veía útiles para reconducir a los locos al buen sentido

Orígenes Orígenes, Contra Celso, IV, 19

Cada uno de ellos [los profetas], revestido del Espíritu, constató que la llaga era incurable y que ninguna criatura podía sanarla

Antonio el Grande Antonio el Grande, Cartas, II, 2; III, 2. Cf. IV, 2

[El hombre] estaba tan gravemente herido que nadie era capaz de curarlo, a no ser el Señor. Solo Él tenía esa capacidad. Vino Él mismo y ‘quitó el pecado del mundo’ (Jn 1, 29)

Macario de Egipto Macario de Egipto, Homilías, colección II, XXX, 8; XX, 5-6; colección III, XXIV, 3-4

El rey Jesús, cuando iba a prestar cuidados, se ciñó el paño de la humanidad y curó lo que estaba enfermo

Cirilo de Jerusalén Cirilo de Jerusalén, Catequesis bautismales, XII, 1; 7-8; X, 5

Lo que no es asumido no es curado

Gregorio Nacianceno Gregorio Nacianceno, Cartas teológicas, I, 32

El verdadero médico de las enfermedades del alma

Gregorio de Nisa Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Padrenuestro, IV, 2

El divino médico no nos cura a pesar nuestro

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Catequesis bautismales, V, 24

El creador del universo y su médico, Dios, sabiendo que el orgullo es la causa de las enfermedades más graves, se preocupa de curar los contrarios mediante los contrarios, de modo que lo que había caído por el orgullo vuelva a levantarse por la humildad

Juan Casiano Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, XII, 8; Conferencias, XXIV, 15-16

El gran médico espiritual y celestial que cura tanto las almas como los cuerpos

Barsanufio de Gaza Barsanufio, Cartas, 532

El médico de nuestras almas es Cristo, que lo sabe todo y da a cada pasión el remedio apropiado, quiero decir, sus mandamientos: contra la cenodoxia, la humildad

Doroteo de Gaza Doroteo de Gaza, Instrucciones espirituales, XI, 113 (cf. II, 29)

El que creó al hombre... se hizo Él mismo pasión, para curar nuestras pasiones por medio de su pasión. Borrando así en la carne nuestras pasiones más allá de toda medida, en su amor al hombre renueva nuestras facultades en el Espíritu

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la teología y la economía, III, 14

[Cristo] nos curó... con lo que recibió de nosotros y como nosotros

Juan Damasceno Juan Damasceno, Exposición exacta de la fe ortodoxa, III, 1; 6; 20

[Cristo] libera a aquellos que, por miedo a la muerte, estaban de por vida sometidos a esclavitud

Pablo Apóstol Heb 2, 14-15

Lo mismo que se necesita un médico para las enfermedades del cuerpo, aquellos cuya alma es débil necesitan un Pedagogo, para que cure nuestras pasiones

Clemente de Alejandría Clemente de Alejandría, El Pedagogo, I, 3, 1-3

Nos purifica a todos por su muerte, una muerte que nos ha sido dada como un remedio (φάρµακον) contra las acciones adversas y el pecado

Orígenes Orígenes, Comentario a san Juan, I, 37

La asamblea de los santos se reunió a su vez y su plegaria se elevó hacia el Creador: ‘¿No hay bálsamo en Galaad? ¿No hay médicos? ¿Por qué no alcanzan a curar a la hija de mi pueblo?’ (Jr 8, 22). ‘En cuanto a nosotros, hemos intentado curar a Babilonia, pero ella no ha sanado. Dejémosla y vayámonos de aquí’ (Jr 51, 9)

Antonio el Grande Antonio el Grande, Cartas, II, 2; III, 2. Cf. IV, 2

Hizo falta que viniera el Salvador, Él, que es el verdadero médico, que cura gratuitamente... Solo Él consumó la gran y saludable redención y la curación del alma. Él la salvó de la esclavitud, la sacó de las tinieblas y la glorificó por medio de su propia luz

Macario de Egipto Macario de Egipto, Homilías, colección II, XXX, 8; XX, 5-6; colección III, XXIV, 3-4

Sin dejar de ser [Dios], conservando en verdad la gloria inmutable de la filiación, se amolda a nuestras debilidades como un médico muy hábil

Cirilo de Jerusalén Cirilo de Jerusalén, Catequesis bautismales, XII, 1; 7-8; X, 5

[Cristo se vuelve] para todos, todo lo que somos: cuerpo, alma y espíritu

Gregorio Nacianceno Gregorio Nacianceno, Cartas teológicas, I, 32

[Jesús] no elimina solo el mal, sino la raíz del mal; pues la raíz del adulterio es la codicia impúdica. El Señor, por tanto, no corrige solo el adulterio, sino también la codicia. Los médicos combaten las causas de las enfermedades... Eso es también lo que hace Jesucristo

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre la penitencia, VI, 2

Nuestro gran y celestial médico nos ha dado remedios y cataplasmas... Ante todo, nos ha dado la humildad, que destierra todo orgullo

Barsanufio de Gaza Barsanufio, Cartas, 61

[La muerte de Cristo en la cruz aparece como] un juicio de todo juicio

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, 43, en PG 90, 408D; 61, 633D; 63, 684A-685B

Toda la esencia divina se unió a toda la naturaleza humana; en efecto, de lo que Él depositó en nuestra naturaleza, el Dios Verbo, que nos modeló al comienzo, no dejó a un lado nada, sino que lo tomó absolutamente todo: el cuerpo, el alma, el espíritu, la razón y sus particularidades...; me tomó todo entero y se unió totalmente a mí para darme una salvación total, pues no puede curar lo que no ha asumido

Juan Damasceno Juan Damasceno, Exposición exacta de la fe ortodoxa, III, 1; 6; 20

Si Cristo no ha resucitado, vana es vuestra fe

Pablo Apóstol 1 Cor 15, 17

Aquí está el Verbo, nuestro Pedagogo, que... cura las pasiones antinaturales de nuestra alma. Se llama medicina en sentido propio al cuidado de las enfermedades del cuerpo; es un arte que enseña la sabiduría humana. Pero el Verbo del Padre es el único médico de las enfermedades morales del hombre; es el sanador... que libera al alma enferma

Clemente de Alejandría Clemente de Alejandría, El Pedagogo, I, 6, 1

¿Qué Señor? El que cura todas tus enfermedades... En efecto, hay muchas enfermedades en el alma... ¿Cuándo, Señor Jesús, me tratarás todas estas enfermedades? ¿Cuándo me curarás para que te diga: ‘Bendice, alma mía, al Señor, que cura todas tus enfermedades’ [Sal 102, 3]

Orígenes Orígenes, Homilías sobre los Números, XXVII, 12

La llaga era incurable y ninguna criatura podía sanarla sino el Hijo único, impronta fiel del Padre; Él, el Salvador, es un médico sagaz y ellos [Los profetas] lo sabían. Por eso se reunieron y presentaron a Dios, por los miembros de esta familia de la que nosotros formamos parte, una plegaria unánime... Entonces Dios, desbordante de amor, vino a nosotros

Antonio el Grande Antonio el Grande, Cartas, II, 2; III, 2; IV, 2; V, 2; V bis; VI, 2

Cuando Adán violó el mandamiento y se convirtió en transgresor, los hijos de la noche, es decir, los espíritus del mal, rompieron los miembros... del alma y la dejaron sin fuerza ni vigor para poder oscurecerla y triturarla sin remedio. Ninguno de los profetas y patriarcas pudo curarla; solo podía hacerlo el Señor, que la había creado. Y por eso, en su infinita bondad, vino en tal abyección y humildad para enderezar al alma, que había caído en la perversidad

Macario de Egipto Macario de Egipto, Homilías, colección II, XXX, 8; XX, 5-6; colección III, XXIV, 3-4. Cf. también XXV, 3, 2-3

Se le llama ‘Jesús’ con mucho motivo: este apelativo le corresponde, pues Él salva curando

Cirilo de Jerusalén Cirilo de Jerusalén, Catequesis bautismales, X, 4; 13

¡Cuántas fiestas se han instituido para celebrar los misterios cristianos! Sin embargo, de todas ellas la más importante es precisamente la que estamos celebrando en este día: estamos festejando mi consumación, mi vuelta al estado primero, al antiguo Adán

Gregorio Nacianceno Gregorio Nacianceno, Discursos, XXXVIII, 16

[Cristo] sabía que esta pasión necesitaba un remedio rápido. E igual que un médico hábil no proporciona solo profilaxis contra las enfermedades, sino que también las cura cuando ya se han formado, Jesucristo hace lo mismo

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Comentario a san Mateo, XVI, 10

[Cristo] nos ha dado la gran cataplasma que aprieta todos los miembros, que cura toda enfermedad y toda dolencia (cf. Mt 4, 23), a saber, la caridad

Barsanufio de Gaza Barsanufio, Cartas, 61

De este modo, aquel que anteriormente había seducido al hombre haciéndole esperar la divinización y así se lo había tragado, fue atraído a su vez por la carne del mismo hombre y tuvo que vomitar lo que había absorbido. El poder divino se manifestó así con esplendor, pues triunfó la fuerza del vencedor sirviéndose como arma de la debilidad de la naturaleza vencida. A partir de entonces es Dios quien domina por su naturaleza humana, y no el diablo por la promesa hecha al hombre de la naturaleza divina

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, 64, en PG 90, 713AB

Lo ha asumido todo para que todo fuera curado

Juan Damasceno Juan Damasceno, Exposición exacta de la fe ortodoxa, III, 1; 6; 20

Todos hemos sido sepultados con Él... en su muerte a fin de que, como Cristo resucitó de entre los muertos por la Gloria del Padre, así también nosotros caminemos en una vida nueva

Pablo Apóstol Rom 6, 4

La medicina [según Demócrito] cura las enfermedades del cuerpo, pero la sabiduría es la que libra al alma de sus pasiones. Nuestro buen Pedagogo, que es la Sabiduría y el Verbo del Padre, y que ha creado al hombre, se ocupa de su criatura entera y cura a la vez el cuerpo y el alma, Él, que es el médico de la humanidad, capaz de curarlo todo

Clemente de Alejandría Clemente de Alejandría, El Pedagogo, I, 6, 2

Al Padre le conmovió esta súplica que los santos dirigían a la bondad del Padre y con respecto a su Hijo único, pues ninguna criatura es capaz de curar la profunda herida del hombre y solo El podía hacerlo viniendo a nosotros, y dijo: ‘Hijo del hombre..., ten a bien tomar sobre ti esta misión

Antonio el Grande Antonio el Grande, Cartas, II, 2; III, 2; IV, 2; V, 2; V bis; VI, 2

Lavó Él mismo las heridas de los hombres, los curó y los introdujo en su celestial cámara nupcial

Macario de Egipto Macario de Egipto, Homilías, colección II, XV, 47

[Si Cristo es solamente Dios, sin ser a la vez hombre,] no ha asumido la humanidad y nosotros permanecemos ajenos a la salvación

Cirilo de Jerusalén Cirilo de Jerusalén, Catequesis bautismales, XII, 1

Está exento de falta y de corrupción, pues cura los defectos, las pasiones y las manchas que nos vienen del pecado. Pero, si ha tomado sobre Él nuestras faltas y ha llevado nuestras enfermedades, Él mismo no ha sufrido el ataque de lo que necesita el remedio; pues, aunque ha sido tentado en todo para ser semejante a nosotros, Él no ha cometido pecado

Gregorio Nacianceno Gregorio Nacianceno, Discursos, XLV, 13

A esta humildad le otorga Cristo el primer puesto en sus bienaventuranzas, porque el diluvio de males que inunda la tierra no tiene otra fuente que el orgullo... Como el orgullo era, por así decir, el mal culminante del hombre y la raíz y fuente de todos los pecados del mundo, Jesucristo, para curarlo mediante un remedio contrario, estableció primero esta ley de la humildad como fundamento inamovible del edificio que quería construir. Cuando se ponga este fundamento, el que construya podrá elevar sin temor el resto del edificio; pero si falta, cuando el edificio se eleve hasta el cielo, necesariamente se tambaleará y se irá cayendo a pedazos

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Comentario a san Mateo, XV, 2

Ni los médicos que curan los cuerpos dan a todos un solo y único remedio, ni Dios, que cura las enfermedades de las almas, conoce un único tratamiento que les convenga a todas. Pero, cuando ha adjudicado a cada alma lo que necesita, realiza las curaciones. Por tanto, nosotros que hemos sido curados de este modo, demos gracias

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Diez capítulos,5

Si decimos que las dos naturalezas de Cristo se compenetran la una con la otra, sabemos sin embargo que esta perijóresis procede de la naturaleza divina; pues ella se extiende y penetra por todas partes como quiere, pero nada lo hace a través de ella; transmite a la carne sus propias glorias, mientras que ella permanece impasible

Juan Damasceno Juan Damasceno, Exposición exacta de la fe ortodoxa, III, 7. Cf. 3
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