Máximo el Confesor — 384 citas

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Máximoel Confesor

Patrísticac. 580 – 662
Nacimiento Constantinopla (actual Estambul, Turquía) (aproximado)
Muerte Fortaleza de Schemarum, identificada con Muris-Tsikhe, cerca de Tsageri, en la antigua Lázica (actual Georgia)
Tradición Padre bizantino

Monje y teólogo bizantino del siglo VII, antiguo secretario imperial de Heraclio, fue el gran adversario del monotelismo, por lo que sufrió mutilación y destierro. Autor de las 'Centurias sobre la caridad', las 'Ambigua', las 'Cuestiones a Talasio' y la 'Mistagogia', es una de las cumbres de la síntesis entre dogma y ascesis, y una de las fuentes principales de Larchet.

Las fuentes griegas lo hacen nacer en Constantinopla; una Vida maronita siríaca lo sitúa en Hesfin (Hisfiyya), en Palestina/Golán, hipótesis discutida por la crítica.

Las 384 citas

Las virtudes son inherentes al alma desde la creación

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Disputa con Pirro, en PG 91,309C; también Centurias sobre la caridad, III, 27. Cf., asimismo, Antonio el Grande, Cartas, I, 1

Este es el fin bienaventurado con vistas al cual fue constituido todo. Este el proyecto que Dios concibió antes incluso de la creación de los seres... Con este fin creó Dios las esencias de los seres. De este modo, la recapitulación en Dios de toda criatura resulta ser el término tanto de la acción providente de Dios, como de los seres que se benefician de ella. El Verbo, Dios por esencia, se hizo hombre y se convirtió en el anunciador de esta voluntad divina. Hizo aparecer el fondo más íntimo del amor del Padre e hizo ver en Él el fin para el que todas las criaturas fueron creadas. Además, con vistas a Cristo, o dicho de otra manera, para el misterio crístico el tiempo y lo que éste contiene recibieron, en Cristo, su comienzo y su fin

Máximo el Confesor Máximo el Confesor. Cuestiones a Talasio, 60, en PG 90, 621 AB

El Hijo restituye la naturaleza a sí misma

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Comentario al Padrenuestro, en PG 90, 877D

Si la esencia de la virtud en cada hombre es indiscutiblemente nuestro Señor Jesucristo mismo -como está escrito: ‘Ha sido hecho para nosotros sabiduría y justicia, santificación y redención’ (1 Cor 1, 30), y evidentemente estas cosas se dijeron de Él de forma absoluta, por cuanto Él es la Sabiduría, la Justicia y la Santidad mismas-, todo hombre que participa de la virtud según una conducta estable, participa sin duda de Dios, Esencia de las virtudes, por cuanto ha cultivado con voluntad sincera la simiente natural del bien, y ha vuelto el fin idéntico al principio y el comienzo idéntico al fin, o más bien ha mostrado la identidad real tanto del comienzo como del fin, en perfecto acuerdo con Dios. Pues el comienzo y el fin de cualquier cosa es la intención de Dios acerca de ella: es el comienzo porque añade al ser el bien natural, por participación; es el fin porque, según esta participación, por una decisión del libre albedrío, termina el loable camino que conduce a él, camino gracias al cual se convierte en dios al recibir de Dios ser dios, porque al bien natural según la imagen él ha añadido por libre voluntad la semejanza constituida por las virtudes, que opera, según el deseo de la naturaleza, el regreso a su principio y la intimidad con Él

Máximo el Confesor Máximo el Confesor Ámhioun n íustn 7 Pn Pf.QI 108 1 r*-1 08/1 A

Lo que la salud es al cuerpo vivo, lo es la virtud con relación al alma

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, IV, 46

Lo que la salud [es] al cuerpo vivo... lo es el conocimiento con relación al espíritu

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, IV, 46

El mal no se encuentra en la esencia de las criaturas, sino en su movimiento falso e irracional

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Ambigua a Juan, 7, en PG 91, 1084D-1085A

Podríamos decir que el mal no es otra cosa que dejar de dirigir hacia su fin unas facultades presentes en la naturaleza. O también que el mal es un movimiento no racional de las facultades naturales, que las conduce, según un juicio erróneo, a algo que no es su verdadero fin. Entiendo por ‘fin’ al Autor de toda criatura, hacia el cual tienden, en virtud de su naturaleza misma, todos los seres

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Ambigua a Juan, 7, en PG 91, 1084D-1085A

[El hombre] se ‘asimiló a las bestias sin razón’ (Sal 18, 13), buscando, queriendo y obrando en todo como ellas e incluso sobrepasándolas en irracionalidad, por utilizar su razón natural no según la naturaleza sino contra la naturaleza

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, prólogo, en PG 90, 253CD

La naturaleza castiga a quienes pretenden violentarla, en la medida en que se entregan a una forma de vida antinatural; dejan de tener a su disposición todas las fuerzas de la naturaleza que ella misma les había dado, ven disminuida su integridad y, de este modo, son castigados

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Ambigua a Juan, prólogo; Comentario al Padrenuestro, en PG 90, 880A

[Por el pecado, la naturaleza humana] entabla una guerra implacable contra ella misma

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Ambigua a Juan, prólogo; Comentario al Padrenuestro, en PG 90, 880A

[La enfermedad de Adán] consistió en ignorar a Aquel que es la causa del hombre

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, prólogo; Ibid., 52: «Estábamos enfermos de ignorancia, como no debía ser»; Centurias sobre la caridad, VI, 46

Lo que la salud y la enfermedad son en relación al cuerpo vivo..., el conocimiento y la ignorancia lo son en relación al espíritu

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, prólogo; Ibid., 52: «Estábamos enfermos de ignorancia, como no debía ser»; Centurias sobre la caridad, VI, 46

El mal uso de la facultad racional es la ignorancia y la demencia (άφροσύνη)

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad. III, 3. Cf. Juan Damasceno, Discurso útil al alma

[Adán estaba destinado a] un conocimiento y una información semejantes a las de Dios, pues gracias a la deificación de su inteligencia y a la mutación de sus sentidos, el hombre ya no habría sido un mero hombre, sino un dios

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio. prólogo, en PG 90, 257D-260A

[La creación] contemplada espiritualmente, es el árbol del conocimiento del bien; considerada bajo su aspecto material, el del conocimiento del mal. En efecto, se vuelve un maestro que enseña las pasiones y conduce al olvido de Dios a quienes no mantienen con ella más que relaciones corporales

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, prólogo, en PG 90, 257D-260A

El mal consiste en ignorar al benéfico Autor de las criaturas. Esta ignorancia, por una parte, encogió el espíritu; por otra, abrió ampliamente el camino a los sentidos, alejando al hombre por completo del conocimiento divino, para no llenar su existencia más que del conocimiento apasionado de las cosas sensibles

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, prólogo, en PG 90, 257D-260A

Toda inteligencia humana extraviada y que se aparta de su movimiento natural, ya no se mueve más que hacia las pasiones, los sentidos y las cosas sensibles, puesto que tampoco tiene otro lugar adonde dirigirse, una vez que le falta el movimiento que le encamina por naturaleza hacia Dios

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Ambigua a Juan, 10, en PG 91,1112A

El velo es la ilusión producida por los sentidos, que lija la atención del alma en las apariencias superficiales de los objetos sensibles y cierra el paso a los inteligibles

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Ambigua a Juan, 10, en PG 91, II12B

Al organizar la naturaleza humana, Dios dotó a su espíritu con una potencia de placer que le hacía capaz de gozar inefablemente de Él

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, 61

Solo hay una felicidad: la vida común del alma con el Verbo... El único placer es acceder a las cosas divinas

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Comentario al Padrenuestro, en PG 90, 849CD y 901A. Cf. también Evagrio Póntico, Capítulos gnósticos, III, 64; IV, 49; Tratado práctico, 32

[Adán] orientaba hacia Él [Dios] toda su capacidad de amar

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Ambigua a Juan, 45, en PG 91, 1353C

Dios, el Verbo, que creó la naturaleza de los hombres, no estableció con ella el placer sensible

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, 61

El diablo, mediante un engaño persuadió al hombre para que trasladara el deseo de su alma de lo que estaba permitido a lo que estaba prohibido, y para que se volviera hacia la transgresión del mandamiento divino

Máximo el Confesor Cf. Atanasio de Alejandría, Discurso Contra los paganos, 3

[Dios creó a Adán como] la criatura última, como una especie de laboratorio donde se concentra todo

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Comentario al Padrenuestro, en PG 90, 904C

[Dios introdujo a Adán] providencialmente en medio de los seres como un vínculo natural entre los extremos [de la creación]

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Comentario al Padrenuestro, en PG 90, 904C

[Adán poseía] por naturaleza, en su situación intermedia, toda facultad de unificación por la relación de sus partes con todos los extremos

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Comentario al Padrenuestro, en PG 90, 904C

[Dios encargó al hombre como tarea] manifestar el gran misterio del plan divino, conduciendo armoniosamente a buen fin la unificación recíproca de los extremos entre los seres, de los más próximos a los más lejanos, y de los menores a los más excelentes, mediante una tensión cuyo resultado culminaría en Dios

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Comentario al Padrenuestro, en PG 90, 904C

[Adán] se movió en contra de su naturaleza, de su propia iniciativa y locamente (άνοήτως), haciendo mal uso de la facultad natural que se le había confiado en su constitución, con vistas a la unificación de los que estaban separados, para obrar, en cambio, la separación de los que estaban unidos

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Ambigua a Juan, 41, en PG 91, 1305B (cf. 1305C-1308A); 1308C; Ambigua a Juan, 10, 1156C. Cf. Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, 61

[Adán quiso] apoderarse de las cosas de Dios sin Dios, y contra Dios y no según Dios

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Ambigua a Juan, 41, en PG 91, 1305B (cf. 1305C-1308A); 1308C; Ambigua a Juan, 10, 1156C. Cf. Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, 61

El deseo, mediante la dulzura del placer de los sentidos, aparta al espíritu de la percepción divina de los inteligibles que le es connatural

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Comentario al Padrenuestro, en PG 90, 888C. Cf. también Simeón el Nuevo Teólogo, Catequesis, XV, 18-19

El placer [sensible] no es sino una especie de sensación formada en el sentido por un objeto sensible, dicho de otra manera, un modo de actividad sensitiva que corresponde a un deseo irracional; y el sentido puesto en marcha en la línea del deseo produce placer cuando percibe lo sensible

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Ambigua a Juan, 10, en PG 91, 1112C

El mal es dejar de dirigir hacia su fin el neto de las facultades innatas. Y absolutamente nada más. O también: el mal es el movimiento irracional de las facultades naturales hacia algo distinto de su fin, según un juicio erróneo. Yo llamo fin a la Causa de los seres, hacia la cual se dirigen todas las cosas por un deseo natural

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, prólogo y 58. Cf. Dionisio Areopagita, Sobre los Nombres divinos, IV, 16

[El placer sensible] no puede tener otro origen para formarse que la dimisión del alma, cuando esta se desprende de las cosas que son conformes a su naturaleza

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, prólogo y 58. Cf. Dionisio Areopagita, Sobre los Nombres divinos, IV, 16

Cuanto más se dirigía el hombre hacia las cosas sensibles a través únicamente de sus sentidos, más lo agobiaba la ignorancia de Dios; cuanto más encadenado estaba por la ignorancia de Dios, más se entregaba al disfrute de las cosas materiales conocidas empíricamente, más se impregnaba de este disfrute y más excitaba la filautía que se derivaba de él; cuanto más cultivaba la filautía, tanto más inventaba múltiples medios para obtener el placer, fruto y objetivo del amor a sí mismo

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, prólogo; cf. 65

Buscando obtener el placer y evitar el sufrimiento, empujado por la filautía, el hombre inventa diversas e innumerables formas de pasiones corruptoras

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, prólogo. Cf. Marcos el Monje, La ley espiritual, 102

Los vicios se presentan bajo formas múltiples y variadas, dependiendo del vínculo de cada uno con la naturaleza humana... Obligan al hombre, sujeto al deseo del disfrute y al miedo al sufrimiento, a servirlos y a inventar numerosas formas de pasiones, según las posibilidades ofrecidas por las circunstancias y los medios

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, prólogo. Cf. Marcos el Monje, La ley espiritual, 102

[La relación con la carne] divide el amor que debemos solo a Dios

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Ambigua a Juan, 10, en PG 91, 1144B

Quien no sabe avanzar por el camino espiritual... concentra todos sus esfuerzos en la carne

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, IV, 65

[El hombre] quedó orientado, contra su naturaleza, hacia lo sensible atraído por el placer que actúa en él

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, 61

[El deseo apartado de su objetivo divino es un] impulso antinatural que arroja a lo sensible al espíritu preso de la locura

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, 61

En efecto, [el deseo trastornado] a los seres, que son inferiores a la Causa y Naturaleza única, solo ella deseable..., los vuelve más deseables que ésta

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Comentario al Padrenuestro, en PG 90, 888C; Cuestiones a Talasio, prólogo

Así [el deseo trastornado] hace que la carne resulte más agradable que el espíritu; y el disfrute de lo visible, más agradable que la gloria y el resplandor de la inteligencia

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Comentario al Padrenuestro, en PG 90, 888C; Cuestiones a Talasio, prólogo

Entregado solamente a las emociones de los sentidos, a ejemplo de los animales irracionales, el hombre alejado de la belleza espiritual y divina encuentra, a través de la experiencia de la parte exterior y corporal de su naturaleza, una creación que él eleva al lugar de Dios, porque responde mejor a las necesidades de su cuerpo

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, prólogo

[El hombre] acumula en él un conocimiento confuso del bien y el mal producido por experiencia exclusiva de los sentidos

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, prólogo

La vida [de los hombres caídos] se vuelve deplorable

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, prólogo; Ambigua a Juan, 10, en PG 91, 1156C

[Los hombres que divinizan las pasiones] honran así a la causa misma del aniquilamiento de su existencia y persiguen, sin saberlo, la causa de su corrupción

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, prólogo; Ambigua a Juan, 10, en PG 91, 1156C

Los hombres, como fieras, devoran su propia naturaleza

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, prólogo; Ambigua a Juan, 10, en PG 91,1156C

[El hombre] altera las facultades de su alma, que va en pos de las cosas perecederas sin discernimiento y sin ser consciente de la perdición, a consecuencia de su total ceguera respecto a la verdad

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, prólogo

[El becerro de oro representa] la mezcla y la confusión de las facultades naturales entre ellas

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, 16, y CCSG 7, p. 105

[El becerro de oro] es una conjunción apasionada y estúpida, que determina la estúpida puesta en marcha de las pasiones antinaturales

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, 16, y CCSG 7, p. 105

El poder del pecado..., mediante el placer, arrastra al alma a la miseria de la carne, tan cercana

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, prólogo; cf. 61 y escolio 11; Centurias sobre la teología y la economía, III, 18

Engañados al principio por la ilusión del placer, preferimos la muerte a la vida

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, prólogo; cf. 61 y escolio 11; Centurias sobre la teología y la economía, III, 18

El placer es la madre de la muerte

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, prólogo; cf. 61 y escolio 11; Centurias sobre la teología y la economía, III, 18

El hombre aprende por experiencia que a cualquier placer le sucede el dolor

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, prólogo

La tristeza (λύπη) es el final del placer de los sentidos, ya que la tristeza del alma es suscitada por este placer

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, 58, escolio 3

La inteligencia actúa de forma antinatural cuando se apega a lo superficial, es decir, a lo sensible y a lo corporal; y, en consecuencia, comienza a generar tristeza de alma, fustigada como está sin tregua por el látigo de la conciencia

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, 58

Como el placer desaparece junto con los medios que lo producen, y a la experiencia del placer sucede siempre el sufrimiento, el hombre se dirigía tanto más violentamente hacia el placer cuanto más intentaba evitar el sufrimiento. Mediante esta táctica pensaba que podría separar al uno del otro y conservar solamente el placer, unido a su amor por sí mismo (φιλαυτία) y totalmente desprendido del dolor. Pero, bajo el efecto de la pasión, ignoraba que por naturaleza es imposible que el placer vaya jamás sin el dolor. Pues la pena que engendra el dolor ha sido mezclada con el placer, aunque quienes lo experimentan parezcan olvidarlo, puesto que, bajo el efecto de la pasión, predomina el placer

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, prólogo y 61

De alguna manera, en efecto, al esforzarnos por aliviar este dolor mediante el placer, aumentamos la pena que, según la naturaleza, nos aboca al dolor. Queriendo escapar a la sensación del dolor, huimos hacia el placer, cuando intentamos aliviar la naturaleza oprimida por la violencia del dolor. Pero, al tratar de atenuar con el placer los movimientos del dolor, confirmamos aún más el aval que estos movimientos han dado al placer, incapaces como somos de tener en nosotros el placer libre del dolor y de las penas

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, prólogo y 61

Esta empresa de poseer los dones de Dios con independencia de Dios, con preferencia a Dios, no según la voluntad de Dios, era irrealizable

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Ambigua a Juan, 10, en PG 91,1156C

[El alma] se sirve de su potencia irascible para defender amorosamente el objeto de sus búsquedas

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, 55; Comentario al Padrenuestro, en PG 90, 896C

(Conviene) que nuestra razón se ponga en movimiento para buscar a Dios y que... la potencia de la agresividad luche para conservarlo

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, 55; Comentario al Padrenuestro, en PG 90, 896C

Que el espíritu (νούς) se ordene por entero a Dios, tensado por medio de la agresividad como por una cuerda

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Comentario al Padrenuestro, en PG 90,896C; Cuestiones a Talasio, 49, escolio 6

[La potencia irascible permite] concentrar el movimiento del deseo en el amor divino

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Comentario al Padrenuestro, en PG 90, 896C; Cuestiones a Talasio, 49, escolio 6

Hemos preferido las cosas materiales y profanas al mandamiento del amor y, debido a que estamos ligados a ellas, luchamos contra los hombres, cuando más bien deberíamos preferir el amor a todos los hombres sobre todas las cosas visibles

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Discurso ascético, 7; Cartas, 28, en PG 91, 620C

[La filautía] para obtener un poco de placer nos excita a unos contra otros como fieras

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Discurso ascético, 7; Cartas, 28, en PG 91, 620C

(La voluntad) es voluntad del alma espiritual

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Opúsculos teológicos y polémicos, 1, en PG 91, 21D. Cf. Disputa con Pirro, en PG 91, 293B y 301AB

Cuando, al principio, el diablo seductor... engañó al hombre mediante la seducción del placer, separó nuestra voluntad de Dios y de los demás. Al destruir la rectitud de nuestra voluntad, dividió la naturaleza y la desgarró en multitud de opiniones y de imaginaciones; en el transcurso del tiempo constituyó en ley la búsqueda y el descubrimiento de toda clase de mal, con la ayuda de nuestras potencias; y para que el mal permanezca en todos los hombres, lo basa en ellos sobre esta oposición irreconciliable de la voluntad que le había permitido persuadir insidiosamente al hombre para que se apartara una vez del movimiento de su naturaleza

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Comentario al Padrenuestro, en PG 90, 880A; 893B;

Conserva ante tus ojos los favores recibidos desde tu nacimiento hasta ahora, sean corporales o espirituales, medita sobre ellos y repásalos, como está escrito: ‘No olvides ninguno de sus beneficios’ (Sal 102, 2), para que ellos te lleven a amar a Dios pronta y fácilmente... a fin de que, de manera espontánea, al recordar estos beneficios y aún más bajo un impulso venido de arriba, tu corazón quede herido de amor y de deseo

Máximo el Confesor Cf. Macario de Egipto, Discursos, colección 1, XXXII, 3; Isaac de Nínive, ascéticos, 85; Diádoco de Fótice, Cien capítulos gnósticos, 32; Gregorio Papi*: Triadas. II, 2, 19; Simeón el Nuevo Teólogo, Capítulos teológicos, gnósticos y firn, 1, 93

[Cuando la memoria está ocupada por entero por el recuerdo de Dios,] el corazón permanece puro

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la teología y la economía, II, 82. Cf. Simeón el Nuevo Teólogo, Capítulos teológicos, gnósticos y prácticos, III, 32

Tres vías dan acceso en el espíritu a los pensamientos apasionados: la sensación, la complexión física y la memoria... La memoria, cuando renace el recuerdo de los objetos que nos apasionan, lo cual inspira igualmente al espíritu pensamientos apasionados

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, II, 74

Cuando el alma comienza a sentirse sana, entonces las imágenes, durante el sueño, empiezan a aparecer ante él simples y sin confusión

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, I, 89

Hoy el hombre se mueve poseído por la imaginación irracional de las pasiones

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Ambigua a Juan, 45, en PG 91, 1353C. Cf. Centurias sobre la caridad, II, 56

Igual que el espíritu de un hombre hambriento se imagina el pan, y el de un hombre sediento se imagina el agua, así también el espíritu de quien es glotón imagina toda suerte de alimentos, el espíritu de quien ama el placer imagina formas de mujeres, el espíritu del vanidoso imagina los honores que los hombres le atribuyen, el espíritu del rencoroso imagina cómo vengarse de quien le ha ofendido, el espíritu del envidioso imagina cómo hacer daño a quien envidia, y así ocurre con el resto de las pasiones

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, II, 68; 69; 85

Cuando se excita la concupiscencia (έπιθυµία), el espíritu ve en sueños lo que constituye la materia del placer. Cuando lo es la irascibilidad (θυµός), ve lo que provoca el miedo

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, II, 69

Uno guarda su alma sin mancha para el amor según Dios [...] si enseña a los sentidos a percibir con toda piedad el mundo sensible y todas las cosas que contiene, para que transmitan al alma la grandeza de las razones (λόγοι) que están en el corazón de las cosas

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la teología y la economía, I, 14

Las pasiones no fueron creadas al principio con la naturaleza; de haberlo sido, formarían parte de su definición

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, 1

Yo afirmo, por haberlo aprendido del gran Gregorio de Nisa, que [las pasiones] se introdujeron y se injertaron en la parte irracional del alma a causa de la caída fuera de la perfección. Debido a ella, desde el momento de la transgresión, en lugar de llevar la imagen bienaventurada y divina, el hombre empezó a parecerse clara y visiblemente a los animales irracionales

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, 1

Nada de lo que existe es malo, sino solo el mal uso, consecuencia de la negligencia de nuestro espíritu para cultivarse según la naturaleza

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 4; III, 86; III, 3

El pecado, en todos los casos, es el mal uso (...) en la medida en que hacemos un mal uso de las potencias de nuestra alma (desiderativa, irascible y racional), se instalan en ella los vicios

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 4; III, 86; III, 3

[El diablo] ha concentrado el combate contra la virtud y el conocimiento

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, 50

[Al diablo le basta con] poner al alma del revés mediante las potencias que hay en ella

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, 50

La pasión es un movimiento antinatural del alma, como consecuencia de un amor irracional o de una aversión irreflexiva por un objeto sensible cualquiera

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, II, 16. Cf. Clemente de Alexandria, Stromata, II, XIII, 59, 6; 61, 2

Lo que la salud y la enfermedad son al cuerpo vivo..., la virtud y el vicio... lo son con relación al alma

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, IV, 46

Para obtener el placer y evitar el sufrimiento, el hombre inventa múltiples e innumerables formas de pasiones corruptoras. Por ejemplo, si el amor a uno mismo (φιλαυτία) se cultiva por el placer, se suscita entonces la gula, el orgullo, la vanidad, la presunción, la avaricia, la avidez, la tiranía, la arrogancia, la ostentación, la crueldad, la ira, el sentimiento de superioridad, el empecinamiento, el desprecio de los demás, la injuria, la impiedad, la licencia en las costumbres, la prodigalidad, el desenfreno, la frivolidad, la jactancia, la indolencia, el insulto, el ultraje, la impertinencia, la charlatanería, la obscenidad y cualquier otro vicio de este género. Pero si el amor a uno mismo (φιλαυτία) se ve herido por el sufrimiento, esto hace que nazca la ira, la envidia, el odio, la hostilidad, el rencor, el ultraje, la maledicencia, la calumnia, la tristeza, la desesperación, la tristeza, la falsa acusación a la Providencia divina, la despreocupación, la negligencia, el desaliento, el abatimiento, la pusilanimidad, la lamentación, la melancolía, la amargura, los celos, y todos los otros vicios debidos a la privación del placer. La mezcla de sufrimiento y placer, que engendra la hostilidad y la maldad, hace nacer en nosotros la hipocresía, la ironía, la astucia, el disimulo, el halago, la complacencia y todos los demás vicios que nacen de esta mezcla

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, Prefacio

Me es imposible enumerar todos estos vicios y examinar las formas bajo las que aparecen

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, Prefacio

La filautía, como he explicado a menudo, está en el origen de todos los pensamientos apasionados. De ella nacen, en efecto, los tres vicios genéricos de la codicia: gastrimargía, filargiria y cenodoxia

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 56. Cf. también Talasio, Centurias, III, 87

De la gastrimargía nace la lujuria; de la filargiria, la pleonexía (codicia); de la cenodoxia, el orgullo

Máximo el Confesor Cf. Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 56

No pecaríamos nunca de acto si primero no pecáramos de pensamiento

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, II, 78; 82

El mal uso de los pensamientos tiene como consecuencia el mal uso de las cosas

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, II, 78; 82

[La filautía] es la que engendra la locura de los tres pensamientos primeros y fundamentales

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, II, 59. Cf. III, 56

Esta ignorancia... alejó al hombre del conocimiento divino, para no llenar su existencia más que con el conocimiento apasionado de las cosas sensibles. Entregado así libremente solo a las emociones de los sentidos, a semejanza de los animales faltos de inteligencia, el hombre, alejado de la belleza espiritual y divina, encuentra, por medio de las experiencias de la parte exterior y corporal de su naturaleza, una creación que él eleva al lugar de Dios, porque responde mejor a las necesidades de su cuerpo. Como el cuerpo es de la misma naturaleza que la creación elevada al lugar del Creador, el hombre cubre su cuerpo de amor y de múltiples cuidados. En efecto, no se puede adorar la creación sino atendiendo al propio cuerpo... Consagrado a la servidumbre corruptora de su propio cuerpo y cautivado por la filautía, el hombre deja que se desarrollen en él sin cesar las pasiones del gozo y del sufrimiento

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, prólogo

Cuanto más se dirigía el hombre hacia las cosas sensibles, a través únicamente de sus sentidos, más lo abrumaba la ignorancia de Dios; cuanto más encadenado se hallaba por la ignorancia de Dios, más se entregaba al disfrute de las cosas materiales conocidas por experiencia; cuanto más se impregnaba de este disfrute, más excitaba su filautía, que era consecuencia de aquel; cuanto más cultivaba la filautía, más inventaba múltiples medios para obtener el placer, fruto y objetivo de la filautía

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, prólogo

[El filáutico se] ama a sí mismo contra sí mismo

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, prólogo

Es terrible que hagamos morir voluntariamente, por amor a las cosas corruptibles, la vida que hemos recibido de Dios por el don del Espíritu Santo

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, prólogo. Cf. Diádoco de Fótice, Cien capítulos gnósticos, 12

Los hombres honran la causa misma del aniquilamiento de su existencia, y persiguen ellos mismos, sin saberlo, la causa de su corrupción... Los hombres, como fieras, destruyen su propia naturaleza

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, prólogo

[Por la filautía] la naturaleza humana se hace añicos

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, prólogo; Cartas, 27, en PG 91, 620BC; cf. 2, en PG 91, 396D

La filautía es la que nos aleja traidoramente... de Dios y de los demás... Asimismo, es la que disgrega la única naturaleza en múltiples fragmentos

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, prólogo; Cartas, 27,en PG 91, 620BC; cf. 2, en PG 91, 396D

[La filautía es] la causa de que, por amor al placer, arremetamos unos contra otros con toda la fuerza de nuestra ira, que se ha vuelto feroz

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cartas, 27, en PG 91, 620BC; Cuestiones a Talasio, 40, en PG 90, 397C

La filautía convierte en una bestia a la naturaleza más domesticada, y disgrega a la humanidad -que por esencia es una- en partes múltiples y antagonistas o -según una atinada expresión- mutuamente destructivas

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cartas, 27, en PG 91, 620BC; Cuestiones a Talasio, 40, en PG 90, 397C

La filautía de los hombres... los ha levantado a unos contra otros..., de ahí la fragmentación de la única naturaleza en muchas partes

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cartas, 27, en PG 91, 620BC; Cuestiones a Talasio, 40, en PG 90, 397C

Por medio de la filautía... el diablo nos separó decididamente de Dios y también a unos de otros: torció lo que estaba derecho y, de este modo, dividió a la naturaleza

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cartas, 2, en PG 91, 396D

Las viandas que comemos han sido creadas para un doble fin: alimentarnos y servirnos de remedio. Comerlas por otros motivos supone usar mal lo que Dios nos ha dado para nuestra utilidad

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 86. Cf. Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 7

[Todas las pasiones, y esta en particular,] encadenan al espíritu a los objetos materiales, lo hunden en la tierra como lo haría una piedra muy pesada que lo aplastara, ¡a él que por naturaleza es más ligero y más vivo que el fuego!

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 56

Nada de lo que existe es malo, sino solo el mal uso (παράχρησις) que es consecuencia de la negligencia de nuestro espíritu para cultivarse según la naturaleza

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 4. Cf. II, 17

El vicio (κακία) radica en el juicio falso que se proyecta sobre las representaciones y va seguido del mal uso de las cosas

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, II, 17

La concupiscencia vuelve a los seres que están después de la Causa y la Naturaleza única, la única deseable..., más deseables que a esta. De este modo vuelve a la carne más apreciable que el espíritu y al gozo de lo visible más agradable que la gloria y el resplandor del espíritu

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Comentario al Padrenuestro, en PG 90, 888C

Del mismo modo que el cuerpo tiene por mundo las cosas, el espíritu tiene por mundo los pensamientos. Y del mismo modo que el cuerpo comete el pecado de fornicación con el cuerpo de una mujer, el espíritu peca con la representación que él se hace de la mujer y de su propio cuerpo. Pues en la imaginación ve la imagen de su cuerpo unido a la imagen del cuerpo de la mujer... A la acción que ejerce concretamente el cuerpo sobre el mundo de las cosas, le corresponde la acción del espíritu sobre el mundo de las representaciones

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 53

No hay nada malo en las criaturas de Dios

Máximo el Confesor Cf. Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad

[El avaro] espera más en su dinero que en Dios

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 18

La avaricia tiene tres causas: el placer, la vanagloria y la falta de fe. La falta de fe es más grave que las otras dos

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 17

[La tristeza] es el final del placer sensible

Máximo el Confesor Cf. Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, 58, en PG 90, 592D

La tristeza y el rencor van a la par. Pues, si el espíritu experimenta tristeza cuando se representa el rostro de un hermano, eso prueba que le guarda rencor

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 89; cf. 96

[La acedia] pone en marcha casi todas las pasiones

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, I, 67

[La acedia es] la más grave de las ocho [pasiones]

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, I, 67; Juan Clímaco, Escala, XIII, 11; Apotegmas, serie alfabética, Poemen, 157; Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 46

Todas las otras pasiones afectan en el alma bien a la parte irascible, bien a la concupiscible, bien incluso a la parte racional... En cuanto a la acedia, afecta a todas las facultades del alma

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, I, 67. Cf. Evagrio Póntico, Comentario ai salmo 139, 3, en PG 12, 1664B; Tratado práctico, JO

[La ira nace], por tanto, cuando el amor a sí mismo (φιλαυτία) está herido por el sufrimiento

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, prólogo

Hemos preferido las cosas materiales y profanas al mandamiento del amor y, porque nos hemos apegado a ellas, luchamos contra los hombres, cuando deberíamos preferir el amor hacia todos los hombres antes que todas las cosas visibles e incluso a nuestro cuerpo

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Libro ascético, 7; 8

Porque estamos embargados por el amor a las cosas materiales y por la atracción del placer, y preferimos todo esto al mandamiento, no somos capaces de amar a aquellos que nos odian; antes bien, nos ocurre que nos enfrentamos a quienes nos aman a causa de esas mismas cosas

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Libro ascético, 7; 8

La agresividad destruye tiránicamente el ejercicio de la razón y hace que el pensamiento se salga de la ley de la naturaleza

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Comentario al Padrenuestro, en PG 90, 888C

[La ira] destruye de la misma manera los buenos pensamientos que hay en nosotros

Máximo el Confesor Cf. Job 5, 2; Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, IV, 75; Gregorio Magno, Morales sobre Job, V, 45; Isaías de Escete, Asceticón, II, 8; Juan Crisóstomo, Comentario a san Mateo, XVI, 8; Hesiquio de Batos, Capítulos sobre la vigilancia, 31; cf. 136

[El temor es] la capacidad de apegarse al ser y no al no-ser y... es una propiedad que corresponde a esta capacidad la tendencia hacia lo que es apto para conservar el ser y la repulsión hacia lo que es apto para destruirlo

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Disputa con Pirro, en PG 91, 297CD

El temor conforme a la naturaleza es la potencia de apegarse al ser según la repulsión [de lo que tiende a destruirlo]

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Disputa con Pirro, en PG 91, 297CD

El único dolor es perder las cosas divinas

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Comentario al Padrenuestro, en PG 90, 901 A

Cenodoxia y filargiria se engendran una a la otra. El vanidoso amasa dinero; el rico es vanidoso

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 83

Si has podido con las pasiones más vergonzosas..., al momento se asientan en ti los pensamientos de la vanagloria

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 59

Lo que es un mal no es la gloria, sino la vanagloria

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 3-4

[Lo que es malo] es el mal uso, debido a la negligencia de nuestro espíritu para cultivarse según la naturaleza

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 3-4

Los vicios se instalan en nuestra alma en la medida en que hacemos mal uso de sus potencias

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 3-4

[Al usar los dones de Dios para su propia gloria, el hombre] falsifica la naturaleza y hasta la misma virtud

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, 64, en PG 90, 716B

[La ostentación, compuesta de cenodoxia y orgullo,] posee hacia la naturaleza una aversión alienante por la cual maneja todas las cosas de la naturaleza de un modo antinatural, haciendo mal uso de ellas

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, 64, en PG 90, 716B

A los ojos de los padres apasionados, unos hijos deformes hasta ser completamente ridículos son los más guapos y bien proporcionados de todos. Lo mismo le pasa a una inteligencia atontada: sus ocurrencias, aunque batan todos los récords de la estupidez, le parecen las más finas del mundo

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 58

En esta vida o en la otra, penas y sufrimientos siguen a la cenodoxia

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 58

[El orgulloso es aquel] que se jacta de los bienes dados por Dios, como si procedieran de sus propias acciones rectas

Máximo el Confesor

[Damos muestras de orgullo si pensamos] que la posesión de la virtud y del conocimiento es obra nuestra, conforme a la naturaleza, y que no nos ha sido sobreañadida por la gracia

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, 52, en PG 90, 492A (cf. 493A); 493C

Cuando las pasiones dormitan surge el orgullo, tanto por causas inconscientes como por un ataque solapado de los demonios

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, II, 40

Utilizamos el bien para que venga el mal

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, 52, en PG 90; 493C

[El orgullo es] la raíz, la fuente y el padre de todo pecado

Máximo el Confesor Cf. Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, 52, en PG 90, 493A; Ammonas, Instrucciones, IV, 28; Simeón el Nuevo Teólogo, Capítulos teológicos, gnósticos y prácticos, I, 75; Nicetas Stéthatos, Centurias, I, 84

Por su corrupción, la voluntad natural de Adán acarreó la corrupción de la naturaleza, que se vio privada de la gracia de la impasibilidad y se convirtió en pecado. El primer pecado, muy culpable, fue el desliz inicial desde su inclinación primera, predispuesta al bien; el segundo, consecuencia del primero, fue la transmutación no culpable de la naturaleza desde su estado de incorruptibilidad al de la corruptibilidad. En efecto, el día en que transgredió el mandamiento divino, nuestro antepasado Adán cometió dos pecados: uno culpable; el otro, no culpable, consecuencia del primero. El primero ocurrió porque la voluntad rechazó, de buen grado, el bien; el otro, porque la naturaleza, sin quererlo, se vio privada de la inmortalidad, como consecuencia del comportamiento de la voluntad

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, 42

El pecado, consecuencia directa de la desobediencia, introduce en la naturaleza humana la pasibilidad, que marca a partir de entonces la ley de la procreación. Esta primera desobediencia se acrecienta con la pasibilidad, y la naturaleza humana se ata voluntariamente al mal con unos lazos tan imposibles de desatar que ya no existe para el hombre ninguna esperanza de liberarse de ellos

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, 21

Era necesario, realmente necesario, que el Señor, que es sabio, justo y poderoso por naturaleza, no ignorara en su sabiduría el modo de la curación

Máximo el Confesor Máximo el Confesor. Cuestiones a Talasio, 61, en PG 90, 629C

El Señor volvió manifiesta la razón de la sabiduría en el modo de la curación, al hacerse hombre sin cambio y sin transformación de ninguna clase

Máximo el Confesor Máximo el Confesor. Cuestiones a Talasio, 61, en PG 90, 629C

Él mismo dio unos remedios que curan y sanó a quienes estaban heridos, como si fuera uno de ellos

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Homilías, colección II, XXVI, 25

El que creó al hombre... se hizo Él mismo pasión, para curar nuestras pasiones por medio de su pasión. Borrando así en la carne nuestras pasiones más allá de toda medida, en su amor al hombre renueva nuestras facultades en el Espíritu

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la teología y la economía, III, 14

[La muerte de Cristo en la cruz aparece como] un juicio de todo juicio

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, 43, en PG 90, 408D; 61, 633D; 63, 684A-685B

De este modo, aquel que anteriormente había seducido al hombre haciéndole esperar la divinización y así se lo había tragado, fue atraído a su vez por la carne del mismo hombre y tuvo que vomitar lo que había absorbido. El poder divino se manifestó así con esplendor, pues triunfó la fuerza del vencedor sirviéndose como arma de la debilidad de la naturaleza vencida. A partir de entonces es Dios quien domina por su naturaleza humana, y no el diablo por la promesa hecha al hombre de la naturaleza divina

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, 64, en PG 90, 713AB

Ni los médicos que curan los cuerpos dan a todos un solo y único remedio, ni Dios, que cura las enfermedades de las almas, conoce un único tratamiento que les convenga a todas. Pero, cuando ha adjudicado a cada alma lo que necesita, realiza las curaciones. Por tanto, nosotros que hemos sido curados de este modo, demos gracias

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Diez capítulos,5

Como un médico bueno y caritativo, [Dios] aplica a cada uno... el tratamiento que conviene

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, II, 39

El médico de las almas, mediante sus decretos, ha adaptado el remedio a lo que en el alma es la raíz de las pasiones

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, II, 44

Cada uno de nosotros posee la fuerza manifiesta del Espíritu en proporción con la fe que hay en él. De este modo, cada uno es el intendente de su propia gracia

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, 54, en PG 90, 516D

El médico de las almas, mediante sus decretos, adapta el remedio a lo que, en el alma, es raíz de las pasiones

Máximo el Confesor

El uso racional o irracional que hacemos de las cosas es lo que nos hace virtuosos o perversos

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, I, 92 (cf. III, 1; 3)

Ninguna criatura de Dios es mala

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 3

Las pasiones se instalan en las potencias de nuestra alma: concupiscible, irascible y racional, en la medida en que hacemos mal uso de ellas... Su buen uso, por el contrario, produce [las virtudes]

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 3

El hombre depravado sigue las codicias y los impulsos de la carne, mientras que el virtuoso... se esfuerza por dirigir hacia el bien los movimientos de este género que experimenta

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, II, 56 y Cuestiones a Talasio, 1, en PG 90, 269BC

Los hombres fervorosos se sirven de estas pasiones, ciertamente no de estas pasiones en cuanto tales, sino de la energía, de la potencia que les sirve de base, por una parte, para hacer desaparecer el mal presente o futuro; por otra parte, para adquirir y conservar la virtud y el conocimiento, a ejemplo de los sabios médicos, que transforman en medicamento el veneno mismo de la víbora. Para concluir, las pasiones se vuelven buenas en razón de su uso para quien es capaz de someter a la obediencia de Cristo todo su pensamiento y toda su voluntad

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, II, 56 y Cuestiones a Talasio, 1, en PG 90, 269BC

Por la razón, en lugar de la ignorancia, debemos ponernos a la búsqueda de Dios solo en la vía del conocimiento

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cartas, 2, en PG 91, 397B

Es posible ‘volver lógicas’ las facultades irracionales del alma, me refiero a la irascibilidad y el deseo, y armonizarlas con el espíritu mediante la razón

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Ambigua, 6, en PG 91, 1068A

Pasión de amor censurable [es] la que ocupa el espíritu con las realidades materiales

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 67 («esta bienaventurada pasión de caridad»); III, 71

Pasión de amor elogiable [es] la que lo une [al espíritu] con lo divino

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 67 («esta bienaventurada pasión de caridad»); III, 71

En el hombre cuyo espíritu está vuelto por entero hacia Dios, hasta la codicia da fuerzas al amor ardiente por Dios

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 67 («esta bienaventurada pasión de caridad»); III, 71

El alma se sirve de su concupiscencia... para mantener su deseo [de Dios]

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 71; Cuestiones a Talasio, 55, en PG 90, 544A; Comentario al Padrenuestro, en PG 90, 896C; Cartas, 2, en PG 91, 397B

Que la potencia de la concupiscencia luche para desear a Dios

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 71; Cuestiones a Talasio, 55, en PG 90, 544A; Comentario al Padrenuestro, en PG 90, 896C; Cartas, 2, en PG 91, 397B

Es preciso que la potencia de desear, purificada de la pasión de la filautía, dirija todo su deseo únicamente a Dios

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 71; Cuestiones a Talasio, 55, en PG 90, 544A; Comentario al Padrenuestro, en PG 90, 896C; Cartas, 2, en PG 91, 397B

Que el espíritu se disponga por completo con vistas a Dios..., ardiendo de afecto sensible por el deseo extremo de la concupiscencia

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Comentario al Padrenuestro, en PG 90, 896C; Centurias sobre la caridad, II, 26; 28

El hombre cuyo espíritu está por completo vuelto hacia Dios..., concentrando en él toda la fuerza de sus potencias inferiores, la ha dirigido hacia un amor ardiente, insaciable, una caridad sin límites hacia Dios, convirtiéndola totalmente de lo terreno a lo divino

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, II, 48; Cuestiones a Talasio, I, en PG 90, 269B

En los hombres fervorosos, incluso las pasiones se vuelven buenas cuando, apartándolas sabiamente de los objetos corporales, les llevan a la adquisición de los bienes celestiales. Por ejemplo, transforman la pasión del deseo en un movimiento espiritual que los eleva y les hace aspirar a las cosas divinas

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, II, 48; Cuestiones a Talasio, I, en PG 90, 269B

[Los hombres virtuosos] transforman el placer en el sano gozo de la energía volitiva del espíritu frente a los divinos carismas

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, I, en PG 90, 269B

Es preciso que la potencia irascible, liberada de la tiranía, se proponga combatir solo por Dios

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cartas, 2, en PG 91, 397B; Centurias sobre la caridad, II, 48

En el hombre cuyo espíritu está por completo vuelto hacia Dios..., incluso la potencia irascible se dirige por entero hacia la caridad divina

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cartas, 2, en PG 91, 397B; Centurias sobre la caridad, II, 48

Que la potencia de la agresividad luche para desear a Dios, o más bien, para hablar con propiedad, que el espíritu entero apunte a Dios tensado como una cuerda por medio de la agresividad

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Comentario al Padrenuestro, en PG 90, 891C

Hay que considerar y estudiar de modo vigilante cómo va a realizar el alma convenientemente el giro oportuno si, para llegar a la génesis y a la realidad de las virtudes, se sirve de las cosas por las cuales estaba antes en el error

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, prólogo, en PG 90, 252A

Dicho de otra manera, combate a tus enemigos, las pasiones

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, II, 11. Cf. también Doroteo de Gaza, Instrucciones espirituales, XII, 133

[Haz el bien, es decir,] lucha por adquirir las virtudes

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, II, 11. Cf. también Doroteo de Gaza, Instrucciones espirituales, XII, 133

Haber suprimido las pasiones no es, por ello, haberlas vuelto por entero hacia lo divino

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 68

Si el amor de Dios toma la delantera en el hombre, lo libera de todos los lazos de las pasiones que subyugaban su espíritu y le hace despreciar todos los objetos sensibles

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, II, 3

[El Espíritu Santo,] para empezar les enseña a desear la mortificación de su inclinación al pecado, lo mismo que la mortificación del pecado deliberado; luego les enseña a desear que se restaure en ellos la disposición de la virtud, así como la virtud deliberada. A continuación les enseña los medios para conseguirlo

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, 59

[Se trata de que el hombre, con ayuda del Espíritu,] se asemeje a la perfección a la muerte de Cristo en lo que concierne a la mortificación del pecado, y se asemeje a la perfección a su resurrección en lo que concierne al cumplimiento de la virtud

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, 59

[El papel de la justicia] es realizar una especie de acuerdo y de armonía entre las partes del alma

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 3; cf. II, 79

Casi todos los pecados tienen por causa el placer

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, II, 41. Cf. Evagrio Póntico, Tratado práctico, 75

La lucha [debe] dirigirse [únicamente] contra la pasión

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 38-40

El espíritu amigo de Dios combate, no los objetos y sus representaciones, sino las pasiones que están ligadas a estas representaciones

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 38-40

[La templanza] conserva al espíritu libre frente a los objetos y su representación

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 38-40

No tener ningún apego a los objetos es bueno; permanecer sin pasión ante sus representaciones, es mucho mejor

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 38-40

[El diablo ha convencido al hombre] de que desvíe su deseo de lo que le estaba permitido a lo que le estaba prohibido

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cartas, 2

Era necesario... que lo concupiscible, purificado del afecto de amor egoísta, dirigiera su deseo solo a Dios

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cartas, 2

Depravado, el espíritu sigue al cuerpo, al que sus sentidos arrastran por la pendiente de sus apetitos y sus placeres propios, y consiente a sus imaginaciones e impulsos. Virtuoso, conserva la templanza y resiste a las imaginaciones e impulsos apasionados; más aún, se esfuerza por volver hacia el bien las mociones de este género que experimenta

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, II, 56

[Quien conserva el cuerpo] a resguardo del placer como de una enfermedad, hace de él un auxiliar al servicio de los bienes superiores

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cartas, 2

[Por la templanza el hombre] hace rectos los caminos tortuosos de las pasiones voluntarias, es decir, los movimientos del placer

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, 46, en PG 90, 429A; cf. 428B

La templanza conserva libre al espíritu frente a los objetos y sus representaciones

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, II, 85; III, 39 (cita); IV, 79

Las mociones del alma son racionales cuando su parte desiderativa está dirigida por la templanza

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, IV, 15

Guárdate de descuidar la caridad y la templanza, pues ellas son las que purifican a fondo las potencias patéticas del alma y te abren sin cesar el camino del conocimiento

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, IV, 57; 72

El Salvador dijo: ‘Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios’. Lo verán, a Él y a los tesoros que están en Él, cuando se purifiquen por medio de la caridad y la templanza, y tanto más cuanto más enérgico sea su esfuerzo por purificarse

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, IV, 57; 72. Este último pasaje lo retoma textualmente Hesiquio de Batos, Capítulos sobre la vigilancia, 75

Que la potencia de la agresividad luche para conservar a Dios

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Comentario al Padrenuestro, en PG 90, 896C

[La potencia irascible lucha también] por el placer espiritual y la felicidad que lo sigue

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, II, 48; Cuestiones a Talasio, I, en PG 90, 269B

Cuando es conforme a la naturaleza, la ira es valentía

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Disputa con Pirro, en PG 91, 309C

Que el espíritu entero se ordene en dirección a Dios, tensado por la agresividad como por una cuerda

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Comentario al Padrenuestro, en PG 91, 896C

En la medida en que utilizamos mal las potencias de nuestra alma... se instalan los vicios en ella: en la parte racional, la ignorancia y la locura... Su buen uso, por el contrario, produce [en esta] conocimiento y prudencia

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 3

El que no es insensato, es prudente

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 3

El sabio no se basa en sus razonamientos. ¿Está convencido de su verdad y de su excelencia? Razón de más para que desconfíe de su juicio y someta a otros hombres prudentes sus razones y sus pensamientos, por miedo a correr y haber corrido en vano (Gal 2, 2)

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 58

Los [demonios] que acosan sin cesar nuestra alma para hacerla caer en el pecado de pensamiento o de acción, se sirven de los pensamientos apasionados

Máximo el Confesor Cf. Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, II, 87

De las pasiones ocultas en el alma reciben los demonios los medios para suscitar en nosotros los pensamientos apasionados. Luego, mediante estos pensamientos, asaltan el espíritu y lo empujan a la fuerza hacia una actitud de sumisión al pecado. Una vez dominado, lo conducen al pecado de pensamiento; después, realizado este pecado, lo precipitan... al pecado de acción

Máximo el Confesor Cf. Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, II, 87

Si no pecáramos primero con el pensamiento, no pecaríamos nunca con la acción

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, II, 20; 31; 78

Ninguna de las criaturas de Dios es mala

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 3; II, 17; 73 (cf. 83); II, 71; I, 91; II, 72

La malicia está en el juicio falso sobre las representaciones, al que sigue el mal uso de las cosas

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 3; II, 17; 73 (cf. 83); II, 71; I, 91; II, 72

El mal uso de los objetos es consecuencia del mal uso de las representaciones

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 3; II, 17; 73 (cf. 83); II, 71; I, 91; II, 72

Por tanto, depende de la mente el uso bueno o malo de los objetos

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 3; II, 17; 73 (cf. 83); II, 71; I, 91; II, 72

[Los demonios] nos hacen por medio de nuestros pensamientos una guerra mucho más dura que por medio de los objetos mismos

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 3; II, 17; 73 (cf. 83); II, 71; I, 91; II, 72

Igual que el pecado de pensamiento es más fácil que el pecado de acción, así también el combate contra los pensamientos es más duro que la renuncia a los objetos

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 3; II, 17; 73 (cf. 83); II, 71; I, 91; II, 72

De las pasiones ocultas en el alma reciben los demonios los medios para suscitar en nosotros los pensamientos apasionados

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, II, 31

[Para todos los casos,] la misma regla: no dejar que duren los pensamientos

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 88

Ni los médicos que curan los cuerpos dan a todos un único y mismo remedio, ni Dios, que cura las enfermedades de las almas, conoce un tratamiento que convenga a todas, sino que realiza las curaciones cuando ha prescrito a cada alma lo que necesita. Por tanto, nosotros, que hemos sido curados de este modo, demos gracias, aun cuando lo que nos suceda sea duro

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Diez capítulos, 5

Engañados al principio por la ilusión del placer hemos preferido la muerte a la verdadera vida. Por eso hemos conocido con gratitud el padecimiento del cuerpo, que destruye el placer, de modo que, cuando la muerte del placer hace que desaparezca con ella misma la muerte que aquel había suscitado, recibimos a cambio la vida, que vuelve a nosotros

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Diez capítulos, 2-4

Si, cuando la carne está bien tratada, la fuerza del pecado acostumbra a acrecentarse, está claro que la fuerza de la virtud aumenta de modo natural y con motivo cuando la carne es maltratada

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Diez capítulos, 2-4

Luchar en los padecimientos es el combate de la virtud, el precio de la victoria que, para los que dan pruebas de paciencia, acarrea la impasibilidad del alma

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Diez capítulos, 2-4; cf. Nicetas Stéthatos, Centurias, I, 25; 29

Algunos remedios inmovilizan las pasiones y les impiden ponerse en marcha e intensificarse... Por ejemplo, el ayuno, el esfuerzo (κόπος) y las vigilias impiden que la codicia adquiera fuerza

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, II, 47

Si la potencia concupiscible del alma está excitada con demasiada frecuencia, crea una propensión habitual al placer, de la que costará trabajo deshacerse... El remedio... es la práctica asidua del ayuno, de las vigilias y de la oración

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, II, 70

Amarlo [al cuerpo], pero sin pasión; mantenerlo, pero como un simple servidor de las cosas divinas

Máximo el Confesor Cf. Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 9

[La templanza apaga la concupiscencia] incitando a suprimir todo aquello que no responde a una necesidad, sino que procura solamente placer. No permite que uno se conceda más que lo que es necesario para vivir; no busca lo agradable, sino lo útil, y calcula la comida y la bebida conforme a la necesidad

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Discurso ascético, 23

[La gastrimargía es] la destructora de todos los frutos de las virtudes

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, 65, en PG 90, 768A

[La templanza ayuda a] conservar el espíritu libre frente a los objetos y sus representaciones

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 39 (cita). Cf. Calínico, Vida de Hipacio, XXIV, 63; Clemente de Alejandría, Stromata, VII, 12; Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, IV, 57; 72; Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, V, 22; Hesiquio de Batos, Capítulos sobre la vigilancia, 75

Aquel que, al dar limosna, quiera imitar a Dios, que no haga diferencias entre hombre bueno y malo, honrado o deshonesto, desde el momento en que pasan necesidad. Da igualmente a todos, a cada uno según sus necesidades

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, I, 24

[La limosna es] el tratamiento de la ira

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, I, 29. Cf. Juan Clímaco, Escala, XVI, 22

Quien se libera de todas las codicias del mundo se vuelve inaccesible a cualquier tristeza del mundo

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, I, 22

Contra la tristeza, desprecia la gloria y la oscuridad

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 13. Cf. Doroteo de Gaza, Sentencias, 3

Tristeza y rencor van a la par; por consiguiente, si el espíritu experimenta tristeza al representarse el rostro de un hermano, es la prueba de que le guarda rencor

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 89; 90. Cf. Nil Sorsky, Regla, V

¿Sientes tristeza contra alguien? Reza por él y quebrarás el impulso de la pasión, pues la oración purifica de toda amargura el recuerdo del mal que este hombre te ha causado. Luego, cuando consigas tener caridad y benevolencia para con el prójimo, eliminarás de tu alma todo resto de pasión

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 89; 90. Cf. Nil Sorsky, Regla, V

La tristeza insensata de la mayoría, que introduce la muerte en el alma mediante unas pasiones insatisfechas o unos objetos materiales ausentes, porque sus impulsos se dirigen de modo antinatural hacia lo que no se debe y sus repulsiones, hacia lo que conviene

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, 58, en PG 90, 597B; Centurias sobre la caridad, I, 41

Esta tristeza razonable, que aprueban los entendidos en las cosas divinas

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, 58, en PG 90, 597B; Centurias sobre la caridad, I, 41

Quien ama a Dios, no se entristece contra nadie por motivos de orden temporal. No inspira ni siente más que una tristeza, pero saludable

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, 58, en PG 90, 597B; Centurias sobre la caridad, I, 41

La acedia, que ataca todas las potencias del alma, afecta a la vez a casi todas las pasiones, y por eso es más temible que ninguna. Es preciosa, pues, la palabra del Maestro que le opone el remedio: ‘Salvaréis vuestras almas por vuestra paciencia’ (Lc 21, 19)

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, I, 67

Si la potencia irascible está constantemente perturbada..., el remedio es la bondad, beneficencia, la caridad y la misericordia

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, I, 66; II, 70

Cuando logres la caridad y la benevolencia hacia el prójimo, eliminarás de tu alma todo rastro de pasión

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 90; IV, 12

Vence al odio con la caridad

Máximo el Confesor Doroteo de Gaza, Sentencias, III, 202

[Sin despreciar la gloria] es imposible cortar de raíz los pretextos de la ira

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 20 (cf. III, 13; IV, 41); I, 75

Ciertos remedios inmovilizan las pasiones, les impiden ponerse en marcha e intensificarse... A la ira, la paciencia y la mansedumbre la inmovilizan, le impiden desplegar su fuerza

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, II, 7

Consiste en permanecer constante en la adversidad, en soportar los males, en resistir la tentación hasta el final, en no ceder por sorpresa a la ira, en no dejar escapar una palabra bajo el impulso de la emoción, en no sospechar ni pensar nada que sea indigno de un hombre temeroso de Dios

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, II, 47

[Cristo,] ante la ingratitud y la blasfemia, conservó la paciencia; ultrajado y condenado a muerte, se mantuvo paciente y no achacó el mal a nadie

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Discurso ascético, 21

A quien posee el amor a Dios no le cuesta trabajo seguir al Señor su Dios, como dice el divino Jeremías, sino que soporta con generosidad críticas y agresiones sin desearle mal a nadie

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Discurso ascético, 21

¿Cómo domeña la caridad a la ira?

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Discurso ascético, 20; Cipriano de Cartago, Del beneficio de la paciencia, 15

Porque le corresponde ser misericordiosa y hacer el bien al prójimo, ser paciente con él y soportar todo lo que nos hace sufrir... Con estos medios la caridad domeña a la ira en quien la ha adquirido

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Discurso ascético, 20; Cipriano de Cartago, Del beneficio de la paciencia, 15

Tu hermano ha sido para ti una ocasión de dificultad y la tristeza te ha conducido al odio. No te dejes vencer por el odio, sino vence al odio por medio de la caridad. Y he aquí cómo: rogando a Dios sinceramente por él

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, IV, 12; III, 90; III, 13. Cf. Evagrio Póntico, A los monjes, 14

¿Sientes rencor contra alguien? Reza por él y quebrarás el impulso de la pasión

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, IV, 12; III, 90; III, 13. Cf. Evagrio Póntico, A los monjes, 14

Contra el resentimiento, reza por aquel que te ha ofendido y serás liberado

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, IV, 12; III, 90; III, 13. Cf. Evagrio Póntico, A los monjes, 14

El primer tipo de temor lo expulsa del alma la caridad perfecta que, si se posee, ya no teme el castigo

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, I, 82

Este temor (de Dios) engendra... la impasibilidad, madre de la caridad

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, I, 81

La cenodoxia se suprime mediante la acción oculta

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 62; IV, 43

Es un duro combate el de la cenodoxia. Se libra uno de ella mediante la práctica oculta de las virtudes...

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 62; IV, 43

El amor al prójimo... vuelve indiferente la gloria

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, IV, 75 (cf. 43). Cf. Juan Clímaco. Escala, XXI, 39

La humildad libera al espíritu... de la cenodoxia

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, I, 80

La caridad suprime el orgullo

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, IV, 61

La humildad es una oración continua, con lágrimas y esfuerzo. Es una llamada de socorro lanzada sin cesar hacia Dios; no permite que os apoyéis imprudentemente en vuestro propio poder o vuestra propia sabiduría

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, I, 87

Por la práctica de los mandamientos, el espíritu se despoja de las pasiones

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad. I. 94

En ausencia de los objetos, podemos no ser importunados por las pasiones y no tener más que una impasibilidad parcial. En cuanto los objetos aparecen, el espíritu se ve solicitado por las pasiones

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, IV, 53-54

No imagines que posees la impasibilidad perfecta mientras el objeto no está aquí. Si, cuando aparece, permaneces sin conmoverte, primero por él y luego por su recuerdo, entonces sí que has alcanzado sus fronteras

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, IV, 53-54

La fuerza de los demonios disminuye cuando la práctica de los mandamientos debilita en nosotros las pasiones; es destruida cuando, finalmente, por efecto de la impasibilidad, estas pasiones han desaparecido del alma, pues ya no encuentran en ella unas complicidades que servían de base a sus ataques. Y este es sin duda el sentido del versículo: ‘Perderán su fuerza, y perecerán ante tu faz’ (Sal 9,4)

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, II, 57

La impasibilidad es un estado de paz en el cual el alma ya no se entrega al mal sino con dificultad

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, 1,36. Cf. Evagrio Póntico, Tratado práctico, 62

No imagines que posees la perfecta impasibilidad mientras el objeto no está aquí. Cuando aparece, si sigues sin conmoverte, primero por él y a continuación por su recuerdo, entonces has alcanzado sus fronteras

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, IV, 54

Toda la lucha que el monje lleva a cabo contra los demonios tiene por objetivo separar las pasiones de las representaciones; si no, sería imposible permanecer impasible a la vista de las cosas

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 41; 43; cf. I, 91

Una representación apasionada es un pensamiento compuesto por una representación y una pasión. Separemos pasión y representación, y no quedará más que el simple pensamiento

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 41; 43; cf. I, 91

[La impasibilidad en su más alto nivel se caracteriza por] la completa purificación de la propia representación simple

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, 55, en PG 90, 544C

[La impasibilidad en su más alto nivel se caracteriza por el] rechazo total de todas las representaciones sensibles que atraviesan la reflexión

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, 55, en PG 90, 544C

Cuando durante la oración no viene nunca a perturbar tu mente ningún recuerdo del mundo, entonces ya no estás fuera del ámbito de la impasibilidad

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, I, 88 (cf. III, 95); IV, 42

Cuando en el momento de la oración tengas siempre el espíritu sin materia y sin forma, entonces has logrado la plena medida de la impasibilidad

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, I, 88 (cf. III, 95); IV, 42

El duro esfuerzo de la virtud obtiene como recompensa la impasibilidad

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, II, 34

Las virtudes separan al hombre de las pasiones

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 44

[Cuando alcanza la impasibilidad,] el alma toma conciencia de su buena salud

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, I, 89

El espíritu actúa según la naturaleza cuando mantiene sometidas a las pasiones

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, IV, 45; III, 35; 98

[El alma] actúa conforme a su naturaleza cuando sus potencias de pasión, [a saber] la irascible y la concupiscible, permanecen en paz frente a los objetos y sus representaciones

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, IV, 45; III, 35; 98

El alma es perfecta cuando su potencia de pasión se ha vuelto por completo hacia Dios

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 98; Calixto e Ignacio Xanthopouloi, Centuria, 66

[La impasibilidad es] un estado de paz

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, I, 36; 44 (cf. II, 87)

[El impasible] en el fondo de su alma mantiene las pasiones en completa calma

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, II, 98
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